11 jun 2007

Parcelación

Hoy yendo por una autopista me he encontrado en el exiguo arcén izquierdo a un zorro muerto junto a la mediana de hormigón. En seguida he comprendido lo que ha ocurrido, ya que es relativamente habitual. El animal entra en el asfalto, se juega la vida para cruzar los cuatro carriles de bólidos que incomprensiblemente son decenas de veces más rápidos que él (y el pobre zorro que pensaba que era más rápido que nadie...) y cuando consigue sortear este obstáculo se encuentra con una mediana de hormigón de más de un metro de alto que le resulta infranqueable. Sorprendido y desconcertado, el animal decide darse la vuelta y en ese momento un coche que va por el carril izquierdo a unos 140 o más kilómetros por hora le da un leve toque suficiente para producirle la conmoción necesaria que le lleva a la muerte. Y el zorro se queda allí pudriéndose al sol mientras sus crías quizá se mueren de asco o mejor dicho de hambre en una zorrera no muy lejos de allí esperando a que su madre volviese con algún ratón o algún conejo.

Hoy en día están de moda determinadas actuaciones en infraestructuras tremendamente irrespetuosas no ya con el medio ambiente sino con la fauna. Una de estas modas es el "desdoblamiento" sistemático de carreteras, acción esta que consiste en convertir una calzada en mitad del campo con un carril por sentido de circulación, que cualquier animal puede cruzar sin demasiada dificultad, en una autopista que sea una trampa mortal con en el mejor de los casos dos carriles por cada sentido y una mediana central que la convierte en una barrera infranqueable y que divide el territorio en dos. Cuando pensamos en una autopista normalmente pensamos en "lo feo que hace" en el paisaje, pero pocas veces nos planteamos en demoledor efecto que tiene. Y es que las autopistas, con sus dos carriles por cada sentido, que llegan a cuatro o cinco por calzada en zonas de mucho tráfico, o las vías de ferrocarril de alta velocidad con sus trazados íntegramente vallados de principio a fin producen un efecto en el territorio llamado "parcelación". La parcelación hace que el territorio que queda delimitado por estas infraestructuras pasa a ser una parcela independiente de terreno sólo franqueable por urracas, cuervos y otros alados, pero no para cualquier tipo de fauna cuadrúpeda. Esto tiene innumerables efectos negativos. Reducción de los espacios de caza, endogamia entre los especímenes encerrados en dicha parcela, además del peligro para la vida misma que supone tener una barrera con vehículos circulando a velocidades que se salen de la lógica de cualquier animal.

Por supuesto existen medidas que en mayor o menor grado pueden paliar este desastre ecológico. Pasos para animales que permiten a la fauna pasar de una "parcela" a otra por encima o por debajo de la infraestructura viaria y que concilian de alguna manera nuestro derecho a movernos por el territorio con velocidad y comodidad, con el derecho a la vida de una fauna que lleva millones de años disfrutando del campo sin devastarlo.

Pero las medidas ecológicas para el transporte sostenible no venden votos. Los "desdoblamientos", sí.

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