2 sept. 2013

El amargo sabor del nacional-sindicalismo

Cuando a finales del siglo XIX se desata la tormenta marxista en Europa determinados sectores de la sociedad de muy diversos orígenes no se encuentran cómodos en el juego, ya sea por no comulgar con las posturas tradicionalistas de la clase dominante o quizá por estar excluidos del juego monopolístico del capitalismo, y no encajando tampoco en las corrientes comunistas, demasiado a la izquierda, basculan inicialmente sin rumbo ni ideología concreta. En ese caldo de cultivo aparece el "tercerposicionismo" que a principios del siglo XX dará lugar a movimientos totalitarios pero que sin embargo se oponen al capitalismo tradicional por considerarlo fuente de ruptura y conflicto e ir en contra de los intereses más elevados de la grandeza nacional. Ejemplos de este tipo de movimientos son el fascismo italiano, su variante española, el nacional-sindicalismo, o el nacional-socialismo alemán, aunque los hubo masivamente por toda Europa e incluso América.

En el plano ideológico estos movimientos han sido tradicionalmente muy difíciles de clasificar ya se posicionaban al margen de la tradicional división del espectro político izquierdas-derechas, mediante la creación de un "ni pa' ti, ni pa' mí", el llamado "tercerposicionismo". Pero no sólo por ello, sino porque integraban distintos elementos comúnmente de izquierdas como el corporativismo (en ocasiones llevado incluso hasta el colectivismo), la economía dirigida, abolición de la libertad de mercado o la fortísima presencia del Estado como institución, que colisionaban frontalmente con las tesis de la derecha capitalista. Sin embargo también chocaban con las posiciones de la izquierda ya que tenían siempre una componente nacionalista de gran peso opuesta al internacionalismo socialista, además de en algunos casos, como en España, articularse en torno a valores muy tradicionalistas y cercanos a la Iglesia como la familia, el matrimonio, etc. usando la Iglesia como el pegamento de la nación española y como elemento común y cohesionador (al igual que la raza aria del NSDAP). Esto es uno de los elementos diferenciadores del caso español, ya que en Italia y Alemania estos movimeintos declararon a la Iglesia poco menos que enemiga del pueblo, e incluso el NSDAP rayaba el paganismo con su fascinación por la mitología germánica. Si los analizamos, son movimientos que toman más elementos de la izquierda que de la derecha, de modo que en principio deberían arrastrar más simpatías por la izquierda que por la derecha.
Por todo esto, tildar estos movimientos, como se hace comúnmente desde posturas de izquierdas, como simples posiciones de derechas no sólo es tremendamente inexacto, sino también demuestra una gran incomprensión (cuando no un total desconocimeinto) sobre la naturaleza de estas corrientes ideológicas. ¿De dónde parte una idea tan equivocada? Siendo un movimiento ideológico tercerposicionista y sincrético en su planteamiento, que toma elementos transversalmente tanto de concepciones ideológicas de izquierdas como de derechas y se opone a ambas, ¿por qué el posicionamiento hacia él es tan desigual entre la derecha y la izquierda española? ¿Por qué, si Falange se distancia explícitamente de izquierdas y derechas, la izquierda española siente auténtica aversión mientras que la derecha no? Muchas veces, cuando veo tildar a José Antonio Primo de Rivera de ser "de derechas" me entran ganas de preguntar "¿Pero tú sabes lo que es el fascismo, piltrafilla?"

Quizá sea porque el tercerposicionismo español fue adulterado por Franco como hace un vulgar camello de poca monta con cualquier droga para sacarle más rendimiento.

Aunque ensalzados posteriormente casi a la categoría de héroes nacionales en España, el nacional-sindicalismo de Ramiro Ledesma, Sánchez Mazas, Onésimo Redondo o Primo de Rivera es, en su origen, un acercamiento al anarquismo aunque desde el autoritarismo. No en vano todos estos movimientos asimilan los colores tradicionales del anarquismo, rojo y negro, como identificativos. Se busca una sociedad ideal, al igual que lo hace el anarquismo, aunque en España no se pretende crear una sociedad nueva, sino basarla en la arraigada tradición católica. Fuera parte eso, es un movimiento tercerposicionista de libro que aparece como respuesta de ese segmento social desubicado y compuesto tanto por conservadores moderados, como por proletarios que desconfían del comunismo radical. ¿Os acordáis del personaje de Attila Mellanchini en Novecento? Ese conjunto creciente de inadaptados que se sitúan en la brecha cada vez mayor entre grandes capitalistas y auténticos desheredados es el caldo de cultivo perfecto para la aparición de los fascismos. Y la recién nacida democracia aperturista y tolerante de la República es el marco ideal para que en el mismo 1931 empiecen a fundarse distintos partidos inspirados en el partido de Mussolini, y que desembocarán esencialmente en Falange Española y en las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista. Sin embargo el planteamiento diferenciador español de cercanía a la Iglesia ya supuso un primer alejamiento de una izquierda española muy reaccionaria hacia el clero "Si los curas comieras piedras del río, no estarían tan gordos, los tíos jodíos".

En cualquier caso el problema surge al estallar la Guerra Civil. Si bien los golpistas estaban apoyados (ideológica y económicamente) por sectores de ultraderecha asentados en la CEDA, el régimen seguía siendo el republicano y esas derechas se sentían muy cómodas. La idea inicial de Emilio Mola ("el director") era derrocar el gobierno de izquierdas pero mantener el régimen republicano, aunque con la tutela de la cúpula militar. El fracaso del golpe de estado desencadena una guerra con la que no cuentan los rebeldes. Para colmo de males (para ellos) la muerte de "el director" en junio de 1937 aúpa a Franco como jefe supremo del bando sublevado y se cambia el rumbo de los planes iniciales. En la cabeza del ferrolano, profundamente religioso y por ende monárquico, no cabe la república como forma de gobierno. Sólo con Franco el bando sublevado adopta el escudo monárquico y se abandona el republicano con corona mural que hasta ese momento ondeaba en sus banderas rojigualdas. Sólo una monarquía a la que se dejaría paso tras una estabilización previa (que acabó durando casi cuatro décadas) por parte de un gobierno autoritario. Ya se sabe, "It's good to be king".

 Y ahí está el quid de la cuestión. La CEDA es un partido de derechas pero republicano. Y la derecha en España se ha asimilado muy bien a la república. Desde el punto de vista político Franco sólo puede tirar del carlismo y poco más. Es entonces cuando, ya muerto José Antonio Primo de Rivera (que había pasado a mejor vida el 20 de noviembre de 1936), y amparado en la abolicición de todos los partidos, se toma control de Falange Española y de las JONS y se crea el mejunje FET y de las JONS llamado a ser el referente ideológico del régimen y partido único. Si Hitler tenía el NSDAP aquí no podíamos ser menos. Eso sí, dejó de ser nacional-sindicalismo y se transfiguró en nacional-catolicismo.

Así fue como un partido de corte cuasi anarquista acabó convertido por obra y gracia de Francisco Franco en un cajón desastre de la ultraderecha más rancia y conservadora y albergando en el inicio de la nueva democracia de finales del siglo XX a aquellos nostálgicos del régimen dictatorial. Y así fue cómo la izquierda, muchas veces por ignorancia acabó denostando a su fundador, José Antonio "por ser de derechas" sin serlo realmente.

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