23 may. 2008

Echando agua en el humo...

Hace un par de semanas (qué malo es procrastinar) leí en un periódico una noticia que me invitó a la reflexión. En Austria, tras el caso de Natascha Kampusch y el más reciente de Josef Fritzl, la conmoción es tal, que el gobierno de dicho país se plantea endurecer las penas por pederastia.
No es que me parezca mal, en absoluto que se legisle contra la pederastia. Pero intentar disuadir a futuros maníacos con leyes más duras sería como pretender erradicar el cáncer amenazando con meter en la cárcel a quien padeciese un tumor. No deja de parecerme una medida puramente política, de fachada, para dar imagen de operatividad en vez de atacar la base del incendio. Invertir en investigar qué mecanismos son los que desencadenan tal comportamiento e intentar eliminarlos, o al menos, prevenirlos precozmente. Cualquier medida que se encamine hacia una presión criminal de dichos trastornos tiene la misma eficacia para erradicarlos que las medidas punitivas que se adoptaban hasta hace unas décadas para combatir la homosexualidad. Es como intentar apagar un fuego apuntando el agua hacia el humo...

21 may. 2008

La derecha que España necesita

Acabo de oír a Mariano Rajoy decir en la Universidad Pontificia de Comillas, que cuenta con Alberto Ruiz-Gallardón para formar parte de su equipo eso sí, haciendo alarde de un galleguismo del que sólo él es capaz, diciendo algo así como que ni sí, ni no, ni todo lo contrario, pero que cuenta con “él”. Inmediatamente después he visto a Esperanza Aguirre, maestra de la hipocresía capaz de decir una cosa y la contraria, y eludiendo lo que realmente piensa, todo ello entreverado en la misma frase, tragarse un sapo con su sempiterna sonrisa, al ver que su enemigo acérrimo crece a la sombra del presidente del partido, mientras ella y el resto de recalcitrantes son condenados al ostracismo.

Los que me conocen saben bien que no puede decirse de mí que tenga ideas conservadoras, pero desde luego creo firmemente que el Partido Popular necesitaba este cambio. Y lo creo porque una de las mejores cosas que tiene la democracia no es sólo que el pueblo elija a sus gobernantes del color político que sea, sino que dichos gobernantes estén sometidos a un marcaje político intenso que les haga vivir en la tensión de que cualquier error que cometan puede arrebatarles el poder en los siguientes comicios. Y ese marcaje sólo es posible cuando la opción tiene posibilidades de arrebatar dicho poder. Si la oposición no deja de vivir en un fangal del que no puede salir, a todos los efectos es como si no existiese, y a todos los efectos esto da libertad de movimientos al partido en el poder. Y España necesitaba una derecha europea y del siglo XXI, y no una panda de anacrónicos retrógrados liderados por Acebes y Zaplana.

El Partido Popular ha hecho una nefasta oposición entre 2004 y 2008. Y la prueba de ello es que no han hecho política. Se han conformado con hacer demagogia, inflamar sentimientos, etc. Y el resultado de todo ello ha sido que no han conseguido mellar ni un ápice a un PSOE en el poder, que ha revalidado su mandato. El pasado 10 de marzo le quedó claro a algunos habitantes de Génova trece, que si querían ser realmente una alternativa de gobierno tenían que conquistar el centro. Por dos razones: En primer lugar porque en España, la palabra “derecha” sigue causando sarpullido. Y en segundo lugar, porque está claro que robarle a Falange (en cualquiera de sus sabores) su puñado de votos, no es suficiente para ganar una mayoría simple.

Ese es el giro al centro con el que José María Aznar engañó en 1996 y 2000 a millones de españoles para que le concediesen la mayoría (absoluta en segundas nupcias) con la que nos llevó a la guerra de Irak. Porque lo cierto es que Aznar es un cretino, pero no tiene un pelo de tonto. Y él sabía mejor que nadie que coqueteando con los afines a Ynestrillas no iba a conseguir salir jamás del pozo de la oposición. El problema que tuvo Rajoy entre 2004 y 2008 fue no saber frenar la incercia imparable de la engrasada maquinaria política del PP, que desde que había alcanzado la mayoría absoluta, venía manifestándose como clara y peligrosamente escorada a la derecha más totalitaria y extrema. Ahora, tras la derrota de hace dos meses, parece que Rajoy puede decir aquello de “probé vuestra solución y no ha funcionado, así que ahora se hacen las cosas como yo diga.” Ya que de no ser así, parecía clara otra debacle en 2012.

Lamentablemente (para ellos) este giro dejará cadáveres por el camino. Los de aquellos tan necios como para no darse cuenta de este necesario cambio, ya fuese por convicción, por interés, o sólo de fachada como consiguió hacer Aznar antaño.

10 may. 2008

Manzana envenenada

No había nada que la definiese mejor que una manzana envenenada. Algo bello y precioso que escondía en su interior una terrible y mortal sorpresa de la misma forma que una dionea atrae riesgosa a sus potenciales víctimas con su aroma irresistible.

Como humano que era, él intentó por todos los medios disgregar el tóxico del resto de aquel ser maravilloso, sin éxito alguno. Vez tras vez se encontraba a sí mismo más debilitado por una lucha sin cuartel en pos de un objetivo imposible. Finalmente se dio cuenta de que una manzana envenenada no puede desintoxicarse. Simplemente dejar que siga su camino. Se dio cuenta de que quizá hacía simplemente “lo que le es propio”, y por tanto lo mejor que podía hacerse con todo el dolor, era simplemente alejarse de su camino aún manando lágrimas, pero aliviado al menos de no haber mordido la fruta de Eva. No se atrevió a probar su sabor, pero se quedó con su aroma en el recuerdo.

8 may. 2008

Dulce ignorancia

Tras aquel portazo ambas personas, tanto quien se quedó dentro como quien salió fuera salieron perdiendo enormemente. Pero sólo una de ellas lo sabía. Fue la única que lloró aquella noche.

7 may. 2008

Olvido procedente

— ¿Te acordaste de traerme aquello?
— Se me ha olvidado. Lo tengo en casa y cada vez que lo veo me acuerdo de ti, pero luego se me olvida traerlo. —
— Entonces no me lo traigas nunca… —

6 may. 2008

Apropiación indebida

Apropiación indebida es, en el código penal, aquel delito en el que una persona, valiéndose de su posición de administración o depósito de bienes ajenos, se apodera de ellos con intención de lucrarse. En mi opinión, esto puede hacerse también con los símbolos.

Recuerdo que hace muchos años tuve una conversación con Laura a propósito del uso que había hecho el NSDAP (Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores) de un símbolo prehistórico como la cruz suástica (cuyo nombre procede del sánscrito swástica, que literalmente quiere decir “la forma bendita” en el sentido de “buena suerte”). Este símbolo estuvo presente en casi todas las culturas indoeuropeas y en buena parte de las culturas americanas desde tiempos inmemoriales (anteriores al siglo V a.C.), ya que es una forma atractiva y fácilmente confeccionable mediante cestería o tejido. Sin embargo, el partido nazi utilizó este símbolo dotándolo de un giro de 45º en un golpe de diseño que le proporcionaba un gran dinamismo. Finalmente, la protohistórica suástica quedó adherida para siempre a los nazis, y su uso prohibido en algunos países. Yo, en aquella conversación, defendía el libre uso de un símbolo mancillado, y su recuperación con su significado original.

Lo mismo le sucedió a la cruz celta, símbolo protocristiano empleado por los celtas tras su conversión a la fe de Jesús y como fusión ecléctica del icono cristiano con el círculo solar pagano, y con el que sembraron toda Irlanda. Mil quinientos años más tarde, el Ku Klux Klan, el nacionalismo blanco europeo y hasta el asesino del zodiaco se apropiaron de este símbolo y hoy en día su utilización no suele inspirar su antiguo significado.

Con las banderas suceden tres cuartos de lo mismo. La bandera republicana hecha oficial en España en 1931 no tenía ningún significado ideológico. Representaba únicamente una forma de gobierno (sobre esto podríamos hablar largo y tendido, aunque eso lo procrastinaré de momento). Y así, los gobiernos de derechas de la CEDA la emplearon sin problemas. Sin embargo, durante la guerra civil, la izquierda se erigió en valedora de los principios del republicanismo, por lo que la bandera tricolor quedó ligada de forma casi indeleble a esta ideología. Poco más o menos le sucedió a la bandera rojigualda de 1785 que fue recuperada en 1936 por los golpistas de derechas, y de tal suerte aún hoy, tras treinta años de democracia su enarbolamiento sigue levantando suspicacias y recelos. El emblema de los reyes católicos, con el águila real, representante de la fauna ibérica, fue utilizado por el franquismo con mínimos cambios, y así aún hoy, algún desinformado se escandaliza viendo el emblema de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

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