31 may. 2007

Salvajadas infantiles

Hoy he estado hablando con unos compañeros sobre las salvajadas que se hacen en la adolescencia. Generalmente es en la adolescencia porque cuando uno es pequeño no tiene capacidad suficiente para idear verdaderas tropelías, y cuando uno crece y empieza a perseguir chicas deja de prestarle interés por hacer tanto el ganso, así que entre los 9 y los 15 años aproximadamente somos verdaderos genios ideando maldades.

Así, durante la conversación he empezado a recordar travesuras que yo hacía y que puestas todas juntas asustan. Así a botepronto recuerdo:
  • Guerras de piedras.
  • Dispararnos con arpones de pesca submarina.
  • Usar botes de desodorante en spray como lanzallamas y perseguir a mi hermana con la llamarada.
  • Clavarle un dardo en el pie a mi hermana (fue sin querer).
  • Llenarme la boca con el gas de un mechero Bic y lanzar una bocanada de fuego a cualquier amiguete intentando quemarle las pestañas.
  • Disparar a mi hermana con una pistola de bolas de PVC.
  • Robar cañas, construir con ellas una choza, hacer fuego dentro para tostar gusanitos, y acabar incendiando (sin querer) la choza y el cañaveral circundante (esto sólo pasó una vez).
  • Poner petardos en una cochera donde se guardaban bombonas de butano (nuestra intención no era volar el edificio).
  • Romper todos los cristales de un coche (creíamos que estaba abandonado) con un martillo de emergencias robado de un autobús.
  • Bañarme en la playa con olas de 5 y 6 metros y bandera roja y acabar con magulladuras y heridas por todo el cuerpo.
  • Hacerme el muerto en la playa (aguantaba muchísimo sin respirar) pegando sustos a los bañistas (mi idea era que me hiciese el boca a boca una chica, pero jamás funcionó).
  • Fabricar pólvora casera a base de triturar los pedruscos de carbón que se desparramaban por el suelo cuando venía el camión a recargar el carbón de la calefacción del colegio, salitre y el azufre que recogíamos de las esquinas de la calle, donde lo colocaban los comerciantes y conserjes para que no measen los perros.
  • Hacer bombas de papel albal rellenas de nuestra pólvora de fabricación casera.
  • Clavarle un dardo a un amiguete entre el pulgar y el índice (sólo quería asustarle).
  • Hacer mezclas de productos químicos de los que había bajo la pila de la cocina desprendiendo a veces gases irritantes.
  • Mojar la mano con agua y mojarla luego con alcohol y prenderle fuego y mostrar la mano ardiendo a algún atónito amigo. (Esto mismo lo hacía Feynman pero con bencina).
  • Fabricar cerbatanas con pleigos de papel DIN A2 y dardos con alfileres de boda de mi madre, enrollándoles algodón alrededor de la cabeza.
  • Guerras a muerte con tirahuevos usando garbanzos como munición.
  • Guerras de castañas.
  • Guerras de piedras lobas (terrones de los que quedaban tras resquebrajarse el suelo que había estado anegado de agua). Guerras de cohetes (me fascinaba ver la estela blanca del cohete dirigiéndose hacia el enemigo).
  • Guerras de ladrillos en alguna obra (en aquel entonces las obras no tenían vigilancia).
  • Guerras de arroz, usando como cerbatana un boli Bic.
  • Colocar un boli Bic al borde de una mesa y dar un golpe seco lo más fuerte posible en la parte que asomaba, saliendo disparado el bolígrafo. En ocasiones se clavaba incluso en una puerta.
  • Fustigarnos con látigos hechos a base de varas verdes de las plantas del colegio provocándonos verdugones...
Además de muchísimas otras travesuras menos peligrosas como guerras de globos de agua, pistolas de agua, enterrarnos en estiércol y demás. A mí jamás me dio por maltratar animales, quizá porque en mi casa mi padre me enseñó desde muy niño a respetarlos, pero muchos de mis amigos sí lo hacían, lo que me provocaba no pocos enfrentamientos con ellos.

También me he dado cuenta de que las trastadas dependen mucho de la época. El padre de un compañero, que ahora tiene 70 años, se colaba con los amigos en un almacén del ayuntamiento de su pueblo para robar cartuchos que habían sobrado de la Guerra Civil y que estaban allí arrumbados, y yéndose al monte, hacían una fogata y tiraban al fuego los cartuchos escondiéndose inmediatamente tras un pino. Cuando las balas explotaban y empezaban a silbar a su alrededor "experimentaban la guerra". La putada era que no se atrevían a moverse porque nunca sabían si aún quedaba algúna cartucho por explotar...

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