11 mar. 2010

El culo con las témporas

Si alguien no tiene qué comer, todo el mundo vería como un absurdo que rechazase un plato porque no gustarle las acelgas. Eso es lo que en román paladino llamamos confundir el culo con las témporas. Y es una actitud que por absurda que parezca, sucede más a menudo de lo que parecería y nos gustaría, especialmente entre la clase política.

Revolución es una bonita palabra con un reverso tenebroso. Todas las que yo he conocido han acabado como poco igual que el régimen al que pretendían revolucionar. Desde la del Lord Protector Oliver Cromwell, que acabó en un quítate tú pa’ ponerme yo (y poner luego a mi hijo), hasta la de Cuba, pasando por la Revolución Francesa, las revoluciones independentistas americanas, el octubre rojo de 1917, la cruzada de Franco para salvar España (¡PAÑA!) y la lista podría seguir hasta el infinito. El poder tiene ese no sé qué que qué se yo, que aunque uno tenga elevados ideales, una vez se sienta en el sillón de mando el revolucionario se siente muy a gustito después de pegar barrigazos en sus vicisitudes campestres revolucionarias, y cree tener todo el derecho del mundo al descanso del guerrero… hasta que se muera el guerrero. Y así es como las revoluciones acaban todas en dictadura.

Una dictadura es por definición un régimen en el que un señor está muy a gustito en su sillón y se no se mueve de él ni con agua caliente. Los dictadores suelen ser idealistas y tener vocación de salvar a los demás de sí mismos, por lo que suelen tener un plan, como Hannibal Smith. Y están dispuestos a llevar a cabo su plan le pese a quien le pese. Además, ese bienamado plan de una sociedad perfecta madurado en frías noches de campamento revolucionario, está por encima de todo. Y por ello es lícito ventilarse de un plumazo a todo aquel que opine que ese plan es mejorable. A estos se les suele llamar disidentes. Una dictadura lo es, sea del color que sea. Tan dictador era Ceaucescu, como Stalin, como Mussolini, como Pinochet, como Cromwell, como Napoleón, etc. De nada sirve la orientación política si no se cumplen los preceptos básicos de libertad y respeto a los derechos fundamentales. Del mismo modo que de nada sirve que uno prefiera carne o pescado si no tiene qué llevarse a la boca. En todo eso, todos los demócratas están de acuerdo, claro. A fin de cuentas todos ellos chupan de la teta de la Democracia y no es cosa de morder la teta que te da de chupar. Ni tampoco la mano que te da de comer.

Pero, ¡ay! La vida es bella cuando se habla en términos generales, pero los torticeros matices suelen torcer las cosas y nublar las mentes. Y así, los correligionarios del Partido Pentacéfalo (PP), rechazan cualquier forma de dictadura, excepto la del Caudillísimo que era un período de placidez. Esto levanta las iras del arco político más rojeras, y con razón, claro. Pero la hipocresía máxima es un virus contagioso, y estos días el ZPSOE y los despistados de Izquierda Unida caían enfermos del mismo mal. Los primeros con la tibieza blandengue que les caracteriza, y los otros diciendo que “respetan el gobierno cubano”. Es decir el negativo fotográfico de aquello que hacen sus adversarios políticos.

Los que tienen alergia a las preposiciones y por ello “juegan tenis” o “juegan golf” (yo normalmente juego a algo), porque fueron la clase protegida del régimen franquista y ellos, sus padres o sus abuelos tenían y siguen teniendo mucho que agradecerle al ferrolano, por lo que rechazan todas las dictaduras excepto aquella que les lamió el culo. Los otros, los que levantaban el puño y llevaban camisetas del Ché, se sienten en deuda con el movimiento que les movilizó en su juventud a ellos, o a sus padres o a sus abuelos. Y ese sentimiento heredado les hace rechazar también todas las dictaduras menos aquella/s que fue/ron su motor.

Pero una rosa es una rosa es, y una dictadura es una dictadura. Sea del color que sea. Y denostar unas y obviar otras en función del color político del dictador, además de una falacia política y una demostración de falta de criterio, es confundir el culo con las témporas.

4 comentarios. Deja alguno tú.:

LittleSister dijo...

Es lo que tiene no cuestionarse uno mismo lo que piensa y lo que defiende. Si defiendes algo por inercia, caes en las contradicciones absurdas, pero como los demás hacen lo mismo, pues no pasa nada. Y si tampoco te cuestionas lo que piensan y defienden los demás, y lo rechazas por inercia, pues aquí no pasa nada. Yo soy absurdo, los demás tambien... Así nos va...

Laura dijo...

¿Hoy es el día de las dictaduras? Por alguna extraña razón, casi todo lo que me estoy encontrando esta mañana me lleva a este tema. ¿Será una señal?

Fermín Chicharro dijo...

Como siempre has dado en el clavo. Mi padre siempre dice que tendríamos que tener la nariz en la frente, para ver nuestros propios mocos, porque con nuestra actual anatomía sólo vemos los de otros. Eso le pasa a todos estos demócratas recientes "de toda la vida" que se indignan cuando se retira una estatua del dictador, perdón, "Claudillo".

Edu dijo...

Sea en una dictadura o en una democracia, lo que importa al final, es quien se beneficia economicamente al amparo de èstas. Simplificando, Se benefician las clases dominantes o la masa trabajadora? Se que te parecera palabreria pero es asi. No se puede llegar al absoluto de decir, toda dictadura es mala o lo contrario, toda democracia. Cada asunto en su contexto, mezclar una dictadura como la de pinochet con la de castro es ensombrecer la verdad sobre la cual surgieron una y otra.

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