11 dic 2009

Administración ¿eeeeh?lectrónica

Muchas veces tengo la sensación de que este país nuestro se comporta como los dos protagonistas del duelo a garrotazos de Goya. Como dos hermanos siameses unidos por la cintura que se dan de tortas sin poder decidir quién controla las piernas. En medio de un titánico, costoso y al mismo tiempo vergonzantemente inútil esfuerzo por parte del Estado para la implantación del DNIe y de lo que ha dado en llamarse Administración-e, (que al fin y a la postre no sirven absolutamente para nada). De modo y manera que uno se encuentra con situaciones lamentablemente kafkianas que te hacen pensar si no estarás en algún país tercermundista en vez de en uno pretendidamente del primer mundo.

Si hay algo que cualquier ciudadano aborrece es perder el tiempo en colas de ventanillas burocráticas donde un lacónico funcionario te atiende de mala gana o te indica incorrectamente sobre esta u otra gestión, debido a lo cual días más tarde uno ha de volver a perder el tiempo en la cola de esa u otra ventanilla burocrática donde ese mismo u otro lacónico funcionario te atiende de mala gana o te indica incorrectamente sobre la misma u otra gestión diferente. A este propósito cabe mencionar que ese funcionario me da un pésimo servicio, en ocasiones incluso maleducado, a mí. A la persona que le paga el sueldo. A la mano que le da de comer. Gracias al cielo vivimos en el siglo XXI y por tanto uno puede ahorrarse verle la cara de ajo, o esperar inútilmente a que llegue de tomarse su enésimo café de media hora, gracias a los avances de la tecnología. Yo un auténtico fanático de la tecnología aplicada a la vida cotidiana. El LHC es la caña, desde luego, pero el sensor de aparcamiento me parece la bomba. Por eso creo que debí de ser de los primeros españoles en disponer de un Certificado Digital de Firma Electrónica, allá por los noventa. Cuando le contaba a la gente que yo presentaba mi declaración de la Renta por Internet me miraban ojipláticos como si tuviesen delante al Capitán Kirk en pijama, hablándoles del motor de curvatura recién descendido del Enterprise (teletranspórtame Scotty).

En aquella época yo era joven e idealista, y creía que “en el futuro” las cosas serían mejores. Cuando se habló por primera vez del DNIe (poco después de aquello), yo ya me imaginaba pagando con créditos en vez de con pesetas, gracias a un multipase identificativo que contendría en una única tarjeta desde mi DNI hasta la tarjeta de crédito, pasando por la de fidelización del supermercado o la de socio del Blockbuster (D.E.P.). Al poco se filtraron algunas de las características de dicha maravilla venida del futuro, y caí desde mi Walhalla tecnológico directamente al suelo español. El DNIe iba a ser una majadera bazofia hecha para contentar a cuatro politicuchos, que recordaba al ladino sastre que hizo el traje nuevo del Emperador.

No estaba todo perdido. El DNIe saldría adelante mal que bien, aunque fuese una mierda pinchada en un palo. No importaba, los aguerridos defensores de la Administración-e estaban dispuestos a todo con tal de convertir a nuestra piel de toro en la vanguardia de lo digital. En aquella época nos convertíamos en el país más securizado del mundo gracias a una legislación de Protección de Datos Personales al más alto nivel. Como oí decir a un experto en Seguridad Lógica «En fútbol somos una mierda —aún no habíamos ganado la Eurocopa—, pero en Protección de Datos somos Brasil»

Entretanto, en otro lugar se gestaba un fantástico proyecto de notificación electrónica. Sería maravilloso poder recibir por correo las notificaciones de multas de tráfico y de los palos de Hacienda. Por supuesto, el que suscribe estaba el primero de la cola para digitalizarse. Vi cómo el cartero virtual me traía un par de multas de aparcamiento o algo parecido. Era maravilloso porque, tal como sucede con el cartero de carne y hueso, uno podía recoger (o no) el certificado de la DGT, viendo de dónde procedía. Pero luego dicho cartero electrónico debió de romperse una pierna, o las dos, porque no volvió a aparecer por mi buzón de correo electrónico. Fue una lástima, porque habría sido un mecanismo maravilloso para que Hacienda me informase de que el Modelo 300 era sustituido por el Modelo 303, en vez de enterarme al último día de su presentación y que a causa de ello me saliesen canas de golpe y mi miocardio perdiese una década de vida útil. Pero eso sucedió mucho tiempo después de que el sistema de Notificación-e empezase a coger polvo en el fondo de algún servidor.

Un buen día me llegó el momento de solicitar el Certificado de Firma Digital para una persona jurídica y no física. El trámite no podía ser muy diferente. Bastaría con acreditar la existencia real de dicha persona jurídica (tal como hace una física). Pero si bien a una persona física le piden sólo su DNI, a la jurídica le piden, además, la partida de nacimiento. O lo que es lo mismo, la inscripción en el Registro Mercantil.

Si el mundo de los trámites burocráticos administrativos relacionados con la empresa es estrambótico y anodino como ninguno, los registros mercantiles se llevan la palma. Por supuesto, el Registro Mercantil de Madrid, tiene su página web… hecha con Microsoft FrontPage en una tarde de marzo de 1998, por lo menos. Resulta que el mencionado certificado de nacimiento de la empresa, hay que pedirlo al Registro Mercantil. Ni que decir tiene que la única forma de contactar satisfactoriamente con el Registro Mercantil de Madrid es el teléfono. Un teléfono que 6 de cada 10 veces comunica, y 3 de cada 10 no lo coge nadie. Esto nos deja una raquítica tasa de éxito del 10%. Cuando conseguí comunicación, le conté brevemente mis penas, y una señorita me ofreció las dos posibilidades para solicitar dicho certificado. Uno es claro está, ir físicamente allí y aguantar la puñetera cola, perder una mañana y ya. Y el otro método… por fax. Mi querido fax, del que ya he contado sus bondades. No hay forma de pedirlo electrónicamente, a través de la web, a través del correo electrónico… Nada. ¿Para qué?, si a fin de cuentas el DNIe es una mierda… Además, para esto no haría falta el DNIe, ya que el fax tampoco es que verifique que lo he enviado yo… En fin. Por supuesto, dicho certificado no es un PDF firmado, no. Es un papel físico y deteriorable, que me envían por correo contra reembolso de la correspondiente tasa.

Otro de los trámites que requiere la activación de una empresa son los puñeteros libros. Uno de los libros es el Libro de Visitas. No es la aplicación que tenían todas las webs de los noventa. Es un libro de 50 hojas duplicadas y numeradas correlativa y consecutivamente, tamaño DIN A4, para que cuando venga un Inspector de Trabajo, firme las hojas, se lleve una del par, y quede la otra como resguardo. Dicho libro se adquiere físicamente en cualquier papelería, pero hay que “legalizarlo” llevándolo al Ministerio de Trabajo o equivalente, donde lo sellarán y adoptará carácter oficial. Leyéndome toda esta farfolla burocrática y decimonónica me encuentro, oh fortuna, que existe algo llamado “libro de visitas electrónico”. ¡Jarl! ¡Bien! Así que me encamino hacia la web del Ministerio de Trabajo donde está la solicitud que ha de rellenarse para la mencionada versión digital del mencionado libro. La solicitud es un documento de Word (propietario, caca), que uno ha de descargarse, rellenar… ¡¡Y llevar al Ministerio!! O sea que si uno quiere evitarse llevar el libro físicamente al Ministerio para sellarlo, la opción que tiene es descargarse el documento, imprimirlo y llevarlo físicamente al Ministerio. Kafkiano. No sólo eso, sino que un par de líneas más arriba, la propia web advierte que el Ministerio de Trabajo no dispone de medios de presentación telemática, y que por tanto uno puede ir allí, o ir allí. Ah bueno, siempre tenemos la opción del puñetero fax.

En qué hora se inventaría Internet, el DNIe, la Adminsitración-e y demás zarandajas. En la época de los oficinistas con visera, manguitos, pluma de mojar y del “Vuelva usted mañana”, esto funcionaba exactamente igual de mal que ahora pero al menos uno se resignaba a sabiendas de que no existía un mundo mejor.

10 dic 2009

Haidar no es Gandhi

He despejado mis legañas con el murmullo de fondo de la radio, como cada mañana, y en ese estado de vuelta a la vida he oído a Zapatero decir algo así como que la senda pacífica y dialogada es lo único que garantiza la seguridad a futuro.

Cuando surge algún conflicto, la senda del diálogo, del pacifismo, de la resistencia pasiva, etc. siempre están presentes al calor de ideas como Nelson Mandela o Gandhi. En estos días, el caso de Aminatu Haidar la ha catapultado a las primeras planas como “la Gandhi saharaui”. Evidentemente la actitud de Haidar, como la de Zapatero es tremendamente loable, pero de lo que frecuentemente nos olvidamos es de que esas sendas pacíficas no siempre son aplicables en igualdad de condiciones. Gandhi se enfrentó al Imperio Británico con esa estrategia porque se enfrentaba a un régimen democrático, cuyos gobernantes dependían de una opinión pública a la que Gandhi supo meterse en el bolsillo. Pero la Historia está cuajada de ejemplos en los que esto no funciona. Al actual Dalai Lama le sirvió (y le sirve) de muy poco el buen rollo contra la China dictatorial cuando se invadió el Tíbet. Y lo mismo sucedió con Pol Pot en Camboya o con los opositores a Bokassa, por citar un par de ejemplos entre muchos posibles.

Marruecos no es el Imperio Británico (qué más quisieran). Ni siquiera es un país democrático, ni está en vías de serlo. Marruecos sigue siendo un reino absolutista al más puro estilo del Antiguo Régimen, y contra este tipo de instituciones es absolutamente inútil adoptar posturas gandhianas.

No estoy haciendo aquí un alegato a favor de la violencia, ni instando a nadie a tomar la vía de las armas. Nada más lejos de mis intenciones. Pero entre un extremo y otro, entre el buenismo rayano en la indolencia y la guerra de guerrillas hay múltiples vías y caminos, y quizá la actitud laxa, tímida y blandengue que está adoptando el gobierno de España en el caso de Haidar sería válida contra el Imperio Británico pero desde luego no contra el Marruecos feudal.

Precisamente por eso lo suyo sería que España adoptase las medidas de presión necesarias y suficientes para desbloquear la crisis de Haidar con la firmeza y premura que asegurasen una resolución de la misma antes de que las cosas lleguen demasiado lejos y la huelga de hambre de Haidar la quite de en medio. Porque si esto sucediese, Marruecos sería culpable, pero España sería responsable, y sería una gota más que llenaría el cubo de la ignominiosa responsabilidad española en la indignante situación del Sáhara Occidental. Y ese reparto de culpas hará temblar el suelo de Zapatero bajo sus pies, pero provocará las risas de un Mohammed VI que no verá nada en su horizonte que haga peligrar su posición como gobernante absoluto.

Y es que Haidar no es Gandhi. No porque no pueda serlo, sino porque no vive en la India británica.

8 dic 2009

El Centro de la Tierra de Tolkien

En el episodio 5x03 de Expediente X, traducen Middle Earth, (la Tierra Media de J.R.R. Tolkien) por "el Centro de la Tierra"... Rayano en el delito, vamos...

3 dic 2009

La carne es débil, pero la cara durísima

Si he de ser sincero, me lo veía venir. Ya lo advertí, y pedí que se exigiese a nuestros pusilánimes eurodiputados que defendiesen nuestros derechos. Alguno de ellos (o su secretaria), como en el caso de Alejo Vidal-Quadras, respondió agriamente diciendo en un tono muy agresivo que ellos (los eurodiputados) no iban a dejar desprotegidos los derechos de nadie. Efectivamente, lo que hicieron fue lavarse las manos como Poncio Pilatos, prefiriendo que cada país integrante de la UE hiciese y deshiciese a su antojo en su feudo.

Y efectivamente, así sucedió. Estaba claro que nuestro Gobierno nos la iba a clavar, pero no me imaginaba que iba a ser de una forma tan descarada. Lo cierto es que han utilizado la primera excusa que han tenido para legislar sobre los cortes del servicio de ADSL sin mediación judicial. Eso nos deja a los ciudadanos completamente desvalidos y sin la tutela judicial que nos corresponde.

Sin embargo la nefasta González-Sinde, que probablemente ha sido la peor titular del Ministerio de Cultura que ha tenido este país, quiso, ya que se abría el melón, sacar alguna raja de más. Y así, llevada de la mano de sus amigos de la SGAE, metió de forma descarada en una Ley de Economía presuntamente sostenible algo que nada tenía que ver con la sostenibilidad.

Lo insultante, además de la desfachatez que supone meter de clavo semejante pegao a una Ley, sin que tenga mucho que ver con ella, es el atentado que supone hacia los derechos de los internautas. Simplemente venía bien. Era la primera ley que se iba a aprobar, y no iban a perder la oportunidad. Si hubiese sido una ley sobre el uso del suelo agrícola, también habría caído con la misma cara dura. No me cabe duda.

En España ningún gobierno (y el actual no es una excepción) ha tomado en cuenta los intereses de los internautas, sin darse cuenta, estúpidos ellos, de que internautas somos, cada día más, casi todos. Sin darse cuenta, estúpidos ellos, de que cada día más, internauta será sinónimo de ciudadano, porque quien más quien menos, todos tenemos o tendremos una vida en Internet, que irá desde presentar la declaración de la Renta, hasta hacer la compra, pasando por relacionarse con la gente, compartir fotos con la familia, comprar y vender, etc.

Y así sucedió que de golpe y porrazo este gobierno y su nefasta menestra de Incultura se encontraron encima de la mesa con un manifiesto  que está dando la vuelta al mundo varias veces. Lo redactaron algunos, y lo secundamos casi todos. Estos idiotas, que no saben quiénes son los internautas, no tienen ni puñetera idea de lo que se les viene encima. Ya estamos hartos de que se entreguen nuestros derechos a la cueva de ladrones que es la SGAE y sus golfos apandadores.

2 dic 2009

El complejo complejo de Miguel Strogoff

De vez en cuando me toca hacer algún trámite (últimamente me ha tocado hacer muchos), y sobre todo los referentes a algún estamento institucional, uno llama por teléfono, y solicita un papel… Generalmente es un papel que le han pedido en otro lado, no es que yo coleccione papeles. Ni mucho menos. Personalmente si por mí fuera, me bastaría un PDF firmado digitalmente por un emisor de firmas de confianza. Pero la Administración no sabe de eso. Así que a uno le dan la opción siempre de ir a solicitar (y luego recoger) el puñetero papel a una ventanilla. Como generalmente tengo mejores cosas que hacer que perder mi precioso tiempo en trámites absurdos, kafkianos y decimonónicos, solicito que si hay algún modo de hacer eso de forma “no presencial”, como por ejemplo (y sugiero) por correo electrónico. La respuesta siempre es la misma: “No, pero tenemos un fax”. Como si el fax fuese la quintaesencia de la tecnología. Como si fuese un digno sustituto del correo electrónico.

Señores de la administración, y gente en general. El FAX es una puta mierda, que usa tecnología del Pleistoceno. El fax requiere que yo imprima un papel, para meterlo en una maquinita, y que acto seguido tire a la basura ese papel, o lo use para envolver bocadillos. Además, lo que se transmite y finalmente llega a su destino dista mucho de parecerse al original. El escáner del fax es una basura, y no se transmiten escalas de grises. El documento que se recibe a menudo parece un partido de fútbol entre hormigas, más que algo inteligible. Eso por no hablar de la absurdez de enviar un carnet de identidad por fax, o el despropósito que supone que un fax al que uno tiene que enviar algo, comunique hasta el infinito.

Señores de la administración y gente en general. El CORREO ELECTRÓNICO no es algo moderno. Tiene ya cuarenta años de historia. No es tecnología de última generación, de la misma manera que no es un bolígrafo, o una calculadora de bolsillo tampoco son el último grito. Ustedes no es que no se hayan modernizado. Es que llevan diez lustros sin move ficha mientras la soceidad sigue su camino adelante. Dejen de trabajar con visera, manguitos y pluma de mojar y adopten una tecnología como el CORREO ELECTRÓNICO, que ahorra papel, tiempo, dinero, y mejora la eficacia y el servicio al ciudadano o al cliente que, en definitiva, se supone que es para lo que están ustedes ahí. Venga, ya están tardando.
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