25 may. 2007

Ushuaia

El puerto de Ushuaia al amanecer
Hay una pequeña ciudad en el mundo que sin duda me ha impactado y fascinado más que muchas otras. No diré que sea mejor ni peor que ningún otro sitio. Ushuaia es simplemente diferente. Empezando por su historia, para terminar con algo intangible como es el ambiente que se respira en sus calles.

Hasta finales del s.XIX toda aquella zona era completamente virgen. Una bahía de aguas tranquilas, bajo la vigilante mirada de un glaciar, y observada de lejos por un monte afilado y puntiagudo que los indígenas llamaban "punta de arpón" (Olihuiá). Salvo algún asentamiento costero como la conocida Estancia Harberton, los únicos pobladores eran los yámanas al sur de los Andes, y sus vecinos los selknam al norte de los mismos. Aquella zona se llamaba desde tiempos inmemoriales Ushuaia, que en lengua yámana significa "bahía que se adentra a poniente". En enero de 1869 llega a la zona el misionero anglicano Waite Hockin, que se integra con los yámanas, conviviendo con ellos hasta que en septiembre de ese mismo año es nombrado el primer obispo anglicano de Sudamérica. En una de las expediciones británicas posteriores, llega Thomas Bridges que se establecerá con su esposa en 1871, teniendo un hijo al año siguiente, Tomás Despard Bridges, que ha pasado a la historia como el primer niño blanco nacido en Tierra del Fuego. Tras las disputas territoriales entre Argentina y Chile, que no acabaron sino en un acuerdo de mínimos entre ambos países con el tratado de límites de 1881. Así las cosas, Ushuaia (la ciudad) se oficializó (ya existía de facto) el 12 de octubre de 1884 como parte de la política del gobierno argentino en un intento de establecer poblamientos en el inhóspito territorio de Patagonia en general y de Tierra del Fuego en particular, y que hicieran frente a las presiones expansionistas de Chile y del Reino Unido que veian en el despoblado fueguino una excusa perfecta para decretar que Argentina no ejercía una soberanía efectiva sobre el territorio, y por tanto encontrar una justificación para asentarse y reclamar para sí dicho territorio. El casi milagroso hallazgo de oro por parte de Julius Popper, en 1888 comenzó a atraer tanto a buscadores de todas partes del mundo como a leyendas en torno a este oscuro rumano. pero Popper tendrá siempre el dudoso honor de pasar a la historia como un déspota sanguinario, cacique y mafioso que no dudó en exterminar a los indígenas que se interponían en su carrera de establecimiento de explotaciones auríferas, llegando a acuñar su propia moneda, sellos de correos e incluso rodeándose de un ejército armado. Por supuesto todo esto fue posible gracias a la incalculable fortuna que Popper amasó con la extracción de oro en yacimientos a las orillas del estrecho de Magallanes.

Una de las primeras medidas fue el establecimiento en Ushuaia de una prisión. En un primer momento se construyó en la Isla de los Estados, donde se sitúa el famoso "faro del Fin del Mundo" al que Julio Verne convertiría en leyenda. Pero en la diminuta isla no había tareas en las que ocupar a los presos, por lo que su estancia en prisión era improductiva. Esta fue la causa de que en 1902 la prisión fuese trasladada a la Bahía Golondrina, cerca de la ciudad, en la Isla Grande, donde posteriormente se erigirían unas instalaciones que situaban el presidio de Ushuaia entre las prisiones más modernas del momento. El presidio de Ushuaia, desde 1911 tal y como lo conocemos hoy, estaba destinado a albergar a los presos más peligrosos de la república argentina. El territorio insular y ultraperiférico de Tierra del Fuego era un lugar idóneo para colocar una prisión de máxima seguridad según los parámetros decimonónicos reinantes en aquel momento. Una isla siempre había sido el mejor lugar para colocar una cárcel, ya que no se puede huir de ella a pie. Además, la dureza del clima y la escasa población de Tierra del Fuego jugarían en contra de cualquier huído del presidio, que encontraría unas condiciones climáticas extremas y muy pocas poblaciones donde aprovisionarse de comida o refugio, además de pocos habitantes de quien obtener apoyo. Por otro lado, los presos de Ushuaia serían una estupenda fuente de mano de obra barata para construir las necesarias y hasta ese momento inexistentes infraestructuras de la zona. Así, se los empleó en el acondicionamiento de la ciudad, carreteras, ferrocarriles, faros y demás. Ushuaia, la ciudad, creció alrededor de aquel centro lúgubre y oscuro que concentraba crimen y maldad. Las condiciones en el penal de Ushuaia eran verdaderamente dramáticas. A los presos se les proporcionaba únicamente una camisola y pantalones, en una ciudad en la que en pleno verano no es infrecuente la nieve. La prisión fue desmantelada finalmente en 1947 por Perón, que la tildó de "inhumana".

Devastación producida por los castores, cerca de Lapataia
En un intento de reactivar una economía que nunca había llegado a estar activa, se pensó que el clima de tundra de Tierra del Fuego era similar al canadiense, y se estimó que la industria peletera podría ser el motor de esta región. En los bosques de lengas de los Andes fueguinos se introdujeron varias parejas de rata almizclera, que no se adaptaron con facilidad. Tras esta intentona, se dedujo que la especie apropiada para levantar el sector peletero fueguino fue introducir 50 parejas de castor canadiense en los años 40. Estos sí se adaptaron, pero fue un verdadero drama medioambiental. La cuestión fue que no se contempló el hecho de que en Tierra del Fuego no existían depredadores naturales para el castor. Este cóctel tuvo varias consecuencias.
  • El castor construye sus presas como mecanismo de defensa ante sus depredadores. En Tierra del Fuego no había depredadores, pero los castores seguían construyendo instintivamente sus presas. Las especies arbóreas de Canadá soportan la anegación del terreno, pero las lengas, ñires y coihues fueguinos no, con lo que allá donde los castores construían una presa desaparecía tanto en la zona como en los alrededores, todo rastro del bosque.
  • Además, la falta de depredadores impidió regular la población de castores, que comenzaron a multiplicarse sin control, llegando a cifras que en la actualidad oscilan entre los 300.000 y los 500.000 ejemplares.
  • Por otro lado, la falta de estrés por la ausencia de depredadores naturales permitió a los castores aumentar de tamaño y ser más longevos. Actualmente los castores canadienses fueguinos viven hasta 10 años más, y pesan el doble que sus antepasados del norte.
  • Por último, la menor dureza del clima patagónico hizo que estos castores prescindiesen de su capa de pelo sedoso, adoptando un pelaje más ralo y áspero, con lo que dejaron de tener utilidad para la industria peletera.
Pero no es hasta 1972 cuando se sanciona la famosa Ley de Promoción Industrial 19.640, que eximía de gran cantidad de impuestos además de otorgar otros muchos beneficios al territorio fueguino en general y a Ushuaia en particular. Es en esa década cuando la ciudad empieza a recibir una gran cantidad tanto de empresas de electrónica, como de inmigrantes principalmente de otras partes de Argentina, pero también de otros países. Esto produce un aumento de la riqueza y del nivel de vida que puede percibirse caminando por sus calles.

Panorámica de Ushuaia desde la subida al Martial
Pero lo más fascinante de Ushuaia no es su increíble, corta y fulgurante historia, ni su paisaje espectacular. No es el glaciar Martial, ni el Olivia ni los Cinco Hermanos. No es la espesura de sus bosques de falsas hayas ni la riqueza faunística de los Andes o del Canal del Beagle. Lo más fascinante de Ushuaia es sin duda su carácter de ciudad fronteriza. La sensación real, al margen del márketing de estar en el verdadero Fin del Mundo. De estar rodeado de una naturaleza agreste y sobrecogedora, donde la ciudad más cercana está a trescientos kilómetros. Es la diversidad de gentes venidas de todas partes, todas huyendo de un pasado que no siempre quieren compartir. Es el trasfondo oscuro y denso que se percibe en muchos de esos emigrants venido de Córdoba, Mendoza, Buenos Aires... Gente buscando un lugar donde nadie les conociese. Un lugar donde empezar realmente desde cero sin las trabas de los prejuicios. Gentes huyendo de un pasado atroz, trágico o del que se arrepienten. Marineros rusos de un barco recién atracado en el puerto. Tabernas de marinos donde un vodka se ve al lado de un mate. Ushuaia es sin duda ese lugar final donde encontrarse a uno mismo. El lugar donde fuera no hay nada más allá, y sólo quedar mirar hacia dentro. Donde uno se acepta a sí mismo o se repudia para siempre volviéndose loco.

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