29 ene. 2008

Compatibilidad

¿Qué hace compatible a una pareja? Sinceramente no tengo ni puñetera idea. Probablemente sea esta una de las preguntas de más difícil respuesta de cuantas pueden formularse. No hablo de los elementos que producen el enamoramiento que probablemente sea el más arcano misterio, sino de aquello que hace que dos personas puedan convivir y entenderse en armonía, ya que alguien puede enamorarse de otra persona profundamente incompatible, y no hacerlo jamás de quien sería un compañero ideal.

Durante años he oído aquello de "amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar en la misma dirección", a modo de paradigma de lo que una relación de pareja ha de ser. Sin embargo, experiencia tras experiencia he llegado a pensar que, si bien esa máxima no es sino un intento de salvar la falsa sensación producida por el enamoramiento (mirarse el uno al otro), en pro de poner en común aficiones e intereses (mirar en la misma dirección), quizá se quede corta o incluso sea errónea a la hora de esclarecer en alguna medida la oscura receta que hace posible que dos personas permanezcan juntas de mutuo acuerdo año tras año. Bajo mi punto de vista, tampoco mirar en la misma dirección garantiza nada. Creo que es necesario remontarse a un plano de consciencia superior para, desde allí, darse uno cuenta de que lo que de verdad puede ofrecer más garantías para la perdurabilidad de la relación es "mirar del mismo modo" más que en la misma dirección.

En efecto, la componente actitudinal de las personas es, creo yo, la que marca de forma esencial la compatibilidad. Da igual que a uno le gusten los sudokus y a otro el senderismo. Es la actitud ante la vida, la forma de afrontar el día a día lo que puede producir mayores disensiones o consensos, dando al traste con la relación, o elevándola y haciéndola ir sobre ruedas. De poco sirve que se compartan aficiones y puntos de vista si se tienen formas de encarar la vida incompatibles. Si una persona es nihilista junto a otra tremendamente ofuscada por el determinismo. Si una persona es improvisadora junto a otra obsesionada con la planificación. Evidentemente está claro que ha de haber elementos comunes que articulen la relación y sirvan de bisagra, que permitan el encuentro entre personas que afrontan una relación ordinaria. Pero he llegado a conocer relaciones tremendamente maduras y con un gran nivel psicoemocional con un alto nivel de incompatibilidad en aficiones y puntos de vista, pero que se mantenían a flote simplemente por la capacidad de aportarse luz, paz y un punto de vista y actitud ante la vida común que realmente ofrecía sentirse con un igual.

Quizá haya llegado el momento de cambiar el paradigma de las relaciones interpersonales, adaptándolas a una nueva realidad en la que la psicología cada vez nos prepara más para entender el mundo y a las personas que lo pueblan.

(Más en Luz y Sombra)

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