29 jun. 2014

El postureo tertuliano sobre ETA

Anoche me costó dormir. Y eso que estaba usando La Sexta Noche, así en bajito, para atocinarme. Pero no había manera. La barbacoa me había dejado un poco empachado y no dejaba de dar vueltas en la cama con los tertulianos interrumpiéndose unos a otros mientras el tontol'haba de Iñaki López les dejaba hacer con la excusa de que "le gusta el debate". Sin embargo llegó un momento en que se pusieron a hablar de las palabras de Pablo Iglesias (el nuevo, no el fundador de la UGT) en el Fórum Europa, sobre ETA.

Fórum Europa es una tribuna política, como ellos mismos se definen, que realizan coloquios y charlas en el hotel Ritz de Madrid. Un hotel de altísimo nivel. En dicho fórum no es infrecuente ver a personalidades potentes de la economía y la vida social. Podríamos decir que tanto por sus participantes como por el lugar en el que se celebran sus reuniones es bastante elitista.

Y llamaron a Pablo Iglesias supongo que con la misma curiosidad con la que llevaban en el siglo XIX a recepciones de la alta sociedad con la realeza presente a un pobre indio traído de las Américas, para que los ilustrados europeos pudieran ver de cerca cómo era un salvaje sin tener que adentrarse en el proceloso hábitat en el que dichos desharrapados vivían. A los indios americanos no les preguntaron, pero a Pablo Iglesias le preguntaro. Y aceptó.

Y allí, en medio de dicho ambiente hizo unas declaraciones que citaré textualmente:
"El terrorismo de ETA causó dolor, pero tiene explicaciones políticas."
Por supuesto, algunos imbéciles (es el apelativo más suave que se me ocurre) como Eduardo Inda, aparte de reprochar a Pablo Iglesias que dé una conferencia en el hotel Ritz (quizá piensan que debería haberles dicho "no, si voy yo el Fórum Europa ha de celebrarse en un local social de Usera") han corrido a tergiversar sus palabras diciendo que Pablo Iglesias había dihco que el terrorismo tenía justificación política. Pablo Iglesias no justificó nada, y no es lo mismo justificar que explicar. Explicar es analizar las causas, y justificar es alinearse con las motivaciones. Justificar el terrorismo es un delito mientras que explicarlo es cosa de la que se encargan las Ciencias Políticas. Quizá si Eduardo Inda es tan imbécil que no distingue entre justificar y explicar, no debería ejercer la malograda profesión de periodista. Y si no es imbécil sino que obra de mala fe, tampoco.

Fue gracioso ver a imbéciles de uno y otro bando alineándose contra un enemigo común, aunque ello les costase el ridículo. De un lado la feroz agresión desde los sectores de la derecha como el ya citado imbécil de Eduardo Inda, a las palabras de Pablo Iglesias aun teniendo que tergiversarlas o manipularlas. Parece que es terriblemente difícil para ellos elaborar un argumento con consistencia… Del otro lado, gente de izquierdas como Antonio Miguel Carmona, que supongo embriagado por el postureo mainstream ante el terrorismo se dejó llevar por la corriente y se sumó a la panda de bonobos tirando piedras sin saber muy bien por qué. Y ahí haré mi reflexión.

Negar que el terrorismo tenga explicaciones políticas implicaría que los terroristas matan por deporte, o por gusto, lo que los convertiría no en terroristas sino en simples enajenados, o perturbados mentales. O eso, o están infiriendo que el terrorismo etarra no es político sino simplemente un fundamentalismo religioso lo cual sería más delirante aún, si cabe. Todas las acciones bélicas más o menos organizadas que tienen por fin un cambio en el statu quo de una forma de gobierno tienen sin excepción una motivación política en todo o en parte. Desde la lucha de guerrillas de Curro Jiménez, que perseguía el fin político de expulsar a un invasor francés (que a pesar de que su rey le había dejado entrar hasta la cocina, él no aceptaba), hasta el terrorismo de Al Qaeda, que persigue el fin político de un cambio mundial en la relación del mundo con el Islam, creando un califato global, aunando al fin político, una motivación también religiosa. Desde el terrorismo de la OLP, que perseguía el fin político de la creación de un estado árabe en Palestina, hasta el terrorismo de las FARC, que persigue el fin político de la creación de un gobierno marxista-leninista en Colombia. Desde el terrorismo de La Mano Negra y Gavrilo Princip, que pretendía el fin político la unificación de los eslavos del Sur en la llamada Gran Serbia, hasta el terrorismo del IRA que pretendía el fin político la unificación de los territorios de la isla de Irlanda bajo un único gobierno republicano. Desde el terrorismo de Terra Lliure, que perseguía el fin político de la secesión de Cataluña o el de ETA que perseguía el fin político de la secesión del País Vasco, también. Explicar el terrorismo, o incluso decir que su explicación es política es, por parte de Pablo Iglesias, una perogrullada monumental, como puede verse, ya que no siendo ETA una secta religiosa, su motivación sólo puede ser política.

Pero llegar al postureo de negar que el terrorismo tenga explicaciones políticas sólo porque queda mejor ningunearlo y reducirlo a una mera "locura" de algunos vascos es simplemente quedar como un sobreano gilipollas ante miles de espectadores sin tener la capacidad de enjuiciamiento mínima que se le puede exigir a alguien con estudios elementales. Y esta gente son los que están en la tele "creando opinión", algunos de ellos hasta dando clase a la próxima generación de españolitos. Tela marinera.

1 comentarios. Deja alguno tú.:

Leicca dijo...

Negar la explicación política es muy ventajoso para el que está en el poder. En general, negar la posibilidad de realización de cualquier idea, sea de la índole que sea, es muy útil para mantenerse uno donde está. Puede que esté bien eso de mantenernos donde estamos (que nos mantengan donde estamos), no digo que no. Puede que estemos en el mejor de los mundos posibles. Lo lamentable es que si no fuera así, si éste fuera incluso el peor de los mundos posibles, el poder político nunca aceptaría que se le propusiera ningún cambio. Así es como funciona de manera esencial. En la base del poder político siempre está la fuerza. La del estado (presente) siempre se propone como legítima, sea de derechas o de izquierdas. La de los demás (revolución, cambio) siempre se califica como ilegal. En definitiva: entrar al trapo es perder el tiempo. Hay que conseguir adeptos, tanto si tu causa es el mantenimiento del status quo como si es la ruptura con él.

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