4 ene 2007

300 GB de gramola

El pasado 31 de diciembre, tras un atracón de lentejas con mi amigo JaCa, empezamos a divagar sobre este tema y ha dado lugar a este post.

En 1877, Edison “descubrió” (copiando un poco como muchos de sus “inventos”, todo hay que decirlo) que en un cilindro de cera girando, una aguja movida electromagnéticamente podía registrar la voz. Invirtiendo el proceso, haciendo girar el cilindro con la aguja pasando por el surco, podía luego reproducirse el sonido en él registrado. Como curiosidad, diré que en este formato existen grabaciones del último castrato, Alessandro Moreschi. Este mismo principio sirvió para todos los demás sistemas de grabación que llegaron durante muchos años después. Unos cien años después de aquel momento, el audio se registraba, además de en una cinta, en discos de distintos materiales plásticos (generalmente vinilo) que constaban de surcos por los cuales, con el disco girando, pasaba una aguja, reproduciendo el sonido.

A finales de los 70 y principios de los 80 aparecieron los primeros discos duros para ordenador, y claro está, el diseño no podía ser otro. Un trasto dando vueltas, mientras otro trasto pasa por encima para leer la información. Un disco duro, hoy, sigue el mismo principio que un cilindro de cera de 1877. El caso es que a finales de los 70 estaba claro que no había mucho donde elegir, pero desde finales de los 80 disponemos de memorias flash, que le dan mil vueltas (y nunca mejor dicho) a los discos duros en casi todo.

  • Un disco duro no deja de ser un artefacto mecánico, con partes móviles. Cualquiera que tenga la más mínima idea de tecnología o que simplemente tenga una bicicleta sabe que todo cacharro que se mueve es susceptible de romperse tarde o temprano. Los discos duros tienen montones de puntos débiles por los que pueden fallar, y aunque se han hecho grandes avances e ingentes inversiones en mejorarlos, cualquier departamento de soporte a usuarios de cualquier empresa sabe perfectamente que fallan más que una escopeta de feria. Una memoria flash puede tirarse al suelo y pasarle por encima una apisonadora y con no mucha suerte, seguirá funcionando. Yo tengo una iOmega μmini y alguna vez ha hecho un viaje “al otro lado” dando vueltas en la lavadora a bordo del bolsillo de una camisa, y siempre y cuando se seque bien antes de que corran los electrones de nuevo por su interior, no le ha pasado nada. Y sé que no es el único caso. No intente hacer lo mismo con su disco duro.

  • Un disco duro gasta energía constantemente. Sí, ya sé tienen ahorro de energía y demás, pero en este preciso instante, mi PC no está accediendo al disco duro en absoluto, y sin embargo está dando vueltas, ya que aún no se ha activado el ahorro de energía. Además, incluso la energía mínima e imprescindible para leer o escribir en el mismo sigue siendo una burrada. No hay nada más energéticamente ineficiente que un motor haciendo girar un montón de chapas. Una tarjeta flash sólo consume energía en el momento de acceder a ella, y además es una cantidad de energía ridícula. Puede parecer una chorrada ahorrar en la energía de un disco duro, pero en la sala en la que estoy ahora mismo hay unos 200 PCs encendidos a razón de uno o dos discos duros cada uno. Y esto es una de las salas de una de las sedes de una de las compañías de uno de los países que hay en este planeta. En definitiva, un disco duro utiliza de forma efectiva menos del 5% de la energía que gasta, y eso suponiendo que se apague por el ahorro de energía cuando pasa un tiempo sin actividad. Gran parte de los problemas de consumo energético de los ordenadores portátiles es por culpa de los discos duros, y de las unidades de CD y DVD, que vienen a ser una gramola óptica, a fin de cuentas.

  • Un disco duro es frágil cuando está en funcionamiento. Intente pegar saltos con su portátil en marcha y el disco duro leyendo. Si lleva zapatillas deportivas con suela blandita quizá (sólo quizá) no le pase nada. Desde luego no haga lo mismo con un sobremesa porque, aparte de joderse la espalda por el peso, ha de saber que los discos duros grandes (los de 3,5 pulgadas) están menos preparados contra vibraciones y golpes que los pequeños (los de 2,5 pulgadas que montan los portátiles). Una memoria flash es absolutamente inerme a los golpes y no sólo eso, sino que es igual de inerme estando en marcha que sin estarlo. Yo puedo saltar mientras hago fotos en el aire con mi cámara, y la CompactFlash que lleva dentro ni se entera, por citar un ejemplo.

  • Un disco duro hace ruido, además un ruido espantoso, mientras está encendido. Una memoria flash es absolutamente silenciosa.

  • Un disco duro se calienta, y al contener partes móviles es tremendamente sensible a las dilataciones producidas por calor. Por contra, las memorias flash tienen una tolerancia al calor mucho mayor.

En su contra, las memorias flash tienen su precio. A razón del precio por unidad de almacenamiento, una flash sale por unas mil veces más cara (en concreto 1024 veces más cara). Un pendrive USB de 0,5 GigaBytes sale aproximadamente por el mismo precio que un disco duro de 0,5 TeraBytes, si bien las memorias flash tanto en formato de tarjeta, como de pendrive USB, y otras variantes están bajando de precio dramáticamente. Pero evidentemente esto es una simple cuestión de apostar por esta tecnología para que esa bajada de precio ocurra realmente, de forma efectiva, y ocurra ya. Si las principales empresas acordaran cambiar de rumbo (qué tiempos aquellos años 80 en los que se unían en hermandad las principales gigantes de la tecnología para acordar estándares y facilitarnos la vida a los humanos), se aumentaría la producción, y se abaratarían costes abandonando de una puñetera vez la gramola de 300 Gigas...

3 ene 2007

Muertes, horcas y bombas. Feliz año

Los últimos días del año que acaba de terminar he presenciado una serie de acontecimientos luctuosos que han removido ciertos sentimientos que en alguna ocasión he expresado aquí. Ya traté hace casi un año de la delgada línea roja que separa los conceptos de justicia y venganza, línea roja que mucha gente (demasiada) parece no ver, o no querer ver. Lo cierto es que esos tres hechos han sucedido prácticamente a la par, para despedir el año con alegría y buen rollito. Por orden cronológico:

Se nos murió Augusto Pinochet y tuve que volver a escuchar las mismas sandeces inconscientes que ya escuché cuando murió Milosevic. No quiero volver a tratar un tema prácticamente idéntico a aquel, pero yo no me alegré de que se muriese Pinochet porque, por encima de su condición de dictador, malnacido y genocida, estaba su condición de ser humano, de la que nadie puede despojarle (para desgracia de algunos, parece ser) y que adquirió el mismo día en que vio la luz. Me parece lamentable que nadie se alegre por la muerte de otro, y me parece un aberrante ejercicio de hipocresía farisaica que eso lo haga una persona que se dice librepensadora, progresista, de izquierdas, amiga de la democracia y de la libertad.

Luego pasaron dos cosas casi a la vez. Por un lado, unas cuantas personas, escandalizadas por las penas de muerte dictadas por Saddam Husein, le han condenado a él a aquello que tanto les escandaliza: La pena de muerte. Y han cumplido la sentencia, claro. Saddam Husein ha sido ahorcado. Yo, los días previos me he hartado de discutir con muchos supuestos demócratas sobre la conveniencia o no de dicha sentencia. Es curiosa la cantidad de gente que es partidaria de la pena de muerte a la ligera escudándose simplemente en que “él hizo lo mismo”. Y claro, como dice el refrán, “ojo por ojo y de aquí a poco todos tuertos” (como poco).

El tercer suceso trágico ha sido el atentado cometido por una pandilla de desgraciados que, si quieren crear un estado con esas maneras, pobres de quienes fuesen sus hipotéticos ciudadanos. ETA despidió a la par el año y la tregua colocando una furgoneta bomba en el principal aeropuerto de Madrid, y (en estos momentos casi con toda seguridad) matando a dos personas por primera vez desde hace más de tres años. Y aún podemos respirar aliviados, ya que la masacre pudo ser mucho peor. Afortunadamente la moderna construcción de la T4 permitió una rápida evacuación de la misma. ETA había iniciado un camino había dejado de matar el 30 de mayo de 2003 con el asesinato de dos policías nacionales en Navarra. Desde entonces, parecía que había “suavizado” su postura “limitándose” a daños materiales, extorsión, quema de autobuses, etc. todo lo cual, por irónico que parezca, ya era todo un logro respecto a la pérdida de vidas humanas. Sin embargo la salvajada del aeropuerto de Barajas ha devuelto a ETA a sus peores años, a su radicalidad más absoluta, y quizá este sea el momento decisivo en el que, como hizo en su día el Sinn Féin tras el atentado de Omagh perpetrado por el “IRA Auténtico”, Batasuna se desmarque rechazando el atentado y la violencia, y pueda al fin defender los intereses de sus electores y simpatizantes que tienen, claro que sí, derecho a ser escuchados con palabras, no con explosiones ni tiros.

Tampoco a lugar despotricar más sobre esta gentuza. Baste decir que son eso: Gentuza. Pobres desgraciados que, como los gañanes, cuando no saben dialogar te espetan “a que te arranco la cabeza”. Quien recurre a la violencia es porque tiene demasiadas pocas luces como para defender sus argumentos con palabras. Y eso vale tanto para Bush como para ETA.

Pero lo grave es lo que ha sobrevenido después. La AVT y su presidente, Francisco José Alcaraz, convocaron una manifestación en la que aquellos que piden que no se haga un uso partidista de la violencia, hicieron un uso partidista de la violencia. Lo verdaderamente lamentable es que aquella manifestación parecía más dirigida contra el Gobierno que contra ETA. Aún no he encontrado respuesta a la pregunta del millón: ¿Tiene la culpa el Gobierno de que ETA rompa una tregua?

Sin embargo, cualquier intento de hacer entrar en razón tanto al cabecilla de la AVT como a sus aborregados miembros acaba chocándose frontalmente con la defensa de que los que no hemos pasado por lo que pasaron ellos, no podemos opinar. Lo que viene a decir que a su modo de ver la justicia deja de ser ciega, y que sólo pueden juzgar aquellos que son lo suficientemente subjetivos para hacerlo. Lo dicho, para qué queremos justicia si podemos tener venganza.

Sans "Comic Sans", sil vous plaît

Me preocupa seriamente el aumento de las expresiones de mal gusto. No me refiero al mal gusto por el mal gusto. Por amor al mal gusto. El mal gusto buscado como máxima expresión del humor soez, chabacano y políticamente incorrecto como el que expresa La hora Chanante. Ese mal gusto me gusta mucho. Pero no es eso lo que me preocupa, sino el mal gusto inconsciente. La expresión de la incultura generalizada en materia de estilo. (A propósito de esto, mi secretaria debería recordarme escribir una entrada sobre por qué es aceptable lo mal hecho, hecho a propósito, y no lo es lo mal hecho, hecho sin querer).

Me estoy refiriendo a la falta de estilo generalizada que se extiende como una peste bubónica por todo el mundo civilizado. Una carencia no ya de diseño, sino también de la demanda del mismo. Los diseñadores son mediocres, pero no pasa nada porque los clientes son aún más mediocres que ellos. Y el problema radica en el crudo hecho de que el buen gusto, el estilo y la percepción de la armonía es algo que, cada vez con más firmeza, creo que no es enseñable. A menudo veo gente con un pésimo gusto metida de lleno en el mundo del diseño. Y al mismo tiempo veo gente con un gran sentido estético de nacimiento, aunque no se dediquen en absoluto al diseño. Y es que, como le dije hace muchos años al que entonces era mi compañero Esteban “el grumete”, tan aficionado a usar juntos todos los efectos de sombra paralela, resplandor interior, bisel, etc, en un mismo letrero produciendo un estilo rayano en lo rococó que era una pedrada visual: “Saber usar el Photoshop no te convierte en diseñador. Es mejor saber usar el lápiz.”

Pero vayamos a un caso práctico, que es sobre lo que quiero hablar hoy. Las empresas gigantescas suelen ser las que más dinero se gastan en diseño. Bueno, son las que más dinero se gastan en todo en general, y lógicamente, también se lo gastan en diseño. Suelen tener manuales de imagen de marca verdaderamente enciclopédicos (aunque luego muchas veces sólo sirven para coger polvo porque nadie los utiliza), y se gastan millonadas brutales en la creación de un logo que aparentemente, cualquiera podría hacer. (En 1999 Telefónica se gastó 6 millones de euros de los de entonces en la creación sus actuales logo y nueva imagen de marca, en la que ni siquiera cambiaron los colores corporativos, verde pistacho y azul marino). Pues bien, Microsoft es una de esas macroempresas que no escatiman gastos en diseño, no sólo para consumo propio sino también para civilizar al resto. Así, Microsoft tiene una pequeña división (pero ya es algo) dedicada a la tipografía. En esta pequeña fábrica de sueños, se dedican a crear fuentes tipográficas que sean de fácil aplicación a la informática. Tradicionalmente las tipografías se creaban para su correcta legibilidad estando impresas sobre un papel, pero las espantosas resoluciones de pantalla que aún hoy tenemos, hacen que un texto en Times New Roman escrito a menos de 10 puntos parezca una procesión de hormigas, sucesión de garabatillos inconexos. Así, en sus primeras versiones sólo nos daba la Arial, la Times New Roman y la Courier New como tipos a elegir en las familias sin serifa, con serifa y de caja fija. En 1996 Microsoft crea el proyecto Core fonts for the Web a la vista de que cada vez se leía más sobre una pantalla y menos sobre un papel y poco a poco fue introduciendo letras especialmente diseñadas por encargo para ofrecer tipografías aptas para ser presentadas en pantalla (además del genial invento del ClearType). De este modo apareció Andale Mono, Tahoma, luego Verdana, Georgia, y un largo etc. Y en este cúmulo de creaciones más que aceptables en lo que al diseño cuidado se refiere, surgió la aberración. Y la aberración se llamó Comic Sans.

Porque si Ferrero Rocher es “la expresión del buen gusto”, Comic Sans lo es del mal gusto. Comic Sans fue un engendro auspiciado (y pagado) por Microsoft para ofrecer una tipografía informal que imitase la letra mayúscula y manuscrita con que están escritos los textos de los bocadillos de los cómics. Estas tipografías suelen ser muy atractivas y ofrecen un aspecto rápido y dinámico, además de ligeramente agresivo sin ser necesariamente invasivas o amedrentar al lector. Tienen fluidez y rápida lectura. Para ello, Microsoft contó con la colaboración del diseñador Vincent Connare que, por lo que a mí respecta, aquel podría haberse roto la mano derecha, o la izquierda. La que use para coger el ratón. Para empezar, las tipografías llamémoslas “de tipo cómic”, tradicionalmente carecen de minúsculas. Es una tipografía sólo para versales. Comic Sans es una letra de aspecto infantil con una curvatura a la izquierda en el eje vertical de la caja que hace que las letras tengan un extraño aspecto de goma.

Además de lo dicho, podría entrar en discusiones mucho más técnicas (y aburridas) como que carece por completo kerning, que carece de modulación, y otras muchas características más que harían las delicias de los tipógrafos/tipólogos/tipomaníacos pero que, salvo una excepción (excluyéndome a mí mismo), no están entre mi abrumadora masa de público y además harían que este blog se pareciese peligrosamente a un programa de Sánchez Dragó más aún de lo que, muy a mi pesar, ya se parece.

No obstante, desde que vio la luz la Comic Sans ha sido un auténtico fenómeno de masas al estilo del fenómeno Aquarius del anuncio aquel. Una tipografía que habría de haber sido condenada al ostracismo, con una utilidad muy limitada cayó en gracia de las masas de gente (ignota) que la ha convertido en su tipografía de cabecera. Y no es que la Comic Sans sea mala en sí misma. A ver. Es una tipografía bastante lamentable, aunque en palabras de su autor, era una tipografía hecha para usarse en software infantil. Lo cierto es que el juego Los Sims hace uso masivo de esta tipografía y no queda mal del todo. El verdadero problema es el abuso que se ha hecho de esta tipografía. Se ha convertido en la letra estándar para casi cualquier papel impreso que aparece en un tablón de anuncios. Desde el menú del restaurante hasta el anuncio de “se vende piso” que hay pegado en una farola. Desde la publicidad de la perfumería de la esquina al aviso de que no se arme follón en la cafetería porque hay gente trabajando cerca. La Comic Sans es el tipo por defecto de una inmensa mayoría de la gente. Pero además llega a sitios insospechados. Incluso papeles de carácter oficial se imprimen con esa tipografía (sé de primera mano por mi amiga Yaiza, que cuando los estudiantes de Ciencias Ambientales se reunieron con la Directora de Universidades para no sé qué historia suya que les indignaba mucho, le presentaron a la firma una declaración de intenciones que, ¡oh cielos! estaba redactada en Comic Sans, si llego a ser yo la susodicha directora, nada más ver ese papel hago con él una bolita y se lo tiro a la nariz a quien me lo da, para después salir corriendo con las manos por delante). He visto incluso resoluciones judiciales escritas con este aborto tipográfico. El caso es, además, que cualquier cosa escrita con Comic Sans parece escrita de cachondeo. Si a mí me citase un juez con Comic Sans jamás iría y le respondería pensando que está de coña. Por no hablar de masivo uso en páginas web, Messenger y derivados, blogs y toda suerte de documentos de carácter personal, además de la bestial masa de personas que escriben su correo a diario con esta letra, haciendo que me duelan los ojos con dos de cada tres correos, incluso de carácter corporativo, que recibo cada día, para mi tormento. Mi labor evangelizadora a favor del buen gusto es una gota de agua en el océano.

Esto ha hecho que se genere una, aún no organizada Resistencia ante el avance imparable de esta tipografía. Numerosas voces se han alzado en contra del espanto de la Comic Sans, aunque lo preocupante es que también han aparecido voces en su feroz defensa (cuyas tribunas por supuesto, no voy a publicitar aquí).

En este caso creo que mi admirado Sr. Surowiecki con su The Wisdom of Crowds se equivoca de plano. Me niego a pensar que por el hecho de que una masa brutal de gente acepte y use la Comic Sans, ésta tenga que ser considerada una letra bonita.

Y querido lector. Si quieres una tipografía de estilo cómic, o manuscrito, usa “Comic Book Commando” o “Lucida Handwriting” que también son gratis y sólo si realmente te sientes seguro de tu buen gusto, elige otra diferente.

P.S.: Por cierto. Todo este blog tiene como tipografía por defecto una elitista Frutiger Linotype, aunque aquellos usuarios que no la tengan instalada en su PC lo visualizarán con una vulgar Verdana.

2 ene 2007

Otras formas de multiplicar

Multiplicación francesa

Acaban de pasarme esta página que contiene un interesante vídeo sobre un método para multiplicación que yo no conocía. El caso es que este método me resulta especialmente atractivo por lo gráfico del mismo aunque en esencia no es sino una forma gráfica de hacer una multiplicación por el método de Fibonacci (ver más abajo). Y me he preguntado cuántos profesores de matemáticas lo admitirían como válido. Esta pregunta surge porque el método que la mayoría aprendimos en el colegio para multiplicar números grandes (pongamos 635 x 64) no es más que un convencionalismo. Es decir, no es sino una forma más de resolver esa operación aritmética que llamamos multiplicación. En Matemáticas da bastante igual la forma en la que se llegue al resultado, siempre y cuando el resultado sea correcto. Nuestro método común, llamado "método largo", o "multiplicación francesa" data de finales del s.XVII y consiste en colocar un número bajo otro, y multiplicar el multiplicando por cada una de las cifras del multiplicador, comenzando por la de menor peso, colocando los resultados parciales uno bajo otro, pero desplazándolos un lugar a la izquierda respecto al anterior. Finalmente, se suman los resultados parciales, en nuestro caso 2.540 y 3.810 (que al estar desplazado a la izquierda equivale a 3.810x10=38.100), lo que nos da un resultado de 40.640.


Multiplicación de Fibonacci

El caso es que este no es ni muchísimo menos el único método posible. Tenemos métodos mucho más divertidos (supongo que por eso no se enseñan en las escuelas), como la "multiplicación con rejilla" o "multiplicación de Fibonacci" (aunque es un método oriental, lo introdujo en Europa Fibonacci en el s.XIII). Consiste en crear una rejilla en la cual, colocaremos en la parte superior el multiplicando, y en el lado derecho el multiplicador, a razón de una cifra por celdilla. Así, en nuestro ejemplo, 635 tiene tres cifras y 64 tiene dos, por lo que la rejilla será de 3x2. A continuación se multiplican los números de las "coordenadas" de cada celdilla, como si jugásemos a los barquitos, pero la celdilla se divide diagonalmente y se colocan las decenas en una mitad y las unidades en la otra. Como 9x9 son 81, nunca nos va a faltar espacio y siempre habrá un dígito en cada mitad de la celdilla. Por último, se suman las diagonales. En nuestro caso tenemos 5 diagonales, (3) (1, 6, 2) (3, 8, 1, 4) (0, 2, 2) y (0). La suma nos da 3, 9, 16, 4 y 0. Si alguna de las sumas diagonales tiene más de un dígito (como ocurre con el 16) las decenas se suman al anterior. En este caso al 9, que nos da 10, lo que hace que repitamos la operación en cadena. Ese 10 queda como 0 y el 1 de las decenas lo sumamos al anterior, el 3, con resultado de 4. Al final tras estos acarreos, las diagonales son 4, 0, 6, 4, 0. El resultado es 40.640.


Multiplicación egipcia

Otro método posible es el llamado “método egipcio”, por ser el comúnmente empleado en el Antiguo Egipto (y a juzgar por el legado arquitectónico, no parece un mal método) si bien es algo complejo ya que lleva implícita una factorización. Consiste en, dados los dos números de nuestro ejemplo 635 y 64. Se hacen dos columnas de números. En la primera doblamos números desde el 1 hasta llegar al multiplicando, o inmediatamente inferior. Es decir, la primera columna, en nuestro caso, sería 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256, 512 y no podemos seguir porque el siguiente duplo es 1.024 que es mayor que 635. La siguiente columna estará formada por los duplos del multiplicador, hasta llegar al mismo número de elementos de la primera columna. En nuestro caso sería 64, 128, 256, 512, 1.024, 2.048, 4.096, 8.192, 16.384 y 32.768. El hecho de que los primeros números de esta serie coincidan con los últimos de la anterior es sólo una coincidencia debida a que nuestro multiplicador, el 64, es potencia de 2, pero sólo es una casualidad. El siguiente paso a dar es seleccionar aquellas filas cuyos valores de la primera columna sea igual al multiplicando. Para hallarlo se suma el último valor (siempre va ser uno de las seleccionados) más el anterior. Si nos pasamos (en nuestro caso es así, ya que 512+256=768) desechamos ese valor y seleccionamos el siguiente (en nuestro caso tampoco nos sirve aunque por poquito, ya que 512+128=640) hasta que demos con uno con el que no nos pasemos (en nuestro ejemplo, es el siguiente ya que 512+64=576). Hallado este valor, continuamos sumando este resultado parcial al siguiente (576+32=608, nos sirve), al siguiente, etc., hasta totalizar el multiplicando. En nuestro ejemplo las filas seleccionadas son las que en la primera columna tienen los valores 1, 2, 8, 16, 32, 64 y 512 ya que 1+2+8+16+32+64+512=635, que es nuestro multiplicando. Por último, sumamos los valores no tachados de la segunda columna, cuyo total es el resultado de nuestra multiplicación (32.168+4.096+2.048+1.024+512+128+64=40.640).


Multiplicación rusa

Por último, un método similar aunque más simple, llamado “método del campesino” o “multiplicación rusa”, (o en inglés “russian peasant method”) es otro sistema que en este caso brilla por su sencillez a la hora de aplicarlo ya que sólo requiere saber multiplicar y dividir por dos, cosa que cualquier niño puede hacer de cabeza sin demasiada dificultad. Para aplicarlo, se hace una columna con los sucesivos divisores enteros por 2 del multiplicando. Es decir, 635 entre 2 da 317 con resto 1 (es una división entera). Para este método los restos nos dan igual. Esto lo hacemos sucesivamente hasta llegar al uno. En nuestro ejemplo, la primera columna está compuesta por los elementos 635, 317, 158, 79, 39, 19, 9, 4, 2, 1. En la segunda columna colocamos el multiplicador, y vamos doblándolo sucesivamente de la misma manera que hemos hecho en el método anterior, hasta tener tantos elementos como en la primera columna. Se desechan las filas que tienen un número par en la primera columna, y se suman los que quedan en la segunda columna. Los sumandos, en nuestro ejemplo, puede verse que son los mismos que en el método anterior, y el resultado vuelve a ser 40.640.


No son los únicos métodos para multiplicar, pero creo que con estos ejemplos se aprecia la diversidad de algoritmos que la aritmética posee. En Matemáticas cualquier método es bueno si siempre ofrece resultados correctos. No obstante y por desgracia algunos profesores un tanto estrechos de mente consideran incorrecta la aplicación de cualquier otro método de multiplicación que no sea el que aparece en el programa de estudios.

26 dic 2006

Lolita vs. Lolita

"Lolita" es uno de mis libros de cabecera. Lo leí por vez primera con 24 años, mientras veía cómo mis compañeros de trabajo me hacían comentarios socarrones al verlo sobre mi mesa, a los que yo respondía muy indignado que sus comentarios denotaban sin lugar a dudas que ellos no lo habían leído. Lolita es un libro con fama mal merecida, como le sucede al “Guardián entre el Centeno” y otros, fama insuflada sin duda por alguno que no lo ha leído o que lo ha leído sin tener dos dedos de frente. Con Lolita me enamoré perdidamente de Vladimir Nabokov, de su estilo adornado y metafórico, de deliciosa lectura. Cierto es que ningún otro libro de Nabokov me ha gustado tanto como este, y cierto es también que leer Lolita en primer lugar descafeinó bastante la experiencia con sus “Cuentos cortos”, o “La defensa de Luzhin” entre otros. Para el que no lo haya leído ni le importe que se lo destripe, extractaré que “Lolita” es una historia de amor imposible entre un hombre y una nínfula. Humbert fue siempre un chico tímido y con unos quince años se enamora localmente de Annabel, una niña de que empezaba a dejar de serlo, unos meses menor que él, cuando ambos veranean en la costa azul en el período de entreguerras. Cuando por fin una noche, ambos adolescentes van a dar rienda suelta a sus pasiones, un adulto les interrumpe y poco después Annabel muere de tifus privando a Humbert de su amor. Este hecho traumatiza al joven Humbert de tal modo que su ideal de belleza permanece congelado en aquellas formas a mitad de camino entre la niña y la mujer, que poseía su Annabel. Desde entonces no podrá enamorarse más que de un determinado tipo de niña, atrevida, atractiva, una de cada muchas que responde a la tipología que él mismo llama “nínfula”. El Humbert adulto es un atractivo varón que suele atraer a las mujeres y a lo largo de su vida intentará sin éxito buscar en mujeres de su edad esas características que su subconsciente anhela y que perdió aquel verano de su adolescencia. Así las cosas, emigra a Estados Unidos para impartir clases como profesor, y por una carambola del destino acaba alojado en casa de los Haze, una viuda llamada Charlotte y su hija de cerca de trece años, Dolores a la que llama cariñosamente Lolita. Humbert se enamora locamente de la adolescente, que en su descaro flirtea sin escrúpulos con el profesor, mientras la madre se enamora de él a quien pide matrimonio, propuesta aceptada por Humbert para poder permanecer al lado de Lolita. Los tres forman un peligroso triángulo amoroso que se rompe cuando Charlotte descubre el diario en el que Humbert plasma sus prohibidas pasiones hacia Lo. Ella, enajenada sale de casa corriendo para enviar tres cartas a su hija (en esos momentos en un campamento de verano), a una escuela en otra ciudad y al propio Humbert, cuando es atropellada por un coche lo que le convierte automáticamente en tutor legal de Lolita. A partir de ese momento, Humbert va a buscar a Lolita al campamento y se la lleva de viaje, donde comienza a dar rienda suelta a sus pasiones con una atrevida Lolita que se presta al juego amoroso atraída por aquel atractivo adulto y por una creciente sensación de dominar la situación. Poco a poco se invierten los papeles y el dominador se convierte en dominado cuando Lolita toma conciencia de su poder y comienza a utilizarlo para extorsionar a su padrastro cada vez más. Cuando la tensión llega al máximo, Lolita es seducida con mayor o menor consentimiento por su parte, por otro pedófilo, el escritor Clare Quilty, con quien decide irse para abandonar a Humbert. Tras ello, intentará localizar a Lolita a quien encontrará años después ya convertida en una mujer y con su vida rehecha. Ella no quiere mirar al pasado, un pasado en que Humbert, como siempre, ha quedado anclado. Ella le revela la identidad de su seductor, aquel que la apartó de su lado. Había sido Clare Quilty. Con este dato, Humbert decidirá buscarle y no descansará hasta dar con Quilty y acabar con su vida, centrando en él su desdicha por privarle de Lolita.

“Lolita” ha sido llevado al cine en dos ocasiones, ambas con título homónimo al del libro. La primera en 1962 dirigida por Stanley Kubrick y la segunda en 1997 dirigida por Adrian Lyne. Treinta y cinco años de diferencia. Es posible que los comentarios que voy a verter aquí levanten alguna que otra ampolla. Me pasa siempre. Pero qué le voy a hacer, ahí va: A mí me gusta más la de Adrian Lyne, que la de Stanley Kubrick. Pero antes de que nadie empiece a tirarme tomates, enunciaré mis razones, pero vaya por delante que quien desee ver alguna de las dos Lolitas, debería parar de leer ahora (aunque si has leído el párrafo anterior, poco voy a destriparte ya...)

Vamos con la primera Lolita. Tiene varios puntos a su favor. Su screenplay fue realizado ni más ni menos que por el propio Nabokov. Además, está dirigida por un maestro, si bien es cierto que en esta cinta no se aprecian detalles tan característicos del cine de Kubrick como los grandes angulares, que ya están presentes en “Espartaco” (1960) o “2001: Una odisea del espacio” (1968). No obstante es una buena película en líneas generales, aunque según se mire puede que quizá adolezca de cierto pastiche y fuese más recatada de lo que habría querido Kubrick, tal vez por la época en que fue realizada (es una teoría). Es posible que sólo el hecho de que llevase detrás el nombre de Nabokov, encumbrado escritor y afincado en Estados Unidos fuese lo que permitiese que el proyecto cinematográfico saliese a la luz en la puritana sociedad estadounidense de primeros de los sesenta. Además, hay detalles magníficos de Kubrick como la escena del baile, (que no aparece en la versión de Lyne), y que creo que está resuelta de un modo fantástico, con los personajes escudriñando entre los bailarines el otro lado de la estancia. Sin embargo, la escena de Humbert en la bañera nada más enviudar con los Farlow acompañándole no aporta nada a la trama y bien podría haberse suprimido del guión.

El proyecto de Adrian Lyne, sin embargo, me parece mucho mejor resuelto en todos los sentidos. Aporta escenas nuevas, y elimina otras menos necesarias, pero en las escenas comunes parece que se apoya bastante en el screenplay de Nabokov que tuvo Kubrick (yo también lo habría hecho, desde luego). Creo que se ciñe mucho más y mejor a la trama original y que el guión está mejor adaptado. No empieza con el asesinato de Quilty, como le ocurre a la primera Lolita (lo cual deja al descubierto ya gran parte de la trama, ya que puede verse a Peter Sellers morir y vérsele después haciendo de Quilty), sino un rato después, cuando Humbert huye, completamente descorazonado por la carretera tras cometer el crimen. En la Lolita de Lyne, a Quilty (Frank Langella) no se le ve el rostro en ningún momento hasta el final, lo que acompaña perfectamente el halo de misterio sobre ese personaje que Nabokov plasma en su libro. Kubrick oculta la cara de Quilty a Humbert, pero se la muestra al espectador, lo que hace que se pierda ese enigma sobre la identidad del oscuro personaje que se encuentra con la pareja allá donde van.

Además, Lyne explica el episodio de Annabel, lo cual da justificación al comportamiento psicótico-obsesivo de Humbert, dotándole de la humanidad de la que carecía el pedófilo sórdido y sin justificar de la primera Lolita, rayano en el viejo verde. Otro aspecto a destacar de esta Lolita es la perfección con la que reproduce todos los escenarios en general y el ambiente del barrio de Ramsdale donde viven las Haze en particular, así como la atención que presta a detalles como el perro de Junk (en el libro un setter, y en la película un gracioso fox de pelo duro), completamente obviado en la versión de Kubrick, y que tiene una relevancia vital en la trama pues, con su costumbre de tirarse contra los coches, es un actor fundamental en el atropello de Charlotte Haze. Igualmente, detalles como la señora Vecina que en su senilidad saluda a todo el que pasa frente a su puerta, aportan una riqueza ambiental que supera indudablemente a la primera Lolita. Además, el color en esta película me parece del todo imprescindible, y nunca me explicaré por qué Kubrick renunció a él en su proyecto. Por último es bien cierto que la segunda Lolita, evidentemente rodada en otro tiempo, es mucho más explícita que la primera, y más incluso que el propio libro, lo cual quizá sea uno de los pocos reproches que puede hacérsele al director inglés, aunque desde luego todas las escenas comprometidas están resueltas con una gran elegancia y sin caer jamás en lo grosero o desagradable.

Mención especial merece el capítulo referente a la música. Lyne contó con la colaboración de Enio Morricone en este aspecto que sin duda añadió una melodía que si bien quizá recuerda demasiado a la banda sonora de “La Misión”, me parece excepcionalmente bien elegida para ambientar esta historia, en contraposición a la gris melodía de la cinta de Kubrick.

Pero donde más reproches pueden hacérsele a Kubrick, en general es en el ámbito en el que también su Lolita es más reprochable. La elección de los actores. La Lolita de Kubrick probablemente haya sido la peor película de James Mason, que parece un ligón playero que quiere llevarse de calle a la niña como un viejo verde, más que el tímido y recatado Humbert interpretado magistralmente por Jeremy Irons, que llega incluso a inspirar lástima. Por otro lado, la primera Charlotte Haze (Shelley Winters) supera con creces la calidad interpretativa de Mason, y quizá sea, del primer reparto, la que más podría salvarse de la quema, estando a la altura de Melanie Griffith en ese papel, aunque personalmente la ñoñería y estupidez interpretada por la Griffith la convierte en mi favorita. Por último, el personaje central del triángulo es el que peor da la talla Kubrick, porque en lo que Adrian Lyne gana de largo es en la elección de Lolita. La primera Lolita, la de Kubrick, es una Sue Lyon de tan sólo 16 años pero que difícilmente puede inspirar el morbo que Nabokov plasma en su novela. Una interpretación un tanto forzada a veces y que se queda corta otras hacen que no me convenza en absoluto. Dominique Swain, la segunda Lolita, contando un año más en el momento del rodaje consigue encandilar a cualquiera con un aire menos adulto y mucho más pícaro. Más cercano al concepto de bruja demoníaca que Nabokov pone en boca de Humbert.

En definitiva. La Lolita de Lyne me parece una película mucho más cercana al libro no ya en lo argumental, sino en la resemblanza de cada personaje y en la calidad interpretativa de los mismos. La Lolita de Kubrick no es ni de lejos su mejor película y puede que esté entre las peores, si tenemos en cuenta a sus hermanas de padre, “El resplandor”, “La naranja mecánica”, “Espartaco”, “2001: una odisea del espacio”, “Eyes Wide shut”, “Barry Lyndon” o “La chaqueta metálica”. La versión de Lyne es más fiel, más colorista, más rica, más humana, más cercana y no busca tanto la alineación moral del público, sino simplemente contar con fidelidad y en el lenguaje visual una de las historias más bellamente escritas.

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