Subproductos y diarreas mentales producidas por diversos excesos de índole cognitiva.
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26 ago 2009
Planeta para la vida
Cuando decimos que nuestro planeta es ideal para la vida, frecuentemente olvidamos que a nuestro planeta en particular, y al universo en general, se le da mucho mejor destruir la vida que crearla.
28 may 2009
Curiosity
La curiosidad es una llama eterna que arde en la mente de todo el mundo. Hace que quiera salir de cama por la mañana y que me pregunte que sorpresas me deparará la vida ese día. La curiosidad es increíblemente fuerte. Sin ella, no seríamos lo que somos hoy. La curiosidad es la pasión que nos lleva a través de nuestras vidas. Nos hemos convertido en exploradores y científicos con nuestra necesidad de hacer preguntas y ser curiosos.Clara Ma, 12 años. Ganó con su ensayo el concurso de la NASA para adjudicar el nombre al próximo rover marciano, de la misión Mars Science Laboratory.
4 may 2009
Movimiento retrógrado de los planetas
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Esto suponía un problema tremendo si se suponía que giraban en torno a nuestro planeta como defendía enérgicamente la Iglesia, y Copérnico ya dejó claro que en realidad el Papa no tenía ni idea de astronomía, y que mejor se dedicase a cuidar almas y no a postular sobre física. Y me he encontrado con una aplicación web estupenda, que da una explicación genial sobre el tema, muy ilustrativa. Una vez dentro, jugad un poco con los controles de la izquierda, y cuando os canséos, abajo a la derecha está el botón para pasar al siguiente capítulo.
http://www.gunn.co.nz/astrotour/?data=tours/retrograde.xml
De modo que si, a pesar de estar bastante pasado de moda, alguno aún cree que la Tierra está en el centro del Universo, esta web le resultará muy reveladora.
30 mar 2009
Jugando a la rayuela en un campo minado
Al Universo se le da mucho mejor borrar del mapa la vida, que crearla. Y la prueba es los poquitos sitios que conocemos donde se desarrolla la vida, comparado con la infinidad de lugares en las que ésta (tal y como la conocemos) es inviable. Substancias nocivas, entornos extremos, radiaciones mortales, impactos (de cometas, asteroides, estrellas, galaxias), supernovas, cataclismos planetarios... Si a todo eso le sumamos nuestra actitud irresponsable hacia el planeta y hacia los pocos pilares en los que se sustenta la vida (no nuestra forma de vida), en mitad de un océano de amenazas contra las que nada podemos hacer, el resultado puede compararse a jugar a la rayuela en un campo de minas.
21 dic 2008
Hoy es Año Nuevo ¡Feliz año!
Con el solsticio de invierno (en el hemisferio en el que estamos en invierno) que se celebra hoy, la Tierra llega a un punto en el que el Sol incide perpendicularmente sobre el Trópico de Cáncer, y a partir de este momento comienza a alargar sus días. Podría haber elegido su perihelio (el punto de su órbita más cercano al Sol) puestos a buscar un punto cero como origen, pero me quedo con el solsticio y como convención, me gusta mucho más y tiene más significado que el 31 de diciembre. Así que para mí, hoy comienza un nuevo año astronómico. No sé muy bien cuál, porque nuestro planeta ha repetido este ciclo más de 4.540 millones de veces, y hemos perdido la cuenta.
Sí, bueno, ya sé que el 31 de este mes se celebra otro fin de año, pero ese es un convenio con aún menos significado que este, y además depende de cada país, cada cultura, etc. El mío, por lo menos, es universal.
Sí, bueno, ya sé que el 31 de este mes se celebra otro fin de año, pero ese es un convenio con aún menos significado que este, y además depende de cada país, cada cultura, etc. El mío, por lo menos, es universal.
Feliz Año Nuevo
30 jun 2008
Tunguska +100
Acabo de caer en la cuenta de que hoy se cumplen cien años de lo que ha venido a llamarse el "evento de Tunguska". El 30 de junio de 1908, algo impactó contra la estepa siberiana. La explosión, que fue equivalente a 1.000 veces la explosión de Hiroshima, se pudo oír a unos 1.000 kilómetros de distancia. Sin embargo, a pesar de lo espectacular del evento, por alguna razón que se desconoce (aunque hay hipótesis de lo más descabellado), el gobierno del zar Nicolás II no quiso investigar la zona, y la primera expedición al lugar del impacto se hizo 13 años después, en 1921, cuando el Imperio Ruso se había convertido en la Unión Soviética.
Cuando Kulik, el científico que lideraba la expedición, llegó al lugar, lo que se encontró fue un paraje devastador en el que los árboles parecían caídos como cerillas, de forma radial. Gracias a esta disposición tan perfecta pudo hallarse el lugar del impacto, (el lugar al que apuntaban todos los árboles) aunque no había ningún cráter, ni ningún resto de meteorito.
La ufología y los amantes de lo paranormal encontraron en Tunguska un filón para teorías de lo más variopinto. Las hipótesis más serias que se manejan son que pudo ser un cometa, un impacto con un agujero negro, una bomba de hidrógeno natural, una masa de antimateria...
Personalmente me gusta mucho aplicar la navaja de Occam, y creo, como lo creía Carl Sagan, que lo que impactó allí fue un cometa que explotó por sobrecalentamiento antes de impactar contra el suelo. La onda expansiva no dañó el terreno, aunque fue suficiente para tirar los árboles como si fuesen mondadientes. El núcleo cometario, comúnmente de hielo, sería la explicación de que no se encontrase ni radiación, ni fragmentos de ninguna clase. El hecho de que explotase a cierta altitud, antes de tocar la superficie terrestre, explicaría el tremendo radio de la destrucción superficial, además de la gran distancia a la que se pudo oír la explosión.
Sea como fuere, probablemente no sepamos nunca qué pasó allí hace cien años (cada vez que una nueva expedición visita el lugar, nos sorprende con una nueva teoría). Pero no dejará de ser uno de mis misterios favoritos.
Cuando Kulik, el científico que lideraba la expedición, llegó al lugar, lo que se encontró fue un paraje devastador en el que los árboles parecían caídos como cerillas, de forma radial. Gracias a esta disposición tan perfecta pudo hallarse el lugar del impacto, (el lugar al que apuntaban todos los árboles) aunque no había ningún cráter, ni ningún resto de meteorito.
La ufología y los amantes de lo paranormal encontraron en Tunguska un filón para teorías de lo más variopinto. Las hipótesis más serias que se manejan son que pudo ser un cometa, un impacto con un agujero negro, una bomba de hidrógeno natural, una masa de antimateria...
Personalmente me gusta mucho aplicar la navaja de Occam, y creo, como lo creía Carl Sagan, que lo que impactó allí fue un cometa que explotó por sobrecalentamiento antes de impactar contra el suelo. La onda expansiva no dañó el terreno, aunque fue suficiente para tirar los árboles como si fuesen mondadientes. El núcleo cometario, comúnmente de hielo, sería la explicación de que no se encontrase ni radiación, ni fragmentos de ninguna clase. El hecho de que explotase a cierta altitud, antes de tocar la superficie terrestre, explicaría el tremendo radio de la destrucción superficial, además de la gran distancia a la que se pudo oír la explosión.
Sea como fuere, probablemente no sepamos nunca qué pasó allí hace cien años (cada vez que una nueva expedición visita el lugar, nos sorprende con una nueva teoría). Pero no dejará de ser uno de mis misterios favoritos.
27 ene 2008
Los frutos de la carambola cósmica
Hace unos días mantuve con Yaiza una interesante conversación acerca de un tema que desde pequeño me ha resultado fascinante. El calendario.
Los hombres más primitivos se dieron cuenta de que había una serie de sucesos astronómicos que sucedían con regularidad. Algunos son más que evidentes, y es posible que nuestros antepasados previos al homo sapiens ya se percatasen de forma consciente de que el sol sale cada mañana, recorre el cielo, y se pone por el lugar opuesto del horizonte. Es una forma fácil de definir lo que es un día. Del mismo modo, la luna sale cada noche, pero con la particularidad de que, si bien el sol es homogéneo, la luna cambia de aspecto. Aquellos humanos primitivos se dieron cuenta de que cada 28 soles, la luna repetía su ciclo. El período mes tenía una sencilla forma de ser percibido, y además podía subdividirse claramente en días. Para aquellos tiempos en los que no existía ningún tipo de cálculo, el hecho de que se diese esta coincidencia era realmente un regalo del universo, ya que de otro modo habría habido un desfase evidente que habría dado al traste con esta relación. Aquellos humanos, se dieron cuenta, a su vez, de que cada 13 lunas, había otra serie de sucesos que se daban también con regularidad. Ciertas plantas florecían, los animales entraban en celo, llegaban las nieves, comenzaba la temporada de lluvias, sucedían crecidas. Evidentemente estos sucesos ocurrían con la suficiente periodicidad para asignarles un período de tiempo lógico (un año) y con la suficiente inexactitud para adjudicarles motivos o condicionantes externos (los dioses).
La casi mágica exactitud de la divisibilidad del año en meses y en días, producida por la casi mágica exactitud de la divisibilidad entre las cifras de los períodos de traslación y rotación terrestre, y del ciclo lunar, facilitó la creación de los calendarios. De otro modo, quizá no habría sido posible crear un calendario hasta milenios más tarde, cuando se hubiesen desarrollado herramientas mátemáticas más avanzadas como los logaritmos en el siglo XVII, teniendo en cuenta que, sin la creación del calendario quizá el desarrollo de la humanidad no habría sido el mismo.
Sin poder predecir de forma correcta las crecidas de los ríos, las estaciones de lluvias o las épocas secas, la planificación de la agricultura y la ganadería habrían sido imposibles. Y no hay que olvidar que estos fueron los primeros pasos con los que el hombre prehistórico del neolítico se adentró en la Civilización. La agricultura y la ganadería permitieron ahorrar tiempo respecto a la recolección y la caza, y este tiempo extra fue vital para dedicar a otras actividades de investigación, filosofía, protociencia y demás. Sin la elaboración de aquellos primitivos calendarios neolíticos tallados en hueso quizá ahora no seríamos quienes somos. Sin la carambola cósmica de la divisibilidad matemática entre los períodos astronómicos, quizá estaríamos aún a merced del universo, del tiempo, y del espacio.
Los hombres más primitivos se dieron cuenta de que había una serie de sucesos astronómicos que sucedían con regularidad. Algunos son más que evidentes, y es posible que nuestros antepasados previos al homo sapiens ya se percatasen de forma consciente de que el sol sale cada mañana, recorre el cielo, y se pone por el lugar opuesto del horizonte. Es una forma fácil de definir lo que es un día. Del mismo modo, la luna sale cada noche, pero con la particularidad de que, si bien el sol es homogéneo, la luna cambia de aspecto. Aquellos humanos primitivos se dieron cuenta de que cada 28 soles, la luna repetía su ciclo. El período mes tenía una sencilla forma de ser percibido, y además podía subdividirse claramente en días. Para aquellos tiempos en los que no existía ningún tipo de cálculo, el hecho de que se diese esta coincidencia era realmente un regalo del universo, ya que de otro modo habría habido un desfase evidente que habría dado al traste con esta relación. Aquellos humanos, se dieron cuenta, a su vez, de que cada 13 lunas, había otra serie de sucesos que se daban también con regularidad. Ciertas plantas florecían, los animales entraban en celo, llegaban las nieves, comenzaba la temporada de lluvias, sucedían crecidas. Evidentemente estos sucesos ocurrían con la suficiente periodicidad para asignarles un período de tiempo lógico (un año) y con la suficiente inexactitud para adjudicarles motivos o condicionantes externos (los dioses).
La casi mágica exactitud de la divisibilidad del año en meses y en días, producida por la casi mágica exactitud de la divisibilidad entre las cifras de los períodos de traslación y rotación terrestre, y del ciclo lunar, facilitó la creación de los calendarios. De otro modo, quizá no habría sido posible crear un calendario hasta milenios más tarde, cuando se hubiesen desarrollado herramientas mátemáticas más avanzadas como los logaritmos en el siglo XVII, teniendo en cuenta que, sin la creación del calendario quizá el desarrollo de la humanidad no habría sido el mismo.
Sin poder predecir de forma correcta las crecidas de los ríos, las estaciones de lluvias o las épocas secas, la planificación de la agricultura y la ganadería habrían sido imposibles. Y no hay que olvidar que estos fueron los primeros pasos con los que el hombre prehistórico del neolítico se adentró en la Civilización. La agricultura y la ganadería permitieron ahorrar tiempo respecto a la recolección y la caza, y este tiempo extra fue vital para dedicar a otras actividades de investigación, filosofía, protociencia y demás. Sin la elaboración de aquellos primitivos calendarios neolíticos tallados en hueso quizá ahora no seríamos quienes somos. Sin la carambola cósmica de la divisibilidad matemática entre los períodos astronómicos, quizá estaríamos aún a merced del universo, del tiempo, y del espacio.
17 jun 2007
Tierra: El planeta perfecto para el cerebro
Cada vez que pienso en lo perfecto que es nuestro planeta para nosotros, me sorprendo. Quizá es que la Tierra es un planeta idóneo para nosotros, o quizá (y más probablemente) es que nosotros somos lo que nuestra madre Tierra nos ha dejado ser. Lo cierto es que nuestra nave azul tiene una serie de características únicas que han favorecido no sólo la aparición de la vida, sino el desarrollo de la inteligencia.
Para empezar, la Tierra está lo suficientemente cerca del Sol como para que la radiación solar mantenga el agua líquida. Esto es magnífico, pero también supone un problema. Acercarse a esa distancia tan corta de una fuente de emisión de diversas radiaciones nocivas es peligroso. Afortunadamente, la Tierra cuenta con un campo magnético que actúa como un escudo de fuerza digno de cualquier película de ficción científica, desviando esa radiación biocida que pasa de largo sin tocar nuestro planeta. Esto permite que la vida se desarrolle, y aparecen los primeros seres semiinteligentes.
Medir el tiempo es fundamental para cualquier forma de inteligencia, y esto requiere observar un suceso que ocurra a intervalos regulares. Una clepsidra deja caer gotas a intervalos regulares, pero hay que rellenarla y no es fácil de transportar. Lo ideal es contar con algún suceso periódico que utilizar como patrón y que no requiera mantenimiento ni intervención por nuestra parte. Además, ese suceso periódico ha de ocurrir en periodos relativamente cortos, ya que un lapso demasiado largo no permite calcular tiempos manejables. Así las cosas, una buena medida del tiempo es el hecho de que una enorme bola de fuego atraviese el firmamento cada cierto tiempo. Es lo que llamamos "día". Los días no eran demasiado regulares, eran muy largos en verano y muy cortos en invierno, y esta diferencia se extrema con la latitud. El caso es que esa diferencia ocurre también a intervalos regulares. Concretamente tenemos un día excepcionalmente largo cada 365 días. Y aquello se llamó "año". Pero la diferencia temporal entre un día y un año es demasiado grande. De nuevo una carambola astronómica hace que nuestro satélite pase dos veces al día por encima de nuestras cabezas. Pero su movimiento hace que lo veamos cambiar de forma. En concreto cambia de forma cada 29 días. Casi exactamente 12 veces en un año. 12 lunas nuevas cada año. Fue lo que llamamos "mes". Esto permitió los primeros intentos de medir el tiempo, nos permitió una primera aproximación. Puede decirse que la Naturaleza nos dio pie para que empezásemos a medir el tiempo antes de que pudiésemos inventar los relojes de cesio.
El ser humano se desarrolló, y fue fundamental orientarse para explorar el entorno, dando rienda suelta a su natural curiosidad. De nuevo como por arte de magia, la Tierra presenta un campo magnético orientado casi perfectamente con el eje de rotación, lo que permitió de nuevo hacer los primeros pinitos en la geolocalización antes de que inventásemos el GPS.
El cerebro se desarrolla grandemente gracias a los estímulos que se reciben del entorno. Sin un planeta que ofreciese pistas, quizá el cerebro no habría podido desarrollarse hasta ser lo que tenemos bajo el cráneo...
| El magnetismo terrestre desvía la radiación solar nociva |
Medir el tiempo es fundamental para cualquier forma de inteligencia, y esto requiere observar un suceso que ocurra a intervalos regulares. Una clepsidra deja caer gotas a intervalos regulares, pero hay que rellenarla y no es fácil de transportar. Lo ideal es contar con algún suceso periódico que utilizar como patrón y que no requiera mantenimiento ni intervención por nuestra parte. Además, ese suceso periódico ha de ocurrir en periodos relativamente cortos, ya que un lapso demasiado largo no permite calcular tiempos manejables. Así las cosas, una buena medida del tiempo es el hecho de que una enorme bola de fuego atraviese el firmamento cada cierto tiempo. Es lo que llamamos "día". Los días no eran demasiado regulares, eran muy largos en verano y muy cortos en invierno, y esta diferencia se extrema con la latitud. El caso es que esa diferencia ocurre también a intervalos regulares. Concretamente tenemos un día excepcionalmente largo cada 365 días. Y aquello se llamó "año". Pero la diferencia temporal entre un día y un año es demasiado grande. De nuevo una carambola astronómica hace que nuestro satélite pase dos veces al día por encima de nuestras cabezas. Pero su movimiento hace que lo veamos cambiar de forma. En concreto cambia de forma cada 29 días. Casi exactamente 12 veces en un año. 12 lunas nuevas cada año. Fue lo que llamamos "mes". Esto permitió los primeros intentos de medir el tiempo, nos permitió una primera aproximación. Puede decirse que la Naturaleza nos dio pie para que empezásemos a medir el tiempo antes de que pudiésemos inventar los relojes de cesio.
El ser humano se desarrolló, y fue fundamental orientarse para explorar el entorno, dando rienda suelta a su natural curiosidad. De nuevo como por arte de magia, la Tierra presenta un campo magnético orientado casi perfectamente con el eje de rotación, lo que permitió de nuevo hacer los primeros pinitos en la geolocalización antes de que inventásemos el GPS.
El cerebro se desarrolla grandemente gracias a los estímulos que se reciben del entorno. Sin un planeta que ofreciese pistas, quizá el cerebro no habría podido desarrollarse hasta ser lo que tenemos bajo el cráneo...
10 may 2007
Guía del senderista de Marte
Desde pequeño me encantan los mapas, y hoy me he encontrado con un mapa un tanto inusual. Hasta ahora había visto fotografías de Marte tomadas por las distintas sondas que lo han orbitado o que han amartizado, pero lo que he visto hoy es un mapa con sus curvas de nivel de (un trocito de) la superficie marciana.
Lo tenéis aquí
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