12 jul. 2010

¿Y ahora qué se hace?

Jamás he sido especialmente aficionado al fútbol. Desde pequeño era más de chapas y canicas, de jugar a liebre, o a indios y vaqueros, a la guerra, o a tirarme globos de agua. Mis deportes eran otros y los practicaba a instancias de mis padres (que quisieron que aprendiese a nadar antes que a caminar), no el en recreo sino por mi cuenta.

Jamás hice una colección de cromos de la liga, jamás escuché los partidos por la radio ni los comenté los lunes al llegar al colegio, al instituto, a la universidad o a la oficina. Me consideraba mero simpatizante Real Madrid por ser "el equipo de mi pueblo" (para disgusto de mi abuelo Juan que era colchonero a muerte), pero jamás fui capaz de nombrar una alineación, fuera parte de cuatro o cinco jugadores que trascendían lo deportivo. Recuerdo a Suker, al que vi en su mercedes saliendo de Puerta de Hierro con Ana Obregón un día que sacaba al perro a pasear, y cosas parecidas.

Sin embargo siempre, desde pequeño, me animaba a ver los partidos internacionales, heredando la sosegada afición que se respiraba en casa. Recuerdo haber visto con mi padre el España-Malta, el épico partido del 12-1 y el "gol de Señoooooooooor" y esas cosas. Recuerdo haber hecho la colección de cromos del mundial de México 86 (el primero del que fui realmente muy consciente). Recuerdo el mundial de Italia 90 del que vi algún de España junto a Carlos Berzosa en la cafetería de profesores de la entonces Facultad de Económicas y Empresariales, en Somosaguas. Recuerdo el mundial de USA 94, el de Francia 98, el de Corea y Japón 2002 que vi en la oficina, con el partido que nos robaron los surcoreanos. El de Alemania 2006... Y siempre veía los partidos con una ilusión moderada, consciente de ser aficionado de un equipo mediocre que jamás ganaba y que quizá jamás ganaría el Mundial.

Recuerdo una pregunta de un gachó, uruguayo él, que me asaltó por ICQ allá a finales de los noventa, seguramente coincidiendo con el mundial del 98, preguntándome por qué España, que tenía la liga nacional más importante del mundo, jamás había tenido un puesto relevante en el campeonato del mundo, más allá de cuartos de final. No supe responderle...

La española no era una selección ganadora, no era una selección que no ganase porque quedase subcampeona. ¡Qué va! Era una selección que siempre tenía un papel mediocre que ni siquiera se acercaba al triunfo. Recuerdo presenciar cómo se proclamaban campeones países de los llamados "clásicos". Brasil, Alemania, Francia... Y ahora, de repente, he visto cómo aquel equipo de camiseta roja, la misma camiseta roja que vestía Naranjito, al que animaba aquel niño, levanta ese trofeo dorado, que hasta ahora ocupaba uno de esos cromos plateados de los álbumes de Figurini Panini. Ahora España es campeona del mundo. ¿Y ahora qué se hace?

9 jul. 2010

Espacio y tiempo

Un segundo es la duración de 9.192.631.770 periodos de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del átomo de cesio 133, a nivel del mar y con campo magnético cero.

El metro es la distancia recorrida por la luz en el vacio en 0,000000003335640952 segundos (1/299.792.458), medidos por un reloj atómico de cesio.
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