¿Qué vas a hacer para Nochevieja? Me preguntan en estas fechas casi constantemente. Y la verdad es que no tengo intención de hacer ningún exceso.
Ya pasó el tiempo de los cotillones salvajes. De caerme al suelo de puro borracho. De pedir las copas de dos en dos, o de tres en tres para hacer menos veces la cola en la barra. De bailar bajo la lluviaDe follar la madrugada del 31 sobre un capó en pena calle o contra un muro en un parque. De piropear a las chicas que meaban acuclilladas entre dos coches.
Esas gansadas se hacen con 20 años. Yo creo que ya estoy mayor para eso, digan lo que digan las misteriosas (y vacilonas) dos amigas.
Subproductos y diarreas mentales producidas por diversos excesos de índole cognitiva.
18 dic 2007
La historia de los cepillos de dientes en el hotel tunecino
Hoy me han contado una leyenda urbana que deja a la altura de los zapatos a la historia aquella de la joven de la curva, y que de ser cierta, sería una de las narraciones más espeluznantes que jamás he oído.
La acción se sitúa hace años (cuando no había cámaras digitales) en un hotel, dice la leyenda urbana que de Marruecos o Túnez (estos datos suelen añadirse para agregar detalles y así dotar a la historia de mayor credibilidad). El caso es que una pareja llega al hotel, y baja a la piscina dejando la cámara de fotos sobre la cama.
Dos señoras de la limpieza llegan a la habitación y se introducen los cepillos de dientes por el ano (con las cerdas hacia dentro), y se hacen fotos con la cámara de la pareja. La historia no concreta la motivación de tan aberrante acción rayana en lo escatológico. Quizá fuesen fundamentalistas islámicas venidas a menos, que no tenían Goma2 a mano, o vaya usted a saber.
El caso es que la pareja pasa sus vacaciones cuidando religiosamente de su higiene bucodental después de cada comida. Esto sería ya de por sí suficientemente espeluznante, pero el detalle verdaderamente diabólico sucede cuando la pareja, una vez de regreso a su ciudad, revela las fotos y ve, en el comienzo del carrete las imágenes que son la prueba irrefutable de la tropelía cometida con sus cepillos de dientes y la toma de conciencia de que durante quince días han estado metiéndose en la boca las zurrapas del culo de las señoras de la limpieza de aquel hotel infernal.
La persona que me ha contado esta historia (como verídica), afirma que desde que tuvo conocimiento de ella, se lleva los cepillos de dientes consigo allá donde va. Vamos, que antes deja abandonada la American Express que dar opción a que una inefable señora de la limpieza se meta su cepillo por el culo. Sin embargo yo creo que basta con no dejarse la cámara en la habitación.
La acción se sitúa hace años (cuando no había cámaras digitales) en un hotel, dice la leyenda urbana que de Marruecos o Túnez (estos datos suelen añadirse para agregar detalles y así dotar a la historia de mayor credibilidad). El caso es que una pareja llega al hotel, y baja a la piscina dejando la cámara de fotos sobre la cama.
Dos señoras de la limpieza llegan a la habitación y se introducen los cepillos de dientes por el ano (con las cerdas hacia dentro), y se hacen fotos con la cámara de la pareja. La historia no concreta la motivación de tan aberrante acción rayana en lo escatológico. Quizá fuesen fundamentalistas islámicas venidas a menos, que no tenían Goma2 a mano, o vaya usted a saber.
El caso es que la pareja pasa sus vacaciones cuidando religiosamente de su higiene bucodental después de cada comida. Esto sería ya de por sí suficientemente espeluznante, pero el detalle verdaderamente diabólico sucede cuando la pareja, una vez de regreso a su ciudad, revela las fotos y ve, en el comienzo del carrete las imágenes que son la prueba irrefutable de la tropelía cometida con sus cepillos de dientes y la toma de conciencia de que durante quince días han estado metiéndose en la boca las zurrapas del culo de las señoras de la limpieza de aquel hotel infernal.
La persona que me ha contado esta historia (como verídica), afirma que desde que tuvo conocimiento de ella, se lleva los cepillos de dientes consigo allá donde va. Vamos, que antes deja abandonada la American Express que dar opción a que una inefable señora de la limpieza se meta su cepillo por el culo. Sin embargo yo creo que basta con no dejarse la cámara en la habitación.
17 dic 2007
La aritmética y el periodismo
Esta mañana escuchaba las noticias en la radio, de camino al trabajo. Como cada lunes, el balance de víctimas en carretera arrojaba la cifra de muertos en comparación con el mismo fin de semana del año anterior. Aquí, el periodista de turno, decía que este fin de semana sólo habían muerto 18 personas que comparativamente con el año anterior, era una buena cifra aunque, y cito textualmente, "18 muertos es una cifra 18 veces superior a lo deseable."
Y entonces mi modo matemático ha empezado a trabajar de forma automática. ¿18 veces superior a lo deseable? La verdad es que como aserto periodístico es precioso, pero denota un escaso conocimiento de la aritmética, ya que si decimos que 18 muertos es 18 veces superior a lo deseable, estamos diciendo que lo deseable es 1 muerto. ¿Quién es ese pobre hombre que este periodista desea ver muerto? Como soy un humanista convencido, creo firmemente que el periodista ignoto ignoto de Pitágoras pretendía hacer ver que lo deseable eran cero muertos, pero esto no es posible mostrarlo como fracción, ya que nos colocaría al cero como denominador, y como todo el mundo debería saber (ya que se estudia en la enseñanza obligatoria), cualquier numerador dividido por cero arroja un cociente infinito. Así las cosas, siendo lo deseable cero muertos, no hay forma de expresarlo diciendo "tantas veces más de lo deseable", ya que cualquier número es, por definición, infinitas veces superior a cero. Como mucho, y forzando un poco la cuestión, podríamos decir "18 muertos es una cifra inifitamente superior a lo deseable." Aunque evidentemente pierde la musicalidad y la gracia del paralelismo 18 muertos-18 veces, etc.
Así que aún teniendo en cuenta las buenas intenciones del periodista y su afán por colocar una perla elegante en su noticia, habría sido mejor que se la hubiese ahorrado y así no airear sus carencias cognitivas de base.
Y entonces mi modo matemático ha empezado a trabajar de forma automática. ¿18 veces superior a lo deseable? La verdad es que como aserto periodístico es precioso, pero denota un escaso conocimiento de la aritmética, ya que si decimos que 18 muertos es 18 veces superior a lo deseable, estamos diciendo que lo deseable es 1 muerto. ¿Quién es ese pobre hombre que este periodista desea ver muerto? Como soy un humanista convencido, creo firmemente que el periodista ignoto ignoto de Pitágoras pretendía hacer ver que lo deseable eran cero muertos, pero esto no es posible mostrarlo como fracción, ya que nos colocaría al cero como denominador, y como todo el mundo debería saber (ya que se estudia en la enseñanza obligatoria), cualquier numerador dividido por cero arroja un cociente infinito. Así las cosas, siendo lo deseable cero muertos, no hay forma de expresarlo diciendo "tantas veces más de lo deseable", ya que cualquier número es, por definición, infinitas veces superior a cero. Como mucho, y forzando un poco la cuestión, podríamos decir "18 muertos es una cifra inifitamente superior a lo deseable." Aunque evidentemente pierde la musicalidad y la gracia del paralelismo 18 muertos-18 veces, etc.
Así que aún teniendo en cuenta las buenas intenciones del periodista y su afán por colocar una perla elegante en su noticia, habría sido mejor que se la hubiese ahorrado y así no airear sus carencias cognitivas de base.
16 dic 2007
Casi no te fuiste
Hoy te dejaste un poquito de ti. Mientras intentaba conciliar el sueño di media vuelta y hundí la nariz en mi almohada. Y allí estabas tú. Te reconocí. Te respiré hasta desvanecerte y me quedé dormido, casi contigo. Casi no te fuiste.
13 dic 2007
Reflejo contenido
Es curioso porque desde pequeño nos enseñan lo que es un acto reflejo. Es aquel acto que realizamos sin ser conscientes de ello. En concreto uno de los mecanismos más interesantes es el que hace que retiremos la mano ante una situación de dolor. Cuando tocamos algo muy caliente (demasiado para la integridad de nuestro organismo), se produce una señal de alarma. Sin embargo, esa señal de alarma no viaja hasta el cerebro, sino que al llegar a la médula espinal se da directamente la orden de retirar la mano. Es un mecanismo ingenioso que reduce casi a la mitad el recorrido que ha de trazar la información del dolor, y a su vez reduce a la mitad el tiempo de respuesta, lo que es una gran ventaja si estamos en contacto con la bandeja de la lasaña recién sacada del horno, situación esta en la que cada milésima de segundo cuenta. Hoy me ha pasado algo curioso. Tengo una taza que es una mierda, porque cada vez que la meto en el microondas, se calienta más la taza que el contenido. Hoy la he usado y previendo el resultado, he tocado el asa de la misma tras 2 minutos de potencia máxima y mi brazo ha salido disparado hacia atrás. Ha sido visto y no visto. Cuando mi cerebro ha recibido la información y ha sido (he sido) consciente del peligro, la mano ya estaba lejos de la fuente de calor hacía rato. Sin embargo tenía que sacar la puñetera taza del microondas, así que con mucho cuidado he cogido un trapo, y con él, he agarrado la taza por el asa. Estaba llena hasta el borde, de modo que el proceso era lento para no derramar el contenido. Debido a la lentitud del proceso, el calor ha traspasado el trapo y me ha empezado a abrasar los dedos de la mano con intensidad creciente. Sin embargo esta vez no ha habido reflejo ninguno. He soportado estoicamente el calor diciéndome a mí mismo "me estoy quemando, me estoy quemando, me estoy quemando." Pero esta vez el cerebro mandaba y decía, "Sí, me estoy quemando pero los daños colaterales de soltar la taza son peores, sopa derramada por todas partes, taza rota (y me encanta esa taza)", etc.
Se dan dos circunstancias:
Para que el reflejo funcione correctamente, el peligro ha de producirse repentinamente. Es decir, funciona mejor si nos quemamos de golpe que si nos quemamos poco a poco.
Y en segundo lugar, parece claro que si el cerebro es consciente del peligro a priori, es capaz de supeditar la acción refleja de modo que quede todo bajo control consciente. No obstante de esto no estoy del todo seguro, ya que cuando he tocado por primera vez la taza yo era consciente de que iba a estar muy caliente (ya que conozco la deficiencia de dicha taza).
Curioso mecanismo.
Se dan dos circunstancias:
Para que el reflejo funcione correctamente, el peligro ha de producirse repentinamente. Es decir, funciona mejor si nos quemamos de golpe que si nos quemamos poco a poco.
Y en segundo lugar, parece claro que si el cerebro es consciente del peligro a priori, es capaz de supeditar la acción refleja de modo que quede todo bajo control consciente. No obstante de esto no estoy del todo seguro, ya que cuando he tocado por primera vez la taza yo era consciente de que iba a estar muy caliente (ya que conozco la deficiencia de dicha taza).
Curioso mecanismo.
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