4 feb. 2008

Cairo Traffic

Una de las experiencias más electrizantes que he vivido en mi ajetreada vida es tomar un taxi en la ciudad de El Cairo, por muchas razones. La primera de las cuales es que los taxímetros no funcionan, por lo que el precio de la carrera ha de fijarse de antemano. Claro, esto exige conocer la ciudad, cosas que no es fácil teniendo en cuenta que El Cairo tiene más de 15 millones de habitantes en su área metropolitana y una extensión de unos 220 km². Todos los egipcios casi sin excepción, (al menos aquellos que viven del sector servicios) intentarán estafar a cualquier extranjero de forma predeterminada. Si se va en grupo, es más fácil ser objeto de timo, pero si uno va solo generalmente el monto de la estafa suele ser menor. De modo que al principio a uno le timarán más, y conforme vaya haciéndose con la geografía básica de la metrópolis conseguirá ir ajustando el precio con mayor acierto, aún a sabiendas de que siempre será muy superior del que pagaría un egipcio.

El parque móvil de El Cairo es algo más moderno que el de Egipto en general, y puede rondar sólo los 25 años de promedio. Claro está que los taxis son bastante más viejos. El modelo que más abunda es el Peugeot 504. Todos van pintados de negro con las aletas delanteras y traseras en blanco. Casi todos llevan el salpicadero forrado de pelo teñido a veces de azul o verde, que me recuerda a la alfombrilla años 70 que tenía a los pies de mi cama. En más de una ocasión vi cuentakilómetros que marcaban más de 400.000 kilómetros, y estoy seguro de que no era la primera vez que los marcaba, y probablemente tampoco fuese la segunda.

Los taxistas suelen ser simpatiquísimos (te están cobrando entre cinco y diez veces más de lo que le cobrarían a un paisano, de modo que como para no sonreír) Así que paras un taxi, y el taxista sonríe abiertamente al ver a un extranjero. Si tienes suerte se defenderá en inglés. Si habla algo de español, compra lotería sin dudarlo. Negocias el precio de la carrera (yo lo he llegado a negociar incluso escribiendo en un papel la cifra en árabe) En otra ocasión, gracias a mi memoria fotográfica pude indicar a un taxista mediante gestos de la mano cómo ir desde la estación de trenes de Ramsis Square, en el centro de El Cairo, hasta mi hotel en Heliópolis, sentado en el asiento del acompañante, mientras él se descojonaba de la risa sin parar, y hablaba consigo mismo en árabe ante mi estupefacción.

El tráfico en Egipto es una competencia de la Autoridad que está transferida a las autoridades municipales. La de El Cairo se llama "Cairo Traffic" (bastante obvio). Una de las características fundamentales del tráfico de El Cairo es la total ausencia de semáforos. Los cruces se autoregulan a criterio de los conductores. Es normal circular de noche sin luz alguna, guiándose por las luces del coche precedente (sólo las calles principales están iluminadas). Los coches circulan a velocidades cercanas a los 100 km/h (en algunos taxis no es posible ver la velocidad pues el velocímetro está estropeado y marca siempre cero), por calles de un solo carril con vehículos aparcados a los lados. La gente cruza las calles en solitario, en bicicleta, cargando enormes bultos o arrastrando a niños de la mano, entre un tráfico infernal que jamás, repito: Jamás se detiene ante un peatón ni modifica en absoluto la trayectoria. La máxima en Egipto en general y en El Cairo en particular es que el peatón ha de ser quien evite ser atropellado. La autoridad de tráfico, personificada en guardias ataviados con una suerte de gracioso salakot, carece de autoridad (por paradójico que resulte). A pesar de estar presentes y de sus (en ocasiones) denodados esfuerzos por controlar el tráfico, se dan situaciones como la de un guardia deteniendo el tráfico de una avenida de cinco carriles, parando los coches colocándoles las manos en el capó, carril por carril, y dándose la circunstancia de que cuando iba por el tercer o cuarto carril, el conductor del primero arrancaba y se marchaba. En El Cairo las marcas pintadas en la calzada carecen de utilidad salvo la meramente decorativa. Las flechas y señales tampoco tienen mayor importancia para los cairotas, que infringen el sentido de la circulación una vez tras otra. En una ocasión una avenida de 4 carriles por sentido que comunica Heliópolis con el centro, se colapa en sentido salida de la ciudad. Un coche que circula por carril izquierdo colapsado decide que no puede esperar más, e invade el primer carril del sentido opuesto. Otros coches le siguen y colapsan este carril. Progresivamente, todos los coches que colapsaban el sentido salida de la ciudad, invaden el, la hasta entonces ágil calzada de entrada, y en menos de media hora el resultado eran 8 carriles colapsados en sentido salida. Las calles y avenidas de la capital egipcia están jalonadas de piezas de vehículos de lo más inusual. Desde una puerta de un coche, aplastada tras soportar el tráfico de decenas de coches y camiones sobre ella, a ruedas, paragolpes y cualquier parte imaginable de un vehículo que pueda desprenderse. Si se produce una colisión y no es grave, los conductores ni se bajan (a mí me pasó de colisionar mi taxi con un camión que le hundió una esquina, y el conductor tras maldecir en árabe y sacar la mano por la ventanilla haciendo algún gesto, prosiguió la marcha sin siquiera detenerse). Ver en mitad de la vía pública vehículos averiados y abandonados desde hace tiempo (que se puede medir por la cantidad de arena depositada bajo ellos es relativamente común (como una furgoneta que vi, cruzada, con el eje partido en uno de los puentes que conducen a Giza, y que allí estaba cuando llegué a Egipto y allí seguía dos semanas después).

Así que el taxi se pone en marcha, y comienza la emoción. Reconozco que la primera vez me causó pavor y pensé que había llegado mi hora última. Los acelerones brutales y los frenazos in extremis hacen que me vea dejando la segunda dentición contra el asfalto. Sin embargo todo va bien. Los taxistas cairotas están hechos de otra pasta. Meten el coche por huecos por los que materialmente es imposible que quepa. Circulan a velocidades brutales (consecuencia de no usar el taxímetro sino cobrar una cantidad fija por la carrera). Sin embargo la mayor y mejor aventura que jamás viví fue la boda.

En cierta ocasión cogí un taxi para ir de una de las riberas del Nilo a Heliópolis. Las bodas en Egipto duran varios días. La gente se emborracha, y los amigos de la pareja secuestran a los novios, los meten en un coche y formando una comitiva que puede alcanzar las varias decenas de coches, se dedican a pasearles de noche por la ciudad haciendo sonar el claxon al son de un "pi pi pipipi" constante. Los vehículos del cortejo van haciendo eses (algunas intencionadas, otras involuntarias). Los vehículos integrantes suelen circular a gran velocidad (por encima de 100 Km/h) realizando bonitas formaciones de vehículos, agarrándose la mano los integrantes de distintos vehículos formando preciosas coreografías. Hasta aquí todo bien, siempre y cuando el conductor de tu taxi no esté del humor suficiente como para sumarse a la comitiva. Ver cómo tu coche va rodeado de otros vehículos que circulan en paralelo a escasísimos centímetros. El chófer sonreía y charlaba amigablemente con los otros vehículos mientras yo rezaba para que el vehículo que circulaba a medio metro escaso por delante no redujese de los 120 Km/h. Vi cómo le daba la mano y agasajaba a los novios que con una gran sonrisa ocupaban el asiento trasero del vehículo a nuestra izquierda. Y todo mientras el taxista loco se sumaba al "pi pi pipipi"... Cairo Traffic.

4 comentarios. Deja alguno tú.:

La Lola dijo...

Vaya locura de ciudad... y luego nos quejamos de nuestros "peseteros" jijiji... me gusto tu post...

Mil besos...

Shakti dijo...

Tan cierto como lo pintas. Ni yo podría haberlo explicado mejor jeje. Viajar en taxi por el Cairo es algo que recomiendo a todo mortal que visite ese extraordinario país.
En mi caso, mi experiencia más memorable fue el último día de visita en El Cairo, volviendo desde el Zoco Khan-El-Khalili (se llamaba así, Nacho?) al hotel. Un grupo de cinco chicas decidimos coger un taxi de 7 plazas que nos llevara al hotel. Contra nuestra voluntad, un policía intermedió amablemente entre el taxista y nosotras, cobrándole la correspondiente mordida. El taxista pretendía recargarnos a nosotras ese sobrecoste, cosa a lo que nos negamos en rotundo alegando que el precio pactado era sagrado.
Al final acabamos distrayéndole enseñándole a cantar Bulería de David Bisbal, canción que él cantaba alegremente bailando y agitando las manos, peligrosamente lejos del volante. Una de mis acompañantes sugirió enseñarle una nueva canción que el taxista aprendió ipso-facto: "Cujolvolante.. yfreno", "Cujolvolante.. y freno", bailando de la misma forma q antes, ante nuestra desesperación XD

Por suerte el hombrecillo optó por agarrar el volante de motu propio y nos deleitó con unos cuantos cánticos en árabe
a cambio de un colgante de escarabajo-para-guiris que no le abarcaba el cuello de lo gordo que lo tenía.
Toda una experiencia. La de que los egipcios te soben todo a todas horas lo dejamos para otro mensajito ^_^

Muak

Anónimo dijo...

Muy bueno el post, o el artículo, o lo que sea. Disfruté leyéndolo. Así que gracias, Lirón.

Anónima P.

Inma dijo...

Pufff, como para ponerse a quitarles puntos, no???

Lo mismito que aquí... :)

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