21 jun. 2007

Eureka

"Eureka, eureka!" Eso es lo que dijo Arquímedes al salir corriendo (y desnudo) de su bañera cuando halló el modo de precisar el volumen de un cuerpo cualquiera por extraña que fuese su forma, y eso es lo que he dicho yo cuando he comprobado que la solución que descubrí para este problema, ha funcionado perfectamente. Lo que no sé es cómo hacer para que indexe correctamente todo el contenido anterior que ahora Google tiene apuntando a mi homepage.

Ya puestos la historia de Arquímedes es muy bonita así que la pongo aquí, que viene muy a cuento. Arquímedes era un polifacético hombre de ciencia que nació, vivió y murió en Siracusa, una colonia griega de Sicilia, en lo que en Atenas en aquel tiempo se llamaba Megalê El'lás, o la Magna Grecia, una serie de territorios colonizados al sur de la península itálica y Sicilia. Siguiendo el modelo helénico de gobierno, Siracusa era una ciudad Estado y como todas las ciudades de la Magna Grecia, estaba gobernada por un rey (como Ulises era rey de Ítaca, por ejemplo). Cuenta la historia que el rey de Siracusa le encargó un trabajo. El monarca había entregado a un orfebre un lingote de oro para que fabricase con él una corona. Al cabo del tiempo, el orfebre entregó el trabajo. La corona pesaba lo mismo que el lingote original, pero el rey sospechaba que estuviese rellenada con plomo u otro material, y el orfebre hubiese sisado parte del oro. La corona podía pesarse, pero sólo sabiendo el volumen que ocupaba podría saberse si contenía sólo oro, o bien oro y otro material, ya que cada metal tiene una densidad única. el problema (y eso lo sabía muy bien el orfebre) radicaba en calcular el volumen de un objeto de geometría compleja como una corona. Si la corona era de oro, y pesaba lo mismo que el lingote de oro original, debería tener el mismo volumen que el lingote de oro. Si el volumen variaba, pesando lo mismo, significaba que la corona ocultaba otro metal de diferente densidad a la del oro. La leyenda dice que Arquímedes se quebró la cabeza intentando resolver este problema sin éxito, y que finalmente descubrió la solución, como muchas veces ocurre en ciencia, por pura casualidad. Se dio un baño caliente, y observó que al meterse en la bañera llena hasta el borde, el volumen de su cuerpo desplazaba un volumen equivalente de agua, por lo que rebosó la bañera cayendo el agua al suelo. En ese momento, Arquímedes comprendió que metiendo la corona en agua, y viendo cuánta agua desplazaba, podía medirse de una forma sencillísima el volumen de la corona, y por tanto resolver el enigma. Y entonces fue cuando salió de la bañera desnudo (lógico, pues iba a darse un baño) y empezó a gritar como dios lo trajo la mundo "Eureka, eureka!" (que en griego significa "¡lo encontré, lo encontré!") por las calles de Siracusa. Así, Arquímedes tuvo un papel decisivo en la decapitación del orfebre.

6 comentarios. Deja alguno tú.:

Anónimo dijo...

Creo que se escribe 'Ellás. Con apóstrofe sonoro (convexo hacia la izquierda, si no recuerdo mal) al principio de la palabra. De ahí su transcripción como Hellas, y no Ellas.

Nacho (Lirón) dijo...

Según la Wikipedia es El'lás. Supongo que la pronunciación de l'l será similar a la l·l velada del catalán, presente en al·lucinat por ejemplo, y que implica una pausa que da cierto tono a la sílaba precedente.

Anónimo dijo...

No sé de wikipedia, ni de la pronunciación de l.l, pero desde luego la palabra iba precedida de lo que se llama "espíritu áspero" (curiosa expresión, por cierto, literalmente tomada), que implicaba una ligera aspiración al comienzo de la misma; de ahí Hélade. Los vocablos que comenzaban por vocal y llevaban espíritu áspero terminaron resultando con una hermosa o fermosa H.

Pues mira, voy a buscar 'espíritu áspero' en wikipedia, que el griego de 3º de BUP lo tengo muy olvidado.

Anónima Paula

Nacho (Lirón) dijo...

Pues si estudiaste griego en 3º de BUP entonces me pliego humildemente ante tu sapiencia. Yo cogí (en solitario, por cierto) "ciencias mixtas".

Personalmente a mis años me siento incapaz de hacer ese "espíritu áspero" consistente en comenzar la palabra con una aspiración. Lo más parecido que me sale es el famoso chiste de "María, llama al niño p'adentro" y aspirando se dice "niñooooo". Pero claro, escrito no tiene ninguna gracia :-P

Anónimo dijo...

No te mortifiques, conozco el chiste y me hace gracia igual por escrito (no sé por qué, los chistes más simples me hacen gracia siempre).

En cuanto a la aspiración, en fonética es sencillamente como la pronunciación relajada que hacemos los canarios del fonema j /X/, o la ese final; la transcripción fonética sería [h] (por ejemplo, [árboleh] en lugar de [árboles]). La famosa F inicia latina también se debilitó, you know, dando lugar a la aspiración [h], que luego quedó como mero souvenir gráfico: ficus > figo > higo. En algunas zonas del español atlántico (Canarias, entre ellas) se conservan arcaísmos fonéticos como al pronunciación de ese leve atisbo de la F- inicial latina en forma de suavísima jota (no uvular sino aspirada, insisto).

El latín tomó algunos prefijos del griego, como el que dio en español actual "hiper", y que los latinos convirtieron en "super", por mor de la dichosa aspiración esta del espíritu dichoso.
Vaya rollo, lo siento.

Anónima y trasnochada Paula

P.D. A cuento de los arcaísmos léxicos y fonéticos allende la Península Ibérica.
Por estas tierras se suele decir:
-A ver cómo traduce un "pininsulá" (por no llamarlo godo, que queda feo) "un maúro de Tunte se hincó un lebrillo de tunos y no se tupió". Cógelo, Cuco.

Anónimo dijo...

Espíritu áspero:

http://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_polit%C3%B3nico

Anónima P

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