Creo firmemente que uno tiene que modular (no he podido evitarlo) su discurso en función de su audiencia. Por eso no es lo mismo que un "mindundi" diga que los condones son malos, agarrado a la barra de un bar, a que lo diga el Papa, que me han dicho tiene cierto predicamento entre unos cuantos millones de humanos. Por eso es tan peligroso que un imán predique barbaridades en el sermón, o que llame a la guerra santa.
Subproductos y diarreas mentales producidas por diversos excesos de índole cognitiva.
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4 oct 2012
10 may 2012
El poder de mentir
| Un agente de la Guardia Civil es una persona cuya palabra tiene carácter probatorio (como la de un policía, un juez, o un notario). Esto significa que en un proceso judicial, su palabra no es un mero testimonio, como el de un periodista, o un camarero, sino una prueba. Esto, como es fácil adivinar, es un gran poder. Y como le dijo el tío Ben a Peter Parker, "un gran poder conlleva una gran responsabilidad". O debería conllevarla... |
18 may 2011
Luces y sombras de la #AcampadaSol
Vaya por delante que soy uno de los más vehementes defensores e impulsores del cambio auspiciado por #NoLesVotes y #DemocraciaRealYa, y que lo que voy a decir aquí es la impresión de un ciudadano, creo que dictada por el sentido común.
Anoche había en la Puerta del Sol (#AcampadaSol) más gente que el lunes y mucha más que el domingo. Era ya la tercera noche de pernocta y tal como ya había dicho, la cosa iba a ir en progresión geométrica. Aunque es cierto que había alguna persona de mediana edad, no es menos cierto que más del 90% de los allí congregados eran veinteañeros. Mucho olor a porro y mucha litrona. Es normal que, simplemente viendo el panorama, se tenga la sensación de que aquello es una "protesta juvenil". También es cierto que con 25 años se tiene más aguante para estar horas en la calle que con 55.
Mucha gente sentada, y simplemente haciendo bulto. Y eso no es malo en absoluto. No podemos esperar que todos y cada uno de los que se suman a una revolución sea un Che Guevara. También es necesaria la gente de base que sea la infantería de la revolución. Que se vea que hay una adhesión masiva. Al cabo de estar un rato por allí, gritando consignas espontáneas de vez en cuando, nos dimos cuenta de que algunas consignas eran un tanto contraproducentes en cuanto se movían dos neuronas: "Queremos un pisito como el del principito", o "Queremos un chalé como el de Zapatero", y cosas similares que, pensando medio mal, parecen indicar que los que eso gritan no quieren mucho cambio del sistema, sino que están movidos por cierta envidia y simplemente quieren ser ellos los que estén arriba. Es decir, "no me interesa demasiado eliminar la injusticia, sino eliminar mi injusticia. La que me jode a mí." Un pensamiento muy capitalista, (todo el mundo quiere ser millonario), muy egocéntrico y hasta egoísta si se quiere. Pero bueno, siempre hay gente que se mueve sin mucho raciocinio, es inevitable que haya descerebrados, y mientras no quemen contenedores, que se queden diciendo tonterías.
En un momento dado, en medio de lo que parecía un macrobotellón, se empezó a oír alguien hablando a través de un megáfono:
— "Vamos a ver, escuchad todos, necesitamos organizarnos..." —Y pensamos "Organizarnos. Bien, eso es lo que hace falta, algo de organización en el desmadre este." Pero nos dimos de bruces con la realidad:
— "Vamos a organizarnos para el tema de la acampada, y el reparto del agua, y de los bocatas. En Tirso de Molina está el quiosco de los bocadillos y..."
No salíamos de nuestro asombro. Esto no es un campamento de refugiados. Está montado en el puto centro de Madrid y hay supermercados y bares por doquier, coño. El avituallamiento no es una prioridad. Que la gente se traiga el bocata de casa, o se lo compre en el Brillante. La organización es necesaria en otro sentido. En el sentido ideológico. Así que decidimos ir a buscar a Pablo, uno de los portavoces con el que ya habíamos hablado el día anterior, al que encontramos bajo la carpa que se estaba montando para la acampada.
Mientras esperábamos a que terminase de atender a varios periodistas constatamos que la estrategia de comunicación que se está siguiendo es, siendo benignos, una bisoñez. Estaba repondiendo a preguntas sobre su vida personal, y acerca de los detenidos por los disturbios del 15M la respuesta era que aquellos eran "borrachos, drogadictos o gente con problemas mentalaes". Cuando terminó de atender a los periodistas y hablamos con él, le aconsejamos que, dado que actuaba como portavoz, tuviese mucho cuidado con lo que se decía a los medios, ya que no tenía mucho sentido echar tierra sobre unos detenidos para los cuales al mismo tiempo se estaba pidiendo la libertad sin cargos. "Todo lo que he le dicho se sabe ya". Bien. En primer lugar, se sabe ya porque se ha dicho, y en segundo lugar, aunque "se sepa ya", si no es apropiado, hay que dejar de decirlo.
Entonces le comuniqué que en mi opinión los medios estaban un poco perdidos porque la gente que no estaba metida en el ajo (y me atrevería a decir que también muchos de los que sí estaban metidos en el ajo), no tenía clara cuál era la reivindicación de aquella sentada. La respuesta fue que "Aún no hay ninguna reivindicación, hay gente que reivindica muchas cosas. Gente que quiere libertad para el pueblo palestino, etc." Intentamos hacerle ver que la reivindicación de la sentada no podía ser la suma de todas y cada una de las reivindicaciones personales de los congregados. Que era imperativo y urgente que cada comunicación a los medios contuviese un mensaje claro y conciso de qué era lo que se pedía desde Democracia Real Ya, y que creíamos que podía ser, en tres líneas, la no aparición de imputados en listas, o la reforma de la ley electoral. Con una sonrisa entre complaciente y paternalista nos dijo que no entendíamos nada de lo que allí estaba pasando y que la asamblea era a las 23:00 y que si queríamos pidiésemos turno de palabra y lo expusiésemos. Que ellos no iban a nombrar un líder, (concepto al que parecía tener especial alergia, aunque todo estaba repleto de consignas, fotos, menciones y frases de líderes de tomo y lomo como Gandhi o el Che Guevara). Constantemente parecía encajar mal los pensamientos divergentes, la disparidad de opiniones. Además, mostró ser proclive a la conspiranoia, acusando a RTVE de censura y de inventarse las noticias (personalmente creo que esto último sólo lo hacen Libertad Digital y El Mundo y así se lo dije). Sé de primera mano que en la redacción de RTVE pesa mucho la acusación de no haber sabido reaccionar con prontitud ni antes del #15m ni durante el #15m y que sólo ahora están dando noticias lentamente sobre lo que está sucediendo. Por eso le dijimos que tienen a la prensa comiendo de su mano, intentando enterarse de qué coño es lo que está pasando allí, y sin embargo nadie era capaz de dar un mensaje claro. En un intento de salir de aquella calma chicha en lo que parecía un diálogo de besugos le dijimos
— "Pero cuáles son los objetivos"
— "El objetivo es dormir aquí esta noche"
— "Pero eso no tiene sentido, ese era el objetivo de AYER. Hablamos de un objetivo reivindicativo"
— "Queremos intentar dormir esta noche porque no sabemos si vamos a llegar a mañana..."
Y ahí quedó la cosa... Al final, tuvo que dejar abruptamente la conversación para atender otros menesteres de suma importancia, a saber, saludar y abrazar a un grupo de chicas que llegó. Nosotros decidimos irnos con una sensación de irrealidad ciertamente inquietante.
Mi opinión sobre lo que está pasando, en resumen es que se está concentrando una enorme masa crítica en torno al llamado "movimiento" Democracia Real Ya, que no se está canalizando ni aprovechando de ninguna manera. El problema es que no se está lanzando a los medios un mensaje claro y muy conciso y se está malinformando no por maldad sino por falta de más información. Creo que es necesario que se nombre, si no un líder, sí un coordinador/portavoz que aglutine y concentre el mensaje y la organización más allá de los bocadillos. Este es un movimiento que tiene ya muchos enemigos, y va a tener cada vez más. Es imprescindible que se evite cualquier excusa para dañar la imagen del mismo, como la apariencia de macrobotellón, de perroflautismo, de porrerío, de consignas no reformistas sino "intercambiadoras de papeles" (como la del pisito como el del principito), o de ataques directos y/o personales ya sea a personas físicas, a entes políticos o a los medios de comunicación. Si se quiere que esto vaya para adelante, la prensa es la gran aliada. Tratarla a patadas no conduce es totalmente contraproducente. Si lo que se quiere es una reforma política profunda hay que ser constructivos y no destructivos. Sólo entonces se conseguirá que la gente que no sabe lo que es Twitter, qeu no sabe lo que es un hashtag y que se informa a través de la tele, la radio o la prensa sepa qué demonios es lo que está pasando y por qué. Y sólo entonces se conseguirá sacar algo productivo de toda esa fuerza bruta ya que sería verdaderamente lamentable que se echase a perder por no existir organización. Como decía aquel anuncio en un tono casi zen, La potencia sin control no sirve de nada.
Anoche había en la Puerta del Sol (#AcampadaSol) más gente que el lunes y mucha más que el domingo. Era ya la tercera noche de pernocta y tal como ya había dicho, la cosa iba a ir en progresión geométrica. Aunque es cierto que había alguna persona de mediana edad, no es menos cierto que más del 90% de los allí congregados eran veinteañeros. Mucho olor a porro y mucha litrona. Es normal que, simplemente viendo el panorama, se tenga la sensación de que aquello es una "protesta juvenil". También es cierto que con 25 años se tiene más aguante para estar horas en la calle que con 55.
Mucha gente sentada, y simplemente haciendo bulto. Y eso no es malo en absoluto. No podemos esperar que todos y cada uno de los que se suman a una revolución sea un Che Guevara. También es necesaria la gente de base que sea la infantería de la revolución. Que se vea que hay una adhesión masiva. Al cabo de estar un rato por allí, gritando consignas espontáneas de vez en cuando, nos dimos cuenta de que algunas consignas eran un tanto contraproducentes en cuanto se movían dos neuronas: "Queremos un pisito como el del principito", o "Queremos un chalé como el de Zapatero", y cosas similares que, pensando medio mal, parecen indicar que los que eso gritan no quieren mucho cambio del sistema, sino que están movidos por cierta envidia y simplemente quieren ser ellos los que estén arriba. Es decir, "no me interesa demasiado eliminar la injusticia, sino eliminar mi injusticia. La que me jode a mí." Un pensamiento muy capitalista, (todo el mundo quiere ser millonario), muy egocéntrico y hasta egoísta si se quiere. Pero bueno, siempre hay gente que se mueve sin mucho raciocinio, es inevitable que haya descerebrados, y mientras no quemen contenedores, que se queden diciendo tonterías.
En un momento dado, en medio de lo que parecía un macrobotellón, se empezó a oír alguien hablando a través de un megáfono:
— "Vamos a ver, escuchad todos, necesitamos organizarnos..." —Y pensamos "Organizarnos. Bien, eso es lo que hace falta, algo de organización en el desmadre este." Pero nos dimos de bruces con la realidad:
— "Vamos a organizarnos para el tema de la acampada, y el reparto del agua, y de los bocatas. En Tirso de Molina está el quiosco de los bocadillos y..."
No salíamos de nuestro asombro. Esto no es un campamento de refugiados. Está montado en el puto centro de Madrid y hay supermercados y bares por doquier, coño. El avituallamiento no es una prioridad. Que la gente se traiga el bocata de casa, o se lo compre en el Brillante. La organización es necesaria en otro sentido. En el sentido ideológico. Así que decidimos ir a buscar a Pablo, uno de los portavoces con el que ya habíamos hablado el día anterior, al que encontramos bajo la carpa que se estaba montando para la acampada.
Mientras esperábamos a que terminase de atender a varios periodistas constatamos que la estrategia de comunicación que se está siguiendo es, siendo benignos, una bisoñez. Estaba repondiendo a preguntas sobre su vida personal, y acerca de los detenidos por los disturbios del 15M la respuesta era que aquellos eran "borrachos, drogadictos o gente con problemas mentalaes". Cuando terminó de atender a los periodistas y hablamos con él, le aconsejamos que, dado que actuaba como portavoz, tuviese mucho cuidado con lo que se decía a los medios, ya que no tenía mucho sentido echar tierra sobre unos detenidos para los cuales al mismo tiempo se estaba pidiendo la libertad sin cargos. "Todo lo que he le dicho se sabe ya". Bien. En primer lugar, se sabe ya porque se ha dicho, y en segundo lugar, aunque "se sepa ya", si no es apropiado, hay que dejar de decirlo.
Entonces le comuniqué que en mi opinión los medios estaban un poco perdidos porque la gente que no estaba metida en el ajo (y me atrevería a decir que también muchos de los que sí estaban metidos en el ajo), no tenía clara cuál era la reivindicación de aquella sentada. La respuesta fue que "Aún no hay ninguna reivindicación, hay gente que reivindica muchas cosas. Gente que quiere libertad para el pueblo palestino, etc." Intentamos hacerle ver que la reivindicación de la sentada no podía ser la suma de todas y cada una de las reivindicaciones personales de los congregados. Que era imperativo y urgente que cada comunicación a los medios contuviese un mensaje claro y conciso de qué era lo que se pedía desde Democracia Real Ya, y que creíamos que podía ser, en tres líneas, la no aparición de imputados en listas, o la reforma de la ley electoral. Con una sonrisa entre complaciente y paternalista nos dijo que no entendíamos nada de lo que allí estaba pasando y que la asamblea era a las 23:00 y que si queríamos pidiésemos turno de palabra y lo expusiésemos. Que ellos no iban a nombrar un líder, (concepto al que parecía tener especial alergia, aunque todo estaba repleto de consignas, fotos, menciones y frases de líderes de tomo y lomo como Gandhi o el Che Guevara). Constantemente parecía encajar mal los pensamientos divergentes, la disparidad de opiniones. Además, mostró ser proclive a la conspiranoia, acusando a RTVE de censura y de inventarse las noticias (personalmente creo que esto último sólo lo hacen Libertad Digital y El Mundo y así se lo dije). Sé de primera mano que en la redacción de RTVE pesa mucho la acusación de no haber sabido reaccionar con prontitud ni antes del #15m ni durante el #15m y que sólo ahora están dando noticias lentamente sobre lo que está sucediendo. Por eso le dijimos que tienen a la prensa comiendo de su mano, intentando enterarse de qué coño es lo que está pasando allí, y sin embargo nadie era capaz de dar un mensaje claro. En un intento de salir de aquella calma chicha en lo que parecía un diálogo de besugos le dijimos
— "Pero cuáles son los objetivos"
— "El objetivo es dormir aquí esta noche"
— "Pero eso no tiene sentido, ese era el objetivo de AYER. Hablamos de un objetivo reivindicativo"
— "Queremos intentar dormir esta noche porque no sabemos si vamos a llegar a mañana..."
Y ahí quedó la cosa... Al final, tuvo que dejar abruptamente la conversación para atender otros menesteres de suma importancia, a saber, saludar y abrazar a un grupo de chicas que llegó. Nosotros decidimos irnos con una sensación de irrealidad ciertamente inquietante.
Mi opinión sobre lo que está pasando, en resumen es que se está concentrando una enorme masa crítica en torno al llamado "movimiento" Democracia Real Ya, que no se está canalizando ni aprovechando de ninguna manera. El problema es que no se está lanzando a los medios un mensaje claro y muy conciso y se está malinformando no por maldad sino por falta de más información. Creo que es necesario que se nombre, si no un líder, sí un coordinador/portavoz que aglutine y concentre el mensaje y la organización más allá de los bocadillos. Este es un movimiento que tiene ya muchos enemigos, y va a tener cada vez más. Es imprescindible que se evite cualquier excusa para dañar la imagen del mismo, como la apariencia de macrobotellón, de perroflautismo, de porrerío, de consignas no reformistas sino "intercambiadoras de papeles" (como la del pisito como el del principito), o de ataques directos y/o personales ya sea a personas físicas, a entes políticos o a los medios de comunicación. Si se quiere que esto vaya para adelante, la prensa es la gran aliada. Tratarla a patadas no conduce es totalmente contraproducente. Si lo que se quiere es una reforma política profunda hay que ser constructivos y no destructivos. Sólo entonces se conseguirá que la gente que no sabe lo que es Twitter, qeu no sabe lo que es un hashtag y que se informa a través de la tele, la radio o la prensa sepa qué demonios es lo que está pasando y por qué. Y sólo entonces se conseguirá sacar algo productivo de toda esa fuerza bruta ya que sería verdaderamente lamentable que se echase a perder por no existir organización. Como decía aquel anuncio en un tono casi zen, La potencia sin control no sirve de nada.
16 may 2011
Ni abstencionistas ni antisistema
Ayer comenzó algo. Comenzó un cambio. Ayer hubo una manifestación en muchas ciudades españolas por varios grupos no muy definidos pero con una motivación muy clara. El origen de todo ello fue #NoLesVotes.
6 abr 2011
Pensamientos encadenados
Leo en la prensa "La OTAN prometió hacer todo lo posible para proteger a civiles atrapados en la ciudad libia de Misrata" y mi imaginación vuela sin pedirme permiso.
Sin poner soldados sobre el terreno, la OTAN tiene muy limitada la capacidad de romper un cerco a una ciudad aliada como Misrata. La única posibilidad sería intentar hostigar las líneas de suministro de Gadafi, intentando que las fuerzas rebeldes resistieran en la ciudad hasta que la escasez de suministros debilitara lo suficiente a las tropas gubernamentales para poder romper el cerco desde dentro.
Es una táctica muy similar a la que se seguía en la Edad Media
7 mar 2011
Sí, yo fui uno de los afectados...
Pues sí. Me quedé bloqueado en la nieve el viernes pasado en la A-6. Yo soy uno de los afectados.
Salí de casa poco antes de las diez, y no tenía ni idea ni de que había nevado ni de que estaba nevando. Cuando abrí la puerta de casa lo flipé. No sólo estaba todo blanco sino que además caían copos del tamaño de kleenex con una velocidad tremenda. Aún así me metí en el coche y pensé "bueno, esta calle está muy poco transitada, pero la autopista no creo que tenga problema". Cuando estaba en el paso elevado que da acceso a la A-6 empecé a darme cuenta del percal.
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| Tras rebasar los camiones y autobuses cruzados que provocaban el atasco |
17 ago 2010
Metasolicitando...
Ibertrola es auténticamente KAFKIANA. Para hacer una solicitud hay que solicitar la solicitud, y además la citada metasolicitud es un obscuro documento que no está al alcance de nadie. Hay que solicitar que a uno le envíen por correo o fax (el correo electrónico no es una opción) la solicitud para solicitar el cambio de titular, ya que según me informa la amable señorita que me atiende "estuvo disponible un tiempo en la web, pero ya no está". Sin embargo aunque he solicitado la metasolicitud alrededor de media docena de veces, esta no llega nunca. Sin duda la dirección es correcta, ya que las facturas arriban religiosamente con puntualidad británica. Quizá están probando si realmente deseo con fuerza la metasolicitud, y sólo me la enviarán tras solicitarla una docena de veces. Es como intentar entrar en una logia masónica. No se puede dejar entrar a cualquiera que lo pida en un calentón. Lo que para el agua o el gas me ha llevado una llamada de 10 minutos, con Ibertrola se dilata durante semanas y semanas...
12 jul 2010
¿Y ahora qué se hace?
Jamás he sido especialmente aficionado al fútbol. Desde pequeño era más de chapas y canicas, de jugar a liebre, o a indios y vaqueros, a la guerra, o a tirarme globos de agua. Mis deportes eran otros y los practicaba a instancias de mis padres (que quisieron que aprendiese a nadar antes que a caminar), no el en recreo sino por mi cuenta.
Jamás hice una colección de cromos de la liga, jamás escuché los partidos por la radio ni los comenté los lunes al llegar al colegio, al instituto, a la universidad o a la oficina. Me consideraba mero simpatizante Real Madrid por ser "el equipo de mi pueblo" (para disgusto de mi abuelo Juan que era colchonero a muerte), pero jamás fui capaz de nombrar una alineación, fuera parte de cuatro o cinco jugadores que trascendían lo deportivo. Recuerdo a Suker, al que vi en su mercedes saliendo de Puerta de Hierro con Ana Obregón un día que sacaba al perro a pasear, y cosas parecidas.
Sin embargo siempre, desde pequeño, me animaba a ver los partidos internacionales, heredando la sosegada afición que se respiraba en casa. Recuerdo haber visto con mi padre el España-Malta, el épico partido del 12-1 y el "gol de Señoooooooooor" y esas cosas. Recuerdo haber hecho la colección de cromos del mundial de México 86 (el primero del que fui realmente muy consciente). Recuerdo el mundial de Italia 90 del que vi algún de España junto a Carlos Berzosa en la cafetería de profesores de la entonces Facultad de Económicas y Empresariales, en Somosaguas. Recuerdo el mundial de USA 94, el de Francia 98, el de Corea y Japón 2002 que vi en la oficina, con el partido que nos robaron los surcoreanos. El de Alemania 2006... Y siempre veía los partidos con una ilusión moderada, consciente de ser aficionado de un equipo mediocre que jamás ganaba y que quizá jamás ganaría el Mundial.
Recuerdo una pregunta de un gachó, uruguayo él, que me asaltó por ICQ allá a finales de los noventa, seguramente coincidiendo con el mundial del 98, preguntándome por qué España, que tenía la liga nacional más importante del mundo, jamás había tenido un puesto relevante en el campeonato del mundo, más allá de cuartos de final. No supe responderle...
La española no era una selección ganadora, no era una selección que no ganase porque quedase subcampeona. ¡Qué va! Era una selección que siempre tenía un papel mediocre que ni siquiera se acercaba al triunfo. Recuerdo presenciar cómo se proclamaban campeones países de los llamados "clásicos". Brasil, Alemania, Francia... Y ahora, de repente, he visto cómo aquel equipo de camiseta roja, la misma camiseta roja que vestía Naranjito, al que animaba aquel niño, levanta ese trofeo dorado, que hasta ahora ocupaba uno de esos cromos plateados de los álbumes de Figurini Panini. Ahora España es campeona del mundo. ¿Y ahora qué se hace?
Jamás hice una colección de cromos de la liga, jamás escuché los partidos por la radio ni los comenté los lunes al llegar al colegio, al instituto, a la universidad o a la oficina. Me consideraba mero simpatizante Real Madrid por ser "el equipo de mi pueblo" (para disgusto de mi abuelo Juan que era colchonero a muerte), pero jamás fui capaz de nombrar una alineación, fuera parte de cuatro o cinco jugadores que trascendían lo deportivo. Recuerdo a Suker, al que vi en su mercedes saliendo de Puerta de Hierro con Ana Obregón un día que sacaba al perro a pasear, y cosas parecidas.
Sin embargo siempre, desde pequeño, me animaba a ver los partidos internacionales, heredando la sosegada afición que se respiraba en casa. Recuerdo haber visto con mi padre el España-Malta, el épico partido del 12-1 y el "gol de Señoooooooooor" y esas cosas. Recuerdo haber hecho la colección de cromos del mundial de México 86 (el primero del que fui realmente muy consciente). Recuerdo el mundial de Italia 90 del que vi algún de España junto a Carlos Berzosa en la cafetería de profesores de la entonces Facultad de Económicas y Empresariales, en Somosaguas. Recuerdo el mundial de USA 94, el de Francia 98, el de Corea y Japón 2002 que vi en la oficina, con el partido que nos robaron los surcoreanos. El de Alemania 2006... Y siempre veía los partidos con una ilusión moderada, consciente de ser aficionado de un equipo mediocre que jamás ganaba y que quizá jamás ganaría el Mundial.
Recuerdo una pregunta de un gachó, uruguayo él, que me asaltó por ICQ allá a finales de los noventa, seguramente coincidiendo con el mundial del 98, preguntándome por qué España, que tenía la liga nacional más importante del mundo, jamás había tenido un puesto relevante en el campeonato del mundo, más allá de cuartos de final. No supe responderle...
La española no era una selección ganadora, no era una selección que no ganase porque quedase subcampeona. ¡Qué va! Era una selección que siempre tenía un papel mediocre que ni siquiera se acercaba al triunfo. Recuerdo presenciar cómo se proclamaban campeones países de los llamados "clásicos". Brasil, Alemania, Francia... Y ahora, de repente, he visto cómo aquel equipo de camiseta roja, la misma camiseta roja que vestía Naranjito, al que animaba aquel niño, levanta ese trofeo dorado, que hasta ahora ocupaba uno de esos cromos plateados de los álbumes de Figurini Panini. Ahora España es campeona del mundo. ¿Y ahora qué se hace?
28 jun 2010
Una combinación mortal
Cuando los hermanos Coen presentaron a la productora su película Fargo, Joel e Ethan Coen (1996), en la que al inicio se anuncia como basada en hechos reales, los señores de la Warner les dijeron "No podéis decir que está basada en hechos reales. Eso es mentira." Y los hermanos respondieron "Efectivamente. Es cine, y el cine es mentira."
Conozco a un tipo bastante vehemente. Es de estos que defienden su postura con tanta fiereza como escasez de argumentos. El otro día apareció hablando de una película llamada La Cuarta Fase (The Fourth Kind, Olatunde Osunsanmi (2009)). El tipo este afirmaba que la película era poco menos que un documental, basándose en las advertencias que se hacen en ella. Para los que hayan tenido la suerte de no ver dicho filme diré que narra las investigaciones de Abigail Tyler, una psiquiatra que trabaja en un pequeño pueblo de Alaska, donde comienza a tratar a numerosos pacientes que afirman tener las mismas visiones y experiencias. Finalmente descubre que en la pequeña población se dan numerosísimos casos de abduciones (encuentros en la cuarta fase, de ahí el título), a manos de extraterrestres.
Al inicio de la cinta, aparece Mila Jovovich presentándose a sí misma, y anunciando que va a interpretar el papel de la doctora Abigail Tyler basándose en el trabajo de la misma. Asimismo, advierte que intercaladas con su dramatización, el director ha incluido vídeos tomados en su consulta, así como documentación oficial, como grabaciones de las llamadas a la policía, de la cámara de un coche patrulla, y demás. También advierte que el guión está basado en las notas y escritos de la doctora Tyler. A lo largo de toda la película aparecerán cada actor con su nombre real, con rótulos en pantalla del estilo "Will Patton, as Sheriff August (alias)", dejando claro que ese no es el auténtico Sheriff August, sino una dramatización del mismo interpretada por Will Patton, etc. lo cual da un ambiente ciertamente de documental.
Uno de los presentes, al que el vehemente intentaba convencer de lo asombroso y revelador del documento que acababa de presenciar, hizo gala de tener dos dedos de frente (o alguno más), y dudó de la veracidad del supuesto "documento". Al punto, el vehemente comenzó a ejercer como tal, usando (seguramente sin saberlo) numerosas falacias, acusando al crítico, por ejemplo, de tomarle por alguien tan tonto como para dar por cierto algo que no lo era. No llegaron a las manos pero casi, y la discusión se zanjó con un incómodo y tenso silencio.
Aunque no soy amigo de temas magufos, conspiranoicos y demás, lo cierto es que la polémica suscitada en torno a la película despertó mi curiosidad. Lo primero que hice fue ver la película (todo sea por la ciencia). A continuación investigué un poco sobre ella. Una sencilla búsqueda en Google me hizo sospechar, ya que todos los resultados de una supuesta doctora Abigail Tyler eran referencias a la película. Pero lo mejor fue cuando busqué en IMDB la película, y vi que la Dra. Tyler dramatizada estaba interpretada por Mila Jovovich, y que la Dra. Tyler real, estaba también interpretada (wtf!) por la tan británica como desconocida actriz Charlotte Milchard. Descubrir todo esto me llevó alrededor de dos minutos y medio, tres a lo sumo.
Lo que más me preocupa de todo esto, y la reflexión que despertó este caso, es la vehemencia y fanatismo con los que algunas personas defienden posturas sin haberlas contrastado, aun cuando contrastarlas es algo realmente fácil. Este tipo de personas se cree cualquier cosa que les cuenten, ya sea Iker Jiménez o Federico Jiménez Losantos. Ya sea J. J. Benítez o Pedro J. Ramírez. Si no son capaces de ser críticos cuando comprobar la verdad es tan sencillo, es fácil darse cuenta de que este perfil de personas creen a pies juntillas cuando les cuentan cosas de comprobación más torticera, como timopulseras, terapias milagrosas o dioses varios. El problema es la mortal combinación de mansa credulidad, falta de espíritu crítico y ciego fanatismo.
Conozco a un tipo bastante vehemente. Es de estos que defienden su postura con tanta fiereza como escasez de argumentos. El otro día apareció hablando de una película llamada La Cuarta Fase (The Fourth Kind, Olatunde Osunsanmi (2009)). El tipo este afirmaba que la película era poco menos que un documental, basándose en las advertencias que se hacen en ella. Para los que hayan tenido la suerte de no ver dicho filme diré que narra las investigaciones de Abigail Tyler, una psiquiatra que trabaja en un pequeño pueblo de Alaska, donde comienza a tratar a numerosos pacientes que afirman tener las mismas visiones y experiencias. Finalmente descubre que en la pequeña población se dan numerosísimos casos de abduciones (encuentros en la cuarta fase, de ahí el título), a manos de extraterrestres.
Al inicio de la cinta, aparece Mila Jovovich presentándose a sí misma, y anunciando que va a interpretar el papel de la doctora Abigail Tyler basándose en el trabajo de la misma. Asimismo, advierte que intercaladas con su dramatización, el director ha incluido vídeos tomados en su consulta, así como documentación oficial, como grabaciones de las llamadas a la policía, de la cámara de un coche patrulla, y demás. También advierte que el guión está basado en las notas y escritos de la doctora Tyler. A lo largo de toda la película aparecerán cada actor con su nombre real, con rótulos en pantalla del estilo "Will Patton, as Sheriff August (alias)", dejando claro que ese no es el auténtico Sheriff August, sino una dramatización del mismo interpretada por Will Patton, etc. lo cual da un ambiente ciertamente de documental.
Uno de los presentes, al que el vehemente intentaba convencer de lo asombroso y revelador del documento que acababa de presenciar, hizo gala de tener dos dedos de frente (o alguno más), y dudó de la veracidad del supuesto "documento". Al punto, el vehemente comenzó a ejercer como tal, usando (seguramente sin saberlo) numerosas falacias, acusando al crítico, por ejemplo, de tomarle por alguien tan tonto como para dar por cierto algo que no lo era. No llegaron a las manos pero casi, y la discusión se zanjó con un incómodo y tenso silencio.
Aunque no soy amigo de temas magufos, conspiranoicos y demás, lo cierto es que la polémica suscitada en torno a la película despertó mi curiosidad. Lo primero que hice fue ver la película (todo sea por la ciencia). A continuación investigué un poco sobre ella. Una sencilla búsqueda en Google me hizo sospechar, ya que todos los resultados de una supuesta doctora Abigail Tyler eran referencias a la película. Pero lo mejor fue cuando busqué en IMDB la película, y vi que la Dra. Tyler dramatizada estaba interpretada por Mila Jovovich, y que la Dra. Tyler real, estaba también interpretada (wtf!) por la tan británica como desconocida actriz Charlotte Milchard. Descubrir todo esto me llevó alrededor de dos minutos y medio, tres a lo sumo.
Lo que más me preocupa de todo esto, y la reflexión que despertó este caso, es la vehemencia y fanatismo con los que algunas personas defienden posturas sin haberlas contrastado, aun cuando contrastarlas es algo realmente fácil. Este tipo de personas se cree cualquier cosa que les cuenten, ya sea Iker Jiménez o Federico Jiménez Losantos. Ya sea J. J. Benítez o Pedro J. Ramírez. Si no son capaces de ser críticos cuando comprobar la verdad es tan sencillo, es fácil darse cuenta de que este perfil de personas creen a pies juntillas cuando les cuentan cosas de comprobación más torticera, como timopulseras, terapias milagrosas o dioses varios. El problema es la mortal combinación de mansa credulidad, falta de espíritu crítico y ciego fanatismo.
14 mar 2010
Félix nuestro, que estás en los cielos…
Yo era pequeñísimo. Tendría cuatro años o así, y recuerdo que, como no teníamos tele en casa, mi padre en su fanatismo naturalista peregrinaba cada sábado por la tarde a la cercana casa de mis abuelos (sus suegros), para poder ver El Hombre y la Tierra. Y recuerdo que yo, que ni sentía ni padecía, era arrastrado por él a ver aquellos documentales en blanco y negro (así los veía yo) de su ídolo, que se convirtió en el mío. Estaban narrados por aquella voz cautivadora que ya nunca podría olvidar y aquellas escenas fantásticas que vistas por aquellos ojos infantiles, permanecerían en mi memoria hasta hoy, y estarán grabadas para siempre, como aquella anaconda lanzándole una dentellada de la que Félix se libraba por los pelos, o un águila arrastrando en vuelo a un cordero que la doblaba en tamaño. Mi padre me introducía así en un mundo al que Félix Rodríguez de la Fuente nos abría las puertas. Un mundo de amor por la naturaleza, de desmitificación de viejas leyendas y ancestrales odios enconados, como el pavor al lobo, encarnación del mal en todos los cuentos.
Aprendí a diferenciar el lobo de Caperucita, el de los tres cerditos y los siete cabritillos, del verdadero lobo. Aquel que jugaba con Félix lamiendo su cara tratándole como a uno más de la manada y no tenía nada de terrible. Aprendí a ver la naturaleza alrededor, viendo en aquellos documentales en blanco y negro, el justo complemento de las fotos en color de las enciclopedias Fauna y Fauna ibérica que mi padre coleccionaba por fascículos, y el de la colección La Aventura de la Vida, que empecé a coleccionar yo después. Y viendo en todo aquel material (que en la era pre-Internet era una joya) la necesaria respuesta a lo que me encontraba en nuestras salidas al monte, donde mi padre me enseñaba esto, aquello y lo de más allá, y donde mi padre dibujaba con increíble mano retratos de animales que yo disfrutaba más durante la casi mágica elaboración, que al verlos terminados.
Y un buen día, hace treinta años, recuerdo perfectamente que mi madre vino con los ojos vidriosos a contarnos una noticia que había oído en la radio de la cocina. Félix, nuestro amigo Félix, se había ido al cielo partiendo desde Alaska, (e irónicamente el día de su cumpleaños). Y para ayudarnos a aquella generación de niños a sobrellevar ese trance, nuestros ídolos musicales, Enrique y Ana compusieron aquella emotiva canción que decía “Amigo Félix, cuando llegues al cielo”. Félix Rodríguez de la Fuente había tenido un accidente mientras rodaba la intrépida Iditarod en Alaska. Probablemente un golpe de viento polar había mandado al cuerno a la endeble avioneta, y segando de golpe la vida de aquel naturalista y divulgador que, de no haber sido por aquel fatídico accidente, hoy tendría más o menos la misma edad (y probablemente la msima actividad) que David Attenborough.
Crecí conociendo a Félix ya muerto. Crecí viendo las reposiciones de sus documentales en televisión. Crecí leyendo sus enciclopedias y libros como “Mis amigos los animales”, visualizando una y otra vez la colección de diapositivas de “La Aventura de la Vida” o escuchando en cassette aquellas estremecedoras narraciones de su reencuentro con los fantasmas de los leones de Tsavo, o de su pernocta en el infernal cerro Autana, entre otras. Las escuchaba una y otra vez con los ojos cerrados, tumbado en el suelo de mi habitación, visualizando con toda claridad a mi ídolo padeciendo penalidades en su busca de la aventura y del conocimiento. En su afán por compartir con nosotros aquellos mundos que sólo él pisaba. Crecí llevando a Félix dentro de mí. Crecí llorando una y otra vez, cuando me enfrentaba a su efigie en el Zoo de Madrid.
Amigo Félix, en realidad llegaste al cielo mucho antes que aquel 14 de marzo de 1980.
Aprendí a diferenciar el lobo de Caperucita, el de los tres cerditos y los siete cabritillos, del verdadero lobo. Aquel que jugaba con Félix lamiendo su cara tratándole como a uno más de la manada y no tenía nada de terrible. Aprendí a ver la naturaleza alrededor, viendo en aquellos documentales en blanco y negro, el justo complemento de las fotos en color de las enciclopedias Fauna y Fauna ibérica que mi padre coleccionaba por fascículos, y el de la colección La Aventura de la Vida, que empecé a coleccionar yo después. Y viendo en todo aquel material (que en la era pre-Internet era una joya) la necesaria respuesta a lo que me encontraba en nuestras salidas al monte, donde mi padre me enseñaba esto, aquello y lo de más allá, y donde mi padre dibujaba con increíble mano retratos de animales que yo disfrutaba más durante la casi mágica elaboración, que al verlos terminados.
Y un buen día, hace treinta años, recuerdo perfectamente que mi madre vino con los ojos vidriosos a contarnos una noticia que había oído en la radio de la cocina. Félix, nuestro amigo Félix, se había ido al cielo partiendo desde Alaska, (e irónicamente el día de su cumpleaños). Y para ayudarnos a aquella generación de niños a sobrellevar ese trance, nuestros ídolos musicales, Enrique y Ana compusieron aquella emotiva canción que decía “Amigo Félix, cuando llegues al cielo”. Félix Rodríguez de la Fuente había tenido un accidente mientras rodaba la intrépida Iditarod en Alaska. Probablemente un golpe de viento polar había mandado al cuerno a la endeble avioneta, y segando de golpe la vida de aquel naturalista y divulgador que, de no haber sido por aquel fatídico accidente, hoy tendría más o menos la misma edad (y probablemente la msima actividad) que David Attenborough.
Crecí conociendo a Félix ya muerto. Crecí viendo las reposiciones de sus documentales en televisión. Crecí leyendo sus enciclopedias y libros como “Mis amigos los animales”, visualizando una y otra vez la colección de diapositivas de “La Aventura de la Vida” o escuchando en cassette aquellas estremecedoras narraciones de su reencuentro con los fantasmas de los leones de Tsavo, o de su pernocta en el infernal cerro Autana, entre otras. Las escuchaba una y otra vez con los ojos cerrados, tumbado en el suelo de mi habitación, visualizando con toda claridad a mi ídolo padeciendo penalidades en su busca de la aventura y del conocimiento. En su afán por compartir con nosotros aquellos mundos que sólo él pisaba. Crecí llevando a Félix dentro de mí. Crecí llorando una y otra vez, cuando me enfrentaba a su efigie en el Zoo de Madrid.
Amigo Félix, en realidad llegaste al cielo mucho antes que aquel 14 de marzo de 1980.
21 nov 2009
El valor del ajedrez
Cuando yo tenía dieciséis o diecisiete años, jugaba unas 25 ó 30 partidas de ajedrez diarias. Prácticamente todo mi ocio lo cubría el ajedrez. Llegué a jugar incluso en clase, con mi compañero de pupitre. Muchas de ellas las jugaba con el que entonces era profesor mío, (al que sólo gané una vez, y porque él estaba distraído). En cierta ocasión, me acerqué a su mesa y vi en el Marca, abierto, una noticia sobre el ajedrez. Inconscientemente dije "¿Ajedrez en el Marca?". Mi expresión no era de reprobación, obviamente, sino porque consideraba inconcebible que en un mundo tan embrutecido por el fútbol como el que yo asociaba a Marca, tuviese cabida algo tan sutil y elevado como el ajedrez. Para mí un aficionado acérrimo al ajedrez y un hooligan futbolero eran como una partícula y una antipartícula. Dos elementos irreconciliables, que no podían coexistir, no uno al lado del otro, sino ni tan siquiera cerca. La respuesta de mi profesor fue "Claro, el ajedrez es un deporte. Un deporte mental", cosa que yo ya sabía, claro está, pero seguí asombrado. Aquel día Marca ganó algún punto de reconocimiento...
Recuerdo que incluso cuando los profesores nos pillaron alguna vez en mitad de clase, tomaron con benevolencia aquella obsesión. A fin de cuentas, no atender en clase estaba mal, pero si era por hacer algo como una partida de ajedrez, era menos malo que si era por jugar a algo tan banal como los barquitos, o el ahorcado, en una aplicación intelectual del "no comer por haber comido..." Sin embargo, conforme fui creciendo (y seguí jugando el ajedrez, aunque no con tanta intensidad), fui dándome cuenta de que en muchos sitios, y me atrevería a decir que con frecuencia creciente, el ajedrez era baneado de muchos lugares. Por lo visto, para mucha gente, era lo mismo jugar a las cartas que al ajedrez. Y así, mientras que al principio en algunos lugares como cafeterías o bibliotecas, no estaba permitido jugar a las cartas y sí al ajedrez, poco a poco este deporte fue expulsado, incluso del medio universitario. A mí me parecía increíble. A pesar de ser un gran aficionado al mus, para mí había una enorme distancia entre un juego de azar, de naipes y un deporte mental como el ajedrez, y veía inconcebible cómo en un templo del saber y del cultivo del conocimiento, como debería ser una universidad, pudiera vetarse el escaque. Parecía una política diametralmente opuesta a la que siguió la URSS desde los años 50 de convertir el ajedrez en el deporte nacional, mientras en occidente nos embrutecíamos con el fútbol. Y por supuesto lo mismo pasaba, con frecuencia creciente, en multitud de cafeterías (sobre todo las que pertenecen a franquicias).
Hoy en día (en España), pocos son los establecimientos en los que uno pueda jugar al ajedrez tranquilamente. De no tratarse de un bar de parroquianos jugando al mus o al dominó, los cuales están en franco retroceso, y en los cuales al dueño le importará un comino que se juegue a la ruleta rusa con tal de se le limpien los sesos después, generalmente se nos acercará un camarero a decirnos que "no se puede jugar". Cualquier tipo de intento de razonamiento será absurdo y estéril, ya que estaremos hablando con la persona equivocada (con la que aplica las normas, no con quien las dicta). El camarero de turno se enrocará, y tendremos que encaminar los alfiles a otra parte. Así se valora socialmente al ajedrez, aunque aparezca en el Marca.
Recuerdo que incluso cuando los profesores nos pillaron alguna vez en mitad de clase, tomaron con benevolencia aquella obsesión. A fin de cuentas, no atender en clase estaba mal, pero si era por hacer algo como una partida de ajedrez, era menos malo que si era por jugar a algo tan banal como los barquitos, o el ahorcado, en una aplicación intelectual del "no comer por haber comido..." Sin embargo, conforme fui creciendo (y seguí jugando el ajedrez, aunque no con tanta intensidad), fui dándome cuenta de que en muchos sitios, y me atrevería a decir que con frecuencia creciente, el ajedrez era baneado de muchos lugares. Por lo visto, para mucha gente, era lo mismo jugar a las cartas que al ajedrez. Y así, mientras que al principio en algunos lugares como cafeterías o bibliotecas, no estaba permitido jugar a las cartas y sí al ajedrez, poco a poco este deporte fue expulsado, incluso del medio universitario. A mí me parecía increíble. A pesar de ser un gran aficionado al mus, para mí había una enorme distancia entre un juego de azar, de naipes y un deporte mental como el ajedrez, y veía inconcebible cómo en un templo del saber y del cultivo del conocimiento, como debería ser una universidad, pudiera vetarse el escaque. Parecía una política diametralmente opuesta a la que siguió la URSS desde los años 50 de convertir el ajedrez en el deporte nacional, mientras en occidente nos embrutecíamos con el fútbol. Y por supuesto lo mismo pasaba, con frecuencia creciente, en multitud de cafeterías (sobre todo las que pertenecen a franquicias).
Hoy en día (en España), pocos son los establecimientos en los que uno pueda jugar al ajedrez tranquilamente. De no tratarse de un bar de parroquianos jugando al mus o al dominó, los cuales están en franco retroceso, y en los cuales al dueño le importará un comino que se juegue a la ruleta rusa con tal de se le limpien los sesos después, generalmente se nos acercará un camarero a decirnos que "no se puede jugar". Cualquier tipo de intento de razonamiento será absurdo y estéril, ya que estaremos hablando con la persona equivocada (con la que aplica las normas, no con quien las dicta). El camarero de turno se enrocará, y tendremos que encaminar los alfiles a otra parte. Así se valora socialmente al ajedrez, aunque aparezca en el Marca.
13 oct 2009
HTC Magic. Cuando hardware y software se llevan bien.
Bueno, pues hace un par de semanas mandé a freír espárragos mi Samsung Omnia. Estaba realmente frustrado con el Software (el hardware es más que aceptable), pero los mandamases coreanos decidieron poco menos que echarle a su Ferrari gasóleo C para calefacción, en vez de gasolina 98. Y el resultado fue un magnífico móvil que lloraba por las esquinas cada vez que arrancaba y Windows Mobile le ponía zancadillas. Le puse al Omnia la distribución de Android que los muchachos de Andromnia han hecho, pero es una versión alfa y aún no permite ni hacer llamadas, de modo que me cansé de esperar.
Tras dudar entre el Hero y el Magic, me decanté por este último principalmente por el diseño exterior. Las características hardware del primero son algo superiores (no en vano es más moderno) pero el "alerón" que le han puesto en la parte baja se me hacía difícil de ver, y además es más cuadradote y feúcho. Lo que tenía clarísimo es que sería un terminal con Android y ante la escasez de terminales que incorporan este SO, no tuve mucho problema para elegir. A Samsung no me apetecía darle mi dinero por su Galaxy, y los chicos de HTC parecen haber apostado fuerte por el sistema operativo de Google, de modo que me apetecía premiarles. Y así fue como le llegó el turno al HTC Magic que es lo más parecido a mi móvil ideal.
El HTC Magic es un terminal pequeño (para ser un touchphone) con una pantalla ligeramente menor que la del iPhone, de policarbonato muy resistente. Y doy fe que es ciertamente resistente a los rayones. En la caja te encuentras el cargador de corriente, un cable USB, una funda de imitación de cuero muy útil para proteger la pantalla, y unos cascos con conector mini-USB. También tienes un mini manual. En Taiwán se han dado cuenta de que imprimir manuales que nadie se lee no tiene sentido, de modo que te dan un manual de media docena de páginas y te remiten a un manual en PDF disponible en la red si eres de los raros que se leen los manuales enteros. Y si eres de esos raros, tampoco te importará leerlo en formato electrónico, o seguramente tengas un eReader.
Empezaré por lo malo. En su contra diré que carece de cámara frontal para videoconferencia, carece de flash, no tiene conector de 3,5 mm para los auriculares, y la batería dura tan poco como con el resto de competidores, si bien a este respecto hay algunos trucos por software de los que hablaré más adelante en otro artículo dedicado expresamente a las que ya se han ganado el título de "Mis aplicaciones imprescindibles para Android". De todo esto, la mayor cagada es que los auriculares no se conectan a un adaptador. Es decir, no viene un adaptador mini-USB --> Jack 3,5 mm (como el que venía con el Omnia), sino que los propios cascos traen el conector mini-USB lo que hace que si uno quiere usar unos cascos normales, no sólo deba usar un adaptador, sino que además tenga que encontrarlo primero, (cosa que no sé si será fácil) y comprarlo después. Por último, con algunas aplicaciones realmente exigentes se vuelve un poco "pastoso" y se nota la "antigüedad" de su procesador (no me creo lo que estoy diciendo), pero no supone un problema y se puede decir que el 99% de las aplicaciones funcionan de forma fluida. Por último habría sido de agradecer una pantalla LED, y multitáctil, por pedir. Pero ya son refinamientos que, si bien son deseables, no son del todo imprescindibles.
Sin embargo, a favor tiene que es un terminal de última generación con inclinómetro, acelerómetro, GPS/A-GPS, brújula y demás. El cargador, de 1 amperio hace que el proceso de carga de batería dure apenas 45 minutos, lo cual es un auténtico lujo cuando uno se da cuenta antes de ducharse y salir de casa que no tiene batería en el móvil. En lo que termino de ponerme los calcetines, ya lo tengo cargado al 100%. En el Omnia esto duraba varias horas. Además el conector de corriente es mini-USB, lo que hace que estemos ya subidos en lo que será el estándar a partir de 2011. Se acabó el gritar en la oficina "¿Alguien tiene un cargador marca Nisu?" Ahora sólo habrá que gritar "¿Alguien tiene un cargador?" Esto es mucho mejor de lo que parece. El otro día llegué a casa de un amigo con el móvil muerto. No llevaba el cargador, pero ¿en casa de qué geek falta un cable mini-USB? Enchufé mi Magic a su Mac Mini, mi teléfono me preguntó que si quería transferir datos, le dije que no, y se puso a chuparle la corriente a su ordenador hasta que se cargó. Evidente el medio amperio del USB no lo cargó en 3/4 de hora sino en algo más de tiempo, pero me sacó del apuro. Un par de días más tarde hice lo mismo en casa de otro amigo con el cable cargador de los mandos de la PS3, que también es mini-USB. ¿Lo vais viendo? Las posibilidades son inmensas.
Pero sin duda la mayor ventaja es el sistema operativo. Android, si bien no es tan bonito como iPhone OS, no cabe duda de que es una virguería. Frustrado como estaba con el Windows Mobile del Samsung Omnia, dar el salto a Android ha sido como bajarse de un carro de bueyes para montar en un Concorde. El sistema de tres escritorios es una ventaja inmensa sobre iPhone OS. No sólo permite poner widgets, sino que además es cómodo y permite organizarse los accesos directos más usados por temáticas. En el central o home tengo el reloj, y los iconos de acceso a los contactos, llamadas, mensajes, correo electrónico etc. En el izquierdo tengo controles como activar o desactivar la WiFi, el GPS, la sincornización, graduar el brillo... En el de la derecha tengo herramientas para acceder a Twitter, Facebook, etc. En el maremágnum de las aplicaciones se echa en falta, al igual que en el iPhone, algún modo de organizarlos al gusto, en vez de tenerlas ordenadas a mogollón y por orden alfabético. Sería ideal poder tener carpetas para organizar las aplicaciones de forma lógica y eficaz.
Al encender el móvil por primera vez, me pide mi cuenta de Google y la contraseña. Al momento se descarga todos mis contactos de Gmail, que ya mantenía sincronizados anteriormente. De modo que en apenas un minuto, sin salir aún de la tienda y sin tener que hacer nada en especial, mi agenda está lista para hacer llamadas, mi calendario muestra todas mis citas, y se ha descargado mi correo. Al momento me sugiere actualizar a Android 1.5, versión que apareció mientras mi HTC Magic me esperaba en su cajita, en un estante. La actualización dura apenas diez minutos y es totalmente transparente para el usuario a excepción del lógico reinicio. La pantalla es capacitiva, es decir, como la del iPhone. No se hunde (como las resistivas), es rígida. No necesita punteros, pero como funciona con nuestro campo electromagnético natural, hay que tocarla con los dedos desnudos, aunque con los guantes de cuero de la moto he comprobado que funciona. En cualquier caso, es una gozada manejar el teléfono con los dedos. La precisión es alta y pocas veces me equivoco. El sistema operativo se mueve con soltura y sólo se echa de menos la agilidad que tiene iPhone al rotar la vista. En el exterior, apenas media docena de botones físicos. Los de colgar y descolgar llamada (este último es el de encendido y apagado del terminal), y los propios de los móviles con Android. Home, que lleva al escritorio, Menú, que abre el menú contextual de cada aplicación en la que estemos, Atrás, que pasa a la ventana o aplicación anterior, hasta llegar al escritorio, y Buscar, que abre un cuadro de búsqueda contextual también (si estamos en el navegador, busca en Google, si estamos en los contactos, busca en la agenda, etc.) Además el botón de subir/bajar volumen, y la bola que funciona como un trackball, y que permite manejar el terminal de forma cómoda e intuitiva. Me ha costado menos habituarme a la bola que al famoso "ratón de dedo" (sic) del Samsung Omnia. La cámara es simplemente aceptable. Con 3,5 Mpx no permitirá imprimir una foto en DIN A4 pero al menos sí tiene la suficiente calidad para subirla a Flickr, o a nuestra red social favorita.
En resumen: Un terminal sensacional con un sistema operativo que se ajusta como un guante y que da la talla. Nota final, un 8,5/10.
Tras dudar entre el Hero y el Magic, me decanté por este último principalmente por el diseño exterior. Las características hardware del primero son algo superiores (no en vano es más moderno) pero el "alerón" que le han puesto en la parte baja se me hacía difícil de ver, y además es más cuadradote y feúcho. Lo que tenía clarísimo es que sería un terminal con Android y ante la escasez de terminales que incorporan este SO, no tuve mucho problema para elegir. A Samsung no me apetecía darle mi dinero por su Galaxy, y los chicos de HTC parecen haber apostado fuerte por el sistema operativo de Google, de modo que me apetecía premiarles. Y así fue como le llegó el turno al HTC Magic que es lo más parecido a mi móvil ideal.
El HTC Magic es un terminal pequeño (para ser un touchphone) con una pantalla ligeramente menor que la del iPhone, de policarbonato muy resistente. Y doy fe que es ciertamente resistente a los rayones. En la caja te encuentras el cargador de corriente, un cable USB, una funda de imitación de cuero muy útil para proteger la pantalla, y unos cascos con conector mini-USB. También tienes un mini manual. En Taiwán se han dado cuenta de que imprimir manuales que nadie se lee no tiene sentido, de modo que te dan un manual de media docena de páginas y te remiten a un manual en PDF disponible en la red si eres de los raros que se leen los manuales enteros. Y si eres de esos raros, tampoco te importará leerlo en formato electrónico, o seguramente tengas un eReader.
Empezaré por lo malo. En su contra diré que carece de cámara frontal para videoconferencia, carece de flash, no tiene conector de 3,5 mm para los auriculares, y la batería dura tan poco como con el resto de competidores, si bien a este respecto hay algunos trucos por software de los que hablaré más adelante en otro artículo dedicado expresamente a las que ya se han ganado el título de "Mis aplicaciones imprescindibles para Android". De todo esto, la mayor cagada es que los auriculares no se conectan a un adaptador. Es decir, no viene un adaptador mini-USB --> Jack 3,5 mm (como el que venía con el Omnia), sino que los propios cascos traen el conector mini-USB lo que hace que si uno quiere usar unos cascos normales, no sólo deba usar un adaptador, sino que además tenga que encontrarlo primero, (cosa que no sé si será fácil) y comprarlo después. Por último, con algunas aplicaciones realmente exigentes se vuelve un poco "pastoso" y se nota la "antigüedad" de su procesador (no me creo lo que estoy diciendo), pero no supone un problema y se puede decir que el 99% de las aplicaciones funcionan de forma fluida. Por último habría sido de agradecer una pantalla LED, y multitáctil, por pedir. Pero ya son refinamientos que, si bien son deseables, no son del todo imprescindibles.
Sin embargo, a favor tiene que es un terminal de última generación con inclinómetro, acelerómetro, GPS/A-GPS, brújula y demás. El cargador, de 1 amperio hace que el proceso de carga de batería dure apenas 45 minutos, lo cual es un auténtico lujo cuando uno se da cuenta antes de ducharse y salir de casa que no tiene batería en el móvil. En lo que termino de ponerme los calcetines, ya lo tengo cargado al 100%. En el Omnia esto duraba varias horas. Además el conector de corriente es mini-USB, lo que hace que estemos ya subidos en lo que será el estándar a partir de 2011. Se acabó el gritar en la oficina "¿Alguien tiene un cargador marca Nisu?" Ahora sólo habrá que gritar "¿Alguien tiene un cargador?" Esto es mucho mejor de lo que parece. El otro día llegué a casa de un amigo con el móvil muerto. No llevaba el cargador, pero ¿en casa de qué geek falta un cable mini-USB? Enchufé mi Magic a su Mac Mini, mi teléfono me preguntó que si quería transferir datos, le dije que no, y se puso a chuparle la corriente a su ordenador hasta que se cargó. Evidente el medio amperio del USB no lo cargó en 3/4 de hora sino en algo más de tiempo, pero me sacó del apuro. Un par de días más tarde hice lo mismo en casa de otro amigo con el cable cargador de los mandos de la PS3, que también es mini-USB. ¿Lo vais viendo? Las posibilidades son inmensas.
Pero sin duda la mayor ventaja es el sistema operativo. Android, si bien no es tan bonito como iPhone OS, no cabe duda de que es una virguería. Frustrado como estaba con el Windows Mobile del Samsung Omnia, dar el salto a Android ha sido como bajarse de un carro de bueyes para montar en un Concorde. El sistema de tres escritorios es una ventaja inmensa sobre iPhone OS. No sólo permite poner widgets, sino que además es cómodo y permite organizarse los accesos directos más usados por temáticas. En el central o home tengo el reloj, y los iconos de acceso a los contactos, llamadas, mensajes, correo electrónico etc. En el izquierdo tengo controles como activar o desactivar la WiFi, el GPS, la sincornización, graduar el brillo... En el de la derecha tengo herramientas para acceder a Twitter, Facebook, etc. En el maremágnum de las aplicaciones se echa en falta, al igual que en el iPhone, algún modo de organizarlos al gusto, en vez de tenerlas ordenadas a mogollón y por orden alfabético. Sería ideal poder tener carpetas para organizar las aplicaciones de forma lógica y eficaz.
Al encender el móvil por primera vez, me pide mi cuenta de Google y la contraseña. Al momento se descarga todos mis contactos de Gmail, que ya mantenía sincronizados anteriormente. De modo que en apenas un minuto, sin salir aún de la tienda y sin tener que hacer nada en especial, mi agenda está lista para hacer llamadas, mi calendario muestra todas mis citas, y se ha descargado mi correo. Al momento me sugiere actualizar a Android 1.5, versión que apareció mientras mi HTC Magic me esperaba en su cajita, en un estante. La actualización dura apenas diez minutos y es totalmente transparente para el usuario a excepción del lógico reinicio. La pantalla es capacitiva, es decir, como la del iPhone. No se hunde (como las resistivas), es rígida. No necesita punteros, pero como funciona con nuestro campo electromagnético natural, hay que tocarla con los dedos desnudos, aunque con los guantes de cuero de la moto he comprobado que funciona. En cualquier caso, es una gozada manejar el teléfono con los dedos. La precisión es alta y pocas veces me equivoco. El sistema operativo se mueve con soltura y sólo se echa de menos la agilidad que tiene iPhone al rotar la vista. En el exterior, apenas media docena de botones físicos. Los de colgar y descolgar llamada (este último es el de encendido y apagado del terminal), y los propios de los móviles con Android. Home, que lleva al escritorio, Menú, que abre el menú contextual de cada aplicación en la que estemos, Atrás, que pasa a la ventana o aplicación anterior, hasta llegar al escritorio, y Buscar, que abre un cuadro de búsqueda contextual también (si estamos en el navegador, busca en Google, si estamos en los contactos, busca en la agenda, etc.) Además el botón de subir/bajar volumen, y la bola que funciona como un trackball, y que permite manejar el terminal de forma cómoda e intuitiva. Me ha costado menos habituarme a la bola que al famoso "ratón de dedo" (sic) del Samsung Omnia. La cámara es simplemente aceptable. Con 3,5 Mpx no permitirá imprimir una foto en DIN A4 pero al menos sí tiene la suficiente calidad para subirla a Flickr, o a nuestra red social favorita.
En resumen: Un terminal sensacional con un sistema operativo que se ajusta como un guante y que da la talla. Nota final, un 8,5/10.
9 oct 2009
Andulencia
Una de las cosas que más me gusta de mi abuela es que de vez en cuando se saca de la manga una palabra segoviana de las suyas que me suena quijotesca, y que por supuesto, el DRAE recoge como es debido.
Y buscando andulencia...
Mi abuela la emplea en la segunda acepción: Andanzas o vicisitudes, no siempre venturosas.
andolencia.
Y buscando andulencia...
andulencia.
Mi abuela la emplea en la segunda acepción: Andanzas o vicisitudes, no siempre venturosas.
7 sept 2009
La estafa de los 118XX
Los 118XX, o llamados números de información, son números de teléfono de tarificación especial, que suele estar en torno a 1,5 euros por establecimiento llamada y 0,015 euros por segundo después. Desde luego, no es nada barato, por lo que de ellos debería esperarse un servicio eficaz y puntual. Sin embargo hoy he tenido dos desagradables sorpresas.
Llamo al 11888, y tras indicarme los costes de la llamada, me sale una locución diciéndome que espere por favor (a casi dos céntimos por segundo) porque sus operadores están ocupados. Por supuesto, he colgado.
Tras ello, lo intento con el 11811. Tras indicarme los costes de la llamad, no he tenido que esperar, pero una señorita que hablaba intencionadamente despacio, me ha indicado como si yo fuese idiota, que eeeeellaaaa eeeeeraaaaa la señoriiiiitaaa Nosequieeeeeen, y a continuación se pone a decirme que con esa llamada puedo ganar no sé qué, y a soltarme las condiciones del sorteo. ¿Encima de que les pago yo, me hacen tragarme su publicidad? ¡Hasta ahí podríamos llegar! He colgado.
Finalmente he llamado al 11862 y aunque es el más caro (2 céntimos por segundo), he obtenido la información que quería, sin esperas, sin locuciones raras, sin peroratas, y en menos tiempo del que había tardado en colgar, en cada una de las dos llamadas anteriores.
Llamo al 11888, y tras indicarme los costes de la llamada, me sale una locución diciéndome que espere por favor (a casi dos céntimos por segundo) porque sus operadores están ocupados. Por supuesto, he colgado.
Tras ello, lo intento con el 11811. Tras indicarme los costes de la llamad, no he tenido que esperar, pero una señorita que hablaba intencionadamente despacio, me ha indicado como si yo fuese idiota, que eeeeellaaaa eeeeeraaaaa la señoriiiiitaaa Nosequieeeeeen, y a continuación se pone a decirme que con esa llamada puedo ganar no sé qué, y a soltarme las condiciones del sorteo. ¿Encima de que les pago yo, me hacen tragarme su publicidad? ¡Hasta ahí podríamos llegar! He colgado.
Finalmente he llamado al 11862 y aunque es el más caro (2 céntimos por segundo), he obtenido la información que quería, sin esperas, sin locuciones raras, sin peroratas, y en menos tiempo del que había tardado en colgar, en cada una de las dos llamadas anteriores.
6 sept 2009
Renfe, haciendo amigos
El pasado día 3 me interné en la infumable web de Renfe, (fardan mucho de trenes, pero ya les valdría darle un repaso de usabilidad a su propia web), para comprar un billete de AVE con destino a Barcelona. Todo bien, ida y vuelta, con la vuelta abierta. Al poco de abonar religiosamente la cuenta, recibí un correo en el que se me indicaba (y cito textualmente):
Ayer me dispuse a cerrar dicho billete. Tras buscar durante veinte minutos y con la ayuda de Google (¡lo juro!) la herramienta para cerrar billetes abiertos en la infumable web de Renfe, llego a un formulario en el que tengo que introducir el localizador o el número de billete. La respuesta en los dos casos fue idéntica. "Billete no válido para el cierre"
Indignadísimo, llamo al 902 24 02 02 que aparece citado en la web. Allí me indican que mi billete tiene "tarifa web" y que por tanto no es válido para el cierre. Acto seguido le digo que me parece estupendo lo que me cuentan, pero en tal caso, por qué venden billetes abiertos, indicando que están pendientes de cerrar, cuando no es posible dicha operación. Añado que me parece una chapuza inconfesable, si bien muy en la línea de a lo que Renfe me tiene acostumbrado. A todo esto, me responde muy amablemente que no puede dar respuesta a mi consulta, y que me dirija al departamento de "venta online" a ver si allí saben darme razón. Tras solicitarle el teléfono, me proporciona el 902 10 94 20. Llamo a este número y todo parece un dejà vu de lo que acabo de hablar. Esta vez me indican muy amablemente, que si lo deseo puedo interponer una reclamación en el correo venta-online@renfe.es. Le indico a la amable señorita, que el correo que se indica en la confirmación de venta que Renfe me envió el día 3, era ventaonline@renfe.es sin guión, y todo junto, recalco.
Asimismo, le pregunto si es un error, un juego de despiste para marear a quien quiere reclamar, o simplemente una tomadura de pelo. Me dice queno tampoco me puede responder a mi cuestión.
Conclusión. Renfe ha perdido una venta y ganado una reclamación.
Vuelta: Abierta (Sin fecha)Así que muy ufano, me dispuse a realizar mi viaje.
Billete de Vuelta pendiente de formalización con regulación de precio, si procede.
Ayer me dispuse a cerrar dicho billete. Tras buscar durante veinte minutos y con la ayuda de Google (¡lo juro!) la herramienta para cerrar billetes abiertos en la infumable web de Renfe, llego a un formulario en el que tengo que introducir el localizador o el número de billete. La respuesta en los dos casos fue idéntica. "Billete no válido para el cierre"
Indignadísimo, llamo al 902 24 02 02 que aparece citado en la web. Allí me indican que mi billete tiene "tarifa web" y que por tanto no es válido para el cierre. Acto seguido le digo que me parece estupendo lo que me cuentan, pero en tal caso, por qué venden billetes abiertos, indicando que están pendientes de cerrar, cuando no es posible dicha operación. Añado que me parece una chapuza inconfesable, si bien muy en la línea de a lo que Renfe me tiene acostumbrado. A todo esto, me responde muy amablemente que no puede dar respuesta a mi consulta, y que me dirija al departamento de "venta online" a ver si allí saben darme razón. Tras solicitarle el teléfono, me proporciona el 902 10 94 20. Llamo a este número y todo parece un dejà vu de lo que acabo de hablar. Esta vez me indican muy amablemente, que si lo deseo puedo interponer una reclamación en el correo venta-online@renfe.es. Le indico a la amable señorita, que el correo que se indica en la confirmación de venta que Renfe me envió el día 3, era ventaonline@renfe.es sin guión, y todo junto, recalco.
Asimismo, le pregunto si es un error, un juego de despiste para marear a quien quiere reclamar, o simplemente una tomadura de pelo. Me dice que
Conclusión. Renfe ha perdido una venta y ganado una reclamación.
3 sept 2009
Proceso mental de reconocimiento de un fantasma
Estaba yo, con el portátil, sentado a una mesa. Tras de mí, sólo había una ventana abierta en un sexto piso. La habitación estaba en penumbra, por lo que todo lo que se percibían eran bultos y sombras poco definidos. De pronto, por el rabillo del ojo veo a mi derecha un halo blanco, vaporoso, que poco a poco avanza hacia mí a mi lado, a escasos centímetros de mi hombro. Y he sido consciente de todo el proceso mental subsigiente, que se ha desarrollado en cuestión de milisegundos...
1º. El subconsciente detecta algo que se mueve fuera de nuestro control, y lo localiza, a la derecha. Es algo que no debería estar ahí, ya que detrás de mí no puede haber nadie. Sólo hay una ventana a apenas 30 cm de mi espalda. Ordena un reconocimiento inmediato.
2º. La memoria visual comienza a buscar de forma automática referencias que permitan identificar el intruso. Se localiza en el banco de imágenes una ocurrencia que encaja al 99%: Un fantasma. No cabe duda.
3º. Sólo entonces, comienza el cerebro racional (que no consciente) a operar. Y en ese momento dice "qué coño fantasma, no digáis gilipolleces". Y comienza una rapidísima búsqueda de una explicación que le resulte aceptable. Se analizan todos los factores que el cerebro tiene almacenados sobre la estancia, el momento, etc. Gato, perro, animales de compañía: No hay. Un ladrón por la ventana: Altamente improbable. Un gracioso: Negativo, no hay nadie más en la casa... Se van descartando opciones a velocidad de vértigo. Y al mismo tiempo que esto sucede...
4º. Mientras tanto, el subconsciente, como medida de precaución hace girar los ojos primero y la cabeza después hacia el intruso para tener una mejor visión del mismo y poder evaluar la situación. Y antes de llegar a poder reconocerlo visualmente...
5º. El cerebro consciente, que llevaba un rato, buscando una explicación (desde el paso 3), halla la respuesta. Es la cortina que, debido a la ventana abierta, se ha ido inflando lentamente por acción del aire, apareciendo en mi campo visual periférico como un ente blanquecino y fantasmagórico.
6º. Termina el giro de cabeza y se confirman las sospechas. Era la cortina.
De todos los pasos, sólo el tercero no es instintivo, si bien tiene un grado de consciencia muy leve. Se puede decir que yo "me he dado cuenta" de que pasaba algo en el paso 3. Y ese paso tres, la búsqueda de una explicación, dependerá definitivamente del contexto intelectocultural de que dispongamos. De ser otra persona, en vez de estar escribiendo este artículo, estaría enviando un correo a Friker Jiménez.
1º. El subconsciente detecta algo que se mueve fuera de nuestro control, y lo localiza, a la derecha. Es algo que no debería estar ahí, ya que detrás de mí no puede haber nadie. Sólo hay una ventana a apenas 30 cm de mi espalda. Ordena un reconocimiento inmediato.
2º. La memoria visual comienza a buscar de forma automática referencias que permitan identificar el intruso. Se localiza en el banco de imágenes una ocurrencia que encaja al 99%: Un fantasma. No cabe duda.
3º. Sólo entonces, comienza el cerebro racional (que no consciente) a operar. Y en ese momento dice "qué coño fantasma, no digáis gilipolleces". Y comienza una rapidísima búsqueda de una explicación que le resulte aceptable. Se analizan todos los factores que el cerebro tiene almacenados sobre la estancia, el momento, etc. Gato, perro, animales de compañía: No hay. Un ladrón por la ventana: Altamente improbable. Un gracioso: Negativo, no hay nadie más en la casa... Se van descartando opciones a velocidad de vértigo. Y al mismo tiempo que esto sucede...
4º. Mientras tanto, el subconsciente, como medida de precaución hace girar los ojos primero y la cabeza después hacia el intruso para tener una mejor visión del mismo y poder evaluar la situación. Y antes de llegar a poder reconocerlo visualmente...
5º. El cerebro consciente, que llevaba un rato, buscando una explicación (desde el paso 3), halla la respuesta. Es la cortina que, debido a la ventana abierta, se ha ido inflando lentamente por acción del aire, apareciendo en mi campo visual periférico como un ente blanquecino y fantasmagórico.
6º. Termina el giro de cabeza y se confirman las sospechas. Era la cortina.
De todos los pasos, sólo el tercero no es instintivo, si bien tiene un grado de consciencia muy leve. Se puede decir que yo "me he dado cuenta" de que pasaba algo en el paso 3. Y ese paso tres, la búsqueda de una explicación, dependerá definitivamente del contexto intelectocultural de que dispongamos. De ser otra persona, en vez de estar escribiendo este artículo, estaría enviando un correo a Friker Jiménez.
Los tres ficheros
No creo que a Fernando le importe que publique esta conversación que acabamos de tener por Gmail chat.
Fernando: Me acaba de pasar una cosa muy rara.
con tres ficheros.
me: No me lo digas
tres ficheros
uno construye una carpeta de paja
Fernando: Sí.
Nooooooooooooooo
me: otro construye una carpeta de palos
y el tercero construye una carpeta de ladrillo
y viene un virus
y dice "soplaré y soplaré y tu carpeta derribaré"
y la carpeta de paja se derrumba, e infecta al primer fichero
y llega al segundo y dice "soplaré y soplaré y tu carpeta derribaré"
y la carpeta de madera se derrumba, en infecta al segundo fichero
y llega al tercero y dice "soplaré y soplaré y tu carpeta derribaré"
pero no se cae
y vuelve a intentarlo una y otra vez, hasta que cae exhausto y muerey los tres ficheros salen contentos de la carpeta de ladrillos, y rematan al virus malo maloso
y viven felices para siempre en la carpeta de ladrillos
Fernando: Nacho, ¿has bebido?
me: X'DDDDDDD no
no me hace falta...
Sent at 9:44 PM on Thursday
6 ago 2009
7332. Otro malnacido timando
Lo último en timos es enviar un mensaje que dice
Hola qtal? Hace tiempo que no se nada de ti. Sabes quien soy no?Así, tal cual. Evidentemente al responder directamente al remitente estamos respondiendo al teléfono 7332 que es un número de tarificación especial (supongo que en torno a 1,5 ó 2 euros por SMS), como aquellos a los que se envían solicitudes de tonos, juegos, etc. La lástima es que responder llamándole hijo de la gran puta le haría ganar un par de euros, y no me apetece.
1 ago 2009
País de cazurros
España es un país de cazurros. No digo que los españoles sean unos cazurros, ojo, sino que España es un país de cazurros, así en general. Hay una diferencia. El lector habitual sabe que no suelo dar puntada sin hilo.
España tiene muchos problemas derivados de la sociedad actual. Son cuestiones achacables a nuestro tiempo, de las que a no ser que uno se vaya a vivir con los Yanomami, difícilmente podrá abstraerse. Problemas como el patrioterismo, el chovinismo. Problemas como estar a merced de los vientos económicos mundiales, etc, que aquejan a unas naciones (España entre ellas) que aun habiendo inventado la globalización, la encajan mal cuando mal les vienen dadas. Pero no es de eso de lo que hablo. Porque además de todo eso, España tiene unas particularidades que la hacen difícilmente soportable, al menos cuando uno la ve desde fuera. Viéndola desde el interior, España puede parecer un paraíso idílico, de la misma manera que al pez que vive en la pecera puede parecerle que no le falta de nada. Pero ¡ay! cuando uno sale y ve el panorama en otros lugares. Cuando uno ve las diferencias de psicología, de comportamiento, de forma de pensar, de formas de concebir la vida. Entonces a un servidor se le caen los palos del sombrajo y no queda más remedio que plegarse a la realidad: España es un país de cazurros.
España es el país de la cultura del pelotazo a diestro y siniestro. Del todo a cambio de nada. Del timo de la estampita. Del todo gratis. Del mangante y del trilero. De los Cachulis y de los Poceros. De la corrupción y la especulación. Es el país del expolio, del irrespeto por todo aquello que no sea lo propio, abarcando desde el coche envidiado del vecino, hasta el bosque del que se puede sacar tajada comprando a un pirómano. España es el país de la cultura de la picaresca del siglo XVII, que quedaba graciosa en El Buscón, (que nadie se ha leído), pero que en pleno siglo XXI da vergüenza ajena y en algunos casos también vergüenza propia. El país del subterfugio y de la trampa. El país del colarse en la cola del metro, del tren o del autobús, o en cualquier cola. El caso es ser más listo que nadie.
España es el país donde si en un sitio regalan camisetas, la gente se las lleva por docenas, aunque sólo sea para tirarlas al llegar a casa porque no sabe qué hacer con ellas. Pero el caso es arramplar con todo. Llevarse cuanto más mejor. Y si lo que se regala son bocadillos, más aún. El país de la mentalidad cutre de acaparar por acaparar. Por tener más que el vecino. Del vivir por encima de las posibilidades, del aparentar, del quiero y no puedo. España es el país donde las autopistas tienen que tener tres carriles para que los lentos vayan por el centro. Pero nadie quiere pagar impuestos para que se construyan esas autopistas. Es el país de los berridos en casa y por la calle, del desprecio por lo añejo, del sonrojo por lo no vergonzante y del pavoneo soberbio de lo vergonzante. El país de los complejos injustificados y los no complejos donde debería haberlos. España es el país del eterno subsidio. De la eterna subvención. Del vivir del cuento pidiéndole la paga los domingos a papá Estado. Y si es estafándole, mejor.
España es el país que se entretiene tirando cabras desde campanarios, arrancándole la cabeza en vivo a cormoranes, o haciéndole mil perrerías a los toros. El país donde se ahorca a un galgo cuando no es necesario. El país de los escopeteros sin control. El país donde los animales son regalos de Navidad y estorbos en verano que se abandonan en una cuneta.
España es el país de los políticos lameculos, lamentables y cortoplacistas. De la inacción popular, del sistema educativo en barrena irrecuperable. El país de los gobernantes que escuchan a la SGAE o a Telefónica para legislar a su medida. Y si tenemos que legislar para impedir el acceso gratuito a Internet, se legisla. Y si ocho años después hay que permitir acceso gratuito, se permite. Y ni Dios dice "la cagamos" ni se responsabiliza de haber perdido ocho años de desarrollo tecnológico y de penetración de Internet en la población. No pasa nada. Da igual quién gobierne, porque es el país de la asquerosa nebulosa política en la cual no hay diferencia alguna entre PP ni PSOE. El PP hace políticas sociales y el PSOE le lame el culo a la Iglesia. Y España es el país que quiere ser más papista que el Papa, más católico que el Vaticano. El país mangoneado por la Iglesia de unos pocos, a la que la gente dora la píldora pagando por bodas, bautizos y comuniones de una fe que no profesan jamás, e incluso de la que se muestran en desacuerdo o contra, pero es que quedan tan bien los vestiditos de comunión… Porque eso sí, España es el imperio de la hipocresía.
España es el país del descrédito internacional en materia medioambiental, educativa, exterior, y un largo etcétera. Porque España es la puta de Europa. El sitio donde el panorama desolador invita a hacer lo que uno no haría en casa. Algo así como el picadero donde da igual tirar un condón por la ventanilla del coche. El país al que se viene de Erasmus no a estudiar sino de fiesta y a follar. Y el país del que los españoles huyen cuando quieren estudiar, investigar, o progresar.
España es el país donde uno puede jactarse orgullosamente de no saber ni multiplicar aduciendo que se es de letras, y donde uno puede jactarse igualmente de no saber dónde está Zamora… aduciendo también que se es de letras. Porque lo importante es justificarse en la ignorancia, y si se puede mostrar orgullo por ello, pues mejor que mejor. Es el país del encefalograma plano. Del CI equiparable al de un repollo.
España es el país de los tiranos y los trepas. De pisar al que vale, no sea que se note que es el que pisa el que no vale un duro. El país de la valoración por encima, a ojo de buen cubero, sin pararse a evaluar quién vale y quién no. Del enchufismo y el nepotismo generalizado. España es el país de las empresas rancias y que huelen a muerto. Que se dirigen como en el siglo XIX. El país alérgico al teletrabajo, donde lo importante es calentar el culo de una silla de oficina durante ocho horas, aunque no se dé un palo al agua, antes que permitir a la gente elegir ahorrar tiempo y ganar productividad. El país donde lo que cuenta es que a uno le paguen aunque sea por leer el periódico y hacer sudokus durante ocho horas. España es el país de la chapuza. Del todo vale con tal de salir del paso. Del hacer las cosas de cualquier modo y manera aunque se caiga a cachos el día después de cobrar la factura. De los Pepes Gotera y los Otilios por doquier. El país del yo no me fío de ti, porque no me fío ni de mí mismo. El país donde el servicio postal es una mierda, y lo lleva siendo tanto tiempo que se asume como normal que los envíos no lleguen. Y oyes, "si quieres que llegue, mándalo por UPS o FedEx". El país en el que los ministros de Cultura velan más por lo intereses de quienes se llevan la pasta, que por los intereses y difusión de la cultura. El país que jamás tendrá un amazon.es simplemente porque hay a quien no le interesa que en España se vendan libros baratos.
España es el país de los cazurros, de los tarugos, de los necios, de los cabezotas, de los bestias a los que incluso Napoleón dejaba por imposibles. España es el país de los mendrugos de los que Carlos III dijo que eran como críos, que aún cuando se les limpiaban los mocos, seguían pataleando y protestando. Es el país de la mala educación, del desagradecimiento, de la mezquindad, de la ruindad…
Y por eso me acabaré largando fuera.
España tiene muchos problemas derivados de la sociedad actual. Son cuestiones achacables a nuestro tiempo, de las que a no ser que uno se vaya a vivir con los Yanomami, difícilmente podrá abstraerse. Problemas como el patrioterismo, el chovinismo. Problemas como estar a merced de los vientos económicos mundiales, etc, que aquejan a unas naciones (España entre ellas) que aun habiendo inventado la globalización, la encajan mal cuando mal les vienen dadas. Pero no es de eso de lo que hablo. Porque además de todo eso, España tiene unas particularidades que la hacen difícilmente soportable, al menos cuando uno la ve desde fuera. Viéndola desde el interior, España puede parecer un paraíso idílico, de la misma manera que al pez que vive en la pecera puede parecerle que no le falta de nada. Pero ¡ay! cuando uno sale y ve el panorama en otros lugares. Cuando uno ve las diferencias de psicología, de comportamiento, de forma de pensar, de formas de concebir la vida. Entonces a un servidor se le caen los palos del sombrajo y no queda más remedio que plegarse a la realidad: España es un país de cazurros.
España es el país de la cultura del pelotazo a diestro y siniestro. Del todo a cambio de nada. Del timo de la estampita. Del todo gratis. Del mangante y del trilero. De los Cachulis y de los Poceros. De la corrupción y la especulación. Es el país del expolio, del irrespeto por todo aquello que no sea lo propio, abarcando desde el coche envidiado del vecino, hasta el bosque del que se puede sacar tajada comprando a un pirómano. España es el país de la cultura de la picaresca del siglo XVII, que quedaba graciosa en El Buscón, (que nadie se ha leído), pero que en pleno siglo XXI da vergüenza ajena y en algunos casos también vergüenza propia. El país del subterfugio y de la trampa. El país del colarse en la cola del metro, del tren o del autobús, o en cualquier cola. El caso es ser más listo que nadie.
España es el país donde si en un sitio regalan camisetas, la gente se las lleva por docenas, aunque sólo sea para tirarlas al llegar a casa porque no sabe qué hacer con ellas. Pero el caso es arramplar con todo. Llevarse cuanto más mejor. Y si lo que se regala son bocadillos, más aún. El país de la mentalidad cutre de acaparar por acaparar. Por tener más que el vecino. Del vivir por encima de las posibilidades, del aparentar, del quiero y no puedo. España es el país donde las autopistas tienen que tener tres carriles para que los lentos vayan por el centro. Pero nadie quiere pagar impuestos para que se construyan esas autopistas. Es el país de los berridos en casa y por la calle, del desprecio por lo añejo, del sonrojo por lo no vergonzante y del pavoneo soberbio de lo vergonzante. El país de los complejos injustificados y los no complejos donde debería haberlos. España es el país del eterno subsidio. De la eterna subvención. Del vivir del cuento pidiéndole la paga los domingos a papá Estado. Y si es estafándole, mejor.
España es el país que se entretiene tirando cabras desde campanarios, arrancándole la cabeza en vivo a cormoranes, o haciéndole mil perrerías a los toros. El país donde se ahorca a un galgo cuando no es necesario. El país de los escopeteros sin control. El país donde los animales son regalos de Navidad y estorbos en verano que se abandonan en una cuneta.
España es el país de los políticos lameculos, lamentables y cortoplacistas. De la inacción popular, del sistema educativo en barrena irrecuperable. El país de los gobernantes que escuchan a la SGAE o a Telefónica para legislar a su medida. Y si tenemos que legislar para impedir el acceso gratuito a Internet, se legisla. Y si ocho años después hay que permitir acceso gratuito, se permite. Y ni Dios dice "la cagamos" ni se responsabiliza de haber perdido ocho años de desarrollo tecnológico y de penetración de Internet en la población. No pasa nada. Da igual quién gobierne, porque es el país de la asquerosa nebulosa política en la cual no hay diferencia alguna entre PP ni PSOE. El PP hace políticas sociales y el PSOE le lame el culo a la Iglesia. Y España es el país que quiere ser más papista que el Papa, más católico que el Vaticano. El país mangoneado por la Iglesia de unos pocos, a la que la gente dora la píldora pagando por bodas, bautizos y comuniones de una fe que no profesan jamás, e incluso de la que se muestran en desacuerdo o contra, pero es que quedan tan bien los vestiditos de comunión… Porque eso sí, España es el imperio de la hipocresía.
España es el país del descrédito internacional en materia medioambiental, educativa, exterior, y un largo etcétera. Porque España es la puta de Europa. El sitio donde el panorama desolador invita a hacer lo que uno no haría en casa. Algo así como el picadero donde da igual tirar un condón por la ventanilla del coche. El país al que se viene de Erasmus no a estudiar sino de fiesta y a follar. Y el país del que los españoles huyen cuando quieren estudiar, investigar, o progresar.
España es el país donde uno puede jactarse orgullosamente de no saber ni multiplicar aduciendo que se es de letras, y donde uno puede jactarse igualmente de no saber dónde está Zamora… aduciendo también que se es de letras. Porque lo importante es justificarse en la ignorancia, y si se puede mostrar orgullo por ello, pues mejor que mejor. Es el país del encefalograma plano. Del CI equiparable al de un repollo.
España es el país de los tiranos y los trepas. De pisar al que vale, no sea que se note que es el que pisa el que no vale un duro. El país de la valoración por encima, a ojo de buen cubero, sin pararse a evaluar quién vale y quién no. Del enchufismo y el nepotismo generalizado. España es el país de las empresas rancias y que huelen a muerto. Que se dirigen como en el siglo XIX. El país alérgico al teletrabajo, donde lo importante es calentar el culo de una silla de oficina durante ocho horas, aunque no se dé un palo al agua, antes que permitir a la gente elegir ahorrar tiempo y ganar productividad. El país donde lo que cuenta es que a uno le paguen aunque sea por leer el periódico y hacer sudokus durante ocho horas. España es el país de la chapuza. Del todo vale con tal de salir del paso. Del hacer las cosas de cualquier modo y manera aunque se caiga a cachos el día después de cobrar la factura. De los Pepes Gotera y los Otilios por doquier. El país del yo no me fío de ti, porque no me fío ni de mí mismo. El país donde el servicio postal es una mierda, y lo lleva siendo tanto tiempo que se asume como normal que los envíos no lleguen. Y oyes, "si quieres que llegue, mándalo por UPS o FedEx". El país en el que los ministros de Cultura velan más por lo intereses de quienes se llevan la pasta, que por los intereses y difusión de la cultura. El país que jamás tendrá un amazon.es simplemente porque hay a quien no le interesa que en España se vendan libros baratos.
España es el país de los cazurros, de los tarugos, de los necios, de los cabezotas, de los bestias a los que incluso Napoleón dejaba por imposibles. España es el país de los mendrugos de los que Carlos III dijo que eran como críos, que aún cuando se les limpiaban los mocos, seguían pataleando y protestando. Es el país de la mala educación, del desagradecimiento, de la mezquindad, de la ruindad…
Y por eso me acabaré largando fuera.
26 jul 2009
Sinestesia
Cuando era muy pequeño, en las primeras fases de desarrollo cerebral, y quizá debido al torrente de sensaciones y conexiones neuronales que ello implica, recuerdo que empecé a tener una sinestesia de las más comunes, todo sea dicho. La de colores asociados a las letras. Las vocales eran A roja, E azul, I amarilla, O blanca o gris, y U negra. Las consonantes no todas tenían color. G era naranja, M marrón, N marrón claro, X blanca, Y amarilla (quizá porque se pronuncia I), etc.
Hoy en día esto está muy atenuado y sólo si me concentro llego a experimentarlo.
Hoy en día esto está muy atenuado y sólo si me concentro llego a experimentarlo.
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