Manzana envenenada
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No había nada que la definiese mejor que una manzana envenenada. Algo bello y precioso que escondía en su interior una terrible y mortal sorpresa de la misma forma que una dionea atrae riesgosa a sus potenciales víctimas con su aroma irresistible.
Como humano que era, él intentó por todos los medios disgregar el tóxico del resto de aquel ser maravilloso, sin éxito alguno. Vez tras vez se encontraba a sí mismo más debilitado por una lucha sin cuartel en pos de un objetivo imposible. Finalmente se dio cuenta de que una manzana envenenada no puede desintoxicarse. Simplemente dejar que siga su camino. Se dio cuenta de que quizá hacía simplemente “lo que le es propio”, y por tanto lo mejor que podía hacerse con todo el dolor, era simplemente alejarse de su camino aún manando lágrimas, pero aliviado al menos de no haber mordido la fruta de Eva. No se atrevió a probar su sabor, pero se quedó con su aroma en el recuerdo.
