3 mar. 2009

De la Canon EOS 10D a la 5D Mark II

10D-5D Mk.II
La veterana y el relevo

La Canon EOS 10D fue mi primera incursión en el mundo de las DSLR. Recuerdo cómo miraba en 1999 la aparición de la Nikon D1, y cómo tocaba con adoración una D1X en 2002, cuando la tuve por primera vez en mis manos al entrar a trabajar en una empresa de fotografía.

Habiendo tenido una cámara réflex desde siempre (primero una Konica Autoreflex TC y luego una Nikon F801), el hecho de comprarme mi primera cámara digital (una compacta Fujifilm FinePix 2600 Zoom que reconozco compré casi a regañadientes) en junio de 2002, supuso —a pesar de la increíble calidad de su sensor de 2 Mpx— la frustración de bajar al abismo de perder todo el control de que disponía con la réflex. En este tiempo, utilizaba casi tanto la cámara química como la digital. La digital me ofrecía instantaneidad para ver la foto y coste cero de apretar el disparador como un loco; mientras que la réflex química me seguía dando la satisfacción de jugar cuando era menester con los controles manuales. Amores irreconciliables.

Así las cosas tan pronto tuve la FinePix, (y viendo que no me satisfacía del todo), ya estaba mirando la forma de hacerme con una DSLR fuera como fuese. Tras leer a mi admirado Alguersuari y escuchar consejos de entendidos, decidí cambiar a Canon, que en aquel momento no pasaba por su mejor momento, ya había cedido la iniciativa a Nikon, quien había sacado su primera DSLR años atrás (la mencionada D1) y se debatía por despuntar. Canon había presentado su D30 en 2000 casi como un experimento de mercado, cuando las marcas tradicionales aún miraban de reojo a una fotografía digital que era todavía manifiestamente inferior a la fotografía química y que desde el ámbito profesional se miraba casi con rechazo a pesar de que yo siempre decía que la foto digital era el futuro. Un futuro en pañales, pero el futuro al fin y al cabo. Primero empecé a mirar las Canon EOS D30 de saldo, después la efímera D60 y para cuando pude permitirme la cámara, en enero de 2004 tenía en mis manos mi Canon EOS 10D con la que di en el clavo (ya que en mi opinión Canon no volvió a sacar una cámara comparable en ese segmento hasta la 40D). Para esa época Canon ya había superado a Nikon y había tomado la iniciativa en el mundo de la DSLR.

Comprada junto con un Canon EF 28-135 f/3.5-5.6 IS USM (una mala elección como primera lente, lo reconozco), la 10D supuso la satisfacción de volver al mundo SLR. El maridaje perfecto entre la Nikon F801 y la FinePix 2600. Desde entonces, la buena 10D ha dado un resultado excelente. Ha disparado más de un cuarto de millón de fotos (cientos de veces más que en toda mi vida fotográfica anterior) yendo conmigo por medio mundo, desde desiertos a glaciares, soportando frío, humedad, arena, polvo, calor… Fotografiando retratos, viajes, acontecimientos, experimentos, estudio… Se ha comportado como una campeona sin dar ningún problema en ningún momento y ahora le ha llegado el momento de una merecida jubilación.

No se me ha quedado pequeña. Lo cierto es que su sensor APS-C de 6,3 Mpx es más que suficiente para imprimir en A4. A la 10D sólo pueden reprochársele las carencias propias de su edad (es un modelo de hace seis años). Tiene un tiempo de start-up de casi 3 segundos que se hacen eternos, y en los que lo que uno va a fotografiar puede haber pasado ya cuando se trata de niños, animales, aviones, deportes, coches… Además, tiene una velocidad de escritura sensiblemente lenta. Disparando en ráfaga hace nueve fotos en hasta tres segundos, pero luego tarda alrededor un minuto en volcarlas todas a la tarjeta (y eso que sólo uso Sandisk Ultra II y Extreme III), con lo que es desesperante ver cómo la acción sucede ante tus ojos mientras en el visor sigue parpadeando “busy” y el disparador sigue muerto para tu desesperación, sin poder hacer ninguna foto. En resumidas cuentas, la cámara no falla, simplemente ya es antigua y sus carencias ya están superadas por la tecnología del ahora.

El relevo para mi venerable 10D viene de la mano de la Canon EOS 5D Mark II, Lo que supone un cambio de cámara y de segmento. Es una cámara superior del segmento High End que inauguró la Canon EOS 5D, entre el rango de las 1D y el de la familia 10D/20D/30D/40D… Entre las razones por las cuales la elijo, están que incorpora un sensor full frame, (lo cual es una bendición para un amante de los grandes angulares, como yo), un firmware avanzado, un procesador de imagen DiG!C 4, la posibilidad de disparar en formatos RAW de reducido tamaño (esto es absolutamente fundamental), increíbles velocidades de obturación (hasta 1/8000 s), ISO hasta 6400 además de dos extensiones H1 y H2, que son el equivalente a ISO 12.800 y 25.400, un nivel de ruido muy bajo incluso a sensibilidades muy elevadas, una velocidad de start-up pasmosa (alrededor de medio segundo), la capacidad de grabar vídeo de alta definición (lo cual cuando se anunció en la Nikon D90) no me entusiasmó demasiado en un primer momento, pero que luego he tenido que reconocer que mola cantidad y los vídeos grabados a HD que hay ya en vimeo son espectaculares, el hecho de disponer de LiveView, que probablemente yo no use prácticamente nunca, pero que nunca está demás tener… En definitiva, una cámara no sólo más moderna, sino también de una gama superior, que espero que me salga, al menos, tan buena como mi querida 10D.

Igual cuando le haya dado algo de uso escribo más en profundidad.

1 comentarios. Deja alguno tú.:

Pablo López Cienfuegos dijo...

¿Live View? ¿Qué es eso? O lo que es lo mismo... el Live View de Canon "de momento" no vale para nada, y no lo vas a usar.

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