26 dic. 2007

Más canon que nunca

El pasado día 19 de diciembre intervine brevemente en una tertulia de la Cadena SER que versaba sobre el canon digital, a propósito de su aprobación en el Congreso, o mejor dicho, a propósito de la enmienda emitida por el Senado a dicho impuesto privado. Desde aquel día llevaba queriendo escribir un artículo sobre los ladrones de las sociedades de gestión de derechos, de la cual la SGAE (que sí, sois unos ladrones y es lo más suave que se os puede dedicar) es su máximo exponente. Sin embargo las fiestas navideñas y demás motivos de procrastinación me han llevado a retrasarme una semana en dicha redacción.

No es la primera vez que toco el tema del canon aquí, ni mucho menos. Quien lleve algún tiempo leyendo este blog sabrá cuál es mi postura sobre el canon, pero esta vez le he dedicado bastante tiempo a hacerme una idea de conjunto a nivel social.

El caso es que en las encuestas por Internet vence abrumadoramente el NO respecto al Sí. Sin ir más lejos, la encuesta publicada en elpais.es el 18 de diciembre con enunciado "¿Estás de acuerdo con el canon digital?" y posibles respuestas "Sí, es una forma de compensar la copia privada" y "No, ya que es indiscriminado", dio como resultado un 93% a favor del NO con 6.766 respuestas. Y cito la encuesta de El País precisamente por ser un periódico más alineado con el gobierno actual, promotor del canon, y por ser un medio generalista ya que podría tachárseme de sesgado o parcial (y con razón) si trajese aquí las encuestas realizadas en las webs de plataformas contra el canon, en la Asociación de Internautas o similares. Además de esto, los intervinientes en tertulias de radio se muestran favorables en bloque a la eliminación del canon, incluso, y sorprendentemente, aquellos que pertenecen al mundo de la música. Como decía otro interviniente en la misma tertulia en la que yo participé, y que era músico y miembro numerario de la SGAE, precisamente por conocer los entresijos de la SGAE sabía perfectamente lo injusto del canon, lo arbitrario del mismo, y lo inservible que resultaba para lo que la SGAE dice que sirve, ya que como él mismo recordaba, jamás había visto un duro del dinero recaudado en concepto de canon. ¿De verdad tan alejados están los políticos de una realidad tan palpable como esta, que les haga mostrarse tan ajenos a lo que sucede en la calle y a lo que las encuestas revelan o hay algo más detrás de ese "mirar para otro lado"?

Supongamos que yo, Pepe Pérez, no soy melónamo en absoluto. Supongamos incluso que aborrezco la música. Jamás voy a conciertos ni compro música ni escucho nada que se le parezca salvo la sintonía del telediario o el jingle de alguna cuña de radio. Por supuesto, tampoco tengo ni un solo MP3 en mi PC, ni ganas. Cuando me compro un móvil, lleva en el precio un canon que la SGAE me cobra a mí para compensar a no tengo muy claro quién, por la copia que ni he hecho ni haré jamás de no sé qué música. Del mismo modo, el disco duro de mi ordenador llevará incorporado en su precio un sustancioso canon para compensar de forma igualmente misteriosa por almacenar en él una música que jamás se almacenará, y lo mismo sucederá con la grabadora de DVD, con los DVD que compre para grabar las fotos personales (yo hago en torno a 10 GB de fotos cada vez que me voy 15 días de vacaciones, y no es coña), o con la conexión ADSL que uso para mirar el correo, para publicar este blog, y para poner a parir a la SGAE. Y yo me pregunto. ¿Por qué demonios tengo yo que pagar por algo que no he hecho ni voy a hacer nunca?

No es de extrañar que en medio de esa indiscriminada vorágine recaudadora en la que la SGAE se afana en lo que sabe que son sus últimos años de poner el cazo, sean muchos los que se pasen al lado oscuro. Alberto, un compañero de trabajo que estaba absolutamente en contra de cualquier tipo de copia ilícita ha sido abducido tras esta última reforma legal y en su lugar, los extraterrestres han dejado a un señor muy cabreado que jura con el puño en alto que no va a volver a comprarse original ni los chicles.

¿Pero realmente alguien quiere que los músicos mueran de hambre? No, claro que no. Pero el meollo de la cuestión reside en que los músicos, los que realmente hacen la música seguirán muriendo de hambre con o sin canon, porque el dinero que la SGAE recauda se reparte de forma muy oscura y anómala, dando más a quien más tiene. ¿Por qué no hay ninguna exigencia de transparencia sobre el tratamiento que ese organismo privado hace del dinero que recauda? Y lo que es más divertido, ¿Qué ley protege los derechos de los autores que no estén afiliados a la SGAE a Promusicae o a ninguna otra entidad de gestión de derechos? Evidentemente hay demasiados puntos oscuros en esta cuestión. Casualmente los únicos artistas que se manifiestan en pro del canon, son aquellos que no hablan como artistas, sino como productores. Es decir, que cuando habla Víctor Manuel, no habla el cantautor, sino el hombre de negocios. Pero claro, es un hombre de negocios que sale en la portada de algún que otro disco de hace 30 años.

En escolar.net he visto un artículo con una referencia magnífica que invita a la reflexión: Cuando a finales del s.XIX apareció la gramola, montones de músicos se quedaron sin trabajo, ya que ya no era necesario contratar a bandas para animar en directo salas, bailes o restaurantes. En aquel momento el revuelo que se organizó fue de órdago y en 1906 llegó al congreso el debate en el que Sousa, (cuya pieza "Levando anclas" no puede faltar en ninguna película de la US Navy de la Segunda Guerra Mundial), llegó a hacer apocalípticos vaticinios encarnando al mismísimo diablo en el nuevo invento, que según él provocaría la desaparición por atrofia de nuestras cuerdas vocales. Las profecías de Sousa no se cumplieron, como las de los mandatarios de la SGAE no se cumplirán. Y es que hace cien años quienes se quedaban sin trabajo eran intérpretes que rara vez componían, ya que los compositores seguirían viviendo, grabando su música, y quien hoy se queda sin trabajo son gente mucho más alejada de la música cuya justificación de su puesto laboral es harto más complicada. Revoluciones tecno-sociales como esta hemos vivido muchas a lo largo de la historia. Lo triste es que no sepamos aprender del pasado y que cada vez que sucede una nueva, actuemos de la misma manera que los trabajadores contra la incorporación del telar de vapor.

No, no es que esté yo abogando porque nadie se quede sin trabajo, Dios me libre, pero no tengo por qué pagar con un impuesto revolucionario, injusto, indiscriminado y que atenta contra mis más básicos derechos, el coste de una reconversión fruto del avance tecnológico. Creo que cuando se popularizó el ordenador personal, montones de trabajadores de las factorías de máquinas de escribir se fueron a la calle y yo no vi ni que se armase la gorda ni que se impusiera un canon a los PCs para paliar las consecuencias de la pérdida de empleo en Olivetti y similares, ni como dice Ignacio Escolar "los fabricantes de neveras jamás pagaron un canon a los vendedores de hielo". Porque el problema aquí es que los que viven de los réditos de un modelo del pasado, intentan que el modelo no cambie aún cuando el resto de la sociedad hace ya tiempo que les pasó por encima. Viven anclados, agarrándose como a un clavo ardiendo a un modus vivendi que hace tiempo les reportó pingües beneficios y que el modelo actual no les proporciona, y evidentemente no están dispuestos ni a perderlo, ni a evolucionar: Más vale malo conocido...

Y como a río revuelto, fortuna de pescadores, Mariano Rajoy se ha aprestado a echar la red en el cardúmen que supone el millón y medio de firmas que ha recopiado la plataforma Todos contra el canon, para aumentar la pesca del PP en las próximas elecciones del 9 de marzo. Lo que no le convendría olvidar al PP, ni por supuesto a los electores, es que el origen de este problema se dio en 2003 cuando, gobernando precisamente el PP, la SGAE forzó en un contrato leonino a los principales fabricantes de soportes ópticos (en aquella época CDs casi exclusivamente) a pagarle de forma directa el canon. El gobierno (del PP) miró para otro lado. Pero no sólo eso, sino que cuando en 2005 lo que hasta entonces no era sino un "cobro por protección" digno de Al Capone y similares, se legisló en la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, el PP (ya en la oposición, y con Rajoy al frente), votó a favor. ¿A qué se deben entonces los bandazos políticos que da el Partido Popular? ¿Realmente hay detrás de ese discurso un convencimiento ideológico o simplemente están arrimándose al sol que más calienta? Quizá sea esto último, sabedores de la poca memoria política de que hacemos gala los españoles cada cuatro años.

El canon es un tema muy peliagudo. Por un lado existe el problema de la copia privada. A mí, personalmente, no me parece mal que se imponga un canon compensatorio por la copia privada. Lo que me parece rastrero es la forma en la que se impone y a quién se le recauda. El canon por copia privada debería imponerse en origen, es decir, debería ir incluido en la música original que se compra. Evidentemente, esto encarecería el producto final, y se vería perjudicado quien más tajada saca de cada CD original que se vende. La voraz industria productora, distribuidora o discográfica que son quienes se llevan la mayor parte del precio que uno paga al pasar por caja. Este aumento de precio reduciría las ventas y no están dispuestos a renunciar a ello. Es mejor cobrar indiscriminadamente a todo el mundo, para poder bajar el precio y así cobrar doble. Por un lado de quienes pagan la música y harán la copia privada (eso si el CD de turno no lleva mecanismos anti-copia, que es lo gracioso), y por otro lado de un montón de gente que pasaba por allí y que sin saber muy bien cómo les meten el clavo del canon sólo porque sí. Porque toca. Es mucho mejor así. Mejor para la industria, claro está, ya que al autor, al que se deja la piel creando, le queda un porcentaje lo suficientemnete pequeño como para que un 10% más o menos de ventas, le dé más o menos igual.

Como consecuencia, lo que parece bastante claro es que la piratería es un peligro, efectivamente, pero no para la cultura, el arte o la música, como nos intentan vender quienes manipulan la realidad y quienes viven del cuento. La piratería es un peligro, efectivamente, para las discográficas, tiendas de música, entidades de gestión y demás intermediarios que a modo de parásitos viven de lo que otros crean. Ellos, y no otros, son los peligros para la cultura. Cierran tiendas de música, pero cada vez la gente acude más a conciertos. Los artistas ganan más dinero porque la gente acude a sus conciertos y quienes se quedan sin trabajo son los que hasta ahora vivían del cuento. Y sí, puede que sea un drama, pero no es el drama que nos pintan porque todo el mundo querría defender a los artistas pero resulta más difícil justificar la defensa del puesto trabajo de alguien que se lucra sólo por poner el cazo de una forma en ocasiones casi mafiosa.

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