18 jul. 2012

Del populismo a la dictadura. La delgada línea.

El pasado miércoles, el Gobierno de Mariano Rajoy anunció un nuevo paquete de medidas de ajuste, centrado en cinco puntos.
  1. Subida del IVA. 
  2. Recorte de la prestación por paro. 
  3. Eliminación de la paga de Navidad a funcionarios. 
  4. Reducción de concejales. 
  5. Eliminación de la deducción por vivienda. 
En un conocido periódico online se convocó una rápida encuesta sobre qué medida le parecía más injusta a los ciudadanos. Sorprendendemente (o no tanto en un país de 5 millones de parados), el aumento del IVA, la reducción de la prestación por desempleo, a las que luego empezó a sumarse en rápido ascenso el recorte al salario de los funcionarios, eran consideradas "la más inaceptable" por más del 95% de la población. Y sólo una ínfima minoría consideraba grave la reducción del número de concejales (actualmente un 2,5%). Yo me percaté de que la mayoría de la gente estaba cayendo en una peligrosa trampa.

(En realidad puse otro tuit algo más agresivo un poco antes)

El pasado junio, Esperanza Aguirre anunció un plan de reducción del gasto público que prevé reducir a la mitad el número de diputados de la Asamblea de la Comunidad de Madrid, pasando de 129 representantes, a tan sólo 65. Esta decisión no fue contestada por la población y en muchos círculos incluso críticos con el gobierno de Aguirre hasta vi cierta aprobación a la reducción del número de diputados.

Hoy me ha llegado por WhatsApp un "pásalo" con una convocatoria a una manifestación por la "reducción urgente congreso y senado" (sic). Parece que la gente percibe la reducción del número de políticos como algo positivo. Como algo deseable. 

El principal problema común a estos tres hechos es el tremendo descrédito que a ojos de la ciudadanía tiene la clase política. Tan es así, que mucha gente percibe a los políticos como algo innecesario cuando no directametne perjudicial para nuestra sociedad. Y lamentablemente nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que la política es muy necesaria para nuestra sociedad. Decía Aristóteles (y a Aristóteles yo no me atrevo a discutirle) que "El hombre es un animal político". Cuando vas a un centro de salud, un político decidió ubicarlo ahí. No voy a entrar en si fue por motivaciones electoralistas, ni nada. Pero lo cierto y verdad es que ubicar ese centro de salud fue una decisión política. Contener el deterioro medioambiental, también lo es. Trazar una carretera que te permita ir de vacaciones en 4 horas en vez de en 9, también es una decisión política. La política es debate, y es necesaria para poner en conjunto las diferentes sensibilidades que afectan a una determinada acción, y tomar al respecto la mejor decisión. La carretera es mejor que no pase por esta zona, porque es una zona natural protegida y podemos desviarla más allá, aunque implique algo más de coste, algo más de distancia y algo más de tiempo de viaje (decisión que un tecnócrata jamás aceptaría). 

Cuando en un país los políticos fallan la solución no es eliminarlos. La solución es cambiarlos por otros y además imponer una regulación para que el fallo no se reproduzca. Si un jardinero es un vago, no acude a su trabajo o no poda bien las plantas, la solución no es eliminar los jardineros, ni eliminar su puesto de trabajo. La solución es contratar a otro jardinero y además asegurarnos de que éste lo hace bien. 

¿Por qué es gravísima la reducción de representantes políticos? Vamos a verlo con dos ejemplos extremos, hipotéticos y contrapuestos y con la situación actual. 

Imagínate que reducimos los diputados del Congreso al máximo, a uno sólo. Ahora mismo hay 350 y lo dejamos en sólo 1 diputado. Un diputado que sería, claro está, el presidente del Gobierno. Fácil y aparentemente deseable. Sólo un sueldo. Un único sueldo para esa panda de mangantes que son los políticos. Sólo habría que elegir ese diputado cada 4 años, como ahora, y ya está. Claro que sólo un único partido conseguiría representación, y en el panorama actual sólo dos partidos (PP y PSOE) tendrían opción a ocupar ese escaño único. Sería totalmente imposible que partidos pequeños o nuevas formaciones (IU, UPyD, Equo, etc) consiguiesen representación. La tan injusta representación popular del Congreso sería más injusta que nunca. 

La situación actual es que tenemos 350 diputados que representan (más o menos) a 35 millones de electores. Tú votas a aquella formación que más se acerca a tu postura política. En realidad estás delegando tu voluntad, claro. A ti te representa un diputado (aunque probablemente no sepas cómo se llama), que vota por ti en el Congreso. Que traslada tu postura al Congreso. Como es lógico tu vecino del quinto también está representado por el mismo diputado, aunque no le votase. O aunque le votase, tú y tu vecino podéis discrepar en determinado asunto, pero el diputado que os representa es uno y su votación en un determinado punto puede que agrade a tu vecino pero no a ti, o a la inversa. Es decir, tú votas a quien más se acerca a tus ideas, aunque no se ajuste a ellas al 100%. 

Ahora vayamos al caso extremo opuesto. En España hay aproximadamente 35 millones de electores. Así que podría haber 35 millones de diputados. Cada ciudadano sería su propio diputado, y así cada voto en el Congreso se ajustaría al 100% a las ideas de su representado en todas y cada una de las decisiones. La representación popular sería verdaderamente total. Eso implicaría que todos nosotros tendríamos muchísimo trabajo, claro, porque para hacerlo bien todos tendríamos que realizar una labor política que implica informarse de las distintas cuestiones para poder tomar una decisión meditada sobre cada asunto. 

No es difícil ver que desde el primer supuesto, el del diputado único, hasta el último, el de un diputado por cada ciudadano, pasando por la situación actual, hay una progresión desde la injusta representación popular, hasta la representación popular más completa. Y tampoco es difícil ver que cuantos más ciudadanos represente un representante político, más difícil es que sus decisiones se ajusten a todos y cada uno de sus representados. Es decir, cuantos más ciudadanos represente un representante político, más porcentaje de sus representados se quedará sin representación en algún momento u otro. 

El camino no es ir hacia un menor número de representantes políticos, ya que eso sólo beneficia al poder establecido que es precisamente quien nos ha traído hasta la situación actual. El camino es exactamente dirigirse hacia más representantes políticos, hacia una mayor representación popular. Y si creemos que cobran demasiado, habrá que exigir menores salarios. Si creemos que disponen de demasiadas prebendas y privilegios, habrá que exigir recortes en ese sentido. Habrá que imponer salarios reducidos, proporcionales a sus logros, reducidos al principio y que aumenten si los ciudadanos los revalidan en el cargo. Habrá que imponer controles a los programas electorales y que éstos tengan carácter vinculante ya que es el programa electoral lo que a ti te hace decidir tu voto en un sentido u otro, pero créeme, necesitas a los políticos, y no que sean pocos precisamente. ¿Podemos eliminar cargos políticos? Claro, pero no representantes de la ciudadanía. Exige la reducción de los asesores puestos a dedo, exige la reordenación del territorio nacional, la eliminación de determinados estamentos administrativos como las diputaciones provinciales, restringe el número de consejerías de las comunidades autónomas, etc. Hay mucho de donde recortar, pero no del número de representantes políticos. Porque perder representantes políticos, es perder voz en el Parlamento.

Si quieres no estar a merced de lo que hacen los políticos, en vez de eliminarlos, no les des tanto poder y exige una mayor participación ciudadana. Evidententemente ésto es un problema en España, porque somos una sociedad adormecida. Otros países tienen décadas o incluso siglos de democracia. Algunos como Islandia, hasta más de un milenio, desde que en el año 930 se formó la Alþing, la asamblea nacional, que nunca ha dejado de funcionar en casi 11 siglos de historia. Nuestra democracia está en pañales comparada con esas cifras. Somos un país en el que aún no ha habido una sola generación que haya nacido, vivido y muerto en democracia. Nuestros mayores (entre los cuales están la mayoría de esos representantes políticos mangantes y lameculos) están muy acostumbrados (con gusto o a la fuerza) a que les gobiernen sin intervenir en nada. Cuarenta años de dictadura pesan mucho sobre la conciencia de un país. Por eso quienes se levantan son mayoritariamente aquellos que no se malacostumbraron a que les llevaran de la mano sin preguntarles. Son aquellos que nacieron votando en cuanto tuvieron sus 18 años, o quienes aún no han llegado a esa edad. 

España no será Grecia ni Uganda. Pero desde luego tampoco es Islandia. La conciencia de participación ciudadana en la política es algo que se aprende. La democracia no se hereda en los genes, pero sí se aprende en las escuelas, de modo que es necesario al menos un cambio generacional para hacer un cambio democrático. Y es eso precisamente lo que estamos viendo que sucede en la calle, cada vez más, cada día con más fuerza. 

De modo que si te preocupa la situación actual, si crees que los políticos son unos mangantes, acuérdate del jardinero vago. No elimines el puesto, contrata a otro. Y recuerda que cada cuatro años se te pregunta a quién quieres contratar para que te represente. Menos representantes políticos es caminar en la dirección opuesta a aquella que te da más voz, más voto y más libertad.

12 comentarios. Deja alguno tú.:

Fermín Chicharro dijo...

Totalmente de acuerdo. La extendida opinión de que todos los políticos son iguales sólo pretende disculpar las prácticas de los corruptos. Si no te gusta como lo hacen, cambia. No te conformes con dos partidos. Hay otras alternativas. Lo que hay que potenciar son los mecanismos de control para evitar abusos.

Carlos Jaime dijo...

Estoy de acuerdo contigo en que la solución no pasa por eliminar representantes, por ejemplo en el congreso, aunque sí creo que en la línea de recortes que se están haciendo, bien podríamos exigir eliminar puestos políticos que realizan tareas duplicadas o muy parecidas, o puestos que nadie sabe muy bien de qué tareas se encargan, como bien comentas en el post. También creo que elegir un representante político cada 4 años y tener que "apechugar" con todas las decisiones que tome, es poco y se podría mejorar. Deberíamos tender hacia una democracia participativa, donde todas las grandes cuestiones sean certificadas no solo por los representantes políticos, si no también por una ciudadanía bien informada por los expertos objetivos y no politizados, necesarios en cada caso. Pero claro, eso hoy por hoy en España no funcionaría...

Nacho dijo...

Por supuesto que nuestra democracia puede mejorarse en enorme medida. Pero reducir el número de representantes públicos es precisamente lo último que necesita. Reducir privilegios, exigir que cualquier medida no presente en el programa sea sometida a referéndum, dotar de carácter contractual a los programas electorales, limitar el número de puestos de gobierno (ministerios, consejerías, asesores, secretarías generales...), eliminar las "indemnizaciones" por cese a ministros y cargos públicos, impedir la acumulación de salarios... Anda que no hay de dónde recortar antes que recortar la democracia...

lillo dijo...

Es una opinión interesante que contrasta con las que están ahora en boca de todos..Pero hay algunas cosas con las que no estoy de acuerdo..

1. Tu votas al diputado que mas se acerca a tus ideas para que hable por ti. Pero no te representa ese diputado, sino el que gane por mayoría…Se pierden los votos minoritarios y aunque gane el partido que has votado, en España el voto se convierte en una carta en blanco y los políticos hacen lo que les viene en gana sin tener en cuenta sus promesas, programs, etc y sin que podamos hacer nada al respecto….Luego los que dicen ser tu voz, son en realizad tu afonía…
2. Cuando dices, que el camino no es reducir el número de representantes políticos, yo me pregunto..¿y cual es el número adecuado de representantes políticos? ¿Qué pasa si comparamos nuestra representación política, con la de otros paises? No está un poco “sobredimensionada”
3.
Por lo demas estoy de acuerdo contigo..Dimensionemos mas “adecuadamente” a los representantes, eliminemos asesores y otros cargos “a dedo” y consigamos una mayor participación ciudadana.

Nacho dijo...

@lillo lo que dices no es del todo exacto.
1. Dado que se eligen varios diputados por circunscripción (un mínimo de 2 para las provincias, que en la práctica son un mínimo de 3) tu representante puede salir elegido aunque no sea el que reúna mayor número de votos. Desde luego cuantos menos representantes haya, mayor acumulación de votos será necesaria y por tanto menos "representación" habrá. Precisamente los votos minoritarios se pierden por no haber "suficientes" puestos de representación. En el caso extremo

Sólo en las ciudades autónomas, que eligen únicamente a un diputado cada una, se cumple que el diputado que te representa sea el que gana por mayoría.

2. Lo que está sobredimiensionado en España es la ADMINISTRACIÓN (o mejor dicho, LAS ADMINISTRACIONES), no la representación política. Esta confusión (probablemente fomentada desde algunos sectores) entre lo que es un cargo político como un consejero, conseller, secretario general, etc. y un representante político como un diputado en el Congreso, un concejal, etc. es lo que está minando nuestra ya maltrecha democracia.

Necesitamos más representantes y de forma más justa, y menos cargos políticos sobre los que no tenemos ningún control. Cuando tú votas en unas elecciones generales ¿tú sabes quién será tu próximo ministro del Interior, o de Economía? No tienes ni idea, ni posibilidad alguna de intervenir en esa decisión. En ese tipo de "descontrol" es donde hay que recortar.

Jarillot dijo...

Efectivamente, la cuestión no es menos representantes, sino que éstos sean más eficientes y haya un mayor control y participación ciudadana. Ahora bien, creo que hay niveles de decisión que sí se deberían racionalizar: las diputaciones provinciales, que salvo en casos muy concretos (CAPV), son poco más que chiringuitos de colocación de amiguetes, o el Senado tal y como está funcionando en la actualidad, que no es una auténtica cámara de representación territorial (lo que debería de ser si estuviésemos en un estado auténticamente federal, el modelo más adecuado teniendo en cuenta nuestras particularidades históricas y culturales). Y desde luego, hay mucho que recortar por el lado de los privilegiso, los asesores, los asesores de los asesores, etc.

Nacho dijo...

@Jarillot, Las diputaciones provinciales, pese a lo engañoso de su nombre, no son un nivel de representación, sino un nivel de administración (quizá el más inútil de todos). El presidente de una diputación es un cargo político nombrado por el gobierno autonómico de turno.

arolas uribe dijo...

Creo que no se trata de decisiones "políticas", sino administrativas. Tal como está la cosa hoy, esas decisiones administrativas recaen en los "políticos". Política sería cambiar el modelo, irrumpir en el corazón de la clase dominante y parir nuevas formas de organización.
Y cuando Aristóteles dijo que el hombre era un animal político (ser viviente político), se refería a que lo que nos constituye como seres libres es que seamos políticos, a que hagamos política y habitemos entre los hombres. No es que "necesitemos" la política, sino que sólo el empaparnos de política nos constituye como especie.
En ese sentido, ni seríamos hombres ni la clase que nos gobierna sería política.

pro dijo...

Pues a mi no me convences. Yo me quedo con otra opción: ningún político. Diréis, qué locura, otro antisistema... Pero el problema es que nadie puede decir que está representado al 100% por ninguno aunque lleve años votando al mismo partido. Pienso que esta clase siempre estará podrida porque hecha la ley, hecha la trampa. Y a la vista está que una vez que ganan las elecciones tienen vía libre para aprobar lo que les salga de las narices, por no hablar se que ninguno sigue a rajatabla sus programas.
Pero ¿Cómo? Referendum para todo, lo mismo que se puede votar por correo o hacer la dclaración online, organizar un sistema de votos.
Y ¿Quién se va a leer las los documentos?
De verdad pensáis que esos "niños" que juegan a los debates como en el cole se los leen? ¿No tienen asesores que son los que hacen el verdadero trabajo político? Cambiemos a los políticos por asesores públicos y cada cuál que vote lo que le interese.
Acabaríamos con privilegios, enchufes, corrupciones y demás podredumbre.
Así podríamos decir con la boca bien grande: ESTO SÍ ES DEMOCRACIA!!!

Adolfo Ferrera Martinez dijo...

Suscribo totalmente el artículo. Es muy preocupante ese mensaje que se difunde, también desde sectores de la izquierda, que dice que "todos los políticos son iguales", "la política no sirve para nada", etc. Ese es el discurso clásico del fascismo. Franco decía "hagan como, no se metan en política". Necesitamos más Política, Política con mayúsculas. Si perdemos representatividad (más todavía) y pluralidad, perdemos Democracia. Ni todos los políticos ni todos los partidos son iguales. Los culpables tienen nombres, igual que "los mercados". Un saludo.

telendo dijo...

No estoy de acuerdo con que los diputados representan la voluntad del pueblo, ya que los diputados votan lo que los mandamases del partido político les dicen, y no lo que los ciudadanos reclaman. En realidad, lo que debería de suprimirse son los partidos políticos, y que cada diputado fuera realmente independiente y comprometido con los ciudadanos a los que está representando. Pero desgraciadamente, el dinero lo pudre todo, y esta idea nunca será realidad.

Nacho dijo...

@telendo, decir que el problema es la existencia de partidos políticos es perder la perspectiva. Es totalmente cierto que la llamada disciplina de partido es un gran problema, pero no es el problema. Aun con diputados independientes sin adscripción a ningún partido, podría haber casos de corrupción, no sólo económica, sino simple dejación de sus funciones (que es el caso más grave y menos comentado). Diputados que no acuden a los plenos, que no presentan preguntas ni realizan propuestas. Por otro lado, los partidos políticos existen. Siempre han existido incluso antes de que estuvieran formalizados como tal. El término actual "partido" aplicado a la política, viene del latín partito y tiene su origen en las distintas "particiones" que se generaban en el senado de la República de Roma por la simple afinidad de los senadores. Así, cuando se decía que un senador pertenecía al partido de los optimates, no se referían a un partido como organización, como hoy los entendemos, sino al grupo de personas que pensaban de forma similar.

Con esto quiero decir que eliminar los partidos no es la solución ideal, ya que además, los ciudadanos se valen de los partidos para identificar a los diputados y su tendencia ideológica. Ni tú, ni yo, ni casi nadie conoce los nombres de los 350 diputados (no nos sabemos ni los de la docena de ministros...) El problema, pues, no es la existencia de los partidos, sino el enorme poder que tienen. Las listas cerradas y la disciplina de partido. Eliminando estas últimas, los partidos podrían existir sin los problemas que estamos tratando aquí.

Y un último apunte. Los diputados sí son los representantes del pueblo. Esa es su función. Otra cosa muy distinta es que no cumplan con ella.

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