12 dic. 2010

La metamorfosis

Yo supongo que esto mismo lo piensa más gente, o es que nadie tiene memoria, pero hoy, ojeando las noticias me he quedado estupefacto.

¿Cómo se puede pasar de esto...

... a esto otro...


... en tan sólo dos años?
A este hombre le están envenenando lentamente...

22 oct. 2010

Sinde y las perogrulladas

Mi apreciada y nunca bien ponderada señora González-Sinde, presunta ministra de Cultura o ministra de presunta cultura. La escuché ayer decir que "lo importante de la sentencia del tribunal de la Unión Europea es que reconoce el derecho de los autores a cobrar por su trabajo".

Bien. Puede que su poco alcance analítico (sólo igualado por su escaso alcance político) apenas le permita hacer un análisis tan superficial a la par que torticero. Porque lo importante de la sentencia del tribunal de la UE no es que los autores tengan derecho a cobrar por su trabajo, lo cual es una perogrullada en la que entidades de gestión, usuarios y hasta los propios autores, estábamos todos de acuerdo. No. Lo importante no es aquello que nos han repetido machaconamente desde el primer día. No, señora Sinde. Déjeme que le eche una mano a la hora de valorar este tipo de noticias. Lo importante aquí es que al fin un estamento de autoridad se ha alineado a favor de los usuarios, en contra de un impuesto revolucionario, a todas luces injusto, inconstitucional (por cuanto agrede a la presunción de inocencia), y recaudado y gestionado por una entidad privada no sometida a auditoría pública, cuyas cuentas nadie conoce. Algo que a usted, como representante de los ciudadanos debería escandalizar, y si no es así, da que pensar sobre qué contraprestaciones habrán tenido sus amigotes de la SGAE para con usted.

Así que ya sabe lo importante de la sentencia. Lo importante no es lo cotidiano. No es que esté escrita en una lengua europea en vez de en arameo galalaico, ni que sea pública en vez de ser un arcano misterioso. Y tampoco que afirme que los autores tienen derecho a cobrar por su trabajo, que es una perogrullada como las anteriores. Es que nos han venido cobrando a los usuarios un canon injusto, y por fin la Unión Europea les ha dado con la vara a las entidades de gestión y a quienes las apoya, como usted, señora ministra.

5 oct. 2010

Y si los ha entrenado Venezuela, ¿qué?

¿Qué pasaría si los etarras hubiesen recibido adiestramiendo con la colaboración activa o pasiva del gobierno venezolano? Nada. No pasaría nada. Ni España es EE.UU. ni Venezuela es Afganistán. Si Venezuela fuese un foco de terrorismo etarra el ministro de exteriores de turno (en este caso Moratinos) se quejaría en la televisión, y diría que no hay derecho, que Chávez es muy malo, y ya está. Exactamente igual que cuando hay problemas con Marruecos. España es un país calzonazos, como el niño al que en clase todos le mojan la oreja y no hace nada, y se resigna, o incluso le ríe la gracia a quien le humilla. Y eso no depende de quién gobierne aquí. Es una especie de lacra inherente a la condición de ser español. Porque España es un país que vive de quejarse, y si te impones, no te dan soplamocos, y si no te dan soplamocos, no tienes de qué quejarte.

23 sept. 2010

Ética y toros

El tema de los toros está enormemente agitado y surgen por doquier debates sobre ello tanto en foros amplios (prensa, radio, televisión) como en petit comitée en bares, reuniones familiares y demás. Contrario, como soy, a la tauromaquia, voy a hacer sin embargo de abogado del diablo por coherencia personal, ya que algunas de las voces que alzan los que debería considerar mis correligionarios me parecen endebles cuando no erróneas.

Dejando a un lado el atractivo argumento lorquiano del hombre contra el toro, desnudo y a la luz de la luna, que supone, sí, un enfrentamiento de igual a igual y que puede incluso contemplarse como una lucha atávica y hasta atractiva, lo cual no es la tauromaquia, habremos de hablar de lo que sí es la mal llamada fiesta nacional.

Esgrimir como argumento los derechos de los animales es algo tan débil que se cae por su propio peso, ya que los animales no tienen derechos, sino aquellos otorgados por los seres humanos. Ni siquiera las personas tienen derechos inalienables, toda vez que los llamados Derechos Humanos no son sino derechos otorgados a ciertos seres humanos (pasó mucho tiempo hasta que se reconocieron los derechos de los negros) por otros seres humanos en un momento determinado (o mejor dicho, en un proceso que aunque hunde sus raíces en el Ius Gentum romano, arranca realmente con Francisco de Vitoria y su De Indis, base del Derecho de Gentes, aunque esto es otra película). Así, siendo los humanos los que otorgan derechos, sea a otros humanos, sea a los animales, y con las cifras en la mano (300 asistentes a la última manifestación contra el toro de la vega en Tordesillas, y 30.000 espectadores al evento del sacrificio de Platanito), parece evidente cuáles son los derechos que los humanos desean mayoritariamente conceder a los animales, o cuando menos, a los toros.

Tampoco es un argumento demasiado eficaz decir que los toros “no quieren” ser toreados (o lanceados, asaeteados o cualquiera otra cosa de cuantas que se hacen con ellos), porque como dice Fernando Savater en su Tauroética, probablemente el caballo tampoco quiere ser domado y montado, ni el mulo tirar del carro, ni al cerdo le apetecerá ser convertido en salchichones. Pero aún se puede ir más allá, ya que probablemente una sardina no se preste de buen grado a ser capturada por una gaviota, ni un conejo por un halcón, ni una gacela por una leona. E incluso podemos retorcer más la cuestión, ya que dado que nadie ha preguntado jamás a un toro si quiere o no ser toreado, cabría —no veo por qué no— que al toro le placiese dicha actividad. A fin de cuentas conozco a personas que gustan de hacerse daño o que se lo hagan otros y no creo que nadie esté en posición de afirmar con rotundidad que el masoquismo sea patrimonio exclusivo del homo sapiens.

Llegados a este punto, el argumento más sólido que a mi juicio puede utilizarse es el de la ética ya que si bien es discutible la voluntad del toro, no lo es la ética del torero o la del mero espectador. Desde el punto de vista ético, no parece muy lícito regocijarse en el acto de la lesión ajena, ya sea inflingida a otro ser humano, ya sea a cualquier otro ser vivo. Es este un argumento no animalista, ni ecologista, sino puramente filosófico y humano. Es la ética lo que nos diferencia del resto de seres vivos y es precisamente lo que nos caracteriza como humanos, por lo que actuar de un modo inético nos deja automáticamente fuera de la consideración de humanos, pasando a la categoría de bestias.

Con el cielo en la mochila

Me preguntaba yo qué tendría ese viejo cascarrabias para que todo el mundo le echase de menos. Y la verdad es que hay que escarbar un poco en la realidad política de los últimos veinte años para saberlo.

Rodeados como estamos por una impresentable y decadente clase política en barrena irrecuperable que, cual recua de calamares se dedica desviar la atención (o intentarlo) lanzando cortinas de humo, a hablar de lo que no hace y hacer lo que no dice, un personaje como José Antonio Labordeta que decía las cosas a las claras, en un tono más o menos agrio, pero sin dobleces, era cosa de agradecer a poco que se tuviesen dos dedos de frente. José Antonio Labordeta era de esos políticos que crean afición (como diría Elena). De esos políticos que a los que hacemos gimnasia con la materia gris, nos metía en el cuerpo las ganas de militar políticamente junto a él, incluso aunque tuviese que ser (o quizá precisamente por eso) en un partido marginal como la Chunta.

y esa es la razón de que un político maño, nacionalista moderado y cantautor y paradigma de los mochileros, todo un progre de los de antes, haya hecho tanto ruido cuando se ha ido.

Un abrazo, abuelo. Estés donde estés, estarás regañando con el ceño fruncido y riéndote de tanto en tanto, recorriendo el cielo con tu mochila.

2 sept. 2010

¿Golfo de México o Bahía de James?

Como socio de Greenpeace recibo periódicamente por correo electrónico el boletín de la organización. Pero en el último, en los titulares afirman que están trabajando en el golfo de México mientras acompañan la información con mapa en el que se ve una equis roja... ¡Sobre la bahía de James! La bahía de James es una lengua de mar que arranca en la canadiense bahía de Hudson. Unos cuantos miles de kilómetros más al norte...

17 ago. 2010

Metasolicitando...

Ibertrola es auténticamente KAFKIANA. Para hacer una solicitud hay que solicitar la solicitud, y además la citada metasolicitud es un obscuro documento que no está al alcance de nadie. Hay que solicitar que a uno le envíen por correo o fax (el correo electrónico no es una opción) la solicitud para solicitar el cambio de titular, ya que según me informa la amable señorita que me atiende "estuvo disponible un tiempo en la web, pero ya no está". Sin embargo aunque he solicitado la metasolicitud alrededor de media docena de veces, esta no llega nunca. Sin duda la dirección es correcta, ya que las facturas arriban religiosamente con puntualidad británica. Quizá están probando si realmente deseo con fuerza la metasolicitud, y sólo me la enviarán tras solicitarla una docena de veces. Es como intentar entrar en una logia masónica. No se puede dejar entrar a cualquiera que lo pida en un calentón. Lo que para el agua o el gas me ha llevado una llamada de 10 minutos, con Ibertrola se dilata durante semanas y semanas...

16 ago. 2010

El porqué de la distribuciones del teclado

Acaban de anunciar en la radio que a las 12 desvelarían el misterio de la colocación de las teclas de un teclado de ordenador. "¿Por qué no están por orden alfabético, que sería lo lógico?" se quejaba un entrevistado, en el anuncio.

La respuesta, lejos de misteriosa, es muy sencilla y está relacionada con lo que llamamos la "backwards compatibility". Las teclas de un ordenador están colocadas así, porque es la misma colocación que en un teclado de una máquina de escribir. Y en un teclado de máquina de escribir tenían una colocación tan dispersa por una razón de ingeniería.

Por si no se recuerda cómo eran las primeras máquinas de escribir a finales del siglo XIX, recordaré que consistían en una serie de varillas con un macillo en la punta de cada una, en el que estaba el tipo, o letra a imprimir. Las varillas estaban dispuestas en forma de media luna, de tal manera que al moverse, todas confluyesen en un punto, que era el punto en el que debía escribirse el siguiente carácter.

Al pulsar una tecla, la varilla correspondiente era lanzada contra el papel, volviendo luego a su posición mediante un muelle con un contrapeso. Este movimiento de vaivén requería cierto tiempo, y provocaba que, si se escribía a gran velocidad, pudieran confluir dos varillas en su recorrido, quedando trabadas e interrumpiendo la escritura, teniendo que deshacerse manualmente el atasco. Esta situación era más probable cuanto más cerca se situasen ambas varillas. Dado que la posición de las varillas estaba directamente relacionada con la posición de las teclas, se resolvió que era más operativo separar lo más posible aquellas letras que eran más usadas, para disminuir la probabilidad de confluencia, y del consiguiente bloqueo. Esta distribución, de hecho podía variar (y varía), en función del idioma que se hable, ya que como es lógico, hay determinadas letras que son más frecuentes en unos idiomas que en otros. Así, nació la disposición QWERTY (por las letras de la parte superior izquierda del teclado), nacida en los países de habla inglesa, y usada en la mayoría del resto de países, incluida España. Alemania creó su distribución QWERTZ que respondía mejor a sus necesidades, así como Francia se decantó por una distribución AZERTY.

Con la aparición de las últimas máquinas de escribir, las de margarita, y las electrónicas (que no tenían varillas), el problema del bloqueo de las mismas ya no se daba, pero una vez se habían creado hábitos de escritura, y había academias de mecanografía por doquier, no parecía lógico cambiar la disposición del teclado. Al aparecer y popularizarse la informática, la disposición de teclado se heredó directamente de las de las máquinas de escribir. No parecía muy lógico reeducar a todos los mecanógrafos a usar una nueva forma de escritura.

Además de las mencionadas, hubo (y hay) otras disposiciones de teclado, como la Dvorak, adorada por sus usuarios, pero esto es otra historia.

12 jul. 2010

¿Y ahora qué se hace?

Jamás he sido especialmente aficionado al fútbol. Desde pequeño era más de chapas y canicas, de jugar a liebre, o a indios y vaqueros, a la guerra, o a tirarme globos de agua. Mis deportes eran otros y los practicaba a instancias de mis padres (que quisieron que aprendiese a nadar antes que a caminar), no el en recreo sino por mi cuenta.

Jamás hice una colección de cromos de la liga, jamás escuché los partidos por la radio ni los comenté los lunes al llegar al colegio, al instituto, a la universidad o a la oficina. Me consideraba mero simpatizante Real Madrid por ser "el equipo de mi pueblo" (para disgusto de mi abuelo Juan que era colchonero a muerte), pero jamás fui capaz de nombrar una alineación, fuera parte de cuatro o cinco jugadores que trascendían lo deportivo. Recuerdo a Suker, al que vi en su mercedes saliendo de Puerta de Hierro con Ana Obregón un día que sacaba al perro a pasear, y cosas parecidas.

Sin embargo siempre, desde pequeño, me animaba a ver los partidos internacionales, heredando la sosegada afición que se respiraba en casa. Recuerdo haber visto con mi padre el España-Malta, el épico partido del 12-1 y el "gol de Señoooooooooor" y esas cosas. Recuerdo haber hecho la colección de cromos del mundial de México 86 (el primero del que fui realmente muy consciente). Recuerdo el mundial de Italia 90 del que vi algún de España junto a Carlos Berzosa en la cafetería de profesores de la entonces Facultad de Económicas y Empresariales, en Somosaguas. Recuerdo el mundial de USA 94, el de Francia 98, el de Corea y Japón 2002 que vi en la oficina, con el partido que nos robaron los surcoreanos. El de Alemania 2006... Y siempre veía los partidos con una ilusión moderada, consciente de ser aficionado de un equipo mediocre que jamás ganaba y que quizá jamás ganaría el Mundial.

Recuerdo una pregunta de un gachó, uruguayo él, que me asaltó por ICQ allá a finales de los noventa, seguramente coincidiendo con el mundial del 98, preguntándome por qué España, que tenía la liga nacional más importante del mundo, jamás había tenido un puesto relevante en el campeonato del mundo, más allá de cuartos de final. No supe responderle...

La española no era una selección ganadora, no era una selección que no ganase porque quedase subcampeona. ¡Qué va! Era una selección que siempre tenía un papel mediocre que ni siquiera se acercaba al triunfo. Recuerdo presenciar cómo se proclamaban campeones países de los llamados "clásicos". Brasil, Alemania, Francia... Y ahora, de repente, he visto cómo aquel equipo de camiseta roja, la misma camiseta roja que vestía Naranjito, al que animaba aquel niño, levanta ese trofeo dorado, que hasta ahora ocupaba uno de esos cromos plateados de los álbumes de Figurini Panini. Ahora España es campeona del mundo. ¿Y ahora qué se hace?

9 jul. 2010

Espacio y tiempo

Un segundo es la duración de 9.192.631.770 periodos de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del átomo de cesio 133, a nivel del mar y con campo magnético cero.

El metro es la distancia recorrida por la luz en el vacio en 0,000000003335640952 segundos (1/299.792.458), medidos por un reloj atómico de cesio.

28 jun. 2010

Una combinación mortal

Cuando los hermanos Coen presentaron a la productora su película Fargo, Joel e Ethan Coen (1996), en la que al inicio se anuncia como basada en hechos reales, los señores de la Warner les dijeron "No podéis decir que está basada en hechos reales. Eso es mentira." Y los hermanos respondieron "Efectivamente. Es cine, y el cine es mentira."


Conozco a un tipo bastante vehemente. Es de estos que defienden su postura con tanta fiereza como escasez de argumentos. El otro día apareció hablando de una película llamada La Cuarta Fase (The Fourth Kind, Olatunde Osunsanmi (2009)). El tipo este afirmaba que la película era poco menos que un documental, basándose en las advertencias que se hacen en ella. Para los que hayan tenido la suerte de no ver dicho filme diré que narra las investigaciones de Abigail Tyler, una psiquiatra que trabaja en un pequeño pueblo de Alaska, donde comienza a tratar a numerosos pacientes que afirman tener las mismas visiones y experiencias. Finalmente descubre que en la pequeña población se dan numerosísimos casos de abduciones (encuentros en la cuarta fase, de ahí el título), a manos de extraterrestres.

Al inicio de la cinta, aparece Mila Jovovich presentándose a sí misma, y anunciando que va a interpretar el papel de la doctora Abigail Tyler basándose en el trabajo de la misma. Asimismo, advierte que intercaladas con su dramatización, el director ha incluido vídeos tomados en su consulta, así como documentación oficial, como grabaciones de las llamadas a la policía, de la cámara de un coche patrulla, y demás. También advierte que el guión está basado en las notas y escritos de la doctora Tyler. A lo largo de toda la película aparecerán cada actor con su nombre real, con rótulos en pantalla del estilo "Will Patton, as Sheriff August (alias)", dejando claro que ese no es el auténtico Sheriff August, sino una dramatización del mismo interpretada por Will Patton, etc. lo cual da un ambiente ciertamente de documental.

Uno de los presentes, al que el vehemente intentaba convencer de lo asombroso y revelador del documento que acababa de presenciar, hizo gala de tener dos dedos de frente (o alguno más), y dudó de la veracidad del supuesto "documento". Al punto, el vehemente comenzó a ejercer como tal, usando (seguramente sin saberlo) numerosas falacias, acusando al crítico, por ejemplo, de tomarle por alguien tan tonto como para dar por cierto algo que no lo era. No llegaron a las manos pero casi, y la discusión se zanjó con un incómodo y tenso silencio.

Aunque no soy amigo de temas magufos, conspiranoicos y demás, lo cierto es que la polémica suscitada en torno a la película despertó mi curiosidad. Lo primero que hice fue ver la película (todo sea por la ciencia). A continuación investigué un poco sobre ella. Una sencilla búsqueda en Google me hizo sospechar, ya que todos los resultados de una supuesta doctora Abigail Tyler eran referencias a la película. Pero lo mejor fue cuando busqué en IMDB la película, y vi que la Dra. Tyler dramatizada estaba interpretada por Mila Jovovich, y que la Dra. Tyler real, estaba también interpretada (wtf!) por la tan británica como desconocida actriz Charlotte Milchard. Descubrir todo esto me llevó alrededor de dos minutos y medio, tres a lo sumo.

Lo que más me preocupa de todo esto, y la reflexión que despertó este caso, es la vehemencia y fanatismo con los que algunas personas defienden posturas sin haberlas contrastado, aun cuando contrastarlas es algo realmente fácil. Este tipo de personas se cree cualquier cosa que les cuenten, ya sea Iker Jiménez o Federico Jiménez Losantos. Ya sea J. J. Benítez o Pedro J. Ramírez. Si no son capaces de ser críticos cuando comprobar la verdad es tan sencillo, es fácil darse cuenta de que este perfil de personas creen a pies juntillas cuando les cuentan cosas de comprobación más torticera, como timopulseras, terapias milagrosas o dioses varios. El problema es la mortal combinación de mansa credulidad, falta de espíritu crítico y ciego fanatismo.

24 jun. 2010

Agua de Lnajarón

Ya tiene delito escribir mal el nombre del pueblo que da nombre a tu marca. En el texto que aparece en vertical se lee claramente "Manantial Salud (Lnajarón - Granada)".

23 jun. 2010

Europa según Orange

Europa según Orange
Según la página de Orange España, Europa no acaba en los Urales. Aunque tampoco incluye toda Rusia, como piensa Google. Para esta gente acaba a mitad de camino de Siberia, y además el Báltico ha sufrido un recrecimiento repentino que se ha comido Polonia.

14 jun. 2010

La importancia de la culturilla general...


Sobre todo a la hora de traducir. Los continentes no giran... derivan. Continental drift es Deriva continental. Estaba en una de las exposiciones de Photo España 2010, en el Teatro Fernando Fernán Gómez.

27 may. 2010

From Magic to Desire: Viaje alucinante

Cuando Maribel me enseñó su HTC Magic blanca me pareció alucinante. El sistema operativo Android era una maravilla que ya había toqueteado en el emulador del SDK, y además había instalado Andromnia, una versión no operativa, pero que permitía hacerse una idea de cómo era un Omnia con Android. En ese momento supe que necesitaba un móvil con Androdi. Y el Magic fue la elección.

El HTC Desire es un móvil voluminoso. La era de los Nokia 8210 y derivados quedó atrás, y ahora prima una pantalla grande donde ver la información. Para ello, los móviles tienen que crecer. No obstante, aunque el Desire es más grande que el Magic, no creo que en tamaño vayan mucho más allá.

Estéticamente me gusta más el Magic (el mío era blanco). Un móvil redondeado y cómodo de llevar, con aspecto limpio y brillante. El Desire, a pesar del atractivo color titanio y el recubrimiento de goma, se me hace más feúcho que el Magic y mucho más feote que el iPhone.

Lo primero que llama la atención es la luminosidad (autoajustable) de la pantalla, y sobre todo su nitidez. Tiene tantos píxeles en su lado pequeño, como el Magic en su lado largo (800x480 frente a 480x320). Las fotos de los contactos, que antes se veían bien, ahora se ven pixeladas. Toca poner mejores fotos. Pero lo mejor de la pantalla no es su calidad, sino el bajo consumo que la tecnología AMOLED tiene. Así, da gusto ver en la aplicación "Uso de la batería", cómo la pantalla se lleva apenas un 14% del consumo, frente al 55% que se llevaba en el Magic. Esta es en mi opinión la principal ventaja.

A mejor
  • La pantalla es espectacular comparada con la del Magic, y el rendimiento en general es muy bueno. El procesador a 1 GHz ofrece unas prestaciones dignas de mencionar.
  • La incorporación de un conector de 3,5 mm para los auriculares y el manos libre, independiente del conector USB es un gran acierto. Además de ser fácil encontrar manos libres de otros fabricantes, y pode usar cualquier par de auriculares, podemos conectarlos mientras el móvil está cargando, cosa que no era posible con el Magic.
  • Después de algunos anodinos experimentos con el HTC Hero, la disposición de los botones físicos es similar a la del Magic y por tanto la transición es sencilla. Sólo desaparecen los botones de colgar y descolgar, que ahora pasan a ser táctiles en pantalla.
  • El Multitouch. Pagar a Apple por utilizar su patente en el Android 2.1 es un peaje que ha merecido la pena.
  • El HTC Sense, que ya había conocido en el Hero es una maravilla, y con un procesador como el Snapdragon, que lo mueve con ligereza, es inmejorable. Tener 7 escritorios en vez de los 3 que trae por defecto el Android 1.6 es un lujo.
  • El sensor de proximidad es ideal y funciona perfectamente. En llamada se desactiva la pantalla al acercarlo al oído, y al separarlo, aparece automáticamente el teclado, que resulta muy cómodo cuando uno tiene que "pulsar 2 si su llamada es sobre telefonía móvil, o pulse 3 si su llamada es sobre ADSL"...
  • La radio FM es algo que casi nadie usa, pero que yo echaba terriblemente de menos desde mi Nokia 6288.

A peor
  • El conector de carga y datos ha pasado del mini-USB cuasi universal, al anodino micro-USB. Esto hace que no sea fácil encontrar un cable donde cargarlo en cualquier sitio, como sí sucede con el mini-USB. (He llegado a cargar el móvil enchufándolo al cargador de un mando de una Playstation). Pasar del universal mini-USB al extraño micro-USB es en mi opinión la mayor cagada que ha cometido HTC con este móvil.
  • No se incluye en el paquete la útil funda que traía la Magic, y la superficie con recubrimiento de goma, aunque grata al tacto, da la impresión de que se deteriorará rápidamente con el roce.
  • El móvil crece tanto a lo largo, como a lo ancho, aunque es algo menos grueso.
  • La tarjeta microSD que viene incorporada es de 4 GB, cuando la que venía incluida en con la Magic era de 8 GB. En un terminal de esta gama, escatimar de esta manera unos pocos euros que son pocos para el comprador, (y aún lo son menos al precio que le sale al fabricante), es una práctica ruin.
En resumen. Si bien siempre fui fiel a Android, era consciente de que aún le quedaba un paso para mojarle la oreja al iPhone. No obstante, y teniendo en cuenta todo lo anterior, hay que admitir que el HTC Desire es un digno competidor y en muchos aspectos supera con soltura a móvil que lleva Steve Jobs en el bolsillo. ;)

Tengo que mencionar aquí que la transición de un terminal a otro ha sido especialmente poco traumática gracias a MyBackup Pro, donde previamente había hecho una copia de seguridad tanto de las aplicaciones como de los datos de usuario, pudiendo hasta conservar el log de llamadas, todos los SMS, MMS y demás.  El único pero ha sido la configuración de los programas, que habría sido un lujo poder restaurarla en el nuevo móvil.

26 may. 2010

El límite de la memoria

Que vivimos en un país sin memoria no es nada nuevo. Quizá no sea un país, quizá sea un planeta sin memoria. Normalmente la memoria de lo malo se invoca por decreto, y por ello muchas veces es necesario que nos obliguen a recordar lo malo que fue este o aquel el año pasado, cuando nos acordamos sin ayuda de lo bien que lo pasamos en aquellas vacaciones de hace una década.

Vaya por delante que esto que escribo no es, bajo ningún concepto una crítica a nada, ni un manifiesto a favor de nada. Simplemente es una reflexión sobre la psicología del comportamiento humano, y sobre cómo la gente, llevada por extrañas motivaciones retuerce hasta la perversión, mecanismos que podrían ser útiles y que conducidos de esa mano no obtienen sino el rechazo.

Siempre me ha parecido absurdo el perdón por el pasado. Quizá porque siempre me ha parecido absurdo ahondar en la culpabilidad, máxime cuando eso no conduce a nada. Mi máxima es permanentemente buscar dónde ha fallado el sistema para corregirlo e impedir que el error se reproduzca, porque saber quién es el culpable de algo, y obligarle a hincar la rodilla pidiendo perdón, sirve de muy poco, muy a pesar de aquellos que disfrutan con el espectáculo del adversario humillado.

Dicho esto, pensando en la Ley de la Memoria Histórica y sus múltiples interpretaciones, aclararé que me parece una ley francamente cojonuda para amparar y dar cobertura legal a aquellos que quieren sacar a su abuelo, o a su tío de la cuneta en la que los gusanos roen sus huesos desde hace ochenta años, cosa que hasta ahora, sería una exhumación ilegal, a no ser que uno iniciase un tedioso y costoso procedimiento judicial para que un juez autorizase el levantamiento del cadáver, uno por uno. Sin embargo, puede uno llegar a pensar que es también una ley revisionista que persigue condenar a aquellos que cometieron atrocidades y escaparon sin condena, intentando condenarles. Pero aún ahondando en este comportamiento, me encuentro también con personas que dicen "¿por qué detenerse en 1936?", y buscan que dicha ley de Memoria Histórica no se pare ahí, sino que siga para atrás "reparando" (no puedo evitar las irónicas comillas) todas las injusticias históricas habidas y por haber.

Aquí quería yo llegar. Siempre me ha parecido una soberana estupidez juzgar las cosas fuera de contexto. Y no sólo del contexto espacial, sino también del intelectual y por supuesto el temporal. La historia de España, como la de casi todos los países está cuajada de atrocidades y de tiranos que quedaron impunes muriendo en su cama plácidamente. ¿Y qué? ¿Qué sentido tiene buscar el perdón? ¿Y hasta dónde debemos remontarnos? ¿He de sentirme yo responsable de actos que cometieron gente a la que no conocí, o que incluso siendo antepasados míos, fueron cometidos antes de que yo naciese incluso? ¿He de sentirme responsable y/o avergonzado por actos que yo jamás me plantearía cometer? ¿He de sentirme mal por actos cometidos en un contexto histórico en el que dichos actos podían ser lícitos?

La moralidad evoluciona. No es un concepto absoluto en absoluto. Hoy vemos la esclavitud como algo aberrante, cuando prohombres como Benjamin Franklin (al que admiro) tenían esclavos a su servicio como algo natural. ¿Era una atrocidad la política de sangre y fuego llevada a cabo por la corona española en América en el siglo XVI? Probablemente según los estándares actuales sí, pero en aquella época era simplemente lo normal, tan normal como bañarse una vez al mes, cosa que nos parece hoy una asquerosidad. Una atroz normalidad, pero normalidad al fin y al cabo. Es lo que tiene hacerse cada vez más civilizados. ¿Hasta dónde seguir con la política del pedir perdón? ¿Quién debe pedir perdón por, haciendo una reductio ad absurdum, el sitio de Numancia? ¿Ha de ser la familia de Quinto Cecilio Metelo, general al mando del asedio? ¿Debe ser el país que ahora ocupe su lugar de nacimiento (que no tendrá nada que ver con aquel en el que él nació)? ¿Debe ser la República de Roma? ¿O quizá la República Italiana? ¿Hasta dónde llegar en la estupidez meapilas del revisionismo histórico y de los perdones históricos y de las deudas históricas?

Preocupémonos, e invirtamos esfuerzo y dinero en que no se cometan hoy atrocidades deleznables en su propio tiempo (que sólo con eso hay material de sobra) y dejémonos de tonterías revanchistas o atentas a sabe Dios qué puñeteros intereses, que además no conducen a nada. Colgar al asesino nunca ha devuelto la vida al muerto (digan lo que digan en Texas). Y si el asesino está muerto, aún menos. Pero esto debe de ser una cuestión de crecimiento personal y toma de consciencia.

En algún momento algo falló

Antaño el profesor sabía, y el alumno no. El alumno aprendía del profesor, y este último le corregía, evaluaba y determinaba su aptitud. Así, llegado el momento, el alumno superaba a su maestro, y se convertía en el profesor de la siguiente generación, por lo que el listón subía oleada tras oleada. Así avanzaba sin parar la maquinaria del pensamiento y del conocimiento.

En algún momento esto falló. En algún momento uno o varios alumnos se saltaron las medidas de seguridad que protegían este sistema, y se convirtieron en profesores sin saber más que sus propios profesores. Y esto abrió la brecha para que en generaciones sucesivas de alumnos, el nivel comenzase a descender. Cada profesor fallido, incapaz (por su propia ineptitud) de determinar la aptitud de su alumno, permitía que un profesor fallido más, se sumase a la masa.

No me importa el momento ni las razones por las cuáles esto sucedió. Hoy en día, ser un iletrado no es patrimonio único de las clases menos acomodadas, o de aquellos que no han tenido acceso a los estudios. Hoy en día, personas con formación universitaria y de postgrado, gente a la que se le presupone una gran sapiencia, escribe textos plagados de faltas de ortografía y desaprende aún más cuando se deja corregir por los inefables correctores ortográficos de los procesadores de textos (esos que yo tengo siempre desactivados). Y así, hoy, el 99% de la gente escribe mal, no sólo en los SMS, ni en los chats, ni en los correos electrónicos, sino también en cartas formales, periódicos y textos profesionales.

En algún momento, algo falló.

14 mar. 2010

Félix nuestro, que estás en los cielos…

Yo era pequeñísimo. Tendría cuatro años o así, y recuerdo que, como no teníamos tele en casa, mi padre en su fanatismo naturalista peregrinaba cada sábado por la tarde a la cercana casa de mis abuelos (sus suegros), para poder ver El Hombre y la Tierra. Y recuerdo que yo, que ni sentía ni padecía, era arrastrado por él a ver aquellos documentales en blanco y negro (así los veía yo) de su ídolo, que se convirtió en el mío. Estaban narrados por aquella voz cautivadora que ya nunca podría olvidar y aquellas escenas fantásticas que vistas por aquellos ojos infantiles, permanecerían en mi memoria hasta hoy, y estarán grabadas para siempre, como aquella anaconda lanzándole una dentellada de la que Félix se libraba por los pelos, o un águila arrastrando en vuelo a un cordero que la doblaba en tamaño. Mi padre me introducía así en un mundo al que Félix Rodríguez de la Fuente nos abría las puertas. Un mundo de amor por la naturaleza, de desmitificación de viejas leyendas y ancestrales odios enconados, como el pavor al lobo, encarnación del mal en todos los cuentos.

Aprendí a diferenciar el lobo de Caperucita, el de los tres cerditos y los siete cabritillos, del verdadero lobo. Aquel que jugaba con Félix lamiendo su cara tratándole como a uno más de la manada y no tenía nada de terrible. Aprendí a ver la naturaleza alrededor, viendo en aquellos documentales en blanco y negro, el justo complemento de las fotos en color de las enciclopedias Fauna y Fauna ibérica que mi padre coleccionaba por fascículos, y el de la colección La Aventura de la Vida, que empecé a coleccionar yo después. Y viendo en todo aquel material (que en la era pre-Internet era una joya) la necesaria respuesta a lo que me encontraba en nuestras salidas al monte, donde mi padre me enseñaba esto, aquello y lo de más allá, y donde mi padre dibujaba con increíble mano retratos de animales que yo disfrutaba más durante la casi mágica elaboración, que al verlos terminados.

Y un buen día, hace treinta años, recuerdo perfectamente que mi madre vino con los ojos vidriosos a contarnos una noticia que había oído en la radio de la cocina. Félix, nuestro amigo Félix, se había ido al cielo partiendo desde Alaska,  (e irónicamente el día de su cumpleaños). Y para ayudarnos a aquella generación de niños a sobrellevar ese trance, nuestros ídolos musicales, Enrique y Ana compusieron aquella emotiva canción que decía “Amigo Félix, cuando llegues al cielo”. Félix Rodríguez de la Fuente había tenido un accidente mientras rodaba la intrépida Iditarod en Alaska. Probablemente un golpe de viento polar había mandado al cuerno a la endeble avioneta, y segando de golpe la vida de aquel naturalista y divulgador que, de no haber sido por aquel fatídico accidente, hoy tendría más o menos la misma edad (y probablemente la msima actividad) que David Attenborough.
Crecí conociendo a Félix ya muerto. Crecí viendo las reposiciones de sus documentales en televisión. Crecí leyendo sus enciclopedias y libros como “Mis amigos los animales”, visualizando una y otra vez la colección de diapositivas de “La Aventura de la Vida” o escuchando en cassette aquellas estremecedoras narraciones de su reencuentro con los fantasmas de los leones de Tsavo, o de su pernocta en el infernal cerro Autana, entre otras. Las escuchaba una y otra vez con los ojos cerrados, tumbado en el suelo de mi habitación, visualizando con toda claridad a mi ídolo padeciendo penalidades en su busca de la aventura y del conocimiento. En su afán por compartir con nosotros aquellos mundos que sólo él pisaba. Crecí llevando a Félix dentro de mí. Crecí llorando una y otra vez, cuando me enfrentaba a su efigie en el Zoo de Madrid.

Amigo Félix, en realidad llegaste al cielo mucho antes que aquel 14 de marzo de 1980.

11 mar. 2010

El culo con las témporas

Si alguien no tiene qué comer, todo el mundo vería como un absurdo que rechazase un plato porque no gustarle las acelgas. Eso es lo que en román paladino llamamos confundir el culo con las témporas. Y es una actitud que por absurda que parezca, sucede más a menudo de lo que parecería y nos gustaría, especialmente entre la clase política.

Revolución es una bonita palabra con un reverso tenebroso. Todas las que yo he conocido han acabado como poco igual que el régimen al que pretendían revolucionar. Desde la del Lord Protector Oliver Cromwell, que acabó en un quítate tú pa’ ponerme yo (y poner luego a mi hijo), hasta la de Cuba, pasando por la Revolución Francesa, las revoluciones independentistas americanas, el octubre rojo de 1917, la cruzada de Franco para salvar España (¡PAÑA!) y la lista podría seguir hasta el infinito. El poder tiene ese no sé qué que qué se yo, que aunque uno tenga elevados ideales, una vez se sienta en el sillón de mando el revolucionario se siente muy a gustito después de pegar barrigazos en sus vicisitudes campestres revolucionarias, y cree tener todo el derecho del mundo al descanso del guerrero… hasta que se muera el guerrero. Y así es como las revoluciones acaban todas en dictadura.

Una dictadura es por definición un régimen en el que un señor está muy a gustito en su sillón y se no se mueve de él ni con agua caliente. Los dictadores suelen ser idealistas y tener vocación de salvar a los demás de sí mismos, por lo que suelen tener un plan, como Hannibal Smith. Y están dispuestos a llevar a cabo su plan le pese a quien le pese. Además, ese bienamado plan de una sociedad perfecta madurado en frías noches de campamento revolucionario, está por encima de todo. Y por ello es lícito ventilarse de un plumazo a todo aquel que opine que ese plan es mejorable. A estos se les suele llamar disidentes. Una dictadura lo es, sea del color que sea. Tan dictador era Ceaucescu, como Stalin, como Mussolini, como Pinochet, como Cromwell, como Napoleón, etc. De nada sirve la orientación política si no se cumplen los preceptos básicos de libertad y respeto a los derechos fundamentales. Del mismo modo que de nada sirve que uno prefiera carne o pescado si no tiene qué llevarse a la boca. En todo eso, todos los demócratas están de acuerdo, claro. A fin de cuentas todos ellos chupan de la teta de la Democracia y no es cosa de morder la teta que te da de chupar. Ni tampoco la mano que te da de comer.

Pero, ¡ay! La vida es bella cuando se habla en términos generales, pero los torticeros matices suelen torcer las cosas y nublar las mentes. Y así, los correligionarios del Partido Pentacéfalo (PP), rechazan cualquier forma de dictadura, excepto la del Caudillísimo que era un período de placidez. Esto levanta las iras del arco político más rojeras, y con razón, claro. Pero la hipocresía máxima es un virus contagioso, y estos días el ZPSOE y los despistados de Izquierda Unida caían enfermos del mismo mal. Los primeros con la tibieza blandengue que les caracteriza, y los otros diciendo que “respetan el gobierno cubano”. Es decir el negativo fotográfico de aquello que hacen sus adversarios políticos.

Los que tienen alergia a las preposiciones y por ello “juegan tenis” o “juegan golf” (yo normalmente juego a algo), porque fueron la clase protegida del régimen franquista y ellos, sus padres o sus abuelos tenían y siguen teniendo mucho que agradecerle al ferrolano, por lo que rechazan todas las dictaduras excepto aquella que les lamió el culo. Los otros, los que levantaban el puño y llevaban camisetas del Ché, se sienten en deuda con el movimiento que les movilizó en su juventud a ellos, o a sus padres o a sus abuelos. Y ese sentimiento heredado les hace rechazar también todas las dictaduras menos aquella/s que fue/ron su motor.

Pero una rosa es una rosa es, y una dictadura es una dictadura. Sea del color que sea. Y denostar unas y obviar otras en función del color político del dictador, además de una falacia política y una demostración de falta de criterio, es confundir el culo con las témporas.

8 mar. 2010

El amor no es la hostia

Lo he visto en la tele, así de reojo y ha sido una pedrada visual. El amor no es la hostia. Coño, ya lo he vuelto a poner bien... No, no, lo que ponía allí era El amor no es la ostia. Es el lema de la ultimísima campaña contra el maltrato intergénero del superministerio de Igualdad de Bibiana Aído, alias la miembra. Esa pobre ministra víctima de la LOGSE cuyo objetivo en la vida parece dinamitar los cimientos de la lengua de Cervantes. Volviendo al folleto, es fácil el juego de palabras. Hace referencia la polisemia entre algo que es muy grande o extraordinario, y al golpe, bofetada, cachete o puñetazo propinado sobre una cosa o sobre una persona, en este caso, una mujer. Todo bien, salvo que el amor, no sólo no es la hostia, sino que tampoco es la ostia, como reza el anuncio. Porque una ostia es una ostra. A nueve euros la media docena las vi el otro día.

Y hete aquí lo que dicen los súper tacañones.
hostia.
(Del lat. hostĭa).
3. f. vulg. malson. Golpe, trastazo, bofetada.

de la ~.
1. loc. adj. vulg. malson. Muy grande o extraordinario. Se ha comprado un coche de la hostia.
 
ostia.
(Del lat. ostrĕa).
1. f. ostra.


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Como siempre digo... ¿Por qué yo lo veo y quien cobra por verlo, no lo ve? En fin, si es que hacer las cosas bien es la ostia. Digo no, coño. La hostia. Que tó se pega, menos la hermosura.

4 mar. 2010

Dicen que las pensiones no tienen por qué ser sostenibles

Desde que el gobierno anunció el llamado pensionazo, muchas han sido las voces (algunas incluso reconocidas) que han afirmado con tanta rotundidad como irresponsabilidad, que el sistema de pensiones no tiene por qué estar autofinanciado, que no tiene por qué ser sostenible, que puede ser perfectamente deficitario, como lo son (y citan como ejemplo), otros servicios públicos como las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los bomberos, la Sanidad Pública, las prisiones, los juzgados, los funcionarios en general, etc.

El error de bulto que a mi modo de ver cometen estas mentes bienpensantes, es no darse cuenta de algo que a mí me parece obvio: Todos los servicios públicos y funcionariales mencionados como ejemplo, tienen una relación directa o cuasi directa en la población contribuyente. A más población, más hospitales son necesarios, más jueces son necesarios, más cárceles son necesarias, etc. Esto hace que la población pueda pagar siempre unas proporciones más o menos estables para mantener un cierto nivel de servicio. Si queremos juzgados más rápidos y eficientes, o bomberos más guapos y fornidos, habrá que pagar más impuestos. Si pagamos menos, tendremos cárceles con paredes de pladur. Pero en cualquier caso, es inconcebible que el número de jueces crezca indiscriminadamente al margen del crecimiento de la población, ya que es la propia población, por medio del Estado, quien decide cuántas plazas para juez, policía, bombero, o médico del estado se abren, y por tanto cuántas plazas hay que pagar con el dinero de los contribuyentes. Es por esto por lo que los servicios públicos mencionados pueden (y deben) no ser rentables ni buscar la rentabilidad.

Sin embargo, lo que esas mismas mentes parecen no ver, es que en el sistema de pensiones no hay relación directa alguna entre la masa de contribuyentes a dicho sistema, y la masa de perceptores de dicho sistema. Esto hace que si lo contribuido en febrero se emplea para pagar a los pensionistas el marzo siguiente, haya dinero de sobra si hay más trabajadores que jubilados, pero tengamos un problema si hay más jubilados que trabajadores. Y a diferencia de lo que sucede con los bomberos, la masa de contribuyentes no puede controlar que la masa de pensionistas sea proporcional, a no ser que eliminemos pensionistas (matándolos discretamente, o retrasando el momento en que pasen a ser pensionistas). Esta no correlación, que viene de la mano de las fluctuaciones demográficas provoca desajustes y convierte el actual sistema de pensiones en un mecanismo injusto que descarga sobre los contribuyentes el peso de mantener a quienes en teoría, ya contribuyeron en su día para ganarse la jubilación. Por eso propuse en su día alguna solución, ya que el actual sistema de pensiones, de estructura piramidal, obliga a un constante incentivo por el crecimiento de población, que es igualmente irresponsable, y de lo que también hablaré un día de estos.

Urge por tanto reconocer que el sistema actual tiene un problema, y reconocer igualmente que dicho problema se agravará conforme pase el tiempo. Porque cuanto más tiempo se tarde en poner solución, más complicada y traumática habrá de ser ésta. Y poner solución no es una opción. En este sentido nosotros sólo podremos elegir si ponerla ahora, de forma meditada, calculada y planificada, o esperar a que el sistema colapse por sí mismo para poner nuevos parches lustro tras lustro.

Necesito más tiempo

Cada minuto, se suben 20 horas de vídeo a Youtube, lo cual no deja de ser una curiosa paradoja temporal.

Fuente: Google Facts and Figures

El caballo muerto

Dead Horse Theory
El viejo modelo [de la industria discográfica], el centrado en torno a los soportes y las copias, es un caballo muerto. Y cuando tienes un caballo muerto, puedes usar un látigo mejor, cambiar de jinete, amenazar al caballo con despedirlo, nombrar un comité de estudio de caballos muertos, visitar otros países a ver como montan caballos muertos, cambiar las leyes para favorecer a los caballos muertos, reclasificarlos como “vivos inmóviles”, unir varios caballos muertos en un mismo tiro, subvencionarlos, promocionarlos como supervisores de otros caballos, redefinir las prestaciones de los caballos para que los muertos cualifiquen mejor… pero al final, estarás mejor desmontando y cambiando de caballo.

Enrique Dans

21 feb. 2010

The Fog of War: Eleven Lessons from the Life of Robert S. McNamara

Robert McNamara
McNamara ilustrando el riesgo guerra nuclear en 1963

La figura de Robert McNamara, Secretario de Defensa en la administración Kennedy no era para mí más que algo difuso más alimentado por personajes de películas que por datos ciertos. Y hace poco me topé con el documental que da nombre a este artículo, filmado en de 2003, siete años antes de su muerte. Se trata de una cinta dirigida por Errol Morris, y galardonada con el Oscar a la mejor película documental en 2003

Al verlo he descubierto a un hombre tremendamente inteligente, reflexivo y analítico enfrentado a personajes como el belicoso Curtis LeMay (el Göreing estadounidense), o Lyndon B. Johnson, que dio al traste con las intenciones de McNamara y Kennedy de salir de Vietnam. En definitiva, un gran analista formado en Harvard casi por casualidad, que logró ser la primera persona que alcanzó la presidencia de la Ford sin ser de la familia Ford, cargo en el que duró cinco meses, ya que John F. Kennedy le pidió convenció para que acpetase el cargo de Secretario de Defensa.

La película documental, no es sino una entrevista de aproximadamente hora y media, ilustrada con fotografías y metraje de cada momento histórico y sobre todo, con grabaciones de comunicaciones telefónicas o conversaciones históricas mantenidas a lo largo de sus mandatos. Todo esto le hace a uno reflexionar por ejemplo, en cómo hechos tan aparentemente inocuos como la elección de una asignatura durante su etapa académica puede condicionar las decisiones que toma una persona, que puede tener en sus manos cientos, miles o incluso millones de vidas humanas. Robert McNamara fue un hombre sensible y emotivo que se emocionaba sinceramente narrando los momentos trágicos del asesinato de Kennedy.

Entre las llamadas lecciones, me ha gustado especialmente “Tener empatía con el enemigo”, que fue lo que evitó el desastre nuclear en octubre de 1962, que él mismo afirma que estuvo realmente cerca y que se evitó por pura suerte, ya que había mucha más gente en ambos bandos deseando el enfrentamiento nuclear, que intentando que no ocurriese. Y la falta de esa empatía, fue lo que impidió comprender la idiosincrasia de Vietnam del Norte, y perder la guerra de Vietnam. En definitiva, que ponerte en el lugar de tu oponente suele garantizar una salida dialogada y no traumática a la crisis. También la titulada “Estar preparado para reconsiderar ideas”, que me recordó poderosamente a mi releído Watzlawick, y que ilustra perfectamente la frecuente incapacidad o resistencia de las personas a reconocer un error, o que un juicio, o una decisión anteriores, se elaboraron desde premisas incorrectas. Esto fue, según McNamara lo que hizo que EE.UU. se implicase aún más en Vietnam en una escalada hacia ninguna parte, que acabó con el desastre de 1975.

En definitiva, es un buen documento para reflexionar y profundizar en la vida de Robert McNamara y su papel en la Segunda Guerra Mundial en la oficina de Control Estadístico de la Fuerza Aérea, y durante la Guerra Fría como Secretario de Defensa de Estados Unidos hasta 1968.

16 feb. 2010

Telephone killed the telegraph star

Alexander Graham Bell trataba de inventar un audífono (ya que su madre y su esposa eran sordas), y en 1876 acabó “inventando” el teléfono. Esto supuso una revolución, aunque es bien cierto que al principio, esta tecnología era tan enormemente revolucionaria y novedosa que no obtuvo el calor de la gente. Para empezar, las primeras demostraciones que hizo Bell consistían en colocar a un ayudante al otro lado de la línea telefónica y pedirle que tocase el piano, con lo que el público percibió el nuevo aparato como un medio de escuchar música a distancia. Curioso, pero quizá no demasiado útil. Además de esto, mucha gente veía como algo ciertamente raro hablarle a un aparato inerte. Supongo que de la misma manera que para mi abuela Internet tiene un halo mágico, para aquellos ciudadanos de finales del siglo XIX, hablarle a un aparatejo y esperar recibir respuesta del mismo era igualmente incomprensible, costándoles entender que le hablaban a una persona, y que en realidad, el cacharro aquel era sólo un medio.

Pero el espaldarazo definitivo llegó en enero de 1878, cuando al ocurrir un accidente ferroviario en el pueblecillo dejado de la mano de Dios de Tariffville, Connecticut, alguien llamó por teléfono a Hartford, una localidad cercana de cierta envergadura. Este aviso permitió que llegasen rápidamente los médicos del pueblo vecino y atendiesen a los heridos, paliando en cierta medida las consecuencias de una catástrofe que de otro modo podría haber sido mucho peor. A partir de ese momento, la Bell Telephone hizo multimillonario a su propietario, ya que llegaron pedidos en masa que la compañía a duras penas podía satisfacer. En menos de veinte años prácticamente todas las localidades de cierta importancia en Estados Unidos tenían al menos un teléfono. Todo el mundo veía el nuevo invento como algo bueno. ¿Todos? No, no todos. El teléfono había empezado a hacer mucho daño a una industria precedente y que se creía intocable: El telégrafo. Efectivamente, la compañía Western Union, una todopoderosa empresa casi monopolística de los telégrafos, (que se había gastado un dineral en tender cables telegráficos de costa a costa durante la época más dura de las guerras contra los indios americanos), veía el teléfono como un invento demoníaco e intentó sabotearlo, boicotearlo y torpedearlo por todos los medios. Western Union tenía un capital, unos beneficios, una proyección, un potencial y unos activos increíblemente más altos que la recién nacida Bell Telephone Company y pudo habérsela comido, si hubiesen querido o sabido mirar al futuro. Pero prefirieron mirar al pasado. Western Union prefirió menospreciar la nueva tecnología, llegando a decir, en boca de su presidente que el teléfono no era más que un juguete cuando Bell le ofreció la patente del teléfono por 100.000 dólares. Tan solo dos años después el mismo Bell diría que 25 millones de dólares por la misma patente habrían sido una ganga, aun no estando ya en venta.

Hoy, Bell Telephone es, groso modo, AT&T. El mayor operador de telecomunicaciones del mundo con unos ingresos de sesenta y tres mil millones de dólares (63.000.000.000 $) anuales. Quizá en su momento la Western Union pudo haberse reconvertido al negocio emergente del teléfono y haberse subido al carro del futuro, pero prefirieron intentar mantener un servicio obsoleto, intentando zancadillear a la nueva tecnología, aplicando el complejo de Pierre Nodoyuna. Hoy, Western Union, tras abandonar el negocio de la telegrafía y reconvertirse tardíamente a los servicios financieros y de envío de dinero internacional, factura anualmente cinco mil millones de dólares (5.000.000.000 $). De ser el gigante, pasó a ser el gnomo.

Muchas veces, hoy en día, más de cien años después, cuando veo la actitud de ciertas empresas y/o colectivos acerca de las nuevas tecnologías veo a la Western Union mirando al pasado y viendo como una amenaza lo que el resto de la humanidad ve como el futuro y el progreso. Quizá dentro de algunos años, algunas empresas jóvenes crecerán al abrigo de nuevas tecnologías, y otras que no quisieron reconvertirse como, por decir algo, editoriales o discográficas, acabarán reconvirtiéndose tarde y mal, montando supermercados o puestos de palomitas…

15 feb. 2010

Es posible jubilarse a los 60, o antes

Hablando el otro día con Fernando, le planteé mis ideas acerca de la reforma del sistema nacional de pensiones de jubilación, y además le expuse la forma de cotizar al mismo, y el modo en que esto afectaría, según lo veo yo, a la edad de jubilación, recortándola más que ampliándola. Y él me animó a que escribiese un artículo exponiendo este último planteamiento.

Empecemos por suponer que hemos aplicado el sistema de pensiones que expuse hace unos días. Para quienes no leyesen la entrada a la que me refiero, podemos resumirla como una propuesta de escindir el actual sistema de cotización a pensión de jubilación de la Seguridad Social en dos. De una parte, un plan de pensiones gestionado por el Estado, de suscripción obligatoria, no liquidable en ningún caso hasta alcanzar la edad de jubilación (como sucede ahora), y con características similares a cualquier plan de pensiones privado. Esto es, cómputo de todas las cantidades cotizadas, de la primera a la última (en vez de los n últimos años, como sucede ahora), e inversión de las cantidades cotizadas en productos de inversión que por ser gestionado por el Estado, podrían ser productos del Tesoro Público, (Obligaciones, Pagarés, Letras o Bonos). Por otro lado, y en paralelo, cotización a un fondo solidario, que podríamos llamar Fondo de Garantía de Pensiones (FOGAPE) con características similares al actual FOGASA, destinado a cubrir los gastos de aquellos ciudadanos que no han podido cotizar o que precisan de pensiones adicionales.

El problema que tiene el actual plan de pensiones, es que al tener una estructura piramidal, es preciso que cada año haya más cotizantes que el año anterior. Pero como cualquier estructura piramidal, es imposible hacerla crecer hasta el infinito, por lo que, si no tenemos nuevos cotizantes, es preciso alargar el tiempo de cotización de los cotizantes actuales, extendiendo su edad de jubilación, como ha propuesto recientemente el Gobierno. Dado que en los años 80 y 90 España experimentó un crecimiento demográfico negativo, en la época de los 1,2 hijos por mujer (lo cual es crecimiento negativo porque se juntan 2 humanos y sale sólo 1,2, lo que nos da un crecimiento de –0,8 humanos), la masa de cotizantes se reducirá, justo cuando empiecen a jubilarse los nacidos en el llamado baby boom de los años 60. Este sistema descarga el peso de todas las pensiones sobre los hombros de los actuales cotizantes, hasta llegar a un punto en que las pensiones se hacen del todo insoportables, y además obliga a los gobiernos a incentivar la natalidad constantemente, con los problemas que ello conlleva.

Cada ciudadano al nacer tiene una expectativa o esperanza de vida. Es lo que en sociología se llama esperanza de vida al nacer. Actualmente se está hablando de que la esperanza de vida al nacer podría ser de unos 120 años, pero eso no significa que yo vaya a vivir 120 años, como muchas veces se piensa, sino que los niños que nacen hoy, puede que vivan hasta el 2130 aproximadamente. Yo tengo que atenerme a la esperanza de vida al nacer de mediados de los años 70, que en España estaba en torno a los 78 años para los varones y 81 para las mujeres. Como de momento soy varón, vamos a suponer que yo voy a vivir 80 años, redondeando con generosidad.

Con esa expectativa, en condiciones ideales una persona consumiría toda su pensión, terminando de gastarla en el momento de pasar a mejor vida, momento que hemos situado a los 80 años. Eso supondría una gráfica más o menos con esta pinta:

image
Gráfico de consumo del Saldo final de jubilación.

Esa línea azul representaría el gasto o consumo de nuestra pensión de jubilación. En el momento de jubilarnos tendremos cierta cantidad y dicha cantidad se irá gastando año a año hasta acabarse en el momento de morir (en condiciones ideales). Lo bueno de esto, es que puedo predecir cuál será mi pensión, ya que el Estado maneja unas cifras de pensiones mínima y máxima, por lo que es bastante sencillo predecir cuánto dinero necesitaré cada año. Supongamos que voy a cobrar 20.000 euros al año en concepto de pensión de jubilación (por decir algo). Para estar jubilados mi último año de vida, necesitaré tener acumulados 20.000 euros. Para jubilarme un año antes, a los 79, habrá que ahorrar 40.000. Para jubilarme a los 78, 60.000, a los 77, 80.000 etc. Cada año que anticipe el momento de mi jubilación, tendré que tener previstos 20.000 euros más. Para jubilarme a la edad “oficial” de los 65 años necesito 300.000 euros que me permitirán vivir, a razón de 20.000 euros al año, hasta los 80 que es la edad a la que, según la estadística, me moriré. A esta cantidad la vamos a llamar “Saldo final de jubilación”. Será el dinero que tendré que tener en un momento determinado de mi vida, para garantizarme los ingresos hasta el final de la misma. Como es obvio, cuanto más joven sea al jubilarme, más dinero acumulado necesitaré.

Supongamos ahora que yo empiezo a trabajar a los 20 años, cobrando unos 12.000 euros al año, redondeando. La retención que se me practica en concepto de suscripción al plan público de pensiones es del 20%, y eso me produce una cotización al plan de 2.400 euros anuales. Conforme mi salario va aumentando con el paso del tiempo, se me aplican tipos de retención cada vez más altos de modo que si a los 59 años cobro, pongamos, 57.000 euros anuales, se me retiene un 28% en concepto de suscripción al plan de pensiones (por supuesto todas las cifras son orientativas). La gráfica de mis aportaciones al plan de pensiones de suscripción estatal, quedaría así (en verde).

image
Gráfico de Saldo final de jubilación (azul), junto con el gráfico de las aportaciones al plan de pensiones (verde).

Como se puede ver, hay un punto en que las dos líneas se cruzan. ¿Qué significa esto? Que en ese punto nuestro saldo de aportaciones superaría al Saldo final de jubilación que habíamos calculado en el punto anterior. Es decir, habré ahorrado más de lo que me voy a gastar hasta que me muera. Y la consecuencia directa de esto es que a partir de ese momento, me podré jubilar ya que he pagado mi propia pensión. En mi ejemplo, esto sucedería a los 61 años.

La ventaja de este modelo es que podría darse la libertad a los trabajadores de elegir su porcentaje de cotización dentro de una horquilla, tal como sucede ahora con las cotizaciones de los profesionales acogidos al RETA (los autónomos), que pueden cotizar desde un mínimo y hasta un máximo. En este sistema podría dejarse a elección de cualquier cotizante un porcentaje máximo y mínimo de retención de su salario. Así, si cotizo más, “perforaré” la línea del Saldo final de jubilación antes, y podré jubilarme a edad más temprana, mientras que si cotizo menos, tardaré más tiempo en alcanzar el cruce, y por tanto me jubilaré más tarde. En cualquier caso el sistema puede afinarse para que con la cotización mínima se garantice la jubilación a los 65 años. Dado que las pensiones de jubilación tienen un máximo, no me serviría de nada cotizar más tiempo del necesario, ya que una vez jubilado no cobraré por encima del máximo.

Actualmente hay gente que cotiza a la Seguridad Social más de lo que percibirá luego en concepto de pensión jubilación pública, lo cual es un beneficio para el sistema de pensiones. ¿Cómo se compensaría esto en el nuevo sistema? Muy sencillo, con lo que he llamado Fondo de Garantía de Pensiones, o FOGAPE, que se retendría como un concepto aparte y de forma proporcional al salario percibido.

¿Qué pasa si una persona supera su expectativa de vida al nacer? Bueno, evidentemente en ese caso el jubilado habrá consumido toda su pensión y tendrá que seguir cobrando, a partir de ese momento, del FOGAPE. Pero también habrá gente que fallezca antes de lo previsto, y cuyas cotizaciones jamás serán usadas (como sucede ahora), por lo que pasarán a engrosar el FOGAPE automáticamente. Esto haría que los desajustes fueran mínimos.

Con este sistema, la pensión de jubilación depende de las aportaciones que uno mismo realiza a lo largo de su vida laboral, por lo que se descarga a las generaciones futuras del lastre impositivo de sostener a sus contemporáneos pensionistas. Así no es preciso un constante y frenético fomento de la natalidad ya que desaparece la estructura piramidal. Sí es cierto que las pensiones de los no cotizantes (amas de casa, etc), o los suplementos a las pensiones (pensionistas que sobrepasan su esperanza de vida) saldrían del FOGAPE, pero al ser los beneficiarios de estas pensiones una minoría, la carga sobre los cotizantes se reduciría hasta hacerla meramente testimonial, máxime si tenemos en cuenta que las cotizaciones no percibidas (por muerte prematura) pasarían a la caja del FOGAPE.

Nota: Dado que presuponemos una inflación promedio constante a lo largo de todo el período (la vida del cotizante), podemos obviarla en ambos tramos, tanto en el de cotización como en el de percepción de la pensión. Evidentemente la inflación puede sufrir cambios que hagan perder eficacia al modelo, pero desde luego este es un efecto del todo ajeno a este o a cualquier otro sistema, y que afecta a todos por igual. De lo que se trata aquí no es de intentar evitar lo inevitable, sino de crear un modelo que contenga, en su propia definición, el menor número de vicios y defectos de diseño.

14 feb. 2010

Chemtrails

Una de las trolas que más divertidas me resultan rebatir, (al margen de la del fraude lunar), es la llamada conspiración de los chemtrails. Esta es una de esas historias magufas o conspiranoicas que son tan absurdas que frecuentemente pienso que quien la ideó por vez primera sabía que todo era una trola y pretendía reírse de los incautos que se lo creyesen. Y a fe que aún debe de estar partiéndose el pecho. En fin, para los que no lo conozcan, empezaré diciendo que ésta es una creencia popular, leyenda urbana, trola, bulo, hoax o como se quiera llamar que afirma que las estelas blancas dejadas por los aviones son en realidad una maniobra de dios sabe qué oscuros intereses o entidades, que pretenden fumigarnos para provocar todo tipo de males, desde halitosis hasta juanetes, pasando por el control mental, amén de cambios en el clima y cualquier exotismo que a uno pueda ocurrírsele. Según esta gente, para fumigar los chemtrails se utilizarían ora aviones expresamente destinados a ello, ora aviones comerciales dotados de dispositivos fumigadores con la connivencia de las aerolíneas, o en su desconocimiento. Los defensores de esta tesis basan sus afirmaciones en el hecho de que dichas estelas se concentran en las grandes ciudades, que presentan curiosos patrones en el cielo, como líneas rectas, que duran más tiempo en el cielo y tardan más en desvanecerse, que cada vez hay más estelas, etc. Todo ello por no hablar de las supuestas enfermedades que se achacan a los chemtrails.

El origen del término no tiene mucha miga: Las estelas de condensación de los aviones se llaman en inglés contrails, contracción de condensation trails. En base a ese término y a la creencia de que dichas estelas eran debidas a la fumigación con secretos agentes químicos, se acuñó la expresión chemical trails, contraída como chemtrails.

B17trails
Una formación de B-17 dejando estelas de condensación durante la Segunda Guerra Mundial.

Para comprender qué son y por qué se forman las estelas de condensación tendremos que aprender un poquito de química y de física. Si bien un avión puede formar estelas de condensación en partes prominentes de su estructura, como las puntas de las alas, las estelas de condensación que vemos cotidianamente tras un reactor comercial, se originan en los motores. Los motores de combustión interna que utilizamos desde hace un siglo funcionan quemando hidrocarburos. Los hidrocarburos son compuestos basados esencialmente (como puede inferirse de su nombre) en dos elementos químicos: Carbono e hidrógeno. Quemar consiste básicamente en oxidar a gran velocidad, es decir, en combinar un compuesto o elemento con oxígeno. Debido a estas dos circunstancias, cuando se queman dichos hidrocarburos, se emiten principalmente compuestos de carbono y oxígeno, como el monóxido y el dióxido de carbono (CO y CO2) y un compuesto de hidrógeno y oxígeno, bastante común por aquí y que solemos llamar agua (H2O). Dada la alta temperatura de dicho proceso, el agua desprendida en el proceso aparece en forma de vapor. El vapor de agua es un gas transparente, como ya expliqué en una ocasión, así que no se ve a simple vista. Sin embargo, cuando un avión vuela a partir de cierta altitud, el aire circundante está extremadamente frío, a temperaturas de varias decenas de grados bajo cero. Esto provoca un enfriamiento repentino de dicho vapor de agua, que se condensa (de ahí el nombre de estela de condensación) en forma de gotitas que sí se hacen visibles en forma de una bonita cola blanca que sigue al avión. De hecho, aunque las estelas de condensación se asocian normalmente a reactores, lo cierto es que cualquier avión que queme hidrocarburos como sucedía con los bombarderos de pistón en la Segunda Guerra Mundial y que delataban la posición de dichas formaciones.

La mayor o menor persistencia de la estela es esgrimida por los magufos como un argumento a su favor. Según ellos, las estelas que duran más tiempo son chemtrails, mientras que las que se desvanecen rápidamente son contrails normales. Pero lo cierto es que esto es a todas luces absurdo, ya que la persistencia de una estela de condensación depende únicamente de la temperatura, la presión atmosférica y del viento. De la misma manera que el vaho que exhalamos en invierno en ocasiones se disipa rápidamente y otras veces es denso y permanece, sin que ello signifique que pretendamos fumigar a nadie con nuestro aliento, por mucho tiempo que haga que no nos lavamos los dientes. Con vientos fuertes, las partículas de la hipotética fumigación maligna se alejarán unas de otras, hasta hacer la operación totalmente absurda e ineficaz. En ocasiones las estelas pueden tener irisaciones. Estas se producen cuando la condensación pasa a estado sólido, formando cristales de hielo. En esencia a esto lo llamamos cirros cuando se forman naturalmente, y cuando el sol incide con cierto ángulo sobre dichos cristales de hielo, la luz se descompone en su interior de la misma manera que se descompone en un prisma o en una gota de agua. Al efecto resultante lo llamamos arcoiris. Nada de peligroso, maligno o diabólico.

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Un espectacular 747 de Evergreen International, dedicado a la lucha contraincendios.

Al margen de todo lo dicho, la verdad es que no tendría sentido fumigar a una altitud de 30.000 pies (unos 10.000 metros) ya que el agente maligno podría acabar, llevado por los fuertes vientos de la estratosfera, dispersado hasta cualquier parte menos donde se pretendía. La fumigación podría hacerse sobre Madrid y acabar cayendo sobre una granja de vacas en Ávila y con tal dispersión que no afectaría ni a un gusarapo. Por esa razón los profesionales de la fumigación realizan esta labor a pocos metros sobre los cultivos. En este punto los magufos, (siempre dispuestos a tirar de cualquier recurso, por inverosímil que resulte, con tal de defender in extremis sus estrambóticos planteamientos), han echado mano de algunas fotos y vídeos de reactores comerciales convertidos en apagafuegos como los de Evergreen International, muy espectaculares, pero que operan a pocas decenas de metros sobre el suelo, y no a varios kilómetros de altura que es donde aparecen las estelas de condensación.

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Evolución del transporte aéreo entre 1950 y 2008.

Evidentemente cada vez hay más estelas. El transporte aéreo tanto de pasajeros como de mercancías ha crecido exponencialmente desde los años cincuenta del pasado siglo, como atestigua esta estadística. Entre 1978 y 1994 se dobló el transporte aéreo mundial, pero sólo necesitó hasta 2004 para volverse a doblar. Esta es la causa de que las estelas de condensación en el cielo fueran algo casual en muchos sitios durante los ochenta, y que se hayan convertido en algo más que cotidiano, sobre todo en áreas de fuerte crecimiento socioeconómico.

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Una carta de navegación aérea mostrando la confluencia de las aerovías en torno a un VOR.

La razón de los patrones es sencilla si se explican un par de conceptos de aviación comercial. Los aviones, en crucero vuelan por las denominadas aerovías o rutas aéreas. Se trata de determinados caminos en el cielo siempre en línea recta. Los pequeños cambios de dirección o cruces con otras aerovías se realizan sobre determinados puntos, llamados fijos, o bien sobre radiobalizas (generalmente estaciones VOR). Estas radiobalizas frecuentemente están cerca o incluso dentro de aeropuertos. Y como es sabido, los aeropuertos están cerca de ciudades. Esto significa que en algunos puntos, muchas veces cercanos a ciudades, habrá una notable confluencia de aerovías, que hará que se formen en esas zonas acumulaciones de estelas.

Así que cuando mires al cielo y veas un avión dejando una estela blanca, ya sabes lo que es. Una sustancia química que llamamos monóxido de dihidrógeno. Agua, para los amigos.

10 feb. 2010

Google Buzz

He estado un buen rato trasteando con Google Buzz. No tiene gran cosa, y no es que se necesite demasiado tiempo para explorarlo a fondo. Basta apenas un cuarto de hora para probar todas las funciones. Básicamente se pueden colocar mensajes cortos (al estilo de Twitter), o compartir direcciones web (como las compartidas en Facebook), o imágenes. Vale, esto no es gran cosa, a fin de cuentas ya tenemos otros medios de hacer todo esto. ¿Dónde radica entonces lo bueno de Google Buzz? Bueno, para empezar podemos compartir algo con todo el mundo, o sólo con un reducido grupo de personas que nosotros seleccionemos. Esto ya implica un nivel de seguridad no a nivel de cuenta, sino a nivel de mensaje (parecido al que Facebook implementó en una de sus últimas actualizaciones de seguridad).

La gente se ha empeñado en ver Google Buzz como el “Twitter killer” o el “Facebook killer”, y creo que es un error de concepto. No creo en absoluto que Buzz vaya a acabar con Twitter, Facebook ni ningún otro servicio, porque creo que Buzz está llamado a ser (y así lo veo yo), un agregador de elementos sociales. En efecto Google Buzz tiene como importante funcionalidad la de conectar con otros servicios web, para mostrar en Buzz este contenido.

Google Buzz
Google Buzz como agregador social

En un mundo en el que usamos numerosos servicios con capacidad “social”, y en el que la tendencia de todos los servicios es la “socialización”, tener un contenedor para que, en un mismo sitio se pueda acceder a todo nuestro contenido compartido, puede ser la gran baza de Google. Así, en mi opinión Buzz no será un competidor de Twitter, ni Facebook ni ningún otro, sino que será un contenedor donde se actualizará nuestro feed desde Twitter, Picasa o Flickr entre otros. Y por qué no, Facebook, Blogger, LinkedIn o cualquier otro servicio social. Y si esto sucede, de nuevo los vientos volverán a soplar a favor de Mountain View, ya que todos estos servicios perderán visitas de quienes quieran conocer mis actualizaciones, visitas que ganará Google Buzz cuando acudan ahí a ver de forma centralizada toda esa información, y mostrando al lado el sempiterno Google AdSense. Jugada maestra, sin duda.

Cambio en el diseño de monedas de euro

Las primeras monedas de euro tenían en la cruz un diseño con el valor facial de la moneda, y un mapa de de los países de la Unión Europea (incluso aquellos de fuera de la Eurozona). Este diseño, conforme se ha ido ampliando la unión a más y más países, ha quedado desactualizado. Y el otro día me topé con una moneda que tenía un diseño diferente. El mapa ya no es de la Unión Europea sino de toda Europa, con unas sutiles líneas que indican las fronteras, que será más difícil que quede obsoleto.
Monedas de euro
El antiguo y el nuevo diseño de Europa en las monedas

8 feb. 2010

Diálogo entre Movistar y sus clientes

—Hola. Somos Movistar, y según dice nuestro jefe “Las redes son nuestras”. Así que podemos hacer lo que queramos. Venimos a decirte que lo que te hemos vendido hasta ahora como “tarifa plana”, en realidad no era una tarifa plana. Era todo mentira.—
—No, si eso ya lo sabía, pero WTF! ¡Qué jeta tenéis reconociendo abiertamente que nos timáis!, ¿no?—
—Si, claro. Pero es porque al reconocer que te hemos engañado todo este tiempo, ahora podemos venderte una tarifa plana de verdad. Venga, esta vez sí va en serio, es plana, plana, plana, y no te engañamos. :) ¿Sí? ¿Nos la compras? Porfi porfi porfiiiii —

7 feb. 2010

Las siete diferencias: Políticos vs. jueces

Viendo la reciente noticia del rechazo por parte de la Audiencia Nacional a que el Estado se haga responsable subsidiario de los males provocados por Afinsa y Fórum Filatélico. Para desesperación de los afectados, claro, que han puesto el grito en el cielo y a caldo a los magistrados, por rechazar que papá Estado se haga cargo de los ahorros que unos mangantes les birlaron. No es que no me solidarice con los inversores de Afinsa y demás. Desde luego gozan de toda mi solidaridad. Pero no de mi dinero. Porque si quieres que el Estado responda de tus ahorros, invierte en Bonos del Tesoro, Obligaciones o Pagarés, que para eso están. Ya está bien del cachondeo de privatizar beneficios y nacionalizar pérdidas, como parece que quiere todo dios cuando le tocan el parné. Justo lo que pasó con AIr Comet.

Analicemos: En ambos casos, ciudadanos particulares se vieron afectados negativamente por la quiebra de una empresa privada, ajena a la intervención del Estado. Sin embargo en el caso de Air Comet, el Gobierno no dudó en gastarse los millones que fueran necesarios en contentar a todo aquel que llore un poco. Y no sólo en el caso de Air Comet, sino que algo parecido sucedió en el caso del Alakrana, del Playa de Bakio, de los cooperantes secuestrados en Mauritania, y la lista podría ser eterna…

¿Vivimos una perversión de la democracia en la que los gobernantes son esclavos de los votos? ¿No es acaso eso una tiranía? ¿Pretenden los políticos comprar nuestros votos a base de resolver a golpe de talonario todos y cada uno de los desmanes de que sean víctimas los ciudadanos? ¿No se dan cuenta de que gastarse el dinero de muchos para contentar a unos pocos, sólo consigue los votos de esos pocos en detrimento de los votos de esos muchos? ¿O es que pretenden comprarnos a todos mediante aquello de que “muchos pocos hacen un mucho”?

Evidentemente la diferencia está en quién aplica la medida. Un juez tiene que hacer su carrera de derecho, y luego estudiar como un cabrón para aprobar unas oposiciones tan duras como la jeta de nuestros políticos. Si además de juez, llegan a magistrado (como los de la Audiencia Nacional de la que empezaba a hablar), tienen que haberse ganado el puesto por ascenso o por concurso. Evidentemente, cuando una persona llega a ese nivel, me quito el sombrero. Y quien siga esta tribuna sabe que doy leña a los jueces cuando me parecen absurdas sus decisiones, pero de la misma manera sé reconocer la valía.

En el otro platillo de la balanza (píllese el doble sentido), tenemos a un señor que puede haber salir de recoger alcachofas (con todos mis respetos a los hortelanos), y lamiendo cuatro culos y presentándose a un par de elecciones, zas. Ministro. No digo que los hombres del campo no puedan ser ministros. En absoluto. Los hay que yo lo sé, que desde luego mejor nos iría a todos si tuvieran una cartera de esas con letras doradas en vez de alguno de los encorbatados que se sientan en las poltronas azules de la Carrera de San Jerónimo. Lo que quiero decir es que el día en que para que alguien dirija los designios de un país se le exija una prueba de honestidad, conocimientos, sentido común e integridad como la que se exige a un juez, otro gallo nos cantará. Y así no tendremos politicuchos (de uno u otro color) tocapelotas, cantamañanas y soplagaitas que se dediquen a despilfarrar el dinero público con tal de quedar bien de cara a la galería.

1 feb. 2010

¿De verdad nadie ve una solución para el sistema de pensiones?

Llevo unos cuantos días sin poder ponerme un rato a escribir un artículo sobre las pensiones de jubilación en España, a propósito de la propuesta de subir la edad de jubilación hasta los 67 años de edad. Esta es una medida impopular que, además de ser pan para hoy y hambre para mañana, no es más que una medida paliativa y sintomática que no ataca el fondo del problema. Por ende, esta medida tiene terribles efectos colaterales como lo son el hecho de que si ampliamos el periodo de trabajo “por arriba”, las nuevas incorporaciones al mercado laboral, los jóvenes, encontrarán mayores dificultades para entrar en un mercado en el que la gente cada vez tarda más en dejar su puesto. Todo esto, por no hablar de que esto camina en dirección opuesta a Europa, donde se tiende a reducir la edad de jubilación.

El sistema de pensiones de la Seguridad Social comenzó en los años cincuenta bajo el auspicio de la Obra Social 18 de julio, en un intento de dignificar la tercera edad. El sistema era sencillo en su concepción. Bastaba con “contratar” un plan de pensiones con el Estado que se cobraba mes a mes en forma de retención en la retribución por el trabajo, para que al llegar la edad de jubilación, ese mismo Estado nos diese la paga hasta estirar la pata. El problema era que al ponerse en marcha dicho sistema, nadie había cotizado previamente, por lo que era necesario que aquellos que en ese momento estuviesen trabajando pagasen la pensión a aquellos que ya estaban en edad de recibirla. Y ahí radicó el problema. El sistema de pensiones de la Seguridad Social se convirtió en una estafa piramidal al más puro estilo de Madoff, con el problema, además, de que lo que se transmite a los ciudadanos es que sus retenciones irán a parar a su propia pensión de jubilación, lo cual es incierto a todas luces. El sistema de pensiones, tal como está montado funciona porque los que llegan, pagan a los que ya estaban, como cualquier sistema piramidal. Tal como funcionaba Fórum Filatélico o Afinsa. Con un sistema piramidal, la única forma de sostenerlo es que cada año se inscriba más gente que el anterior. Como cada vez vivimos más tiempo, la necesidad de cotizantes por parte de la Seguridad Social se hace acuciante y verdaderamente dramática. De ahí que nos vendiesen como muy necesaria la inmigración, para que los curritos inmigrantes le pagasen la pensión a los jubiletas españoles. Pero como cualquiera con dos dedos de frente puede ver claramente, no pueden llegar inmigrantes de forma infinita para seguir pagándole la jubilación a sus contemporáneos.

Además de lo dicho, los sistemas piramidales son ilegales en España y en prácticamente todos los países civilizados, de modo que queda feo que el Estado haga algo que dice que está prohibido hacer. Así, aunque uno lleve cotizando toda su vida para su jubilación, es un hecho más o menos aceptado (y desde la clase política se nos va poniendo ya sobre aviso), que en unas décadas el sistema terminará por petar y no habrá pensiones para nadie. ¿Y dónde está entonces todo el dinero que me retuvieron de la nómina diciéndome que era para mi jubilación?

Es decir, que en contra de lo que me dicen, lo que yo le pago a la Tesorería General de la Seguridad Social en concepto de cotización por jubilación, no me lo guardan para cuando yo sea viejo, sino que lo usan para pagarle la pensión a mi abuela el mes que viene. Ojo, me parece estupendo. No estoy diciendo que mi abuela no tenga que tener su pensión. Ni mi abuela ni ninguna abuela del mundo deberían quedarse sin pensión. Pero que no nos cuenten milongas ni nos engañen como a chinos intentando colarnos la bola de lo que no es. Porque luego es cuando se pillan los dedos y quedan aún peor. ¿Por qué? Porque la natalidad cada vez es menor y la esperanza de vida mayor, lo cual supone que, tal como está planteado el actual sistema de pensiones, cada vez son menos los que pagan y más los que cobran (según un estudio que leí el otro día, en 2030 la población activa sería menos del 50% del total poblacional. Esto, que es a todas luces insostenible y sencillo de comprender, es algo sobre lo que la clase política parece hacer oídos sordos, mirando para otro lado como quien intenta que no mirando el problema, este desaparezca.

El sistema nacional de pensiones tiene un serio problema. Ante el mismo hay varias soluciones posibles. Una es el sistema capitalista salvaje. Nos cargamos el sistema de pensiones, y que cada palo aguante su vela. Que cada uno se contrate su plan de pensiones privadamente. Esta solución es un tanto radical y además provoca una gran desigualdad social, provocando marginación en determinados colectivos que no hayan podido acceder a dichas pensiones. Otra solución sería que se retuviese parte de la nómina en concepto de compensación solidaria, para aquellos que no pueden acceder a un plan de pensiones privado, y luego, que cada uno pagase su propio plan de pensiones. Esto eliminaría la marginación ya que la jubilación de dichos colectivos correría a cargo del Estado. Es más o menos el mismo planteamiento que se sigue cuando nos retienen parte de nuestra nómina para el Fondo de Garantía Salarial. El problema es que esta solución se prestaría a la picaresca, ya que uno podría elegir no contratar (aun pudiendo) un plan de pensiones, sabedor de que en ese caso, el Estado tendría que hacerse cargo de la jubilación, con lo cual no habríamos resuelto nada.

La solución honesta e ideal, según yo la veo. Empezar por reconocer por parte del Estado el problema. No es un problema de ahora, sino heredado. Además, reconocerlo es un acto de valentía. Llegado ese punto, la cuestión es separar los dos problemas y darles soluciones independientes. Se trataría de practicar dos retenciones a los trabajadores. Una en concepto de Fondo Social para la Jubilación, enfocado a eliminar el esquema piramidal, y en segundo lugar a crear un “granero” para aquellos colectivos, como amas de casa, que no han cotizado. La segunda retención sería un plan de pensiones garantizado por el Estado y de suscripción obligatoria, cuya rentabilidad podría ser asegurada mediante bonos o pagarés del Tesoro Público. Esto sería lo que cotizamos hasta ahora, pero dándole el uso real que se nos cuenta. Dicho plan personal de pensiones sería de cotización variable, de modo que cada uno pudiese elegir el grado de cotización. Por supuesto, se acabaría la farsa hasta ahora mantenida de que cuentan los n últimos años de cotización para el cálculo de la pensión. Como en cualquier plan de pensiones, la paga a percibir se calcula en base a las aportaciones realizadas durante al vida del plan. Todas y cada una de las aportaciones. Por supuesto, no habría inconveniente (como no lo hay ahora) en que se suscribiese un plan de pensiones privado a título personal, como complemento al plan de pensiones estatal.

Por último sólo queda ajustar la forma en que se pasa de un sistema al otro. Dado que ahora sólo cuentan los n últimos años de cotización, en el momento de implantar el nuevo sistema de pensiones, habría una gran cantidad de gente que habría cotizado “en vacío”. Me explico. Si cuentan los 15 últimos años de cotización, esto significa que jubilándose uno a los 65, sólo se tienen en cuenta las cuotas en concepto de jubilación retenidas a partir de los 50 años. Esto es, si una persona tuviese 45 años, y llevase trabajando desde los 25, habría estado cotizando 20 años sin que esas cuotas se utilizasen para el cómputo de su jubilación. (Por eso muchos autónomos cotizan por lo mínimo y se suben la cuota al máximo cuando entran en el período de tiempo que computa para el cálculo de su pensión). De implantarse hoy el nuevo sistema, ese señor de 45 años empezaría a cotizar para su pensión, y se tendrían que computar sus 20 años de cotización anteriores, lógicamente, ya que él le ha dado su dinero al Estado, sí o sí. ¿De dónde saldría el dinero de las pensiones cotizadas “en vacío”, hasta que toda la población activa estuviese ya aportando al nuevo sistema desde su primer día de trabajo? Muy sencillo, de las aportaciones que harían los trabajadores en concepto de lo que he llamado antes Fondo Social para la Jubilación. En un futuro, cuando se regularizase dicha situación, podría reducirse la retención en concepto de dicho fondo, lo cual sería una medida bien recibida.
Y de una forma tan sencilla tendríamos un sistema nacional de pensiones sostenible y solidario. Lo que está claro es que cuanto más tiempo pase, más complicada será la solución a dicho problema, porque serán más los que estén cobrando de lo que aportan cada vez menos.

31 ene. 2010

Probando el Windows Live Writer (con Blogger)

Desde que escribo en el blog, he intentado usar un editor WYSIWYG más o menos aceptable. El editor online que trae Blogger tiene una ventana muy pequeña y se me hace un poco agobiante. Normalmente he usado el Microsoft Word, que suele tenerse a mano, y que permite meter negritas y cursivas que conservan su formato al copiar el texto y pegarlo en Blogger. El problema con el Word es que desde la versión 2007 pega un sinfín de etiquetas XHTML sin sentido que sólo hacen el código fuente del artículo más farragoso, por lo que acabo por escribir en el bloc de notas.
Sin embargo, ayer me instalé el Windows Messenger en uno de los portátiles. Al hacerlo desde cero, el instalador me ofreció una serie de opciones de instalación, lo que yo llamo opciones basura: Que si poner la barra de búsqueda de Bing, que si poner el portal de Windows Live como página de inicio en los navegadores (¿alguien usa aún la página de inicio?), que si hacer de Bing el proveedor de búsquedas por defecto, etc. Pero una de las opciones me llamó la atención. Me ofrecían un tal Windows Live Writer, producto que yo desconocía y que, según la instalación, servía para escribir entradas, entre otros servicios de blogging, en Blogger (no me habría servido de nada si sólo permitiese escribir entradas en los dichosos Windows Live Spaces). Así que picado por la curiosidad, he decidido instalarlo. En este punto he de decir que desconozco desde cuándo hace que existe Windows Live Writer, pero al actualizar el Messenger en cualquiera de las otras ubicaciones donde lo tengo instalado, nunca me ha ofrecido instalarlo. Mala estrategia por parte de Microsoft no usar las actualizaciones de Messenger para ofertar algo como Live Writer, asociado al paquete Windows Live.
Instalado el programa, pide que se introduzca la dirección del blog, y el usuario y contraseña del mismo para poder hacer la publicación. Si queremos, Live Writer puede hacer una publicación fantasma, que borrará inmediatamente, pero que utilizará para extraer la plantilla y permitirnos usar la vista previa. De esta manera podemos previsualizar cómo quedará la entrada en el entorno del blog antes de publicarla. La interfaz está muy cuidada, es muy Microsoft, y ofrece tres modos de visualización. El de edición de la entrada, un editor WYSIWYG en el que podemos editar ya con las tipografías y colores del blog. El modo Vista previa, que como ya he mencionado, permite ver (pero no editar) la entrada tal como quedará en el blog. Y un tercer modo llamado Origen (apuesto que es una de las traducciones sui generis de Microsoft para Source), que nos permite editar el código fuente HTML de la entrada, por si queremos hacer alguna floritura. Por lo demás, es un editor sencillo y fácil de usar con las opciones esperables para cualquier editor de este tipo. Insertar hipervínculos, tablas, imágenes, etc. Un dato importante es la posibilidad de instalar extensiones o complementos, si bien actualmente sólo existen dos, uno para insertar una carpeta compartida en Windows Live SkyDrive y otro para insertar una traducción de Google Translator, En cuanto al formato, las típicas opciones de alineación, formato tipográfico y demás.
Entre las opciones, además del autoguardado de frecuencia configurable, se puede elegir dónde subir las fotos al insertarlas en el blog (lo cual con el editor de Blogger exigiría subirlas primero, y enlazarlas después). También podemos hacer que se sustituyan las comillas simples por comillas tipográficas, o que sustituya dos guiones por una raya (guión largo), etc. cosas estas que no se pueden hacer con el editor online de Blogger. Al margen de todo esto tenemos un contador de palabras, (útil si te pagan por escribir o si tienes un límite), A todo esto hay que añadir un extenso control para la inserción y edición de tablas.
En el apartado de los inconvenientes, hay que decir que sólo reconoce como borradores aquellos grabados como tal desde Live Writer, no así los borradores que ya estén grabados en Blogger. Por contra, cuando grabamos un borrador, podemos elegir entre guardarlo localmente, o publicarlo como borrador en Blogger. Si elegimos esta última opción, lógicamente no podremos retomar la edición desde Live Writer más tarde, por lo primeramente expuesto. Este es un inconveniente ya que no creo que fuese demasiado complicado identificar los borradores como tales. Creo que esto es una gran cagada por parte de Microsoft en un tiempo en el que cada vez tiene menos sentido almacenar información en local, y cuando todo el mundo se apunta a guardarlo todo en la nube.
En general es una buena aplicación, bien terminada y muy útil. Yo le doy un ocho sobre diez.
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