29 abr. 2009

Mi pollo a la Coca-Cola

Tengo que reconocer que cuando Fermín (creo que fue él) me habló de esta receta hace ya algún tiempo no me resultó nada atractiva. Supongo que por costumbre no veo la Coca-Cola como un ingrediente de cocina. Pero alguno debió de ser el primero en cocinar con vino hace algunos siglos, y ahora tenemos tortilla de patata deconstruida, helado de queso de Cabrales, o sorbete de lentejas con Peta Zetas (todos son platos reales, palabrita...) El caso es que tenía algo de pollo en el congelador y no sabía qué hacer con él, y me ha dado por experimentar. Eso sí, he modificado la receta tradicional ligeramente a mi gusto. Eso sí, como experimento vale, pero no es ninguna delicatessen, las cosas como son.

Dificultad: Bajísima
Precio: Ecomómico
Tiempo: 25 ó 30 minutos

Ingredientes (2 personas o una con mucha hambre)
  • Las dos pechugas de un pollo, o los dos cuartos traseros.
  • ½ cebolla
  • 1 lata de algún refresco de cola (que no me vengan los puristas con que saben diferente, porque mezclado con todo lo demás, no se nota :-P)
  • El zumo de ½ limón
  • Sal
Preparación
Quita la piel al pollo, deshuésalo (las pechugas suelen tener la clavícula), y córtalo en daditos. Si vas a hacer los cuartos traseros puedes hacerlos enteros sin piel, pero pínchalos con un tenedor varias veces por las dos caras. Sazónalos, y sofríelos en una sartén con un chorrito de aceite de oliva. Antes de que empiecen a dorarse, echa la cebolla cortada por la mitad y en juliana muy fina. Sofríe a fuego lento durante unos diez minutos (si no has cortado los cuartos traseros, tardarán algo más), hasta que la cebolla empiece a pocharse. Echa la lata de refresco y sube el fuego para que rompa a hervir. Saldrá mucha espuma y el tema cobrará un aspecto no muy suculento. Es porque, al calentarse la bebida, se separan sus moléculas, por lo que las moléculas de CO2 (el gas) escapa a mayor velocidad, formando una densa capa de espuma. Remueve un poco y desaparecerá. Y aquí mi contribución a la receta. Cuando volvió a hervir, no me convencía del todo cómo sabía aquello. No es que estuviera malo, pero podría estar mejor. A fin de cuentas no quería un postre, y para mi gusto estaba quedando demasiado dulce, de modo que decidí incorporar a la receta un ingrediente que tradicionalmente le va muy bien al pollo, y también a la Coca-Cola: zumo de limón. Coge medio limón y exprímelo en la sartén. El agrio del limón contrarrestará el excesivo dulzor de la cola. Puedes darle el punto que más te convenza. Ve probando conforme incorporas el limón. Una vez hecho esto, vuelve a llevar a ebullición, y deja cocer a fuego lento durante veinte minutillos o así, o hasta que reduzca la salsa. El sabor que deja la Coca-Cola se me antoja un punto japonés, por la característica mezcla de salsa de soja y azúcar de la cocina japonesa. Eso sí, cuidado que no se te pegue, o el azúcar de la Coca-Cola se hará caramelo en el fondo de la sartén y no habrá quién lo quite.

2 comentarios. Deja alguno tú.:

Cristina dijo...

Tu capacidad para sorprenderme y la mía para asombrarme empiezan a tender a infinito...
Qué curioso, la verdad.
Un beso

Nacho, el lirón dijo...

Si de hecho la receta no es mía. De hecho, mi única aportación es el zumo de limón. Aunque reconozco que (en mi humilde opinión), lo mejora enormemente, pero es que no no soy muy dulcero... :D

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