21 ene. 2008

Te llevaste el título, Bob

El viejo zorro Bobby Fischer se nos fue. El ajedrecista genial y excéntrico, el que probablemente haya sido el jugador más brillante de todos los tiempos murió el pasado viernes en Reykjavik, llevándose a la tumba un título de Campeón del Mundo de Ajedrez del que la FIDE le había desposeído, pero del que él (y como yo, muchos otros) siempre se consideró propio.

Robert J. Fischer nació en Chicago, de una familia de emigrantes alemanes tras la Segunda Guerra Mundial (su madre era judía), de recursos limitados. Bobby aprendió a jugar al ajedrez de forma autodidacta con unos seis años, tras leer las reglas de movimiento de las piezas en un librillo de instrucciones, y comenzó a jugar contra sí mismo y contra su hermana. En menos de un año se inscribió en el club de ajedrez de Brooklyn en busca de adversarios más fuertes. A pesar de ser un alumno complicado (dejó a medias la educación secundaria), continuó mejorando hasta convertirse en campeón de ajedrez de Estados Unidos con 14 años, y hacerse con el grado de Gran Maestro de ajedrez un año más tarde. Corría el año 1958 y la carrera de Fischer se tomó un descanso. Más de diez años después de aquel momento, llegó a la final del Campeonato del Mundo de Ajedrez tras 19 victorias consecutivas ante gigantes como Petrosian, Taimanov o Larsen.

La final del campeonato del mundo, contra Spassky se celebró en Reykjavik, con más carácter de cumbre política que de enfrentamiento deportivo. En plena Guerra Fría, la URSS había mostrado un dominio absoluto en el plano ajedrecístico, ganando todos los campeonatos del mundo desde 1948. Entonces Bobby perdió el primer enfrentamiento y no se presentó al segundo. Cuando parecía que se desinflaba por momentos, Fischer ganó el tercer encuentro, el cuarto acabó en tablas, y a partir del quinto estuvo arrollador sin perder ninguna más. Spassky abandonó la vigésima primera partida, junto con su título. Fischer estaba durmiendo cuando le comunicaron que era el nuevo Campeón del Mundo de Ajedrez, y el primero estadounidense. Era el 31 de agosto de 1972. Fischer se hizo cada vez más excéntrico y en 1975 hubo de defender su título ante un jovencísimo Karpov. Las condiciones de la final del Campeonato del Mundo las imponía el campeón en posesión del título y Fischer comenzó a quejarse por la luz y el ruido de la sala, u hasta por el color de los escaques del tablero (según dijo, los blancos eran muy blancos). Ante tanto despropósito, la FIDE decidió desposeerle del título y otorgárselo de forma agridulce a Karpov, que fue campeón sin ganar, en una de las decisiones más polémicas de la historia de este campeonato.

Bobby desapareció y vivió retirado hasta que en 1992 salió a la luz para enfrentarse a su antiguo rival Spassky, en Belgrado, en una partida conmemorativa por los 20 años de su victoria. Fischer acudió a lo que sería una trampa saducea, ya que el encuentro se producía en Belgrado, la cual era una zona de bloqueo para Estados Unidos, por los desmanes Serbios durante la Guerra de la Antigua Yugoslavia. Así, tras ganarlo (y también los 3 millones de dólares de premio), fue declarado traidor y puesto en busca y captura por parte del FBI y la CIA. Y Bob volvió a esfumarse. Hasta 12 años después no volvió a saberse nada de él, cuando intentó salir de Japón con un pasaporte estadounidense cancelado. Fue arrestado y Estados Unidos se apresuró a solicitar la extradición. Pero mientras estaba bajo arresto, Islandia, país al que Fischer había pedido asilo político, y en el que se había alzado con el título, le otorgó tal condición, y solicitó que Fischer fuese trasladado de inmediato a Reykjavik. Sin embargo el trámite se alargó hasta que el día de su sexagésimo segundo cumpleaños, el 9 de marzo de 2005 Bobby recibió un gran regalo de cumpleaños: Un pasaporte islandés. Su cautiverio de 8 meses terminó y Fischer fijó su residencia en la capital islandesa, donde una multitud le aclamó como un héroe. A finales de 2007 se le diagnosticó una demencia senil con ataques paranoides, hasta que el pasado jueves decidió mandar todo a la mierda y largarse al más allá, a su manera. Como siempre, hosco y desabrido, pero brillante y genial.

Pero el legado de Fischer no es sólo su extravagante carrera, sino que innovó en el juego del ajedrez en numerosos aspectos. Por citar dos ejemplos, Fischer tuvo la osadía de inventar un nuevo ajedrez, más dinámico. Lo que él llamo "ajedrez aleatorio", en el que, entre otras modificaciones, las posiciones de las piezas (los peones no son piezas, sino peones), se decide mediante tiradas de dados. También inventó el "reloj Fischer", que agrega una pequeña cantidad de tiempo a cada jugador, tras cada movimiento. De este modo se gasta tiempo al pensar la jugada pero se recupera algo de ese tiempo al realizar el movimiento, con lo que los finales de partida eran más justos siendo más difícil perder por tiempo.

Como dijo Mikhail Tahl, "El título de Campeón del Mundo (de ajedrez) es efímero. El de ex campeón, en cambio, es eterno". Pero tú, Bob, te llevaste invicto el título a la eternidad. Nos vemos.

Dos artículos interesantes sobre Bobby Fischer
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/vida/salir/tablero/elpepusocdmg/20080127elpdmgrep_2/Tes
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Partida/perdida/Bobby/elpepusocdmg/20080127elpdmgrep_1/Tes

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