21 jul. 2008

Mis cien(to dos) pasos

La idea no es mía. Me lo he encontrado por ahí en varios blogs, y la idea de tratar de auto definirse en 100 pasos me ha parecido un buen ejercicio de síntesis. Hay muchas versiones o modalidades. Algunas tienen una especie de cuestionario de preguntas fijas, pero a mí me gusta más la versión libre de la centena de hechos que le definen a uno. La razón es que la gente no se define por las mismas cosas. Por ejemplo, yo no he puesto mi color favorito ni mi signo zodiacal, porque no creo que sean en absoluto relevantes a la hora de dar una visión de mí. ¡Ah! Finalmente me han salido 102, y no he sido capaz de matar a dos de ellos. Así que así se queda, que para eso son mis cien(to dos) pasos.

1. Me llamo Ignacio, y me gusta. Mi madre tenía la corazonada de que yo iba a ser niña, y estaba emperrada en que me llamase Patricia, y al parecer no había pensado alternativa masculina. Así que estuve a punto de llamarme Patricio, pero mi abuelo estuvo rápido, y salió al quite sugiriendo Ignacio. Aunque todo el mundo me llama Nacho, hay quien me llama o me ha llamado Iñaki o Natxo, pero no me gusta que me llamen Nachete. Alguna gente cree (erróneamente) que me llamo José Ignacio.

2. Cinco años después que yo nació mi hermana, que se llamó Patricia, como no podía ser de otro modo. La quiero con verdadera devoción.

3. Mi nick desde hace ya unos cuantos años es lirón careto, o simplemente lirón. Es un animalillo que me gusta. Es ibérico, dormilón y comilón. Como yo.

4. Nací en Madrid. Hoy en día haber nacido en Madrid parece que es algo muy cool, porque es una ciudad que está de moda en Europa, pero en aquella época era lo más normal del mundo. El Madrid de mi infancia era miserable, sucio, atrasado y apestoso. No obstante me encanta Madrid, y me gustaba más antes. Era más “auténtico”. Aún así, creo que es una ciudad con una historia increíble.

5. Nací en invierno, y quizá por eso es mi estación favorita. No soporto el calor. Y aclaro (siempre tengo que hacerlo): Me gusta el sol. Lo que no me gusta es sudar como un gorrino.

6. Aunque soy madrileño, siento una increíble atracción por el Norte de España en general, y por Asturias en particular. Escancio sidra realmente bien.

7. Aparento menos edad de la que tengo. Esto es a veces bueno y a veces malo.

8. Hablo mucho. Y además lo hago usando muchas metáforas, ejemplos, símiles y parábolas. Es inconsciente. Se debe a que intento explicarme con claridad a toda costa. Odio los malentendidos.

9. Soy muy dormilón. Duermo con la ventana abierta para que cuando abra los ojos por la mañana haya luz natural en la habitación. No me gusta despertarme entre tinieblas. Por supuesto, ni la luz ni el ruido me perturban el sueño. En general nada me perturba el sueño. Y me echo siestas de cuatro o cinco horas sin problemas, si no tengo nada mejor que hacer. He llegado a dormir 15 horas seguidas sin causa aparente.

10. Soy muy apasionado en todo. A veces llego a ser visceral. Me entrego mucho en cualquier cosa que hago. Especialmente en mis relaciones con los demás. Debatiendo llego a ser vehemente al defender mis postulados. Es porque me gusta hacer las cosas a conciencia, o no hacerlas en absoluto.

11. No fumo ni me gusta que fumen cerca de mí. En mi casa no se fuma. En mi coche tampoco. Una vez al año hago la chorrada de fumarme un puro con mi amigo David. Es una especie de ritual indio.

12. Cuando era joven probé algunas drogas ilegales. Jamás he estado enganchado ni han afectado a mi vida lo más mínimo. Y descubrí que me lo pasaba igual de bien con ellas que sin ellas, y además eran muy caras.

13. Soy hipersensible a la luz, así que llevo gafas de sol en invierno y en verano. Aunque si se me olvidan en casa, no pasa nada. Ando un poco jodidillo todo el día, pero ya está.

14. Una de las mejores cosas que han pasado durante mi vida es que se haya abaratado la fotografía digital. Esto me ha permitido dar rienda suelta a una de mis mayores aficiones, y que en tiempos de la fotografía química me resultaba muy cara.

15. Me dicen que soy un talibán de la ortografía. Y sí, aborrezco y señalo las incorrecciones lingüísticas. Señalo las incorrecciones en general.

16. Soy muy cariñoso. Y cuando digo mucho, quiero decir mucho. Y me gusta que lo sean conmigo, claro.

17. Con 14 años maté con un tirachinas a un ratón de campo. Ha sido el único animal de sangre caliente que he matado. Lo hice por probar puntería, y la verdad es que me arrepiento mucho de haberlo hecho. En su momento lloré un montón por ello, y hoy en día, si me pilla el día ñoño, aún se me encharcan los ojos.

18. Me encanta aprender. Adoro el conocimiento. Da igual que sea ciencias, letras, humanidades, o lo que sea. Todo lo que sea adquirir conocimiento me pone. Ya sea en formato revista, libro o audiovisual.

19. Me encanta enseñar. Adoro el conocimiento. Traspasar lo que uno sabe a otra persona que tiene interés por aprender también me pone. Además, enseñar afianza el conocimiento propio. La clase magistral que más me ha gustado fue la que le di a Laura sobre la teoría de la Relatividad General en la cafetería La Ochava de Atocha. Hasta aquella tarde no había sido consciente de que yo sabía en qué consistía la Relatividad General.

20. De mi madre he heredado, además de un parecido físico increíble y entre otras cosas, una vista excelente, lunares por todo el cuerpo y una memoria tremenda. Sin embargo, soy algo despistado.

21. Detesto la soberbia.

22. Tuve una infancia feliz, una adolescencia intensa, y una juventud muy complicada, convulsa y traumática, pero conseguí tomar las riendas al final de la misma, y ser dueño de mi propio destino.

23. Me encantan los aviones desde casi bebé. Antes de tener recuerdos, ya me contaron que me gustaban. De pequeño quería ser “piloto de la segunda guerra mundial”. Algún día puede que llegue a ser piloto, pero no de la segunda guerra mundial.

24. Desde los 6 hasta los 18 años, construí más de 250 maquetas de aviones. De todas las escalas. Desde un VC10 a 1/144 hasta un AV-8A Harrier a escala 1/24 (enorme). La primera de todas ellas fue un Nieuport 17 de L’Armée de l’air francesa, y la última un diorama con un MiG-29 de la Luftwaffe, ambas a escala 1/72. Muchas de ellas (las más grandes) estaban colgadas del techo de mi habitación. Otras en una vitrina, y otras muchas repartidas por el resto de la casa, para pesadilla de mi madre.

25. Con 8 años pedí por Navidad un ordenador. En realidad pasaba de los ordenadores. Sólo lo quería porque había oído hablar de algo llamado “simuladores de vuelo”. Me regalaron un Amstrad CPC6128 y el Myrrdin Flight Simulator, y al final ese fue el desencadenante de que acabase dedicándome a la informática, ya que aprendí a programar, en principio para hacerme en Basic mi propio simulador de vuelo, y me gustó.

26. Aunque mi vocación frustrada era ser piloto, acabé estudiando la otra cosa que había ocupado cientos de horas durante mi niñez y adolescencia: Ingeniería Informática.

27. Me gustan mucho los concursos y juegos, especialmente de preguntas y respuestas. En Cifras y Letras se me dan infinitamente mejor las cifras.

28. Creo firmemente que las personas no son admirables en sí mismas. Pero sus actos sí pueden serlo. No admiro a Fleming, pero sí admiro la curiosidad que hizo que Fleming no tirase a la basura la placa de Petri mohosa que se encontró en su laboratorio al volver de vacaciones.

29. Hablando de placas de Petri, cuando era pequeño, Mariluz, que estudiaba biología me regaló una pensando que me gustaría, pero yo no le veía utilidad a una cajita de plástico transparente con una tapa que no encaja, y jamás la usé para meter nada en ella.

30. Albert Einstein me parece uno de los personajes más interesantes de la Historia. No sólo por su trascendencia en el campo de la Física, sino en toda su existencia. Por su forma de pensar, y por su visión de la naturaleza humana. Tomarlo simplemente por un físico es perderse el 90% de él.

31. Me regalaron un microscopio y me dediqué a mirar en él absolutamente todos mis tejidos y fluidos corporales que podía extraer de forma no demasiado traumática. Y cuando digo todos, quiero decir todos.

32. Aprendí a leer con unos dos años, casi al mismo tiempo que a hablar con fluidez. Me enseñó (a leer) mi abuela Encarna, con una cartilla que ella misma dibujó con figuras de lobos, casas, perros…

33. Antes de saber leer me aprendí de memoria un cuento de “El barón de la castaña” (una versión resumida y adaptada de Las aventuras del barón de Munchausen), sólo para hacer creer a mi madre que ya sabía leer. Y mi madre se lo creyó.

34. Adoro la gastronomía. Desde cocinar hasta comer. No siempre como lo que cocino y no siempre cocino lo que como. Y me encanta el vino. La gente suele decirme que cocino muy bien.

35. Sólo hay una cosa que jamás me ha gustado (culinariamente hablando): La crema pastelera. Salvo eso, como absolutamente de todo y me encanta probar cosas que nunca haya comido antes.

36. En contraposición a lo de la crema, adoro el chocolate negro, amargo, 99% cacao.

37. No suelo beber licores. Cuando salgo por ahí, casi siempre bebo cerveza. Si se tercia, lo que bebo es ronmiel con limón, ron con cocacola, o gin-tonic. O pacharán.

38. De pequeño me gustaba ponerme cosas en la cabeza. Ya sean sombreros propiamente dichos, o cualquier cosa que encaje en mi cabeza (cacerolas, hieleras, ensaladeras, bolsas…) De mayor me sigue gustando.

39. Me encantaría tener una armadura y ponérmela un ratito los domingos por la mañana.

40. Me gusta cualquier cosa que sirva para transportarse. Especialmente los aviones, los coches y las motos. Pero también los barcos (los de vela me encantan), los trenes y las bicicletas.

41. Casi siempre viajo con mochila y en la medida de lo posible (por idioma, cultura, etc.) intento mezclarme con la población local, sus costumbres, su gastronomía, y demás.

42. Me río mucho. En cualquier situación. Me gusta gastar bromas, hacer chistes, reírme y hacer reír a los demás.

43. Me apasiona la Historia.

44. Siempre me han gustado más los deportes individuales que de equipo. Y he practicado a alto nivel judo, natación y bicicleta de montaña. Y en plan aficionado, un montón más. Actualmente juego al squash principalmente.

45. Tengo un tatuaje… en mente. Un día de estos me lo haré.

46. Me corto el pelo yo mismo.

47. Nunca salgo corriendo cuando se aproxima zumbando un abejorro, una mariposa, una polilla o ningún otro artrópodo. Sólo le tengo declarada la guerra a los mosquitos, porque me ponen tibio. Los mato y uso repelentes. Por otro lado, tengo aracnofobia pero jamás mato una araña mientras no se me suba encima y la pueda mantener bajo control. Lo que hago es cogerlas y echarlas de la estancia con todo respeto. Y he sido capaz de coger arañas verdaderamente grandes sin que me diese una crisis.

48. Tengo serios problemas para captar las indirectas. Quizá por eso yo soy muy directo. Ambas circunstancias a veces me traen problemas con gente que no me conoce lo suficiente.

49. Puede vérseme con coleta o el pelo realmente corto, con barba, bigote y perilla, sólo perilla, o totalmente afeitado. Según me dé.

50. Me encantan los animales. Desde pequeño siempre he tenido perros, pero mi estilo de vida actual no me permite tener uno. Así que de momento vivo con mi gato Bianco, que no para de soltar pelos por todas partes a un ritmo superior al que yo soy capaz de recogerlos. Aún así le quiero mucho y me hace compañía.

51. No soy alérgico a nada.

52. Por regla general, las morenas me ponen más que las rubias. Pero lo cierto es que a la hora de la verdad, en mi vida ha habido de todo. Morenas, rubias, pelirrojas y castañas, todas ellas en versión natural y de bote. No creo en los arquetipos de chica ideal. Al menos en lo que al físico se refiere.

53. Me enfurruño a veces, pero se me pasa muy rápido. Normalmente se me pasa demasiado rápido, antes que los demás puedan asimilarlo, y eso a veces provoca que se enfurruñen los demás.

54. Puedo bailar dance durante ocho horas seguidas, hasta que me echan de la discoteca, y seguir bailando por la calle sin música ni nada. Y todo ello sin ayuda de psicotrópicos.

55. En mi vida ha habido muchas mujeres. La primera que me rompió el corazón fue Carolina. La última ha sido Almudena. Yo también he roto alguno que otro. Una vez me dijo un amigo “Las mujeres hacen contigo lo que quieren”. Y creo que tiene razón. Pierdo los estribos por una minifalda con vuelo.

56. Por antecedentes familiares, sé que acabaré cartoniano, aunque no creo que me quede calvo del todo. No obstante es algo que no me quita el sueño. Bueno, la verdad es que nada me quita el sueño.

57. De altura, mido menos que la media de mi generación. Esto tampoco me quita el sueño. Mi abuela siempre ha dicho “A los hombres se les mide de las cejas para arriba.” Queriendo decir que lo que más importaba es lo que hay en el coco. Y de hecho mi abuelo era casi un palmo más bajito que ella. (Mi abuela es altísima) :D

58. De forma repentina, y de cuando en cuando, me gustan cosas que jamás me habían gustado antes. A veces se me acaba pasando la fiebre en unos días o meses, y otras no y se convierte en una afición más.

59. Me considero bastante rarito, o mejor dicho alejado de lo común. Ahora, al parecer, eso es ser friqui (freaky). Antes simplemente era el niño al que no le gustaba el fútbol como al 99% de sus compañeros y se quedaba en el recreo leyendo. No obstante mis compañeros de clase no se metían conmigo.

60. Las dos primeras novelas propiamente dichas que leí fueron Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl, y La llegada del cometa, de Tove Janson.

61. Tengo centenares de libros que no presto a nadie bajo ningún concepto y sin ninguna excepción.

62. Estoy en contra de cualquier coerción de la libertad. Creo que cada individuo debe poder hacer lo que le dé la gana (lo cual no significa que haya de hacerlo), siempre y cuando sus actos no violen los derechos de los demás. Así que se puede decir que soy de ideología liberal.

63. No creo en las pseudociencias, ni en lo paranormal, ni en los fantasmas, ni en platillos volantes o visitas extraterrestres, ni en las teorías conspiranoicas, ni en la adivinación del futuro, ni en los horóscopos, ni en Dios, ni en el Zodiaco, ni nada de eso. Sin embargo me encantan los programas, revistas, documentales y todo el material sobre esos temas.

64. Soy un geek en toda regla. Me apasiona cualquier cosa tecnológica. Y me encanta sobre todo ver tecnología de vanguardia aplicada a la vida cotidiana.

65. Se me nota en seguida cuando alguien me cae bien, y también cuando no congenio (lo cual no tiene por qué significar que me caiga mal, sino simplemente que no tengo nada que compartir con ese alguien).

66. Polarizo la opinión de la gente. Suelo caer muy bien o rematadamente mal, pero casi nunca dejo indiferente a nadie. Así, mi círculo social es reducido pero fiel. Sé que no es fácil aguantarme, pero quienes me soportan se vuelven incondicionales.

67. En mi juventud, era idealista y milité en un partido político. Pero me desencanté de la hipocresía generalizada de la clase política.

68. Soy terriblemente desordenado.

69. He tenido la alienante experiencia de haber echado, en dos días consecutivos, el mejor y el peor polvo de toda mi vida (con la mejor y la peor amante que he conocido). Demasiado contraste…

70. Me fascina estudiar y analizar la psicología humana. Ver cómo se comporta la gente, sus motivaciones, etc. He dedicado (y seguiré dedicando) muchas horas a aprender cosas sobre psicología y psicoterapia.

71. No toco ningún instrumento musical. Mis padres, nada melómanos, no me incitaron a aprender solfeo ni nada. Ni siquiera la flauta dulce. Así que aprendí a tocar el triángulo. Tocar algún instrumento es una de las espinitas que tengo clavadas.

72. Yo sí me volví muy melómano, así que mi colección de música es verdaderamente asombrosa tanto en cantidad, como en variedad de espectro musical.

73. Cuando era pequeño, en casa había unos diez mil libros. Lo sé con tanta exactitud porque una de mis compulsiones más tempranas fue catalogarlos todos en una increíble base de datos que me hice en dBase III.

74. Quizá por la exuberante variedad bibliográfica en la que me crié, y porque no salía los fines de semana, me pasé mi niñez leyendo sin parar. He leído Don Quijote de La Mancha cinco veces. Y cada vez que lo leo, me río más. No descarto volver a leérmelo. Creo que es un crimen que obliguen a leerlo en el colegio, porque la gente le coge manía, y es un libro para troncharse.

75. Ah, me fascinan las bases de datos, y meter el mundo en bases de datos. De hecho a veces me asaltan pensamientos yendo por la calle del tipo: “¿Cómo metería este proceso (que presencio) en una base de datos? Si convierto en entidad esto, no puedo normalizarla, tendría que…” Sé que suena raro, pero esa facilidad para convertir el mundo real en una base de datos de forma casi natural me es de gran utilidad en mi trabajo, y creo que soy muy bueno en lo que hago.

76. No se puede regalar a un niño de tres años 150 gramos de jamón cocido y esperar que lo valore, por muy bueno que sea el jamón. Y mucho menos sentirse decepcionado por su indiferencia. A mí me lo hicieron y lo recuerdo perfectamente. Los regalos para niños han de ser juguetes. La ropa para niños, o el jamón cocido, en realidad es un regalo para sus padres.

77. Me encanta disfrazarme. Aunque no tengo tantas ocasiones para hacerlo como me gustaría tener.

78. Nunca me he roto un hueso. Pero me he esguinzado los dos tobillos varias veces. Ahora los tengo hiperlaxos y tiene la ventaja de que no creo que me vuelva a hacer jamás un esguince. La desventaja es que se tuercen con facilidad y duele un huevo durante diez minutos. Tampoco me han operado nunca de nada, pero me dieron cinco puntos en una brecha en la cabeza.

79. Tengo muchas pequeñas cicatrices de diversas “batallas” o lances de mi vida. Detrás de cada una de ellas hay una historia que recuerdo perfectamente.

80. Lloro con mucha facilidad cuando siento injusticia, dolor, o emoción. A veces reconozco que puede resultar un tanto extraño verme llorar de emoción viendo una bandada de patos, pero no lo puedo evitar aunque quiera.

81. He pasado el sarampión y la varicela. El primero de bebé y no me acuerdo. La segunda a los 14 años y fue una putada.

82. Me gustan las flores. Si puede ser, al natural, sin cortar. Pero también los ramos. Y no. No me da pena cortar una flor porque es algo efímero por naturaleza, que ya sea cortado o en su planta, se va a marchitar sí o sí en apenas unos días. No entiendo cuando la gente dice que le da pena un ramo de rosas porque se marchitan. Hago muchas fotos a flores.

83. Me encanta el espectáculo de la Naturaleza. Ver cómo una hormiga se lleva un grano que pesa diez veces lo que ella o un halcón peregrino picando a 250 Km/h. Admirar la majestuosidad de un buitre volando a 2.500 metros de altura o un lobo trotando incansable hasta agotar a su víctima. Sorprenderme con una higuera creciendo de forma inverosímil sobre una roca estéril o un ratón muerto volviendo a la vida al ser devorado por infinidad de otros animales. Contemplar una mariposa extendiendo su espiritrompa o un ditisco buceando con su burbuja de aire para respirar bajo el agua. Escuchar un pájaro carpintero horadando un tronco de árbol o cazar con la cámara un petirrojo. Todo eso me parece de lo mejor que puede uno presenciar en la vida. Así que cada vez que puedo, me escapo a caminar por el campo.

84. Me encantan los juegos de mesa. Sobre todo aquellos en los que, aun existiendo el azar de un dado, también influye la capacidad del jugador. Y por supuesto, me encanta el ajedrez, donde no hay azar de ningún tipo. Pero no puedo jugar todo lo que me gustaría.

85. Me han dicho varias veces que pienso como una mujer. También me han dicho que tengo muy compensados mi lado Yin y mi lado Yang.

86. Me gusta dibujar y pintar. De pequeño pintaba óleo y acuarela, y caricaturas. Y me decían que lo hacía muy bien. Hoy en día no tengo casi tiempo, y lo tengo algo abandonado, pero es una de esas cosas que se retoman seguro cuando uno se jubila.

87. Tengo infinidad de aficiones. Muchas más de las que mi tiempo me deja cultivar. Jamás me aburro y no puedo comprender a la gente que dice que si le tocase la lotería, seguiría trabajando sólo porque “qué vas a hacer todo el día en casa”. Yo puedo estar semanas sin salir de casa sin aburrirme ni un minuto, leyendo, escribiendo, dibujando, charlando, aprendiendo, jugando…

88. Paso mucho tiempo plasmando por escrito el fruto de mis experiencias, reflexiones, o investigaciones. Una mínima parte de lo que escribo, acaba viendo la luz en el blog.

89. Soy muy maniático con muchas cosas. Detallarlas excedería con mucho el alcance de esta lista, pero una de ellas es la formalidad. Detesto la informalidad, incluso cuando no soy yo quien la sufre. Pero hay otras muchas manías como cerrar cajones, que no me interrumpan cuando hablo, dormir con la ventana abierta (como he dicho antes), la forma del mango de los cubiertos, la forma de los vasos, el diseño, etc. No obstante, no llegan a convertirse en neurosis, aunque sí me dicen que soy quisquilloso.

90. Dormí con un oso de peluche todas las noches desde que nací (me lo regalaron estando en la clínica) hasta los 15 años, edad a la que mi madre decidió esconderlo. Lo encontré años después dentro de un armario. Aún lo conservo, pero ya no duermo con él.

91. Me puedo llegar a duchar hasta cuatro y cinco veces al día en verano.

92. En la agenda de mi móvil hay más nombres femeninos que masculinos.

93. No madrugar es uno de los pilares de mi concepto de felicidad. Madrugar está en el Top 5 de las cosas que más odio. Necesito cuatro despertadores para despertarme, y aún así, muchas veces no son suficiente y me sigo quedando dormido.

94. No tengo reparos en usar un abanico, alabar el atractivo de otro hombre, o besar a un amigo, por ejemplo.

95. Sé perfectamente de buena tinta y primera mano lo que es el Síndrome de Asperger.

96. Bebo muchísima agua. Y meo en consonancia. Me gusta el agua en general. En el mar, en forma de lluvia, nieve…

97. Me encanta el cine.

98. Mi visión cosmológica es un tanto especial. Sin caer en la paraciencia, sí creo firmemente que aún quedan muchas preguntas por responder sobre el cómo y el porqué de la materia, de las leyes que hacen que nuestro Universo sea tal como lo conocemos, etc. Y creo que puede haber conexiones que expliquen muchos sucesos que hoy por hoy permanecen en el misterio. No obstante, también creo que es bastante probable que jamás lleguemos a obtener dichas respuestas. Es como intentar saber de qué color es una casa en la que uno está sin poder salir afuera.

99. Me vuelve loco comprarme ropa, aunque no soy un fashion victim, ni visto según ninguna moda. Y soy muy rápido comprando ropa. Veo lo que me gusta, lo pago y me voy. No me tiro seis horas probándome mil camisas para finalmente no llevarme nada.

100. Aprendí a nadar antes que a andar. No es que aprendiese a caminar muy tarde. Es que aprendí a nadar muy pronto.

101. La primera frase que mi padre me hizo escribir para practicar caligrafía fue: “Nacho es un niño muy curioso.” Sigo siendo bastante curioso.

102. Mi madre me decía siempre “Tú no eres malo, sólo eres travieso.” Es que de pequeño era realmente un trasto, aunque nunca he tenido maldad.

8 jul. 2008

El dilema de la esperanza cuántica

Hay veces en la vida, en las que hay una esperanza tras una puerta que, de existir, si abrimos la puerta, se desvanece. Si no la abrimos, no sabremos nunca si existió o no. Si la abrimos, jamás sabremos si la había y se desvaneció, o si jamás estuvo allí. Es un dilema sin solución que sólo puede conducir a la locura.

El principio de indeterminación, enunciado por Werner Heisenberg en 1927, establece que no es posible conocer, a la vez, la velocidad y la posición de una partícula. Si queremos conocer una de esas dos variables, habrá de ser en detrimento del conocimiento de la otra. Este principio se extrapoló con posterioridad a otros pares de propiedades físicas que no se podían conocer de forma conjunta. Este fue uno de los pilares sobre los que se edificó la mecánica cuántica. A esto se sumó, pocos años después el principio de superposición cuántica, que venía a decir, en lenguaje llano, que una partícula podía estar en dos lugares a la vez. En realidad, siendo más exactos, la partícula está, mientras no la observemos, en todos los lugares en los que podría estar, con distintos grados de probabilidad. Y sólo al observarla, se fijará su posición. De nuevo, este principio es también extrapolable a otras muchas propiedades, no sólo a la posición, claro. En base al principio de superposición, Schrödinger enunció su famoso ejemplo del gato.

Según el ejemplo de Schrödinger, se colocaba un gato dentro de una caja de madera. En la caja de madera había una botella o ampolla que encerraba un gas venenoso. Y había un perverso y sofisticado dispositivo, dotado de un único átomo radiactivo, con un 50% de posibilidades de desintegrarse en un período de tiempo determinado: Pongamos un minuto. Si el átomo no se desintegra, no pasa nada. Pero si se desintegra, se produce la ruptura de la ampolla, el gas venenoso escapa, y el gato muere. De acuerdo con el principio de superposición, al cabo de un minuto, el átomo estará, a la vez, desintegrado y no desintegrado. Y por consiguiente, al cabo de un minuto, el gato estará, a la vez, vivo y muerto. Siendo estrictos con la mecánica cuántica, sólo en el momento de abrir la caja para mirar dentro, se producirá un decaimiento cuántico, el átomo adoptará una de los dos posibles estados (desintegrado o no), la ampolla adoptará uno de los dos posibles estados (rota o entera) y el gato adoptará uno de los dos posibles estados (muerto o vivo).

5 jul. 2008

Energía renovable y limpia

En torno a la expresión “energías renovables” hay un sinnúmero de malentendidos o falacias. De ellas, las dos más importantes son que no puede calificarse de renovable o no la energía, sino las fuentes de obtención de la misma. Y en segundo lugar, que las fuentes de obtención de energía son todas renovables, o todas no-renovables. El problema del petróleo no es que no sea renovable, porque sí lo es (el proceso de conversión de materia orgánica en hidrocarburos no lo ha detenido nadie). El problema es que consumimos mucho más petróleo del que se produce. Como durante millones de años nadie lo gastó, había acumuladas reservas, pero sin duda se acabarán agotando. Lo mismo sucede con la madera. La madera es un recurso renovable, siempre crecen árboles sin parar, pero si pretendiésemos cubrir nuestras necesidades energéticas con madera, superaríamos la tasa de producción de madera de la Tierra. Pero es que eso mismo le pasa a las tradicionalmente llamadas “energías renovables” viento, a la luz solar, o a la energía hidráulica. De hecho, si tenemos problemas energéticos es porque consumimos más energía de la que somos capaces de extraer del viento, de los saltos de agua, o de la radiación solar. En cualquier caso, aunque fuésemos capaces de extraer energía de estas fuentes con una eficiencia del 100%, la energía proporcionada por dichas fuentes no es infinita, por lo que podría darse el caso de que, incluso obteniendo toda la energía mencionada, siguiese siendo insuficiente para nuestras necesidades. Por ello, las energías eólica, solar o hidráulica, también podrían ser marcadas como no-renovables.

Otra cosa serían las “energías limpias” (que siendo estrictos deberían ser “fuentes limpias de energía”) Aquellas fuentes de energía que, al margen de la renovabilidad, aspecto que, como acabo de aclarar, es bastante poco práctico, hacen referencia a los residuos que emiten. Hay energías renovables limpias y sucias. La energía nuclear de fisión, es una energía “renovable” o al menos con una tasa de gasto de materia prima mínima. Sin embargo es muy sucia. Sus residuos son difíciles de gestionar, de procesar, de reciclar o de eliminar. Sin embargo aquí volvemos a encontrarnos con una cierta cantidad de inocente (supongo), demagogia. Porque lo cierto es que tradicionalmente se han considerado limpias aquellas fuentes de energía que liberan vapor de agua (casi todas las basadas en el hidrógeno, ya sea para producción eléctrica o como combustible). Sin embargo, un exceso de vapor de agua puede tener efectos climáticos indeseables. Incremento de la capa de nubes, que también pueden tener un efecto invernadero (aunque de menor impacto por gramo que el CO2, si bien, como dijo Paracelso, “no hay venenos sino dosis”). Quiero decir con esto, que realmente al igual que pasaba con la renovabilidad, la limpieza de las fuentes de energía es un concepto relativo, que dependerá de la cantidad de residuos emitidos tanto como de la naturaleza de los mismos. Lógicamente, con algunos residuos (nucleares, por ejemplo), se llega al umbral de indeseabilidad antes que con otros (vapor de agua, por ejemplo). Sin ir más lejos, el efecto medioambiental que tuvo el hecho de que en Europa que se usase algo tan antiecológico como la leña como medio de obtención de energía primario en el siglo X, fue imperceptible por numerosos factores: La población era ínfima comparada con la actual, y las necesidades energéticas por habitante eran también muy inferiores. Hoy en día, con la población actual y con las necesidades energéticas por habitante actuales, medios de obtención de energía mucho más limpios que la leña podrían tener efectos medioambientales mucho mayores.

Quizá por eso, empieza a ser cada vez más necesario, no sólo trabajar en un extremo de la cadena de la energía (la producción), sino también en el otro extremo (el consumo). Es importante tomar conciencia de que no existen energías renovables ni limpias, si no se realiza un consumo responsable. Y por ello, es importante reducir el consumo energético a lo mínimo imprescindible, ya que cualquier medio de obtención de energía es pernicioso para el medio ambiente en muchos aspectos. Ya sea por la fabricación de los elementos captadores de energía (los paneles solares se fabrican con metales más o menos raros como indio, galio, selenio, cadmio, pero desde luego muy contaminantes), o bien porque los propios medios de extracción sean poco ecológicos (obtener hidrógeno es muy costoso energéticamente), o bien porque los residuos resultantes son igualmente peligrosos.

Por eso, cuando veo despilfarros energéticos como, por citar un ejemplo, el aire acondicionado instalado en algunas calles de Singapur, pienso que dicha concienciación es poco menos que imposible.

4 jul. 2008

Incompetencia judicial

Julio Alonso tiene un blog. En 2007 publicó un artículo sobre la SGAE. Su artículo despertó un torrente de comentarios de autores desconocidos, y en algunos de esos comentarios se vertían improperios contra dicha organización mafiosa. Los del Eje del Mal, denunciaron a Julio Alonso no por su artículo, sino por los comentarios anónimos que había en él, y ahora una jueza de dudosa capacidad ha estimado que el responsable del menoscabo al honor de la SGAE (si es que alguna vez lo tuvo), es el propio Julio Alonso.
Pero esta injusta sentencia tiene una visión perversa. Si yo pongo un comentario anónimo contra mi honor en el blog de esa jueza (si lo tuviese, claro), podría denunciarla a ella por menoscabar mi honor. Podría ganarme la vida a base de sentencias así. Menoscabando mi propio honor en blogs ajenos y luego reclamando daños y perjuicios a sus propietarios, amparándome en el anonimato con el que publiqué mis propios insultos.
Pero aún más. El descalabro es tal, que condenar a un blogger por los comentarios publicados en su blog, es como condenar al propietario de un inmueble por un cartel pegado en su fachada. Igual de absurdo y de estúpido. Pero seguramente esta jueza le habrá pedido a su sobrino que le explique lo que es un blog, un rato antes de dictar sentencia. Y esa ignorancia generalizada, esa brecha, no digital, sino de conocimiento, es la que provoca disparates como este.

2 jul. 2008

Más triste que un torero, al otro lado del telón de acero...

La gente sufre pérdidas.

La mayoría de las veces, se pierden cosas.

Pero algunas veces, se pierden personas.

Cuando se pierden personas, la mayoría de las veces, se van perdiendo poco a poco, y un buen día ya no están.

Pero algunas veces, se pierden de golpe.

Cuando se pierden personas de golpe, la mayoría de las veces la muerte se los lleva.

Pero algunas veces, es uno mismo quien echa a perder a alguien.

Y cuando esto sucede, un sentimiento de culpa atenaza, apretando el pecho e impidiendo respirar. Y en medio de una catarsis, uno intenta averiguar, en una especie de masoquismo morboso, esa inútil información; saber cuál fue el momento, el instante exacto en el que se produjo el desencadenante. Cuál fue el aleteo de mariposa en China que desencadenó un huracán en el Caribe.

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