21 may. 2007

Adiós al último clipper

Acabo de toparme con esta noticia que me ha helado la sangre en las venas. Acaba de arder hasta sus cimientos (o hasta su quilla y roda), el Cutty Sark, que además de una marca de whisky, era el último clipper. Era un barco histórico construido en 1869 de una gran belleza.

Los clippers fueron una de mis obsesiones asperger que me llevaron, entre otras cosas, a comprarme una maqueta de un barco, y a escribir el artículo de la wikipedia correspondiente. En términos históricos fueron el canto de cisne de la navegación a vela. A mediados del s.XIX, los primeros barcos de vapor comenzaron a suponer un serio rival para los veleros. Además, la segunda Revolución Industrial, en el Reino Unido comenzaba a establecer las bases de la actual economía de mercado. La especulación con productos de importación comenzó a mover enormes cantidades de dinero, y la estrella de aquellos productos era el té que llegaba en barco desde las colonias británicas de la costa china. Los barcos de vela del momento eran panzudos y rechonchos para maximizar la capacidad de carga, por lo que la aparición del vapor convirtió su ventaja en un hándicap. Su ancho casco ofrecía mucha resistencia al agua. Así, en Aberdeen, se botó en 1839 la Scottish Maid (la maqueta que yo me compré). La característica esencial que marcó la Scottish Maid y que en lo sucesivo creó la tendencia en el diseño de los barcos de vela fue el cambio de concepto: Alargar el casco en vez de ensancharlo obteniendo la misma capacidad de carga pero ofreciendo mucha menos resistencia hidrodinámica. La Scottish tenía sólo dos palos, pero poco a poco fueron alargándose y siendo dotados de más palos hasta llegar a la familiar figura que tenía el Cutty Sark al tiempo que la superficie vélica se agrandó de forma desproporcionada. El resultado era un nuevo tipo de barco estrecho y alargado que volaba como el viento sobre las olas...

La principal ventaja de los clippers respecto a los barcos de vapor era que no necesitaban hacer paradas para cargar carbón, por lo que podían hacer de un tirón la travesía Shanghai-Londres en menos de medio año. La ausencia de comunicaciones hacía que fuese posible saber qué barco salía antes de Shanghai (normalmente salían a la vez) pero del todo imposible cuál iba primero en la carrera hasta que se adentraban en el estuario del Támesis. Con el tiempo, la carrera del té llegó a ser tanto espectáculo como especulación económica. A medida se avistaban los barcos en los puntos cercanos a la costa se telegrafiaba a Londres para que los armadores y los brokers de las compañías del té comprasen y vendiesen la mercancía antes de su llegada, en la bolsa de la capital del Imperio Británico. Comprar barata la mercancía de un barco retrasado era una buena opción si ese barco adelantaba a su rival y llegaba antes a Londres el propietario de su cargamento se haría rico.

Sin embargo el mismo año en que fue botado el Cutty, se inauguraba la obra civil que supuso el fin de los clippers. En 1869 se abría el Canal de Suez, que acortó a la mitad el trayecto de la carrera del té. Ahora se tardaban sólo unos tres meses en llegar de China a Inglaterra llegando por el Mar Rojo hasta el Mediterráneo oriental. Con la distancia tan reducida, los vapores no necesitaban tantas paradas para reponer carbón y por ello los clippers perdieron su ventaja. Era el fin, pero el Cutty Sark ya era leyenda. Era el velero más rápido del mundo.

El final del Cutty Sark ha sido dramático. Tras haber sido vendido, desarbolado, vuelto a comprar y convertido en museo flotante, cuando parecía que estaría siempre con nosotros, se ha deshecho en cenizas que seguirán volando llevadas por el viento...

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