27 ene. 2014

¿Tiene solución la discriminación de la mujer en el mercado laboral?

Cuando hablamos de las problemáticas del mercado laboral, hay un tema recurrente. Las bajas por maternidad. Sería hipócrita hacer la vista gorda ante un hecho cierto, y es que ante dos perfiles idénticos, uno de un hombre, y uno de una mujer en edad de procrear, la mayoría de contratantes se decantará por el hombre. Esto no lo digo yo, lo dicen las encuestas.

Habiendo reconocido que tenemos un problema, llega el momento de arreglar el mundo proponiendo soluciones. Una, muy radical, podría ser suprimir la baja maternal de cuajo. Así están en igualdad de condiciones hombres y mujeres. Es decir, que la madre se pidiera una excedencia, o algo así y dejara de cobrar. La empresa no pagaría nada, y la readmitiría a su vuelta (o no), casi como si la madre fuese autónomo (ay, los autónomos…) Sería una medida de igualdad muy en la línea de liberalismo radical que vivimos hoy en día. El empresario, malvado siempre, diría: "Si no vienes a currar, no pago ni un duro, me da igual que sea por gripe o por maternidad. Y cuida que no te despida."

Bien, no me convence del todo. Vayamos a por otra opción. Quizá obligar a que el padre se tome forzosamente un 50% de la baja por maternidad. Evidentemente esto hace que a la hora de contratar a alguien, si es hombre, sabes que en cuanto tenga una criatura, va a ausentarse sí o sí independientemente de su condición genital. Esto podría parecer a simple vista una posible solución, aunque me chirría un poco. En un momento dado, lo de "obligar al padre a tomar el 50% de la baja de maternidad" se me difumina con "obligar a una madre a tener un hijo aunque no lo quiera", y resulta he visto llegar ambas dos posturas desde posiciones ideológicas diametralmente opuestas. Igual es percepción mía, pero va a ser verdad aquello de que los extremos se tocan. Además, llegados a este punto, cabría hacer preguntas más capciosas en la entrevista. "¿Es usted soltera? ¿Tiene novio? ¿Piensa tenerlo?" Porque claro, si es madre soltera, se cogerá la baja por maternidad íntegra por no tener con quién compartirla. Ya no discriminaremos a las mujeres por serlo, sino a las solteras que tienen un riesgo importante de cogerse el 100% de la baja, en vez de repartirlo con su marido, "como Dios manda". Así que trasladaremos el problema laboral de las mujeres, a aquellas que se quedan para vestir santos. Y todo esto por no hablar de la injerencia que supone que el Estado diga quién y qué periodo de tiempo ha de tomarse como baja cada persona en algo tan tremendamente personal como es el tener un hijo, y cuyas decisiones deberían ser consensuadas en el seno de la pareja, sin ser asunto del Estado.

Como creo firmemente que la labor del Estado es crear una sociedad igualitaria y no entrometerse en lo que las personas hacen con su vida privada, quizá hay que buscar otra solución más garantista y menos restrictiva que permita evitar la discriminación a la mujer en el mercado laboral por la razón del "riesgo" que supone que tenga un bebé. ¿Y para quién supone eso un riesgo? Vamos ser inteligentes, y a pensar en el otro lado para obtener the big picture. —Aquí me voy a extender un poco fuera del tema para ponernos en situación, pero creo sinceramente que es muy necesario para poder ver las cosas con perspectiva.—

Supongamos que yo soy empresario y tengo que contratar a alguien. No soy Emilio Botín, ni César Alierta, ni Amancio Ortega, ni mucho menos. Soy "empresario" porque tengo una tienda (una farmacia, una panadería, una floristería, un bar o el chino que te resuelve la papeleta cuando te quedas sin leche) en la que la que como soy el dueño curro todos los días (de lunes a viernes mañana y tarde, y sábados y domingo sólo por la mañana, bendita libertad de horarios). Vamos, lo que viene siendo de sol a sol. Aun así, aunque voy algo justo, me planteo contratar a un único empleado para que me eche una mano, quizá haciendo un reparto, o para poder atender otras cuestiones del negocio que la atención al público me deja sin tiempo. Quizá así el negocio crezca algo. Contratar a alguien es una decisión delicada, y en una empresa, como nos jugamos los cuartos, la decisión ha de tener muy en cuenta los pros y los contras. Tengo sobre la mesa dos perfiles igualmente cualificados y a ambos les voy a pagar lo mismo porque soy un empresario honesto (existen, palabra). Sin embargo un candidato es un hombre, y el otro candidato es una mujer recién casada. No es yo sea Herodes y odie los niños, pero desde el punto de vista de mi minúscula empresa (y aquí viene el quid de la cuestión), si en mi tiendecita de barrio la chica se me queda embarazada, me supone un problema mayor del que yo pretendía solventar con su contratación. Un problema porque tengo que buscar un sustituto. Un problema porque tengo que hacer entrevistas. Un problema porque tengo que formarle. Y todo para contratar a alguien que va a trabajar sólo tres meses en mi tienda. Ah, que el tema era que yo necesitaba un empleado porque no tenía tiempo para nada, y ahora resulta que ni tengo el empleado y necesito más tiempo aún para sustituirlo. Tiempo, de ese mismo del que no tengo. Una ETT quizá me solucionaría el tema, pero me sale más cara, y ya he dicho que voy algo justo de dinero, las ventas cubren gastos y poco más. Ante ese panorama, como empresario tengo que minimizar el riesgo de la misma manera que minimizo cualquier otro riesgo de mi negocio, y más en estos tiempos. Y en este caso en concreto se minimiza contratando al hombre. Bienvenidos al mercado. ¿Injusto para la mujer? Claro, si de injusticias está esto lleno. Y de lo que se trata aquí es de eliminarlas, no de negarlas.

Como parece que en España todos los empresarios son las hermanas Koplowitz a cualquiera que le hables de esta situación te dirá "que se joda el empresario", porque la clase peor tratada de nuestro panorama laboral son las PyMES y los autónomos, si tienen una S.L. con una cuota de Seguridad Social (autónomo societario) más alta que el resto de autónomos, con el mismo riesgo de quedarse en paro que cualquier otro trabajador, pero que encima no cobran prestación por desempleo y además arriesgan su propio dinero para generarse su propio puesto de trabajo y hasta algún puesto de trabajo adicional. Pero sí, "que se joda el empresario".

En fin. Si somos algo más empáticos entenderemos que es también una situación de enorme injusticia no comprender las razones por las cuales el empresario toma esa decisión aun reconociendo la injusticia subyacente para la mujer. ¿Pero qué pasaría si en vez de decirle a la gente cómo tiene que vivir su vida (con imposiciones al empresario, o a los padres), que queda muy autoritario. eliminamos las injusticias evitando la situación para que se den?

Supongamos entonces que yo soy empresario y tengo encima de la mesa los dos currícula de mis dos candidatos finales, igualmente cualificados. Uno es un hombre y otro una mujer (ahora no sé si es recién casada o no). El hombre podría tener un hijo con su pareja, si la tiene, la mujer también, el hombre podría ser gay y adoptar y en ambos casos podrían cogerse la baja entera, o a medias con su pareja (si la tienen), las posibilidades son enormes. Pero a mí, como empresario me da igual, porque en cuanto un empleado mío se coja una baja por maternidad, independientemente de su sexo, orientación sexual o situación sentimental, el Estado me va a compensar debidamente por ello. ¿Cuánto? Lo necesario. Ni más ni menos. Entrar ahora en cifras es absurdo, pero imaginemos que la ayuda estatal es la necesaria y suficiente para poder compensar el engorro de buscar y seleccionar un sustituto, por ejemplo, encargando el proceso a una ETT (cosa que en el supuesto anterior no me podía permitir). Es más, como la compensación es la adecuada, puedo incluso hacer que, con la debida planificación, coincidan la gestante (o la pareja de la gestante, o el/la adoptante) y su sustituto durante un periodo de tiempo proporcional a la formación necesaria para ocupar el puesto. Y me puedo permitir todo esto porque tengo una compensación adecuada por parte del Estado que incluso puede incluir una compensación adicional por asumir el proceso y la hipotética merma de negocio que supondría (como una indemnización por una granizada). De repente, como empresario, todo lo veo más claro y realmente no veo ninguna diferencia en contratar al hombre o a la mujer. Es más, así incluso el "riesgo" de que ella se quede embarazada juega a mi favor. Así el Estado vela por los intereses de quien decide tener un crío (insisto, independientemente de su sexo, su orientación sexual o situación sentimental, ya que ahora no supone un "riesgo" una chica joven recién casada), y también, por qué no, por los intereses de quien le contrata, que también existe y tiene sus problemas.

Es que esto le cuesta dinero al Estado. Nos ha jodido mayo con las flores. Claro. Y la sanidad. Y la educación. Y las pensiones. Y las ayudas a la dependencia... Es que todas las medidas de igualdad social, absolutamente todas, le cuestan dinero al Estado.

2 comentarios. Deja alguno tú.:

Laura dijo...

Aunque se llegara a una regulación ideal con las bajas de maternidad y paternidad, aún hay quien tiene reticencias a contratar mujeres porque piensa que son menos válidas que los hombres.

No lo digo por decir, aunque suene a frase manida. Date una vuelta por donde trabajo y echa un ojo.

Nacho dijo...

Evidentemente, Laura, lo que dices es un problema también, pero de otra índole completamente diferente. Pensar que una mujer, por el mero hecho de serlo es menos productiva no es un hecho cierto sino un pensamiento que puede ir desde el mero prejuicio machista a una lamentable y desafortunada generalización basada en un caso aislado, siendo benévolos.

Sin embargo la casuística a la que hago referencia en el artículo, acerca del problema que le supone a un pequeño empresario que una empleada se quede embarazada sí es algo objetivamente real. Sucede en todas las pymes. Y ojo, no estoy defendiendo esa discriminación, ni muchísimo menos. Me limito a analizar un hecho, sin pasar por alto ningún aspecto ni abandonar los intereses de ninguna de las partes y a proponer una posible solución al respecto.

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