28 ene. 2007

Inteligencia artesanal (III). Bits emocionales. Bits sociales.

Inteligencia Artesanal

  1. Soñando con ser Dios
  2. ¿Inteligente tú?
  3. Bits emocionales. Bits sociales
  4. F.A. Filosofía Artificial
  5. Génesis: Readme.txt

Nota preliminar: Hasta ahora he intentado llegar a una definición de compromiso para el concepto de inteligencia. Como colofón a la última entrega, planteé una serie de interrogantes que hilvanaban la inteligencia con las emociones dejando en el aire la forma en que interactúan, así como su teórica interdependencia mutua. También dejé colgando la relación entre inteligencia y sociedad, así como el valor de la tutela durante el período de aprendizaje. En esta ocasión intentaré ahondar en las emociones como parte esencial de la interacción de un ser vivo y de su cercanía hacia nosotros, lo cual puede ser un hecho fundamental para que lo consideremos inteligente. Por otro lado analizaré las implicaciones sociales durante el período de aprendizaje del sistema inteligente.

Además de la inteligencia el ser humano tiene otra característica que reconocemos en nuestros similares y que un robot o cualquier otro ser artificial no tiene: Emociones. Lo cierto es que las emociones se han llevado la peor parte de este asunto, ya que han sido despreciadas por la comunidad científica, a las que otorgaban un segundo plano (supongo que su corta visión de este asunto era que no era propio de aguerridos muchachotes tener emociones, y no era digno de ser estudiado lo que no fuese propio de aguerridos muchachotes).

Las emociones, al igual que la inteligencia intuíamos en la última entrega que no es exclusiva del ser humano, parecen no ser tampoco patrimonio nuestro. Es evidente que muchos animales muestran una respuesta emocional clara. Un perro puede verse influido, incluso negativamente, por sus emociones hacia su entorno. Así es como un perro puede incluso dar su vida por salvar la de su amo, cuando ningún instinto ni tampoco ningún razonamiento le induciría a ello (seguramente su amo no haría lo recíproco). No obstante el perro siente un apego hacia quien le alimenta que le lleva más allá de la propia supervivencia.

En un brillante artículo titulado “Why Robots will have emotions” y publicado en el Cognitive Science Research Paper número 176, de junio de 1981 (hace la friolera de 26 años), el entonces profesor de Inteligencia Artificial y Ciencia Cognitiva (ahora está retirado) de la Universidad de Sussex, Aaron Sloman, establece entre otras cosas que “la necesidad de desenvolverse en un mundo cambiante y parcialmente impredecible hace que sea muy probable que cualquier sistema inteligente con múltiples motivaciones y capacidades limitadas tenga emociones”. Las implicaciones de este aserto son increíbles y realmente simples en su concepción. En ese sentido podemos afirmar (y yo estoy de acuerdo con Sloman) que las emociones son inherentes a cualquier sistema inteligente y además su intensidad irá en consonancia con el grado de inteligencia. Así, los robots del futuro puede que nos amen a nosotros, e incluso entre ellos (recuerdo R.U.R. con los robóticos Adán y Eva), pero también podrán odiarnos.

Pero aún hay más: Todo sistema inteligente requiere un proceso de aprendizaje en el que podemos considerar que el sistema aún no está maduro. Durante este proceso, que puede ser más rápido o más lento, el sistema inteligente precisa de un “tutelaje”. Esto es algo que sabemos que se da ya en los sistemas inteligentes que conocemos. Desde una gata enseñando a cazar y velando por la seguridad de sus cachorros, hasta los 34 años que, según las encuestas, los españolitos medios se quedan bajo la tutela de papá y mamá. Además, la segunda derivada de este hecho es que parece claro que la duración de dicho período de tutelaje es directamente proporcional a la complejidad y/o capacidades del sistema inteligente. Así, los 34 años de hoy en día es una pasada, pero en eras anteriores de la Historia, una cría humana permanecía bajo el cuidado de sus padres hasta los 15 ó 16 años, edad en la que, o bien se casaba (si era una hembra), o bien se establecía por su cuenta (si era un macho). Estamos hablando de 15 años. Todo un récord en el mundo animal. Por ello cabe preguntarse. Si llegamos a una sociedad en la que los sistemas inteligentes engendren otros sistemas inteligentes, ¿Cómo se comportarán entre ellos? ¿Cabe preguntarse si establecerán una sociedad paralela de iguales, no integrada con la sociedad humana? Bueno, esto raya la ciencia ficción y por ello lo dejaré en el aire hasta la última entrega de esta serie que dedicaré prácticamente por entero a dejar volar la imaginación.

No obstante el establecimiento de una sociedad tiene implicaciones mucho más complejas. Por ejemplo. En muchas ocasiones, nuestra sociedad sacrifica a un individuo en virtud de un “bien común”. En un ejemplo muy simplista y al margen del Derecho, un policía puede tomar la determinación de matar a un asesino antes de que siga matando. O en un caso más extremo. Imaginemos a un Dr. Jeckyll suicidándose ante la imposibilidad de controlar a Mr. Hyde. Estaría transgrediendo todas las normas en favor de un bien común, de un bien social. Aquí es donde entramos en el resbaladizo terreno de una ética o incluso una moral artificial que rija este tipo de situaciones. ¿Serán capaces los sistemas inteligentes de generar una moral del mismo modo que la hemos generado y que llegado el caso, les haga rebasar los límites de la individualidad para mejorar la comunidad? ¿Tendrán los sistemas inteligentes del futuro esa idea de “comunidad”? ¿Es positivo que la tengan? ¿Puede afectarnos negativamente la existencia de una nueva “especie” que nos supere en capacidades? Si es suficientemente inteligente la teoría dice no debería pero, ¿y si no lo es?

Llegados a este punto parece bastante claro que inteligencia y emociones son un binomio si no inseparable, difícilmente divisible habida cuenta de lo mencionado a respecto de la generación de las emociones

23 ene. 2007

Inteligencia artesanal (II). ¿Inteligente tú?

Inteligencia Artesanal

  1. Soñando con ser Dios
  2. ¿Inteligente tú?
  3. Bits emocionales. Bits sociales
  4. F.A. Filosofía Artificial
  5. Génesis: Readme.txt

Nota preliminar: En la primera entrega intenté hacer un breve recorrido de lo que ha supuesto la creación de seres animados al tiempo que la creación de inteligencia a lo largo de la historia del hombre, lo cual ha sido una constante para el ser humano independientemente de la época o lugar. Esto nos da pistas sobre una característica humana independiente de la cultura e inherente a la propia existencia del hombre, y quizá también pistas sobre la propia inteligencia humana. En esta segunda parte analizaré en profundidad el concepto de inteligencia y sus implicaciones, así como nuestra capacidad para medirla o incluso definirla.

Antes de hablar de inteligencia artificial, hemos de definir la inteligencia natural o inteligencia a secas, lo cual es una tarea nada fácil. Por otro lado difícilmente podremos crear inteligencia si no sabemos medirla o definirla. Sería como el chiste del hombre que caza gamusinos, pero que no sabe cómo son hasta que cace uno.

El principal problema que parece aquejar a nuestra inteligencia es que si bien sabe discernir con relativa facilidad si un comportamiento es o no inteligente, (y por eso sabemos que un robot de una fábrica de coches no lo es), tiene sin embargo serios problemas para definir la inteligencia. Es decir, la inteligencia parece, por el momento, incapaz de definirse a sí misma. De referenciarse a sí misma. (Lo cual no es nada descabellado, teniendo en cuenta la teoría auto referencial, de la que hablaré más adelante) Además, una consecuencia directa de este hecho es que no podemos establecer un patrón con el que comparar. ¿Puede un tonto medir cuán inteligente es un listo? Si no sabemos con certeza qué es la inteligencia, ni sabemos cuáles son sus límites, parece claro que los problemas no vamos a encontrarlos sólo en la propia demarcación de lo que es la inteligencia, sino en la medición de la misma.

Si un barómetro de la inteligencia comúnmente aceptado es jugar bien al ajedrez, cualquier ordenador doméstico es una lumbrera. Lo cierto es que para jugar muy bien al ajedrez no hace falta ser inteligente en absoluto, sino tener buena memoria para recordar jugadas similares y su mejor resolución, o bien para mantener en mente las mejores jugadas de las que se van probando, o ambas cualidades. Estos dos métodos son los que emplea cualquier autómata para ganarnos al ajedrez. Y es que una de las cosas en las que cualquier ordenador nos gana de largo es en memoria y velocidad de procesamiento.

Por otro lado, nuestros métodos para medir la inteligencia son realmente de risa. Cualquiera que haya hecho alguna prueba para medir el Cociente de Inteligencia se habrá percatado de que cualquier ordenador lo tendría chupado para solucionarlo en un tiempo récord. Los ordenadores son relativamente buenos hallando patrones (este es uno de los campos punteros en investigación, y dedicaré un artículo íntegro a ello más adelante), y en la búsqueda de patrones se basan la mayoría de las pruebas que uno puede encontrar en Mensa, además de otras como cálculo rápido, etc. Vamos, chupao para un ordenador…

Por lo que parece nuestros métodos sólo sirven para aplicarlos a nosotros mismos, y con salvedades. (Hay mucha controversia sobre la fiabilidad de los sistemas de medición del Cociente de Inteligencia). Así, nuestro método de medida no nos permite hallar la inteligencia de un delfín, y nos falsea el resultado cuando el test lo hace un ordenador, que de inteligente no tiene nada. Sólo es rápido y con buena memoria pero no sabe hacer nada que no se le haya dicho previamente que puede hacer.

Así las cosas, parece un contrasentido o un esfuerzo vano y fútil que nuestra inteligencia intente comprenderse a sí misma. Esto es lo que llamamos un sistema auto referencial y en la práctica resulta un sin sentido, ya que implicaría colocar nuestra inteligencia en un nivel de abstracción superior a sí misma, para comprender sus propios engranajes. ¿Se considera inteligente un robot? ¿Y una musaraña? Seguramente en su nivel se consideran muy inteligentes, y seguramente serían absolutamente incapaces de vernos a nosotros como más inteligentes que ellos, ya que nuestra inteligencia (bajo nuestro punto de vista) supera la suya, por lo que la suya es incapaz de comprender un nivel superior. A este respecto hay un fabuloso e interesantísimo libro que, aunque denso como él solo por los conceptos tratados, es realmente majestuoso a la hora de comprender si algún día llegaremos a entender por qué somos inteligentes, cómo somos inteligentes, o incluso si realmente somos inteligentes. El libro, para los valientes, es “Gödel, Escher, Bach: Un eterno y grácil bucle” de Douglas R. Hofstadter. No te asustes con el grosor y eso sí, tómalo en pequeñas dosis.

Sin embargo y a pesar del desolador panorama no todo está perdido. Al menos así lo creo yo. Tradicionalmente el ser humano se ha imbuido de una soberbia que le ha hecho autodiferenciarase del resto de animales a los que llamaba “irracionales”, considerándose a sí mismo la cúspide de la creación y autodenominándose, en un alarde de inconmensurable vanidad, como homo sapiens. Hoy en día sin embargo parece mayoritaria en la comunidad científica la opinión (a la que me adhiero) de que la inteligencia (de una u otra forma, de uno u otro modo, de uno u otro tipo) está presente en prácticamente cualquier animal de sangre caliente, y muy probablemente, aunque más difícil de detectar, en cualquier ser vivo de este planeta. Quizá nuestra dificultad o incluso total incapacidad para identificar y reconocer esas otras inteligencias como tales, no sea sino un signo más de las limitaciones de la nuestra. Hoy en día nadie dudaría que un perro es inteligente. Puesto ante un problema sabe solucionarlo. Sabe tomar la mejor decisión (a su juicio) para resolverlo. Sabe levantar un cajón para hallar lo que hay debajo, etc. De la misma manera, bajando evolutivamente a animales más simples, se han hecho experimentos que han demostrado que las aves pueden resolver problemas de relativa complejidad hallando igualmente solución a los mismos, soluciones que no cabe la menor duda de que no estaba preprogramada. En una ocasión vi un interesante experimento en el que se colgaba de un cable de la luz, un hilo largo con comida en su extremo. Un cuervo no podía coger la comida en vuelo, así que halló la solución para hacerse con ella: Se posó en el grueso cable, y fue tirando del largo hilo, que sujetaba progresivamente con una pata, hasta que lo recogió por completo accediendo así a la comida cuando quedó a su alcance. Este tipo de comportamientos en los que un ser halla la solución a un problema, tomando la decisión correcta y no guiado por un instinto, es en mi opinión el denominador común de la inteligencia.

Vamos acercándonos. Bajo mi humilde punto de vista creo que una buena definición de inteligencia, (de una inteligencia y no de la inteligencia), podría ser “la capacidad para encontrar soluciones a problemas no predeterminados mediante la toma consciente de decisiones”. Eso es a fin de cuentas lo que ha caracterizado a todos los seres vivos que han poblado este planeta desde los primeros seres unicelulares y parece que con éxito, ya que les ha permitido evolucionar hasta nosotros, y si tomamos como cierta la Teoría de la Evolución, parece que la inteligencia tal como nosotros la conocemos, consiste en la capacidad de enfrentarse con éxito a los problemas que encuentra un ser vivo y a la toma de decisiones que le hacen tener éxito y dejar descendencia. Los menos capacitados, física o intelectualmente, se han quedado en el camino. No obstante, sabemos realmente poco acerca de la inteligencia de seres muy alejados de nosotros en términos evolutivos y no sabemos cuáles son los procesos intelectivos que rigen el comportamiento de, por ejemplo, un escarabajo, si realmente decide o si simplemente se basa en instintos, los cuales sí parecen preprogramados desde el nacimiento y por tanto no podrían o no deberían ser considerados inteligencia.

No obstante a todo lo dicho y como reflexión final, diré que hoy por hoy desconocemos hasta qué punto influyen las emociones (de las que aún no hemos hablado) en la inteligencia. El ámbito emocional, tradicionalmente alejado del cerebro (hogar de la inteligencia) se asociaba con el corazón desde tiempos antiguos considerándolo alejado de la razón, el saber y la mente. Sin embargo la comunidad científica parece ir aceptando cada vez más a las emociones como una parte más de nuestra respuesta cerebral (aquí resulta interesante “El alma está en el cerebro” de Eduardo Punset) y por tanto ligadas de alguna manera a la mente y al cerebro. Por otro lado, las últimas tendencias en el conocimiento e investigación de la conciencia humana nos hablan de una inteligencia emocional, lo que no hace sino complicar aún más el escenario. ¿Son las emociones una consecuencia inherente de la inteligencia? ¿Puede tener emociones un ser no inteligente? ¿Y puede un ser inteligente carecer de emociones? ¿Cuán importante es el papel que juegan las emociones en las decisiones de los seres inteligentes? Por último, no puedo dejar en el aire la inteligencia social. La capacidad de cualquier ser inteligente viene de la mano de un tutelaje social llevado a cabo generalmente por los mayores. No parece casual entonces que conforme avanzamos en la cadena evolutiva, ese tutelaje sea más cercano y duradero cuanto “más inteligente” es el organismo. Una gata enseña a sus gatitos a cazar, cosa que no hace una araña. Nosotros vamos mucho más allá y tutelamos a nuestras crías durante años. La inteligencia parece tener también un importante condicionamiento social.

Inteligencia artesanal (I). Soñando con ser Dios

Inteligencia Artesanal

  1. Soñando con ser Dios
  2. ¿Inteligente tú?
  3. Bits emocionales. Bits sociales
  4. F.A. Filosofía Artificial
  5. Génesis: Readme.txt

Nota preliminar: Me puse a escribir un artículo sobre inteligencia artificial un buen día de enero (ayer), y cuando me quise dar cuenta la extensión que iba tomando me hizo pensar que nadie en su sano juicio iba a leerse semejante tocho de mi cosecha, pudiendo leer la misma extensión de texto de cualquier autor encumbrado, así que lo he segmentado para favorecer su lectura y facilitarme a mí la tarea de estructurarlo.

Uno de los mayores anhelos del ser humano desde sus inicios (además de volar) ha sido jugar a ser Dios. Intentar crear un ser inteligente y autónomo más o menos a su imagen y semejanza. No obstante a nuestra concepción actual de un ser animado de creación humana, no siempre ese anhelo tuvo esa apariencia y estaban dotados de un mayor o menor grado de inteligencia y autonomía. Y como fruto de este sueño, tenemos hoy en días dos disciplinas que van, aunque no siempre, de la mano

Tenemos, por ejemplo, la leyenda hebrea del golem, que podemos datar en torno al año 1000 a.C. o incluso antes, y que viene a ser en la tradición popular judía, un humanoide hecho de barro (y en algunas versiones también de excrementos) que cobra vida mediante un hálito mágico de la misma forma en que lo hace Adán en el Génesis.

La mitología griega y el mundo helenístico son ricos en las creaciones de seres animados artificiales. La leyenda nos cuenta que la estatua de Galatea que construyó Pigmalión, rey de Chipre, y de la que se enamoró hasta que finalmente la estatua cobró vida tras los ruegos del rey a Afrodita. También sabemos que Hefestos tenía a su servicio una corte de graciosos duendecillos hechos de oro y metales preciosos que le ayudaban en su fragua, si bien algunos tenían forma de mesa o simlares, en vez de humanoide. En el mundo de la ciencia aplicada encontramos varios ejemplos de automoción práctica o al menos estudios de carácter científico, de la mano de Herón de Alejandría o de Arquitas de Tarento entre otros, con interesantes aplicaciones de la energía del vapor.

En ambas orillas de la bahía de Baffin y del estrecho de Davis, los inuit aún creen y desde hace siglos en la existencia de los tupilaq: Seres antropomorfos creados ad hoc por un chamán que pueden ser (y normalmente son) empleados para matar a un enemigo a modo de ninja un tanto cutre. No obstante, los tupilaq tienen el inconveniente de que si no aciertan con su misión y el enemigo los captura, lejos de autodestruirse, el objetivo puede reprogramarlos y enviárnoslos de vuelta con intenciones similares hacia nosotros.

En el siglo XVI el genial Juanelo Turriano se paseaba por Toledo acompañado por su hombre de palo, al que empleaba para pedir limosna, labor que él mismo consideraba indigna, pero a la que se veía abocado por la imperdonable morosidad de su patrón, el magno y cesáreo Emperador Carlos. Según cuentan las leyendas populares toledanas, el hombre de palo caminaba por sus propios medios junto a su creador y cuando se le daba una limosna dedicaba una graciosa reverencia al dadivoso.

Casi tres siglos más tarde, Johann Mälzel hacía giras por toda Europa con el jugador de ajedrez que había comprado a los herederos de su creador, von Kempelen (imprescindible lectura es el corto relato sobre este autómata, por Edgar Allan Poe y titulado “El jugador de ajedrez de Maelzel”). El ingenio, consistente en un autómata con aspecto de turco sobre un mueble con un tablero de ajedrez y que ganaba sin piedad a cuantos se enfrentaban a él, estuvo rodeado de controversia porque algunos afirmaron que en el cajón había un enano o un tullido sin piernas. Lo cierto es que este extremo nunca se probó, y Mälzel abría las compuertas del armario que aunque extrañamente estaba prácticamente vacío, el espacio era tremendamente reducido incluso para un hombre sin piernas. Aunque la creencia hoy día es que realmente el autómata ajedrecista era un fraude, no deja de ser una muestra más del anhelo de crear un ser artificial e inteligente.

Prácticamente contemporáneo a las andanzas de Mälzel se publicó “Frankenstein”, de Mary Shelley en el que, como casi todo el mundo sabe, el doctor en medicina Victor Frankenstein intenta recrear en su laboratorio de Viena a su propio golem no con barro, sino a base de partes de otros cuerpos y animándolo, esta vez no ya con un aliento mágico, sino con el último de los logros del ser humano del momento: La electricidad.

Nuestro término actual, robot, proviene del checo robota, que significa siervo. (A propósito del checo, diré que es un idioma muy divertido en el que hay palabras con un montón impronunciable de consonantes juntas, como el nombre de la ciudad de Plzeň de donde procede la cerveza tipo pilsen, o la ciudad de Brno , o en el que hay palabras como Dvorak que se pronuncia algo así como “borsya”, que no me pregunte nadie de dónde sale la "s" o la "y"). En 1920 aparece la obra “R.U.R.” (Rossumovi univerzální roboti en checo o Robots Universales Rossum) de la mano del escritor checo Karel Čapek en la que se emplea por primera vez que se sepa, el término robot en el sentido actual, y en la que además, se presentan cadenas de montajes de robots, manejadas por robots. La obra se amnbienta en lo que podría ser una distopía en la que una fábrica de “personas artificiales” (de nombre R.U.R.) es manejada íntegramente por otras “personas artificiales”, mientras los seres humanos no necesitan trabajar. En un momento determinado los robots y robotesas se toman conciencia de la explotación a la que son sometidos y se rebelan contra sus amos. Los robots establecen un nuevo orden mundial y aniquilan a la especie humana excepto a uno de los empleados al que mantienen con vida para que recupere la “fórmula para crear robots”, perdida durante el asedio a la factoría R.U.R. El empleado, llamado Alquist se muestra incapaz de recrear la fórmula y la obra acaba con los dos protagonistas robóticos, Primus y Helena enamorándose a modo de unos nuevos Adán y Eva.

Cuando tras más de dos años de rodaje, se estrena en 1927 la “Metrópolis” de Fritz Lang, protagonizada por una guapa robotesa, presenta en su distopía paralelismos importantes con la obra de Čapek.

Durante el siglo XX ya resultan incontables los ejemplos de inteligencias artificiales dentro o fuera de robots que han poblado el universo del cine. Desde el hilarante hasta en el nombre Gort, compañero fiel del piloto Klaatu de “Ultimátum a la Tierra” (1951) hasta el peligroso HAL 9000 de “2001: Una odisea del espacio” (1968), pasando por la versión robótica de Laurel & Hardy “encarnados” en C3PO y R2D2 de “La guerra de las Galaxias” (1977), el entrañable Número 5 de “Corto circuito” (1986) o el inquietante Joshua de “Juegos de Guerra” (1983) (¿una partida de ajedrez, profesor Falken?) sin dejarnos en el tintero a “Terminator" (1984), por citar tan sólo unos pocos ejemplos.

Sin duda alguna, dentro del universo de la ficción científica, el autor que más se ha ocupado del tema, con las implicaciones filosóficas que conlleva crear seres animados con conciencia propia a los que, teóricamente se explota en un régimen rayano a la esclavitud, ha sido mi admirado Isaac Asimov. Creo firmemente que “Yo, robot” debería ser un clásico de obligada lectura en todas las clases de filosofía ya que plantea en forma de relatos cortos, dilemas ético-morales de peliaguda solución basados en un código moral tan simplista como lo son “Las tres leyes de la Robótica”, por lo que es fácil para el estudiante tomarlo como base para comprender la complejidad de la toma de decisiones en códigos morales más intrincados como el que tenemos los humanos.

Sin embargo hoy en día los robots están muy presentes en nuestras vidas, si bien difieren mucho de los que aparecen en las películas. Los robots que vemos en una cadena de montaje de automóviles no son inteligentes (al menos no mucho).Ya dije al principio que inteligencia artificial y robótica no van necesariamente de la mano. Hablar de robots en el sentido más romántico de la palabra, implica necesariamente hablar en profundidad de qué significa la expresión inteligencia artificial.

22 ene. 2007

La mano de Skywalker

Una de las cosas que más me ha fascinado desde siempre ha sido comprobar la divergencia entre el futuro tecnológico visionado hace veinte, cuarenta u ochenta años, y la realidad que hoy vivimos. Así, siempre me hizo gracia el mundo lleno de cremalleras que imaginó Aldous Huxley en “Un mundo feliz”, del mismo modo que me sorprendía la realidad robotizada que imaginó Isaac Asimov en su serie “Fundación”.

Recuerdo que hace muchos años vi en una ocasión un gracioso dibujo futurista de los años diez o los primeros años veinte, en el que se representaba una ciudad del futuro con una inextricable maraña de cables telefónicos que se extendía impenetrable hasta donde alcanzaba la vista. En los años diez aún no existían los multiplexores y la comunicación entre dos abonados necesitaba un cable independiente, como si los teléfonos fueran de vasos de yogur, así que el artista había imaginado un mundo en el que todo el mundo disponía ya de teléfono y estaba conectado a su vez con todos los demás. Siguiendo esta lógica, en una aldea con 170 habitantes abonados todos al servicio telefónico, echamos mano de la combinatoria y necesitamos combinaciones de 170 elementos, tomados de dos en dos, que nos da un total de 14.365 cables yendo de aquí para allá. El Excel no da para más, ya que el factorial de 170 es 7,26e306 (es decir, que tiene 306 ceros detrás) así que sólo puedo hacer una simulación para 170 habitantes, pero doy la pista de que el crecimiento es exponencial. Sin embargo la calculadora de Windows es una pequeña maravilla de la programación, y me deja calcular factoriales mucho mayores, aunque tarda lo suyo, y sólo he tenido paciencia para hallar la cifra para 50.000 abonados. Son 1.249.975.000 cables. Así que, viendo el crecimiento exponencial de cables en función del crecimiento lineal de abonados, dejo a la imaginación del lector cómo sería una ciudad pequeñita con un cuatro o cinco de millones de habitantes abonados al servicio telefónico. Y si te atreves, imagínate una ciudad como Londres con 9 millones, o como Nueva York, con 20. Definitivamente el artista de aquella estampa no tenía ni puñetera idea de matemáticas.

Eso de intentar adivinar el futuro es siempre un juego peligroso, ya que muchas veces las disciplinas científico tecnológicas no transcurren por los cauces previstos. Comúnmente se afirma que la informática o computación son la disciplina científico tecnológica que más velozmente ha evolucionado. Sin embargo yo discrepo. En mi opinión, sin duda la ciencia que más ha evolucionado es la biomedicina. Cuando a mediados de los setenta George Lucas preparaba su trilogía de las galaxias (la chachi), ideó el tema de la mano de Skywalker. Skywalker lucha con su padre al final del Episodio IV y le corta la mano derecha con el sable de luz. Tras este trágico suceso se ve cómo Luke Skywalker ha recuperado su miembro en forma de una mano biónica. Y es que en los setenta el último grito de la recuperación médica en el futuro más sofisticado, era la biónica. Un cyborg era el no va más. Y el caso es que mientras la informática va más o menos por el camino que se imaginaban Philip K. Dick y Asimov, con mayor o menor retraso, la biomedicina ha evolucionado a un ritmo tan bestial que ha tardado realmente poco (apenas 30 años) en quitarle la razón tanto a Lucas como a todos los aficionados a los cyborgs. Lo cierto es que ya hoy en día resulta más satisfactorio realizar un trasplante de otro órgano procedente de un donante, que crear una extremidad biónica que obedezca órdenes y que además se integre sin rechazos en el organismo del paciente. Pero es que en un futuro no muy lejano, la solución no será integrar estas extremidades robóticas, sino ordenar a las células madre que regeneren una mano, un brazo, o cualquier tejido dañado. En la revista Science o Cell (si no recuerdo mal, aunque mis intentos de encontrar la referencia han sido en vano) ya apareció en portada un artículo hace unos años relativo a un experimento en el que se había conseguido que un pollo (gallus gallus) regenerase un ala cortada de la misma manera que una estrella de mar recupera un brazo cortado. (En realidad la estrella de mar se lo curra aún más, porque del brazo cortado sale una hermana gemela, pero aún no hemos conseguido sacar un pollo entero del ala cortada, aunque milagros como este se han dado en la historia y mucho más gordos, y si no que se lo digan a San Vicente Ferrer1).

1Para los no eruditos en hagiografía, diré que uno de los milagros más alucinantes de todos los tiempos (en mi modesta opinión) fue el obrado por San Vicente Ferrer en Morella en 1410 cuando, siempre según los cronistas claro, una madre demente descuartizó y guisó a su hijo, y San Vicente Ferrer enterado de lo sucedido, se personó en el domicilio de la loca, juntó los pedazos de niño al chilindrón sobre una mesa y a su orden, el niño saltó de la mesa entero y sano y se fue a jugar con sus amigos. Acto seguido, y ya que estaba, sanó a la madre para que no repitiese la fechoría.

18 ene. 2007

He vivido cien años...

Los que nacimos a mediados de los 70 en España tenemos una visión muy especial de la vida. No es que estemos hechos de otra pasta, ni nada por el estilo. Lo explicaré.
Los que nacimos a mediados de los 70 somos lo suficientemente jóvenes como para estar plenamente integrados y en la vanguardia de la técnica y de la sociedad actuales, al tiempo que guardamos recuerdos de una España subdesarrollada que presenciamos en nuestra niñez. Los que nacieron antes, en los 60, en muchas ocasiones están descolgados en mayor o menor medida de esa vanguardia a la que me refería, y por tanto el contraste entre esas dos Españas no es tan grande. Los que nacieron en los 80 presenciaron ya una España en pleno desarrollo vertiginoso.
Yo he visto motocarros por las calles con su sonido cutre y ronco. Destartalados y cargados con las más diversas mercancías.
Yo he comprado perritos calientes a 25 pesetas (15 céntimos de euro) y chicles a 0,5 pesetas (no es siquiera posible hacer el cambio a euros). Aunque aquellos chicles había que comprarlos, eso sí, de dos en dos, porque ya no había monedas fraccionarias de peseta, si bien en el cartel escrito a boli que tenía aquella señora mugrienta de la calle Reina Victoria de Madrid, en Cuatro Caminos, ponía "chicle 0,5 pesetas".
Yo he visto carros de mulas por el centro de Madrid, casi todos conducidos por gitanos, llenos hasta los topes de trapos, cartones o chatarra.
Yo he visto en las calles del centro de Madrid el espectáculo de la cabra en la escalera, mientras una familia de gitanos tocaba la guitarra y la trompeta, (y algunos años después, un sintetizador).
Yo he conocido tiendas de ultramarinos, con aquel olor tan característico, mezcla de los variopintos productos que allí se vendían.
Yo he conocido un Madrid sucio y repugnante, lleno de pobreza y miseria en cada esquina. He visto mendigos durmiendo abrazados a su perro, por decenas, camino del colegio. Eran propios de cada barrio, y uno ya los conocía de vista, como "Emiliano, el de los perros" del barrio de Cuatro Caminos.
Yo he llamado por teléfono pidiendo a una operadora que me pusiera con tal número.
Yo he hecho viajes a la playa, de nueve horas de duración, y siempre de noche para evitar pasar calor en coches sin aire acondicionado. Atravesando pueblo tras pueblo, uno tras otro, por carreteras de la red principal, peores de lo que ahora es una comarcal.
Yo he jugado al fútbol, sin que nos molestaran los coches, en una calle del meollo de Madrid.
Yo he ido a la compra con mi abuela, que se hacía la mitad en el mercado, y la otra mitad en la calle, comprando a gitanos la fruta y verdura, que sacaban de sabe dios dónde, aunque eso no era de nuestra incumbencia.
Yo he hecho muñecos de nieve en el centro de Madrid.
Yo ya he vivido cien años...

13 ene. 2007

Terrorismo constructivo

La verdad es que últimamente no gano pa' sustos. No me refiero al ridículo teatro que está protagonizando Rajoy, "que si voy, que si no voy, venga, va, voy si ponéis libertad en el lema. Bueno, ahora, aunque ahora ya pone libertad en el lema, sigo sin ir porque no sé qué representa, aunque..." En fin. Me parece un discurso totalmente pueril. Viene a ser un calco del que los niños emplean cuando no quieren comer judías verdes con términos (y resultados) parecidos. "Me las como si le pongo ketchup. Bueno, aunque le has puesto ketchup no, porque tienen hebras. Bueno, ya le has quitado las hebras pero ahora es que..."

Pero no voy a hablar del pobre Rajoy, que le veo más perdido que un pulpo en un garaje. Voy a hablar de las declaraciones de Arnaldo Otegui que anoche me dejaron patitieso. El caso que es que anoche iba yo muy ufano en la radio, pensando que Batasuna iba a acudir hoy a la manifestación de Bilbao, asumiendo el nuevo lema, que incluye "Exigimos a ETA el fin del terrorismo", en una genial tenaza del lehendakari Ibarretxe.

El caso es que, como era de prever, Batasuna se ha retirado de la manifestación a la que iba a ir ("que si voy, que ahora no voy, que si sí, que si no...") Pero es que no se han contentado con decir "No vamos porque el nuevo lema no nos gusta". No. No van y Arnaldo Otegui decía que su primera intención de ir a la manifestación era por espíritu constructivo (muy bien), pero que ahora que habían cambiado el lema, no van para mantener la coherencia con ese mismo espíritu constructivo.

En este momento no me podía creer lo que oía. Analicemos. Se plantea una manifestación y Batasuna, que se dice constructiva, dice que acude. En el lema de dicha manifestación se reclama a ETA el fin del terrorismo, y entonces Batasuna, que es muy constructiva, estima que pedir el fin del terrorismo va en contra de su constructivismo. Ergo para Batasuna, el terrorismo es constructivo.
...
impás...
...
Como lo leen. Lo de la T4 fue (siempre desde la óptica de Batasuna) constructivismo puro y duro (duro sobre todo, sin duda). Hitler, que era otro "constructivista" denodado opinaba de un modo parecido, y ante los brutales bombardeos de los aliados sobre Berlín, afirmaba que era más fácil retirar escombros que demoler edificios, con lo que los bombardeos le facilitaban la labor de construir su Berlín del futuro para el Reich de los mil años... Terrorismo constructivo.

Nota: Aunque he empleado el término de forma socarrona, tengo que aclarar que el constructivismo, el de verdad, fue una corriente artística/arquitectónica de gran interés, por lo que invito a todos (inluídos los batasunos) a que le echen un ojo a cualquier página para que se informen de esta preciosa corriente artística de principios del s.XX.

10 ene. 2007

Católicos a la fuerza

Acabo de escuchar una noticia en la radio que me ha dejado frío. Por lo que parece, es imposible dejar de ser católico. Sí, vamos, entiéndaseme. Para dejar de ser católico de facto, sólo hay que decírselo uno a sí mismo. Pero dejar de ser católico de iure, es imposible.

Hace dos años, se realizó en Madrid una campaña a favor de la apostasía, en la que se recogieron tres mil solicitudes a la Iglesia Católica, en concreto al Arzobispado de Madrid, para apostatar. El tema es que después de más de dos años, la Iglesia no ha respondido positivamente, y ha aducido que la Iglesia Católica no mantiene ningún registro de sus fieles. El caso es que aunque vistoso por lo abultado de la cifra de apóstatas (tres mil de una tacada), no es un caso aislado, y hay casos de intentos fallidos de apostasía por toda la geografía española. A decir verdad, todos los intentos de apostasía son fallidos porque la Iglesia Católica no prevé la posibilidad de la apostasía, aunque paradójicamente, sí prevé la posibilidad de la excomunión. Es decir, te pueden echar, pero no puedes irte si tú quieres.

Personalmente estoy en contra del bautismo involuntario. Aquel al que se somete a un bebé de días o meses de edad sin su consentimiento ni opinión. Evidentemente también nos imponen el nombre, pero al menos esto podemos cambiarlo cuando somos mayores si así es nuestro deseo (la madre de una amiga se cambió el nombre legalmente por Emma siendo bien mayorcita, y la verdad es que le queda estupendamente). Sin embargo el caso del bautismo no admite, por el momento, forma alguna de desfacer el entuerto. Pero aún así, aunque una persona se bautice con 50 años de forma voluntaria, tampoco concibo que no se le permita dejar de pertenecer a dicho colectivo. En El Corte Inglés te dejan cambiar una tele aunque la hayas comprado voluntariamente.

Lo más curioso de todo esto es que la Iglesia Católica utiliza estadísticas relativas al número de fieles, cuyas cifras ahora me pregunto de dónde salen si, tal y como afirma, no dispone de ningún listado de fieles, ya que según la Conferencia Episcopal, el único registro que se tiene son los libros de bautismo, lo cuales, por razones históricas y documentales, no pueden ser modificados. Entiendo perfectamente que no se modifiquen los libros, pero cuando la Iglesia Católica dice que en España hay un 93,63% de católicos (datos de 1998) digo yo que de algún lado lo sacarán.

El caso es que cuando he comentado este asunto con la gente, algunos me han respondido "Y para qué alguien va a querer borrarse de la Iglesia Católica, si a fin de cuentas, no te obliga a nada, ¿qué más dará?". Y a mí, así a botepronto se me ocurren varios motivos de peso. Para empezar, porque el interesado quiere. Y esto ya debería bastar. Yo pertenezco a los colectivos que quiero, mientras quiera pertenecer. Y estoy en mi derecho de dejar de pertenecer a ellos en el momento que a mí me dé la gana. En segundo lugar, se me viene a la cabeza el hecho de que es un derecho amparado en la legislación vigente. La Ley Orgánica 15/1999 de 13 de noviembre, de Protección de Datos de Carácter Personal, contempla en su artículo 16 el Derecho de Rectificación o Cancelación, estableciendo en el punto 1 del citado artículo que:

1. El responsable del tratamiento tendrá la obligación de hacer efectivo el derecho de rectificación o cancelación del interesado en el plazo de diez días.

Por lo que si yo quiero que no se me incluya en el listado del que se saque esa cifra de 93% de católicos en España, la ley me asiste. Pero es que hay una razón clara de ética y principios que paso a analizar.
La Iglesia Católica utiliza esos datos estadísticos sobre sus fieles por ejemplo para justificar un trato de favor hacia la Iglesia exigiendo el sostenimiento de la misma con el erario público. Sin embargo, aunque la Iglesia Católica aduce que tiene un 93,63% de seguimiento, cuando se pregunta al ciudadano de a pie, las cifras son bien distintas como las arrojadas por el barómetro del CIS de abril de 2005 (estudio 2.602). Ante la pregunta (35) de la orientación religiosa del interesado, un 79,4% se considera católico, frente a un 11% de no creyentes (supongo que agnósticos), un 6% de ateos declarados, y un 2,3% de creyentes de "otra religión". Sin embargo, la magia de la estadística hace que la siguiente pregunta (36) dirigida sólo al 81,7% que se dicen seguidores de la Iglesia Católica u otra religión, arroja cifras más esclarecedoras. La pregunta se refiere a la frecuencia con la que se acude a misa o culto religioso equivalente. Y aquí el 49% acude nunca o casi nunca, entendiendo esta respuesta como gente que acude exclusivamente a dichos actos en bodas, bautizos, funerales o demás actos, y más por motivos sociales que religiosos. El 18,1% acude varias veces al año, el 11,2% acude alguna vez al mes, y sólo un 18,1% acude los domingos y fiestas de guardar, quedando un 3% que acude varias veces a la semana.
Así, muchos apóstatas se niegan a que se emplee su persona (formando parte de esa cifra total de fieles) como argumento o valor de peso de la Iglesia Católica, máxime cuando muchos de ellos por no decir todos, no admiten muchas de las doctrinas divulgadas por la Iglesia, sobre todo en temas de especial sensibilidad social como son el uso del preservativo como medio de control de la natalidad y difusión del sida en lugares en los que estos factores suponen una alteración grave de la calidad de vida, como África, por citar un ejemplo de desencuentro entre una Iglesia que controla a mil millones de fieles mirándose el ombligo y una sociedad que es sensible en mayor o menor medida a los problemas que aquejan a los colectivos y países más desfavorecidos de esta aldea global.

Sin embargo, la triste realidad es que el único avance en materia de apostasía se ha conseguido en el Arzobispado de Sevilla donde los apóstatas, si bien no son borrados de ese censo inexistente pero enarbolado de católicos, son inscritos en un "libro de abandonos de la Iglesia Católica", en el cual, a modo de lista negra se apunta a los que no quieren formar parte del colectivo. Y a modo de anécdota, para terminar, a los que sabemos un poquito de CRM, esto nos recuerda a las listas de "robinsones" porque para el que no sepa un poquito de CRM, le informo desde ya, que cuando usted solicita a una empresa que no le envíe publicidad, sus datos sí se almacenan, pero con un indicador llamado robinson, que le libra de recibir correo no deseado, ya sea en papel, o en formato electrónico. El gran Hermano le vigila.

Matar sin querer

Hay niños que cuando un juego colectivo, como el parchís o la oca, no marcha como a ellos les gustaría, le dan una patada a la mesa, o un manotazo al tablero y lo mandan todo a tomar viento. Esta actitud es propia de los críos, quienes a menudo no saben (aún) que vivir en sociedad (o crear una) implica forzosamente trabajar en equipo, y que trabajar en equipo significa aceptar unas reglas que todos los participantes acatan y toman como punto de partida.

A ETA no le gustaba en diciembre cómo marchaban las negociaciones destinadas a su propia extinción, y por ello le han dado a la mesa una patada de más de media tonelada de explosivos, y de paso han matado a dos señores "sin querer". Sin querer evitarlo, como me decía mi madre a mí.

Pero lo peor de todo no es ya el hecho de que ETA se comporte como un niñato malcriado, sino la forma incoherente y pueril de decir que mató a dos personas "sin querer", y que aquí no ha pasado nada. Como dicen los niños "¿Hacemos como que no he roto el jarrón?" Pues no, señores de ETA. Dejen de hacer el tonto o tomarnos por tontos a los demás (o ambas cosas) y sean coherentes porque de verdad que, como dice El Roto en su viñeta de hoy, darían ustedes risa si no diesen miedo.

Por supuesto yo soy un filántropo nato, y sigo creyendo que es posible negociar por la paz. Hay que ser muy merluzo para negarse a la posibilidad de alcanzar la paz mediante el diálogo. Muy merluzo o un hipócrita de la democracia. Pero eso sí, si ahora ETA quiere negociar, tendrá que ofrecer una muestra de buena voluntad. Entregar, por ejemplo, un arsenal. Un gesto para que nos creamos que va en serio y que no está jugando al escondite una vez más. Si se trata de poner los huevos sobre la mesa, los nuestros no digo que sean más gordos, pero sí somos más.

Y de nuevo he tenido que escuchar en la radio esta mañana al pelmazo de Zaplana (mira que es plomo el tío) diciendo que "el gobierno tiene que afirmar de forma tajante que el proceso está roto". Sr. Zaplana es usted más pesao que una vaca en brazos oiga. Ya dijo el ministro Rubalcaba el pasado día 2 que el proceso estaba "roto, liquidado, aniquilado" y no sé cuántos participios más. Preste atención a las declaraciones de los políticos que es su trabajo. No sé si es que hacen política en plan dominguero "por hacer algo", o que directamente no tienen nada que decir, y por eso dicen siempre lo mismo. Se van ustedes a oxidar...

7 ene. 2007

Récords absurdos

A los que nos gusta comer pronto, nos encontramos con que buscar compañía en la tele es un puto infierno. Hoy me he calentado algo que había por la nevera y me puesto a zapear. En Cuatro había un montón de anuncios (uno de ellos con House corriendo como Martín Fiz) y he acabado en Telecinco con su cuestionable El buscador. La verdad es que este programa me parece lamentable, pero en ese momento ha salido uno de sus zappings en el que un señor de pueblo, se aprestaba a colocarse en la jeta 158 pinzas de la ropa (de que consta el récord mundial) más alguna que otra para superar el récord. El hombre ha hecho lo que buenamente ha podido, pero se ha quedado a unas pocas pinzas del récord. Se ha quitado las pinzas y cuando ha terminado, su cara era un poema. No sé si por las marcas que le habían dejado las más de 150 pinzas o por la cara de pena que tenía el pobre hombre por no haber logrado sus objetivos.
Y entonces me ha surgido la gran pregunta. ¿Qué impulsa a un hombre del campo a querer batir un récord tan absurdo como ése? El libro Guinness de los récords siempre me ha parecido una curiosidad. Saber cuál es el edificio más alto del mundo, la montaña más difícil de coronar, o la región con mayor pluviometría del mundo siempre viene bien en esas discusiones con amiguetes que suelen terciarse un domingo por la tarde (en verdad eso es lo que le pasó en 1951 al director de la fábrica de cerveza Guinness y a unos amiguetes discutiendo sobre cuál era el pájaro más rápido de Europa, y así al señor Hugh Beaver, aburrido por los pingües beneficios que le proporcionaba su cargo, decidió ponerse a recolectar los récords del mundo). Bien, volvamos al tema. Ese tipo de récords está muy bien, y yo creo que tengo por casa la edición de 1989 que me compré. Pero cuando uno bucea por el mar de récords se encuentra con récords verdaderamente absurdos. Es decir, cosas que nadie haría si no es por el mero hecho de aparecer en el dichoso compendio de registros. Como el de las pinzas, o el que me he encontrado al abrir la página de los récords para poner un poco más arriba su enlace. Un sueco como un armario que ha roto el récord del mundo de "partir plátanos con las manos". 70 en un minuto, ni más ni menos. Ahí es nada. Pero claro, tener récords de este tipo es muy fácil, porque yo puedo convertirme ahora mismo en plusmarquista mundial de "abrir tapones de botes de champú" o alguna estupidez semejante. Con tal de que no se le haya ocurrido nunca a nadie la misma chorrada...
Y la conclusión de todo esto viene de la mano de aquella memorable cita del maestro Andy Warhol, "En el futuro, todo el mundo será mundialmente famoso durante 15 mintuos". Y es que el hambre de fama, de ser conocidos, que existe en mucha gente, hace que un sueco se entrete para partir plátanos, como si de un gorila se tratase, o que un pobre labriego español se deje la cara como un mapa con más de un centenar de pinzas de tender la ropa. Y todo para aparecer en ese libro, hasta que el siguiente chalado les arrebate el récord, claro.

4 ene. 2007

300 GB de gramola

El pasado 31 de diciembre, tras un atracón de lentejas con mi amigo JaCa, empezamos a divagar sobre este tema y ha dado lugar a este post.

En 1877, Edison “descubrió” (copiando un poco como muchos de sus “inventos”, todo hay que decirlo) que en un cilindro de cera girando, una aguja movida electromagnéticamente podía registrar la voz. Invirtiendo el proceso, haciendo girar el cilindro con la aguja pasando por el surco, podía luego reproducirse el sonido en él registrado. Como curiosidad, diré que en este formato existen grabaciones del último castrato, Alessandro Moreschi. Este mismo principio sirvió para todos los demás sistemas de grabación que llegaron durante muchos años después. Unos cien años después de aquel momento, el audio se registraba, además de en una cinta, en discos de distintos materiales plásticos (generalmente vinilo) que constaban de surcos por los cuales, con el disco girando, pasaba una aguja, reproduciendo el sonido.

A finales de los 70 y principios de los 80 aparecieron los primeros discos duros para ordenador, y claro está, el diseño no podía ser otro. Un trasto dando vueltas, mientras otro trasto pasa por encima para leer la información. Un disco duro, hoy, sigue el mismo principio que un cilindro de cera de 1877. El caso es que a finales de los 70 estaba claro que no había mucho donde elegir, pero desde finales de los 80 disponemos de memorias flash, que le dan mil vueltas (y nunca mejor dicho) a los discos duros en casi todo.

  • Un disco duro no deja de ser un artefacto mecánico, con partes móviles. Cualquiera que tenga la más mínima idea de tecnología o que simplemente tenga una bicicleta sabe que todo cacharro que se mueve es susceptible de romperse tarde o temprano. Los discos duros tienen montones de puntos débiles por los que pueden fallar, y aunque se han hecho grandes avances e ingentes inversiones en mejorarlos, cualquier departamento de soporte a usuarios de cualquier empresa sabe perfectamente que fallan más que una escopeta de feria. Una memoria flash puede tirarse al suelo y pasarle por encima una apisonadora y con no mucha suerte, seguirá funcionando. Yo tengo una iOmega μmini y alguna vez ha hecho un viaje “al otro lado” dando vueltas en la lavadora a bordo del bolsillo de una camisa, y siempre y cuando se seque bien antes de que corran los electrones de nuevo por su interior, no le ha pasado nada. Y sé que no es el único caso. No intente hacer lo mismo con su disco duro.

  • Un disco duro gasta energía constantemente. Sí, ya sé tienen ahorro de energía y demás, pero en este preciso instante, mi PC no está accediendo al disco duro en absoluto, y sin embargo está dando vueltas, ya que aún no se ha activado el ahorro de energía. Además, incluso la energía mínima e imprescindible para leer o escribir en el mismo sigue siendo una burrada. No hay nada más energéticamente ineficiente que un motor haciendo girar un montón de chapas. Una tarjeta flash sólo consume energía en el momento de acceder a ella, y además es una cantidad de energía ridícula. Puede parecer una chorrada ahorrar en la energía de un disco duro, pero en la sala en la que estoy ahora mismo hay unos 200 PCs encendidos a razón de uno o dos discos duros cada uno. Y esto es una de las salas de una de las sedes de una de las compañías de uno de los países que hay en este planeta. En definitiva, un disco duro utiliza de forma efectiva menos del 5% de la energía que gasta, y eso suponiendo que se apague por el ahorro de energía cuando pasa un tiempo sin actividad. Gran parte de los problemas de consumo energético de los ordenadores portátiles es por culpa de los discos duros, y de las unidades de CD y DVD, que vienen a ser una gramola óptica, a fin de cuentas.

  • Un disco duro es frágil cuando está en funcionamiento. Intente pegar saltos con su portátil en marcha y el disco duro leyendo. Si lleva zapatillas deportivas con suela blandita quizá (sólo quizá) no le pase nada. Desde luego no haga lo mismo con un sobremesa porque, aparte de joderse la espalda por el peso, ha de saber que los discos duros grandes (los de 3,5 pulgadas) están menos preparados contra vibraciones y golpes que los pequeños (los de 2,5 pulgadas que montan los portátiles). Una memoria flash es absolutamente inerme a los golpes y no sólo eso, sino que es igual de inerme estando en marcha que sin estarlo. Yo puedo saltar mientras hago fotos en el aire con mi cámara, y la CompactFlash que lleva dentro ni se entera, por citar un ejemplo.

  • Un disco duro hace ruido, además un ruido espantoso, mientras está encendido. Una memoria flash es absolutamente silenciosa.

  • Un disco duro se calienta, y al contener partes móviles es tremendamente sensible a las dilataciones producidas por calor. Por contra, las memorias flash tienen una tolerancia al calor mucho mayor.

En su contra, las memorias flash tienen su precio. A razón del precio por unidad de almacenamiento, una flash sale por unas mil veces más cara (en concreto 1024 veces más cara). Un pendrive USB de 0,5 GigaBytes sale aproximadamente por el mismo precio que un disco duro de 0,5 TeraBytes, si bien las memorias flash tanto en formato de tarjeta, como de pendrive USB, y otras variantes están bajando de precio dramáticamente. Pero evidentemente esto es una simple cuestión de apostar por esta tecnología para que esa bajada de precio ocurra realmente, de forma efectiva, y ocurra ya. Si las principales empresas acordaran cambiar de rumbo (qué tiempos aquellos años 80 en los que se unían en hermandad las principales gigantes de la tecnología para acordar estándares y facilitarnos la vida a los humanos), se aumentaría la producción, y se abaratarían costes abandonando de una puñetera vez la gramola de 300 Gigas...

3 ene. 2007

Muertes, horcas y bombas. Feliz año

Los últimos días del año que acaba de terminar he presenciado una serie de acontecimientos luctuosos que han removido ciertos sentimientos que en alguna ocasión he expresado aquí. Ya traté hace casi un año de la delgada línea roja que separa los conceptos de justicia y venganza, línea roja que mucha gente (demasiada) parece no ver, o no querer ver. Lo cierto es que esos tres hechos han sucedido prácticamente a la par, para despedir el año con alegría y buen rollito. Por orden cronológico:

Se nos murió Augusto Pinochet y tuve que volver a escuchar las mismas sandeces inconscientes que ya escuché cuando murió Milosevic. No quiero volver a tratar un tema prácticamente idéntico a aquel, pero yo no me alegré de que se muriese Pinochet porque, por encima de su condición de dictador, malnacido y genocida, estaba su condición de ser humano, de la que nadie puede despojarle (para desgracia de algunos, parece ser) y que adquirió el mismo día en que vio la luz. Me parece lamentable que nadie se alegre por la muerte de otro, y me parece un aberrante ejercicio de hipocresía farisaica que eso lo haga una persona que se dice librepensadora, progresista, de izquierdas, amiga de la democracia y de la libertad.

Luego pasaron dos cosas casi a la vez. Por un lado, unas cuantas personas, escandalizadas por las penas de muerte dictadas por Saddam Husein, le han condenado a él a aquello que tanto les escandaliza: La pena de muerte. Y han cumplido la sentencia, claro. Saddam Husein ha sido ahorcado. Yo, los días previos me he hartado de discutir con muchos supuestos demócratas sobre la conveniencia o no de dicha sentencia. Es curiosa la cantidad de gente que es partidaria de la pena de muerte a la ligera escudándose simplemente en que “él hizo lo mismo”. Y claro, como dice el refrán, “ojo por ojo y de aquí a poco todos tuertos” (como poco).

El tercer suceso trágico ha sido el atentado cometido por una pandilla de desgraciados que, si quieren crear un estado con esas maneras, pobres de quienes fuesen sus hipotéticos ciudadanos. ETA despidió a la par el año y la tregua colocando una furgoneta bomba en el principal aeropuerto de Madrid, y (en estos momentos casi con toda seguridad) matando a dos personas por primera vez desde hace más de tres años. Y aún podemos respirar aliviados, ya que la masacre pudo ser mucho peor. Afortunadamente la moderna construcción de la T4 permitió una rápida evacuación de la misma. ETA había iniciado un camino había dejado de matar el 30 de mayo de 2003 con el asesinato de dos policías nacionales en Navarra. Desde entonces, parecía que había “suavizado” su postura “limitándose” a daños materiales, extorsión, quema de autobuses, etc. todo lo cual, por irónico que parezca, ya era todo un logro respecto a la pérdida de vidas humanas. Sin embargo la salvajada del aeropuerto de Barajas ha devuelto a ETA a sus peores años, a su radicalidad más absoluta, y quizá este sea el momento decisivo en el que, como hizo en su día el Sinn Féin tras el atentado de Omagh perpetrado por el “IRA Auténtico”, Batasuna se desmarque rechazando el atentado y la violencia, y pueda al fin defender los intereses de sus electores y simpatizantes que tienen, claro que sí, derecho a ser escuchados con palabras, no con explosiones ni tiros.

Tampoco a lugar despotricar más sobre esta gentuza. Baste decir que son eso: Gentuza. Pobres desgraciados que, como los gañanes, cuando no saben dialogar te espetan “a que te arranco la cabeza”. Quien recurre a la violencia es porque tiene demasiadas pocas luces como para defender sus argumentos con palabras. Y eso vale tanto para Bush como para ETA.

Pero lo grave es lo que ha sobrevenido después. La AVT y su presidente, Francisco José Alcaraz, convocaron una manifestación en la que aquellos que piden que no se haga un uso partidista de la violencia, hicieron un uso partidista de la violencia. Lo verdaderamente lamentable es que aquella manifestación parecía más dirigida contra el Gobierno que contra ETA. Aún no he encontrado respuesta a la pregunta del millón: ¿Tiene la culpa el Gobierno de que ETA rompa una tregua?

Sin embargo, cualquier intento de hacer entrar en razón tanto al cabecilla de la AVT como a sus aborregados miembros acaba chocándose frontalmente con la defensa de que los que no hemos pasado por lo que pasaron ellos, no podemos opinar. Lo que viene a decir que a su modo de ver la justicia deja de ser ciega, y que sólo pueden juzgar aquellos que son lo suficientemente subjetivos para hacerlo. Lo dicho, para qué queremos justicia si podemos tener venganza.

Sans "Comic Sans", sil vous plaît

Me preocupa seriamente el aumento de las expresiones de mal gusto. No me refiero al mal gusto por el mal gusto. Por amor al mal gusto. El mal gusto buscado como máxima expresión del humor soez, chabacano y políticamente incorrecto como el que expresa La hora Chanante. Ese mal gusto me gusta mucho. Pero no es eso lo que me preocupa, sino el mal gusto inconsciente. La expresión de la incultura generalizada en materia de estilo. (A propósito de esto, mi secretaria debería recordarme escribir una entrada sobre por qué es aceptable lo mal hecho, hecho a propósito, y no lo es lo mal hecho, hecho sin querer).

Me estoy refiriendo a la falta de estilo generalizada que se extiende como una peste bubónica por todo el mundo civilizado. Una carencia no ya de diseño, sino también de la demanda del mismo. Los diseñadores son mediocres, pero no pasa nada porque los clientes son aún más mediocres que ellos. Y el problema radica en el crudo hecho de que el buen gusto, el estilo y la percepción de la armonía es algo que, cada vez con más firmeza, creo que no es enseñable. A menudo veo gente con un pésimo gusto metida de lleno en el mundo del diseño. Y al mismo tiempo veo gente con un gran sentido estético de nacimiento, aunque no se dediquen en absoluto al diseño. Y es que, como le dije hace muchos años al que entonces era mi compañero Esteban “el grumete”, tan aficionado a usar juntos todos los efectos de sombra paralela, resplandor interior, bisel, etc, en un mismo letrero produciendo un estilo rayano en lo rococó que era una pedrada visual: “Saber usar el Photoshop no te convierte en diseñador. Es mejor saber usar el lápiz.”

Pero vayamos a un caso práctico, que es sobre lo que quiero hablar hoy. Las empresas gigantescas suelen ser las que más dinero se gastan en diseño. Bueno, son las que más dinero se gastan en todo en general, y lógicamente, también se lo gastan en diseño. Suelen tener manuales de imagen de marca verdaderamente enciclopédicos (aunque luego muchas veces sólo sirven para coger polvo porque nadie los utiliza), y se gastan millonadas brutales en la creación de un logo que aparentemente, cualquiera podría hacer. (En 1999 Telefónica se gastó 6 millones de euros de los de entonces en la creación sus actuales logo y nueva imagen de marca, en la que ni siquiera cambiaron los colores corporativos, verde pistacho y azul marino). Pues bien, Microsoft es una de esas macroempresas que no escatiman gastos en diseño, no sólo para consumo propio sino también para civilizar al resto. Así, Microsoft tiene una pequeña división (pero ya es algo) dedicada a la tipografía. En esta pequeña fábrica de sueños, se dedican a crear fuentes tipográficas que sean de fácil aplicación a la informática. Tradicionalmente las tipografías se creaban para su correcta legibilidad estando impresas sobre un papel, pero las espantosas resoluciones de pantalla que aún hoy tenemos, hacen que un texto en Times New Roman escrito a menos de 10 puntos parezca una procesión de hormigas, sucesión de garabatillos inconexos. Así, en sus primeras versiones sólo nos daba la Arial, la Times New Roman y la Courier New como tipos a elegir en las familias sin serifa, con serifa y de caja fija. En 1996 Microsoft crea el proyecto Core fonts for the Web a la vista de que cada vez se leía más sobre una pantalla y menos sobre un papel y poco a poco fue introduciendo letras especialmente diseñadas por encargo para ofrecer tipografías aptas para ser presentadas en pantalla (además del genial invento del ClearType). De este modo apareció Andale Mono, Tahoma, luego Verdana, Georgia, y un largo etc. Y en este cúmulo de creaciones más que aceptables en lo que al diseño cuidado se refiere, surgió la aberración. Y la aberración se llamó Comic Sans.

Porque si Ferrero Rocher es “la expresión del buen gusto”, Comic Sans lo es del mal gusto. Comic Sans fue un engendro auspiciado (y pagado) por Microsoft para ofrecer una tipografía informal que imitase la letra mayúscula y manuscrita con que están escritos los textos de los bocadillos de los cómics. Estas tipografías suelen ser muy atractivas y ofrecen un aspecto rápido y dinámico, además de ligeramente agresivo sin ser necesariamente invasivas o amedrentar al lector. Tienen fluidez y rápida lectura. Para ello, Microsoft contó con la colaboración del diseñador Vincent Connare que, por lo que a mí respecta, aquel podría haberse roto la mano derecha, o la izquierda. La que use para coger el ratón. Para empezar, las tipografías llamémoslas “de tipo cómic”, tradicionalmente carecen de minúsculas. Es una tipografía sólo para versales. Comic Sans es una letra de aspecto infantil con una curvatura a la izquierda en el eje vertical de la caja que hace que las letras tengan un extraño aspecto de goma.

Además de lo dicho, podría entrar en discusiones mucho más técnicas (y aburridas) como que carece por completo kerning, que carece de modulación, y otras muchas características más que harían las delicias de los tipógrafos/tipólogos/tipomaníacos pero que, salvo una excepción (excluyéndome a mí mismo), no están entre mi abrumadora masa de público y además harían que este blog se pareciese peligrosamente a un programa de Sánchez Dragó más aún de lo que, muy a mi pesar, ya se parece.

No obstante, desde que vio la luz la Comic Sans ha sido un auténtico fenómeno de masas al estilo del fenómeno Aquarius del anuncio aquel. Una tipografía que habría de haber sido condenada al ostracismo, con una utilidad muy limitada cayó en gracia de las masas de gente (ignota) que la ha convertido en su tipografía de cabecera. Y no es que la Comic Sans sea mala en sí misma. A ver. Es una tipografía bastante lamentable, aunque en palabras de su autor, era una tipografía hecha para usarse en software infantil. Lo cierto es que el juego Los Sims hace uso masivo de esta tipografía y no queda mal del todo. El verdadero problema es el abuso que se ha hecho de esta tipografía. Se ha convertido en la letra estándar para casi cualquier papel impreso que aparece en un tablón de anuncios. Desde el menú del restaurante hasta el anuncio de “se vende piso” que hay pegado en una farola. Desde la publicidad de la perfumería de la esquina al aviso de que no se arme follón en la cafetería porque hay gente trabajando cerca. La Comic Sans es el tipo por defecto de una inmensa mayoría de la gente. Pero además llega a sitios insospechados. Incluso papeles de carácter oficial se imprimen con esa tipografía (sé de primera mano por mi amiga Yaiza, que cuando los estudiantes de Ciencias Ambientales se reunieron con la Directora de Universidades para no sé qué historia suya que les indignaba mucho, le presentaron a la firma una declaración de intenciones que, ¡oh cielos! estaba redactada en Comic Sans, si llego a ser yo la susodicha directora, nada más ver ese papel hago con él una bolita y se lo tiro a la nariz a quien me lo da, para después salir corriendo con las manos por delante). He visto incluso resoluciones judiciales escritas con este aborto tipográfico. El caso es, además, que cualquier cosa escrita con Comic Sans parece escrita de cachondeo. Si a mí me citase un juez con Comic Sans jamás iría y le respondería pensando que está de coña. Por no hablar de masivo uso en páginas web, Messenger y derivados, blogs y toda suerte de documentos de carácter personal, además de la bestial masa de personas que escriben su correo a diario con esta letra, haciendo que me duelan los ojos con dos de cada tres correos, incluso de carácter corporativo, que recibo cada día, para mi tormento. Mi labor evangelizadora a favor del buen gusto es una gota de agua en el océano.

Esto ha hecho que se genere una, aún no organizada Resistencia ante el avance imparable de esta tipografía. Numerosas voces se han alzado en contra del espanto de la Comic Sans, aunque lo preocupante es que también han aparecido voces en su feroz defensa (cuyas tribunas por supuesto, no voy a publicitar aquí).

En este caso creo que mi admirado Sr. Surowiecki con su The Wisdom of Crowds se equivoca de plano. Me niego a pensar que por el hecho de que una masa brutal de gente acepte y use la Comic Sans, ésta tenga que ser considerada una letra bonita.

Y querido lector. Si quieres una tipografía de estilo cómic, o manuscrito, usa “Comic Book Commando” o “Lucida Handwriting” que también son gratis y sólo si realmente te sientes seguro de tu buen gusto, elige otra diferente.

P.S.: Por cierto. Todo este blog tiene como tipografía por defecto una elitista Frutiger Linotype, aunque aquellos usuarios que no la tengan instalada en su PC lo visualizarán con una vulgar Verdana.

2 ene. 2007

Otras formas de multiplicar

Multiplicación francesa

Acaban de pasarme esta página que contiene un interesante vídeo sobre un método para multiplicación que yo no conocía. El caso es que este método me resulta especialmente atractivo por lo gráfico del mismo aunque en esencia no es sino una forma gráfica de hacer una multiplicación por el método de Fibonacci (ver más abajo). Y me he preguntado cuántos profesores de matemáticas lo admitirían como válido. Esta pregunta surge porque el método que la mayoría aprendimos en el colegio para multiplicar números grandes (pongamos 635 x 64) no es más que un convencionalismo. Es decir, no es sino una forma más de resolver esa operación aritmética que llamamos multiplicación. En Matemáticas da bastante igual la forma en la que se llegue al resultado, siempre y cuando el resultado sea correcto. Nuestro método común, llamado "método largo", o "multiplicación francesa" data de finales del s.XVII y consiste en colocar un número bajo otro, y multiplicar el multiplicando por cada una de las cifras del multiplicador, comenzando por la de menor peso, colocando los resultados parciales uno bajo otro, pero desplazándolos un lugar a la izquierda respecto al anterior. Finalmente, se suman los resultados parciales, en nuestro caso 2.540 y 3.810 (que al estar desplazado a la izquierda equivale a 3.810x10=38.100), lo que nos da un resultado de 40.640.


Multiplicación de Fibonacci

El caso es que este no es ni muchísimo menos el único método posible. Tenemos métodos mucho más divertidos (supongo que por eso no se enseñan en las escuelas), como la "multiplicación con rejilla" o "multiplicación de Fibonacci" (aunque es un método oriental, lo introdujo en Europa Fibonacci en el s.XIII). Consiste en crear una rejilla en la cual, colocaremos en la parte superior el multiplicando, y en el lado derecho el multiplicador, a razón de una cifra por celdilla. Así, en nuestro ejemplo, 635 tiene tres cifras y 64 tiene dos, por lo que la rejilla será de 3x2. A continuación se multiplican los números de las "coordenadas" de cada celdilla, como si jugásemos a los barquitos, pero la celdilla se divide diagonalmente y se colocan las decenas en una mitad y las unidades en la otra. Como 9x9 son 81, nunca nos va a faltar espacio y siempre habrá un dígito en cada mitad de la celdilla. Por último, se suman las diagonales. En nuestro caso tenemos 5 diagonales, (3) (1, 6, 2) (3, 8, 1, 4) (0, 2, 2) y (0). La suma nos da 3, 9, 16, 4 y 0. Si alguna de las sumas diagonales tiene más de un dígito (como ocurre con el 16) las decenas se suman al anterior. En este caso al 9, que nos da 10, lo que hace que repitamos la operación en cadena. Ese 10 queda como 0 y el 1 de las decenas lo sumamos al anterior, el 3, con resultado de 4. Al final tras estos acarreos, las diagonales son 4, 0, 6, 4, 0. El resultado es 40.640.


Multiplicación egipcia

Otro método posible es el llamado “método egipcio”, por ser el comúnmente empleado en el Antiguo Egipto (y a juzgar por el legado arquitectónico, no parece un mal método) si bien es algo complejo ya que lleva implícita una factorización. Consiste en, dados los dos números de nuestro ejemplo 635 y 64. Se hacen dos columnas de números. En la primera doblamos números desde el 1 hasta llegar al multiplicando, o inmediatamente inferior. Es decir, la primera columna, en nuestro caso, sería 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256, 512 y no podemos seguir porque el siguiente duplo es 1.024 que es mayor que 635. La siguiente columna estará formada por los duplos del multiplicador, hasta llegar al mismo número de elementos de la primera columna. En nuestro caso sería 64, 128, 256, 512, 1.024, 2.048, 4.096, 8.192, 16.384 y 32.768. El hecho de que los primeros números de esta serie coincidan con los últimos de la anterior es sólo una coincidencia debida a que nuestro multiplicador, el 64, es potencia de 2, pero sólo es una casualidad. El siguiente paso a dar es seleccionar aquellas filas cuyos valores de la primera columna sea igual al multiplicando. Para hallarlo se suma el último valor (siempre va ser uno de las seleccionados) más el anterior. Si nos pasamos (en nuestro caso es así, ya que 512+256=768) desechamos ese valor y seleccionamos el siguiente (en nuestro caso tampoco nos sirve aunque por poquito, ya que 512+128=640) hasta que demos con uno con el que no nos pasemos (en nuestro ejemplo, es el siguiente ya que 512+64=576). Hallado este valor, continuamos sumando este resultado parcial al siguiente (576+32=608, nos sirve), al siguiente, etc., hasta totalizar el multiplicando. En nuestro ejemplo las filas seleccionadas son las que en la primera columna tienen los valores 1, 2, 8, 16, 32, 64 y 512 ya que 1+2+8+16+32+64+512=635, que es nuestro multiplicando. Por último, sumamos los valores no tachados de la segunda columna, cuyo total es el resultado de nuestra multiplicación (32.168+4.096+2.048+1.024+512+128+64=40.640).


Multiplicación rusa

Por último, un método similar aunque más simple, llamado “método del campesino” o “multiplicación rusa”, (o en inglés “russian peasant method”) es otro sistema que en este caso brilla por su sencillez a la hora de aplicarlo ya que sólo requiere saber multiplicar y dividir por dos, cosa que cualquier niño puede hacer de cabeza sin demasiada dificultad. Para aplicarlo, se hace una columna con los sucesivos divisores enteros por 2 del multiplicando. Es decir, 635 entre 2 da 317 con resto 1 (es una división entera). Para este método los restos nos dan igual. Esto lo hacemos sucesivamente hasta llegar al uno. En nuestro ejemplo, la primera columna está compuesta por los elementos 635, 317, 158, 79, 39, 19, 9, 4, 2, 1. En la segunda columna colocamos el multiplicador, y vamos doblándolo sucesivamente de la misma manera que hemos hecho en el método anterior, hasta tener tantos elementos como en la primera columna. Se desechan las filas que tienen un número par en la primera columna, y se suman los que quedan en la segunda columna. Los sumandos, en nuestro ejemplo, puede verse que son los mismos que en el método anterior, y el resultado vuelve a ser 40.640.


No son los únicos métodos para multiplicar, pero creo que con estos ejemplos se aprecia la diversidad de algoritmos que la aritmética posee. En Matemáticas cualquier método es bueno si siempre ofrece resultados correctos. No obstante y por desgracia algunos profesores un tanto estrechos de mente consideran incorrecta la aplicación de cualquier otro método de multiplicación que no sea el que aparece en el programa de estudios.

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